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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Reflexiones sobre la Autoridad, el Estado y el Capital.






El factor cultural de una nación nunca debería ser el principio rector del ser humano y de los distintos pueblos que conforman la humanidad porque supone un elemento de división en ésta y por lo tanto de conflicto.

El principio rector del ser humano es la conciencia que integra a la totalidad de la humanidad en él, llegados a este punto, el individuo es la sociedad, es decir, aquel no se puede separar de ésta y forman un sistema indisociable. interrelacionado e interdependiente.



Como el interés individual privado no tiene porque ser también del interés público, el interés estatal tampoco tiene porque ser del interés público, ya que aquel rige el interés principal de los capitalistas y éste el interés principal de los comunistas.


Si el interés público ha desaparecido es porque ya no quedan comunistas, sólo quedan entre las clases populares. capitalistas menores o aspirantes a capitalistas, por lo tanto la esfera colectiva o pública ha desaparecido como tal y sólo queda una abstracción de ésta que es gestionada por el Estado, en esencia Capitalista.


El poder del conocimiento que se convierte en Autoridad se revela superior en su naturaleza y por lo tanto ejerce como potencia y fuerza dominadora-excluyente sobre la sociedad, que a la vez le otorga un carácter sagrado al aceptarla y consentirla como único modus-videndi y sistema de convivencia que conoce a través de la planificación y organización de la Autoridad, es decir, del Poder de la Autoridad.


La sociedad le ha otorgado un fin sagrado al pensamiento o conocimiento que dicta la Autoridad, por ese motivo la Autoridad también adquiere un carácter sagrado en forma de Poder que somete y por lo tanto anula la voluntad del individuo y la sociedad o pueblo (usando el término estrictamente político), de ahí que pueda justificar su conducta (aún siendo ésta aberrante o criminal) en última instancia al delegar su juicio a un ser que considera sagrado.

No puede haber un marxismo que sea libertario o revolucionario porque el ideario de un autor (por muy brillante que sea) es contradictorio con la esencia de la emancipación del ser humano como ser humano libre de toda autoridad.


El sistema de dominación, ya sea en un versión dictatorial o partitocrática (dictablanda) cuyo eje rector es el Estado adquiere según la forma de gobierno diversos grados de dominación sobre sus ciudadanos que inciden y se proyectan en los distintos tipos de libertades del individuo y del colectivo como; la libertad de expresión, la libertad sexual, la libertad económica, la libertad política, la libertad religiosa y la libertad filosófica.


La producción de mercancías gestionada por el Capital, es decir, en gran medida por las multinacionales asociadas con la Banca y apoyadas por el Estado provocan crisis en la medida de la sobreproducción de mercancías que planifica la empresa para de este modo abaratar los costes de éstas y los salarios de los trabajadores, en este contexto y bajo la mundialización del Capitalismo, lo mercados pueden expandirse y deslocalizarse contribuyendo y fomentando la libre-competencia de los pueblos a través de las multinacionales que operan en sus respectivos países, de este modo el sistema de dominación consigue gestionar las crisis que provoca el Capitalismo en todas sus fases.

martes, 22 de noviembre de 2016

"Los nuevos poseídos" Jacques Ellul

                                                                 El sacro Estado





"Hemos visto que, en nuestra gran época, el otro gran eje de lo sacro era el Estado-nación y la revolución. El Estado-nación es el segundo fenómeno ordenador de nuestra sociedad; y, junto con la técnica, los dos únicos. Pero será preciso considerar el complejo Estado-nación, no sólo el Estado o la nación. Que el Estado sea uno de los fenómenos sacros de nuestra época parece difícilmente discutible, y sobre este particular subrayo que no hay que tomar ese término vago o impreciso, sino en el sentido más riguroso que le pueden dar los sociólogos y etnólogos que hayan estudiado lo sacro.

