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domingo, 20 de marzo de 2011

El hombre es pensamiento.

                     El pensamiento dividió la conciencia humana, y creó la diferencia entre el bien y el mal.




La creencia de la posible existencia de Dios, como creador del universo, le valió al hombre el poder darle una lógica coherente y  sentido común  a su vida en este mundo, producto del pensamiento, creó él mismo a imagen y semejanza un Ser omnipotente y eterno que ejerciera un influencia en su forma de entender la vida a lo largo y después de su vida terrenal. El pensamiento dividió la conciencia humana, y creó la diferencia entre el bien y el mal, el negro y el blanco, la nada y el todo, fragmentado el Todo (Universo), y decidiendo que es lo que le conviene en cada momento de su vida, empezó a elaborar estrategias, y a utilizar el lenguaje como un método de condicionamiento, la violencia psicológica, la propaganda en toda su dimensión, religiosa, nacional, etc, etc.
El hombre es un ser depredador por su infinita voluntad de ejercer el poder sobre sus semejantes,  por su ambición de querer llegar a ser algo y así poder sentirse superior comparándose con los demás, también hay que añadir la hipocresía, ¡qué facilidad tiene el hombre para poder transformarse según las circunstancias en las que este!, sólo quiere preservar su imagen psicológica, que ha pasado a ser de máxima importancia, un mandamiento a cumplir para poder desenvolverse en esta sociedad mediocre y ruin.
¿Qué podemos esperar ante este panorama tan desolador?, la capacidad para ver  y analizar lo que sucede en el mundo dependerá del observador, la fragmentación por parte del pensamiento  de los hechos, impide ver con suficiente claridad lo que acontece realmente a su alrededor.
¿Por qué sucede esto?. La prioridad del hombre en la actualidad se limita  a la simple supervivencia, se ha reducido tanto, que su mirada sólo se dirige a si mismo, creando un micromundo con su entorno más cercano, y de aquí, ya no puede trascender más porque ha decidido que la máxima prioridad es su ego, permanece impotente ante el destino, sin poder ejercer su voluntad debido al adoctrinamiento impuesto.


       

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