In LSD Veritas -

Benvinguts al meu racó.


Sé tu propia luz.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Para una crítica de la violencia - Walter Benjamin.







La crítica de la violencia es la filosofía de su historia. La “filoso-
fía” de esta historia, en la medida en que sólo la idea de su desenlace
abre una perspectiva crítica separatoria y terminante sobre sus datos
temporales. Una mirada vuelta sólo hacia lo más cercano puede
permitir a lo sumo un hamacarse dialéctico entre las formas de la
violencia que fundan y las que conservan el derecho.

La ley de estas oscilaciones se funda en el hecho de que toda violencia conservadora
debilita a la larga indirectamente, mediante la represión de las fuerzas
hostiles, la violencia creadora que se halla representada en ella. (Se han
indicado ya en el curso de la investigación algunos síntomas de este
hecho.) Ello dura hasta el momento en el cual nuevas fuerzas, o aque-
llas antes oprimidas, predominan sobre la violencia que hasta entonces
había fundado el derecho y fundan así un nuevo derecho destinado a
una nueva decadencia. Sobre la interrupción de este ciclo que se
desarrolla en el ámbito de las formas míticas del derecho sobre la
destitución del derecho junto con las fuerzas en las cuales se apoya, al
igual que ellas en él, es decir, en definitiva del estado, se basa una
nueva época histórica. Si el imperio del mito se encuentra ya quebran-
tado aquí y allá en el presente, lo nuevo no está en una perspectiva tan
lejana e inaccesible como para que una palabra contra el derecho deba
condenarse por sí.

Pero si la violencia tiene asegurada la realidad también allende el derecho, como violencia pura e inmediata, resulta demostrado que es posible también la violencia revolucionaria, que es
el nombre a asignar a la suprema manifestación de pura violencia por parte del hombre. Pero no es
igualmente posible ni igualmente urgente para los hombres establecer si en un determinado caso se ha cumplido la pura violencia.

Pues sólo la violencia mítica, y no la divina, se deja
reconocer con certeza como tal; salvo quizás en efectos incomparables,
porque la fuerza purificadora de la violencia no es evidente a los
hombres. De nuevo están a disposición de la pura violencia divina
todas las formas eternas que el mito ha bastardeado con el derecho. Tal
violencia puede aparecer en la verdadera guerra así como en el juicio
divino de la multitud sobre el delincuente. Pero es reprobable toda
violencia mítica, que funda el derecho y que se puede llamar dominan-
te. Y reprobable es también la violencia que conserva el derecho, la
violencia administrada, que la sirve. La violencia divina, que es enseña
y sello,nunca instrumento de sacra ejecución, es la violencia que
gobierna.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Más paranoias.

Es un grave error dividir el sector privado como las multinacionales y la banca con el funcionamiento del Estado, éste requiere de aquel para reforzarse, consolidarse y competir con otros Estados, para que se dé el dominio económico se tiene que dar en primera instancia el dominio político de una sociedad.

Si la esencia del Estado es Capitalista, la gestión económica de la sociedad será capitalista, por lo que la acumulación de capital será la prioridad del Estado para su conservación y posterior coerción y represión.

Debemos entender que el Estado es la herramienta más eficaz de las élites de poder políticas y económicas para el control de las sociedades que la han configurado a partir de las instituciones de adoctrinamiento estatales, los medios de comunicación de masas y en ultima instancia por el aparato tecnológico.


El Estado socialista es una contradicción per se, un Estado nunca podrá representar y velar por los intereses del conjunto de la sociedad, el Estado siempre es elitista y por lo tanto dictatorial.

Si mi libertad no reconoce la tuya me convierto en un dominador u opresor, y por ende soy injusto, al contrario, soy justo cuando reconozco que tú libertad y la mía son iguales y la misma.


El grado de libertad de un individuo o colectivo siempre vendrá determinado por el grado de justicia social establecido en una sociedad o en nuestro caso, por el Estado.


La tragedia del esclavo o sometido es darse cuenta demasiado tarde de su condición, cuando las circunstancias determinan que la decisión que toma, lo precipitan a un callejón sin salida, en la que su supervivencia se antepone frente a la de sus opresores.


¡El miedo y la cobardía matan!

Si la desconfianza es una forma de temor, ésta también mata.