El Estado-valor último, a partir del cual todo toma sentido, providencia de la cual todo se espera, poder supremo que afirma la verdad, la justicia, disponiendo de la vida y de la muerte de sus súbditos, árbitro no arbitrario ni arbitrado, que dicta la ley, la suprema regla objetiva de la cual depende todo el juego social. Por supuesto, no data de hoy que el poder sea misterio ni que participe en el ámbito de lo sacro. Es, incluso, uno de los lugares comunes de lo sagrado; origen sacro del rey, carisma, legitimidad del derecho de la vida o muerte... Inútil insistir en las bibliotecas publicadas sobre estos temas. Si; el poder político siempre ha pertenecido a la esfera de lo sacro, siempre ha sido una manifestación de lo sagrado del orden y del respeto, pero lo que parece nuevo, singular, es que hoy el poder no ofrece el mismo aspecto. Ya no está encarnado en un hombre, el rey. Es abstracto: el Estado moderno es un organismo racional, legal, administrativo, cuyas estructuras y competencias son conocidas, analizadas: ¿dónde podría ocultarse aquí el misterio, en qué consistiría lo tremendum y lo fascinans? Y sin embargo, tras el periodo, en el siglo XIX, de voluntad desacralizante para llevar el Estado a su función gestora y jurídica, hemos visto como de nuevo irresistiblemente, surge lo sacro.

El Estado verdugo total, que exige todo tipo de sacrificios y que dispone de todo, máquina clarividente y ciega a la vez, sustituto perfecto de la divinidad. No es el fascismo el que ha fabricado en forma arbitraria y tonta lo sacro sobre el Estado, abandonándolo luego por el decorado o la propaganda en una realidad diferente: en cambio, porque el Estado se había vuelto sagrado fue posible el fascismo. Ante todo, ante cualquier consideración de tipo económico, social, de lucha de clases o de otro tipo, el factor de lo sacro estatal determinó, provocó los fascismos. Sin lo cual, ¿cómo se comprendería que el Estado bolchevique se haya vuelto idéntico al Estado fascista, partiendo se situaciones económicas, de ideologías diferentes y con objetivos opuestos?

¿Cómo se comprendería que la estructura estatal moderna se haya impuesto en todas las naciones comunistas, y ahora en China y en Cuba? Ahí reside el misterio del poder de hoy. En su universalidad, en su trascendencia unida a su proximidad, hallamos lo sacro más clásico. Ello ya fue profetizado por un doble movimiento ideológico, en el momento en que, mediante las "luces" y la revolución francesa, se creía gloriosamente progresar hacia la época de la regresión del poder (liberalismo), de su desacralización (supresión del rey carismático) y de su racionalización  (constituciones y administraciones).  Se trata de Hegel y de los anarquistas. Por un lado, el Estado, punto culminante de la dialéctica de la Idea, a partir del cual la historia cobra sentido. Por el otro, la Bestia del Apocalipsis, la concentración de todas las opresiones: venganza ciega contra todos sus agentes, muestra hasta qué punto lo consideraban sagrado.  El uno y los otros avanzaban.

Durante la guerra de 1914, el Estado se volvió otra vez sagrado: el Estado y no, insistimos, el poder, sino nuestro Estado. Dios de la guerra y del orden. Lo que lo vuelve sagrado no es que se instituya como Dios, sino el hecho de que los hombres lo reciban, lo vivan, lo consideren como el gran ordenador, inevitable providencia, esperándolo todo de Él, y aceptando toda voluntad, y concibiendo la existencia y la sociedad en relación con Él, inevitable, inexorablemente.

martes, 15 de noviembre de 2016

El hombre unidimensional - Herbert Marcuse




El hombre moderno toma la totalidad del ser como materia prima para la producción y somete la totalidad del mundo-objeto a la marcha y el orden de la producción (Herstellen). ...el uso de la maquinaria y la producción de maquinaria no es la técnica en sí misma, sino tan sólo un instrumento adecuado para la realización (Einrichtung) de la esencia de la técnica en su materia prima objetiva.

El a priori tecnológico es un a priori político, en la medida en que la transformación de la naturaleza implica la del hombre y que las creaciones del hombre salen de y vuelven a entrar en un conjunto social. Cabe insistir todavía en que la maquinaria del universo tecnológico es «como tal» indiferente a los fines políticos; puede revolucionar o retrasar una sociedad. Un computador electrónico puede servir igualmente a una administración capitalista o socialista; un ciclotrón puede ser una herramienta igualmente eficaz para un partido de la paz como para uno de la guerra. Esta neutralidad es refutada por Marx en la polémica afirmación de que el «molino de brazo da la sociedad con el señor feudal; el molino de vapor, la sociedad con el capitalista industrial». 41 Y esta declaración es modificada más aún en la misma teoría marxiana: el modo social de producción y no la técnica es el factor histórico básico. Sin embargo, cuando la técnica llega a ser la forma universal de la producción material, circunscribe toda una cultura, proyecta una totalidad histórica: un «mundo».

¿Podemos decir que la evolución del método científico «refleja» meramente la transformación de la realidad natural en realidad técnica dentro de técnica y sociedad de esta manera es asumir dos campos y acontecimientos separados que se encuentran, a saber:  1) la ciencia y el pensamiento científico, con sus conceptos internos y su verdad interna, y 2) el empleo y aplicación de la ciencia en la realidad social. En otras palabras, no importa cuán cercana pueda ser la conexión entre los dos desarrollos, ellos no se implican ni se definen entre sí. La ciencia pura no es ciencia aplicada; conserva su identidad y su validez aparte de su utilización. Más aún, esta noción de la neutralidad esencial de la ciencia se extiende también a la técnica. La máquina es indiferente a los usos sociales que se hagan de ella, en tanto esos usos estén dentro de sus capacidades técnicas.

Ante el carácter interno instrumentalista del método científico, esta interpretación parece inadecuada. Una relación más íntima parece prevalecer entre el pensamiento científico y su aplicación, entre el universo del discurso científico y el del discurso y la conducta ordinarios ; una relación en la que ambos se mueven bajo la misma lógica y racionalidad de la dominación.

En un desarrollo paradójico, los esfuerzos científicos para establecer la rígida objetividad de la naturaleza conducen a una desmaterialización cada vez mayor de la naturaleza:
La idea de una naturaleza infinita que existe como tal, esta idea que tenemos que desechar, es el mito de la ciencia moderna. La ciencia ha empezado destruyendo el mito de la Edad Media. Y ahora ciencia se ve forzada por su propia consistencia a comprender que meramente ha levantado otro mito en su lugar.

El proceso, que empieza con la eliminación de sustancias independientes y causas finales, llega a la idealización de la objetividad. Pero es una idealización muy específica, en la que el objeto se constituye a sí mismo en una relación bastante práctica con el sujeto:

¿Y qué es la materia? En la física atómica, la materia se define por sus posibles reacciones a experimentos humanos y por las leyes matemáticas —esto es, intelectuales— que obedece.

Definimos la materia como un posible objeto de la manipulación del hombre.  Y si éste es el caso, la ciencia ha llegado a ser en sí misma tecnológica: La ciencia pragmática tiene la visión de la naturaleza que corresponde a la edad técnica.

En el grado en el que este operacionalismo llega a ser el centro de la empresa científica, la racionalidad asume la forma de la construcción metódica; organización y tratamiento de la materia como el simple material de control, como instrumentalidad que se lleva a sí misma a todos los propósitos y fines: instrumentalidad per se, en «sí misma».

La actitud «correcta» hacia la instrumentalidad es el tratamiento técnico, el logos correcto es tecnología, que proyecta y responde a una realidad tecnológica. 18 En esta realidad, tanto la materia como la ciencia es neutral; la objetividad no tiene ni un telos en sí misma ni está estructurada hacia un telos. Pero es precisamente su carácter neutral el que relaciona la objetividad a un sujeto histórico específico; o sea, a la conciencia que prevalece en la sociedad para la que y en la que esta neutralidad es establecida. Opera con las mismas abstracciones que constituyen la nueva racionalidad: mas como factor interno que como externo. El operacionalismo puro y aplicado, la razón práctica y teórica, la empresa científica y la de negocios ejecutan la reducción de las cualidades secundarias a primarias, la cuantificación y abstracción a partir de los «tipos particulares de entidades».