El pueblo tiene que convertirse en sociedad para no ser gobernado.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Democracia, libertad y Comunidad humana - Agustí Guillamón.



Sólo nos interesa la crítica de la democracia desde el punto de visa de su superación en la práctica de unas nuevas relaciones sociales de producción, que la despojen de su actual naturaleza de clase. Crítica de la democracia y crítica del totalitarismo son al mismo tiempo crítica de dos formas distintas pero complementarias de gobierno del capitalismo.
Se trata de vislumbrar las formas y el contenido de la auto-organización propias de un mundo sin clases, sin ejército ni policías ni fronteras, sin salariado ni capital, sin Estado. La democracia representativa es una forma alienada de la libertad humana.
Cuando hablamos de libertad, hablamos de la libertad de los esclavos asalariados, de la libertad de aquellos que no tenemos poder de decisión sobre las leyes, decretos o acuerdos que afectan a nuestra vida cotidiana y al futuro de nuestros hijos. Cuando hablamos de libertad hablamos de suprimir cualquier separación entre dirigentes y dirigidos, entre representantes y representados. Hablamos de la libertad de los excluidos y marginados del sistema. Hablamos de la libertad y del poder de decisión de la inmensa mayoría, actualmente ninguneada por unas periódicas elecciones de unos representantes que no nos representan.
Libertad y democracia son opuestas y contradictorias, porque la libertad es incompatible con la existencia del Estado. En el polo opuesto, el fascismo se opone a la democracia porque considera que ésta es incapaz de una defensa eficaz del Estado.
Los fundamentos de la democracia burguesa son la desigualdad económica y la explotación del trabajo asalariado. Si la emancipación de los trabajadores de la explotación capitalista ha de ser obra de los propios trabajadores, si los trabajadores han de emanciparse por sus propios medios, si nadie nos representa ni puede representarnos porque el sistema los convierte en defensores del sistema capitalista y de su lógica electoralista, ha llegado la hora de ejercer la democracia directa desde el poder de decisión sobre todo aquello que afecta a nuestras vidas y al futuro de nuestros hijos.
La revolución social consiste en crear nuevas relaciones sociales no mercantiles, de carácter cooperativo, solidario y fraternal. Ha de suprimir las divisiones empresariales, el dinero como mediador universal y el trabajo como actividad separada de la vida cotidiana. Es una tarea inmensa, pero también es un programa irrenunciable, porque es la única vía a un mundo humano y sostenible.
El parlamentarismo es el pacto y la negociación permanente que establecen entre sí los distintos partidos del capital para encontrar la gestión más adecuada y rentable del capitalismo, que una veces puede ser la democrática, otras la fascista y a veces una sabia combinación de ambas. Una organización revolucionaria de la clase explotada no puede ser parlamentaria, y en cuanto se hace parlamentaria deja de defender los intereses de la clase explotada.
Las elecciones democráticas disfrazan la brutal y permanente violencia política, social y económica de la burguesía contra el proletariado con una papeleta de voto, a la que se atribuyen poderes mágicos y que esconde la ilusión de poder cambiar “algo” por medios parlamentarios. El Estado aparece como un árbitro neutral, pero es sólo un disfraz fetichista que en momentos de crisis no puede ocultar que su papel no es, ni puede ser otro, que el de garante del sistema capitalista en contra de las revueltas y rebeliones del proletariado.
La ideología demócrata impone la ilusión de que la democracia es el conjunto de métodos, representatividad y derecho que aseguran y reglamentan la vida social de los ciudadanos libres. La representación parlamentaria se asienta sobre la ficción de que se abandona la violencia, que el Estado es un árbitro justo e imparcial y de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.
El discurso sobre la democracia y los derechos humanos aparecen como inapelables y destierran en teoría la violencia de las relaciones sociales, excepto cuando atañe a los intereses económicos, impuestos tiránicamente por el FMI o el Banco Mundial a pueblos y ciudadanos indefensos con durísimas medidas que afectan a su vida cotidiana y al futuro de las próximas generaciones.
La democracia burguesa se fundamenta en la existencia de individuos aislados, insolidarios y separados entre sí, en los que la libertad de cada individuo es delimitada por la libertad de otro individuo.
La libertad sólo puede expresarse desde la Comunidad humana, en el seno de una sociedad comunista, solidaria e igualitaria que, a día de hoy, jamás ha visto la luz en el planeta.