Sin duda, la racionalidad de la ciencia pura está libre de valores y no estipula ningún fin práctico, es «neutral» a cualesquiera valores extraños que puedan imponerse sobre ella. Pero esta neutralidad es un carácter positivo. La racionalidad científica requiere una organización social específica precisamente porque proyecta meras formas (o mera materia: en este terreno, los términos de otra manera opuestos, convergen) que pueden llevarse a fines prácticos. La formulación y la funcionalización son, antes que toda aplicación, la «forma pura» de una práctica social concreta.

Mientras la ciencia liberaba los fines naturales de los inherentes y despojaba la materia de todas las cualidades que no sean cuantificables, la sociedad liberaba a los hombres de la jerarquía «natural» de la dependencia personal y los relacionaba entre sí de acuerdo con cualidades cuantificables; o sea, como unidades de tiempo. «Gracias a la racionalización de las formas de trabajo, la eliminación de las cualidades es transferida del universo de la ciencia al de la experiencia diaria.»
Entre los dos procesos de cuantificación científica y social, ¿hay paralelismo y causación, o su conexión es simplemente obra de una constatación sociológica tardía? La discusión anterior propuso que la nueva racionalidad científica era en sí misma, en su misma abstracción y pureza, operacional en tanto que se desarrollaba bajo un horizonte instrumentalista.

La observación y el experimento, la organización metodológica de los datos, las proposiciones y conclusiones nunca se realizan en un espacio sin estructurar, neutral, teórico. El proyecto de conocimiento implica operaciones con objetos o abstracciones de objetos que existen en un universo dado del discurso y de la acción. La ciencia observa, calcula y teoriza desde una posición en ese universo. Las estrellas que observaba Galileo eran las mismas en la antigüedad clásica, pero el diferente universo de discurso y de acción —en una palabra, la diferente realidad social— abrió la nueva dirección y amplitud de la observación y las posibilidades de ordenar los datos observados. No estoy tratando aquí la relación histórica entre la racionalidad científica y la social en los comienzos de la época moderna. Mi propósito es demostrar el carácter interno instrumentalista de esta racionalidad científica gracias al cual es una tecnología a priori, y el a priori de una tecnología específica; esto es, una tecnología como forma de control social y de dominación.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Reflexiones sobre el Capitalismo.





El éxito del Capitalismo es la concentración y la disolución a la vez del Poder, la inversión de dinero de los capitalistas para generar y acumular más dinero se efectúa a través del reparto de ganancias que se obtiene de la plusvalía de los trabajadores asalariados de sueldo medio, es decir, la gran mayoría de los obreros. 

Toda acumulación de Capital privado conlleva la usura o el robo, ya provenga de los banqueros o de los empresarios (amparados por las leyes del Estado), sin embargo, la mundialización del Capitalismo ha fomentado el culto a la riqueza y el consumo en la sociedad, lo que ha implicado también la acumulación de Capital entre los individuos que la conforman, en este contexto, el reparto de beneficios que genera el Capital queda diluido por los capitalistas inversores, unos más grandes y otros más pequeños, todos con su parte proporcional de beneficios según el Capital invertido. 

En cierta medida se conocen tanto los banqueros y empresarios como los altos directivos capitalistas más destacados (la minoría), pero éstos son apoyados por desconocidos capitalistas menores (la mayoría) que también quieren obtener beneficios a partir de la explotación de los obreros de base.

El Capitalismo democrático ha sabido diluir el Poder para despersonalizarlo como sistema de dominación con cara o caras visibles, es decir, a transformado el Poder autoritario como tal y en su forma genuina, en un Poder abstracto que se diluye en mayor o en menor grado entre los miembros de la sociedad en general.

La sacralización de la propiedad privada por parte del Estado y el Capital han configurado en buena medida la estructura psicológica y el carácter del individuo y de la sociedad, definiendo su pensamiento-voluntad y por lo tanto las relaciones sociales que organizan la sociedad capitalista basada en el sistema de dominación, es decir, en la jerarquía y todo lo conlleva: autoridad, obediencia y represión consciente o "inconsciente" del ser humano por el ser humano.


La meritocracia ha fomentado el culto a la riqueza, al dinero, a la fama y al Poder a través de la competitividad lo que genera violencia y odio en la sociedad.


jueves, 10 de noviembre de 2016

Poder y Recursos humanos.




Mientras exista Estado habrá Capitalismo, la única solución para desmantelar el Capitalismo es abolir en primer lugar el Estado y crear un nuevo modelo de relaciones basadas en la igualdad, es decir, toda Autoridad legitimada por el Estado también debe ser suprimida ya sea en el ámbito político, filosófico, económico o religioso. La concepción de un nuevo sistema es antiautoritaria y antijerárquica en esencia. lo que significa que el Poder queda abolido en las relaciones sociales, éste es el verdadero compromiso del libertario y el anarquista con la sociedad, su mensaje es claro y conciso, y ésta aportación le da un sentido a su vida.

Los estatistas de buenas y loables intenciones deberían plantearse si la entrada en las instituciones del Poder son una trampa para ellos y por lo tanto una contradicción en la consecución de sus fines para el cambio social, ya que el asalto al Estado conlleva una lucha por el Poder contra los que lo ostentan para controlar la máquina. Bajo esta premisa no puede haber cambio porque toda la política partitocrática está supeditada al Poder de la máquina que hace funcionar el sistema capitalista, los cambios se convierten en simples reformas que destruyen toda iniciativa creadora y revolucionaria.


Los conspiracionistas reflejan en buena medida la paranoia por la consecución del Poder del individuo o colectivo. Toda exención de culpabilización (al quedar anulada la voluntad y capacidad individual) por parte de los conspiracionistas basadas en la teoría de una élite de poder gobernando en la sombra conlleva irremediablemente a la búsqueda de chivos expiatorios que puedan justificar su inocencia ante los hechos que determinan el desarrollo y el curso histórico de la humanidad.
La conclusión en la creencia de una élite gobernando en la sombra destruye por lo tanto la voluntad individual y su capacidad creativa ante los acontecimientos al quedar supeditada por unas fuerzas que se revelan superiores en calidad y en cantidad.


Es evidente que hoy existen muchos esclavos conscientes y por lo tanto tolerantes y satisfechos de su condición de sumisos, unos por el dinero, otros por la fama, poder, ambición, etc. Habría que averiguar cual es el porcentaje de esclavos condescendientes con el sistema de dominación capitalista. Toda racionalización del Capitalismo por medio del trabajo asalariado conlleva obediencia. Si esta racionalización es mayoritariamente consciente, aunque el Capitalismo quede obsoleto por agotamiento, surgirá un nuevo sistema de dominación mas perfeccionado y sutil que recondicionará y reconquistará las mentes de los individuos.


Hay que destacar que la definición que hace Wikipedia de "Recursos humanos", es un falacia: "Es imprescindible resaltar que no se administran personas ni recursos humanos, sino que se administra con las personas, viéndolas como agentes activos y proactivos dotados de inteligencia, innovación, creatividad y otras habilidades."
"Recursos humanos" es un eufemismo de Recursos esclavos donde los seres humanos se adaptan a la gran máquina industrial-tecnológica-burocrática para crear seres (a partir del trabajo asalariado) totalmente dependientes del sistema de dominación.
Es decir, si se "administra con personas, viéndolas como agentes activos", ya dejan de ser recursos humanos, hay una trampa en la definición de recursos y recursos-humanos, un recurso no es un ser humano ya que si se transforma el recurso en humano, éste se cosifica, (se le despoja de toda autonomía y creatividad y se puede convertir al ser humano en un recurso que administra la máquina burocrática obedeciendo sólo ordenes de un superior) y depende del aparato técnico-industrial que lo asimila como un recurso y no como un agente activo como tendría que ser si fuese autónomo, sin embargo como el trabajador asalariado tiene muy poca capacidad o nula autonomía en la inmensa mayoría de las ocasiones, éste es imposible que sea un agente activo, proactivo, dotado de inteligencia, innovación y creatividad y otras habilidades, un trabajador con esas cualidades pertenece a una reducida élite que correspondería por ejemplo a los altos directivos de las grandes multinacionales al tener una capacidad de influencia y decisión y por lo tanto de autonomía mucho mayor que cualquier peón de una fábrica que trabaje para la multinacional.
Recurso de recurrir proviene de: volver a correr para pedir ayuda, reiteración movimiento hacia atrás.
Un hombre no es un objeto per-se y por lo tanto no debería ser un medio que sirve a la máquina como una pieza más a la que se explota y domina para beneficio del amo de la máquina, por lo tanto el recurso que deberían ser las herramientas del trabajador autónomo son gestionadas por sus amos que a la vez convierten a los obreros en recursos humanos o partes integrantes de la gran máquina o empresa que dirige el patrón.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Estado y Capital.





El Poder (léase Estado y Capital) utilizan el descontento y las protestas (violentas o no) populares como válvulas de escape para canalizar el odio que genera el propio sistema de dominación en la sociedad. Toda concentración de malestar social debe ser reprimida desde el Poder para diluirla en la población como forma de lucha por la supervivencia para que de este modo genere violencia y corrupción en la sociedad y pueda ser gestionada desde el mismo Poder que la fábrica y inocula en la población como modo de vida.
Con esta maniobra del Poder, el centro donde se dirige el odio, es desviado hacia la sociedad para ser controlado. La respuesta a la dominación por parte de las clases populares (gobernadas) queda difuminada por la delegación y aceptación de éstas a las clases dirigentes (gobernantes) y sucumbe por lo tanto a la fuerza que el propio Poder les impone en su administración y las anula en su proyecto por la emancipación.

El quietismo del pueblo y de la sociedad en general es la imposición desde el Poder de la lucha por la supervivencia, por ejemplo, a través del trabajo asalariado.

No hay una respuesta convincente desde el movimiento obrero porque está fragmentado en mil pedazos y por lo tanto no tiene fuerza alguna para afrontar los conflictos con el Capital privado ya que está sujeto al Estado por medio de los sindicatos mayoritarios.
No hay organización y tampoco auto-gestión, que es la herramienta más importante para afrontar el conflicto con el Capital y en última instancia contra el Estado y dirigirla por buen camino hasta llegar a la emancipación. La lucha queda difuminada por una mezcla de miedo (por la represión y las consecuencias que pudiera acarrear) y por la impotencia al no poder articular una respuesta consensuada debido a la división de toda la clase trabajadora que inevitablemente lleva a la desesperanza.

La violencia del ser humano es el producto de la invención del Estado y el Capital, el sistema de dominación sublima la violencia al extremo y de tal manera que no sea percibida por la inmensa mayoría de los súbditos que la camuflan también ejerciéndola de alguna forma u otra en la condena a la que están sometidos por la lucha por la supervivencia.
La violencia que ejerce el Estado y el Capital se retroalimenta constantemente (consciente o inconscientemente) con y en contra el pueblo que la tolera y la pone en práctica forzosamente para poder sobrevivir.

El auto-engaño inducido por el sistema de dominación (Estado y Capital) es el que justifica la violencia del ser humano y de la sociedad.

El Estado no regula al Capital sino que lo sirve para fortalecerse como ente de dominación sobre el pueblo, por ese motivo el Estado siempre tiene y tendrá sus chivos expiatorios preparados para poder justificar la corrupción de todo el sistema (ya sea en el Estado y el Gobierno o en la burguesía) ante sus súbditos.
El Estado de los altos funcionarios y políticos, y el Capital de los burgueses se retroalimentan entre si, de tal forma que acaban siendo las dos caras de una misma moneda que fingen ser distintos y opuestos ante el pueblo pero que en el fondo persiguen un mismo fin, el de la consecución del Poder y el dominio en todos los aspectos de la vida de sus súbditos.

El Capitalismo ha supeditado las relaciones humanas basadas en el apoyo mutuo y la fraternidad por el individualismo del fetichismo de la mercancía y la tecnología producido por el trabajo asalariado.
El cambio de paradigma de la revolución tecnológica supone como lo fue antaño la revolución industrial, un nuevo modo de vida en el cual la atomización del individuo y la sociedad determinan la integración de los hombres con las máquinas y su total dependencia sobre éstas, por lo tanto la sumisión y la esclavización del ser humano por al aparato tecnológico supondrá el régimen de un nuevo gobierno basado en un Estado tecnofascista que impondrá sus leyes y sus normas a todos sus súbditos, la regla del sistema de dominación será el control absoluto de sus servidores para la configuración del nuevo orden mundial.

martes, 1 de noviembre de 2016

Bienvenidos a la máquina. Ciencia, vigilancia, cultura del control - Derrick Jensen y George Draffan





Todo sistema de dominación ha contado con sus herramientas para controlar a la población. El rápido avance de la tecnología ha puesto en manos de los Estados y las empresas un sinfín de instrumentos dedicados no solo a reprimir e impedir cualquier atisbo de rebeldía, sino también a asegurar que cada acto de la vida cotidiana tiene su rentabilidad, a exprimir económicamente cada segundo de nuestros días.
Cámaras de videovigilancia, rastreos policiales por Internet, mecanismos para pinchar teléfonos… Todos ellos son instrumentos de los Estados para asegurarse su estabilidad en medio de una crisis natural y permanente. A su vez, las empresas cuentan con métodos cada vez más avanzados, basados en las nuevas tecnologías, para hacer estudios de mercado y ser así más eficientes. Los Estados intentan controlar cada paso de sus ciudadanos para asegurar así su supervivencia y la del capital, que, a su vez, se sirve de las nuevas tecnologías para exprimir cada vez más y mejor a la fuerza de trabajo.
En este libro se describen multitud de herramientas de control de tecnología punta, ofreciendo una gran cantidad de información al respecto. Una información que no deja indiferente.
 Sinopsis:
El rápido desarrollo de la tecnología, a fin de satisfacer los intereses del capital y el Estado, ha dado como resultado unos mecanismos de control que reducen a la nada la privacidad de los individuos sometidos a la maquinaria del sistema capitalista. Cámaras de video vigilancia, control de nuestros gustos y preferencias, observación desde distintos ángulos de todos los aspectos de nuestra vida, registro de llamadas telefónicas y correos electrónicos… La intimidad de cada uno queda reducida a lo más mínimo a fin de que se pueda exprimir toda la información posible para engrasar la máquina, producir, facilitar la mercantilización de todos los aspectos de nuestras vidas. La pesadilla de los antiutopistas no se ha cumplido. A cambio, tenemos algo peor y, para colmo, es real. No nos encontramos con un gobierno en la sombra controlando de manera más o menos evidente nuestros pasos, sino con una cantidad tal de tecnologías de control con tan diversas aplicaciones que se hace difícil alcanzar a ver que todo responde básicamente a un mismo objetivo: asegurar el orden y el control de la población en una sociedad que engendra en su seno contradicciones que la ponen en peligro, así como facilitar la reproducción del capital.
Una sociedad que ve en toda innovación tecnológica un paso más hacia su liberación… De cualquier control.
Una sociedad que a medida que repite la palabra libertad la ahoga en un mar de cables, chips, cámaras y antenas.

Descargar libro: "Bienvenidos a la máquina"