El comunismo presupone la destrucción del Estado, del dinero y de las empresas, esto es, de la separación entre productor y producción. La Comunidad humana no es democrática ni totalitaria; está más allá de la política. Se fundamenta en la desaparición de ese individuo egoísta, aislado e insolidario, propio de la sociedad burguesa y del capitalismo. Da paso al espécimen humano solidario, insertado en una colectividad, que coopera con los demás seres humanos y desea proteger a las generaciones futuras, sin más ambición ni perspectiva que el de conservar los recursos naturales y mejorar el porvenir de la especie, hoy amenazada de extinción.
Libertad y poder van íntimamente unidos. No hay libertad sin poder. Libertad es siempre el poder de decidir sobre todas aquellas cuestiones que afectan a nuestra vida y al futuro de nuestros hijos. Libertad es siempre el poder de hacer cosas sin limitaciones por parte de organismos ajenos a la Comunidad humana, sin sumisiones a fetiches de ningún tipo, ya sean el Estado, la patria, el líder o la Sagrada Economía.
Libertad es el poder colectivo de acordar las prioridades y la satisfacción de las necesidades por parte de la Comunidad humana, fruto de la propensión de los humanos a asociarse y a transformarse en esa asociación.
Que las relaciones entre individuos en la sociedad capitalista dan el poder a ciertos individuos para representarles a todos y decidir sobre todo, en lugar de la mayoría. Esa representatividad eterna, esa delegación del poder de decidir se fija en formas permanentes de representación: las instituciones estatales. La existencia de ese poder institucionalizado es incompatible con la libertad. Estado y libertad son incompatibles. Individuo y libertad son polos opuestos, porque la individualidad egoísta es propia de la sociedad capitalista y de su separación de los individuos respecto a la Comunidad humana. La libertad sólo es posible en el seno de la comunidad, como partícipe de una colectividad en una sociedad comunista, como miembro de la especie humana.
La abolición del Estado supone oponerse a una sociedad en la que los diversos poderes están institucionalizados, centralizados y jerarquizados con el único objetivo de perpetuar la división de la sociedad en clases. Poder y libertad son inseparables. La libertad es el poder de actuar sobre la realidad y las condiciones de nuestra existencia para transformarla. La libertad no es una bella idea abstracta y luminosa, pero inoperante, sino una lucha constante y una conquista histórica. Un esclavo sólo puede ser libre cuando lucha por su libertad y en ese mismo combate, aunque perezca en la lucha.
La libertad es una idea que nace con la emancipación práctica del individuo en el seno de sociedades esclavizadas y autoritarias, que sólo alcanzará su objetivo y realización final en una sociedad sin clases y sin Estado en la que los individuos dejen de estar separados y enfrentados porque forman parte de la Comunidad humana en el seno de una sociedad comunista y solidaria.
La democracia es el terreno privilegiado de la contrarrevolución, donde los intereses divergentes de la sociedad capitalista se reconocen en su oposición, a condición de plegarse siempre al llamado “interés general”, esto es, al respeto al Estado como árbitro “neutral”. En sus comienzos la democracia sólo fue política y el Estado democrático aparecía como defensor de la comunidad de seres humanos creada por el sufragio universal. Su separación de la vida social era patente. El patrón se limitaba a comprar la fuerza de trabajo al menor coste posible, o a aumentar la jornada laboral sin aumentar los salarios. La principal intervención del Estado era la represión obrera.
Más tarde apareció el Estado del bienestar, y en tiempos de Bismarck el Estado ya aparecía como regulador e intermediario que aseguraba salarios, seguridad social, horarios de trabajo, así como una fuerte presencia de la socialdemocracia en el Parlamento que aseguraba la posibilidad de importantes reformas y la integración del movimiento obrero en la sociedad y el Estado alemán. El llamado Estado del bienestar alcanzó su cénit en Estados Unidos, Europa y Japón en los treinta años que siguieron al final de la Segunda guerra mundial. Capitalismo y democracia aparecían como el mejor de los mundos posibles en toda la historia de la humanidad: una sociedad imperfecta pero mejorable.
Tras la crisis de 2008, y la consiguiente depresión, el Estado del bienestar ha quebrado en todas partes y hoy los individuos están sometidos a influencias impersonales y deshumanizadas, que obedecen ciegamente a la lógica abstracta, incomprensible e irracional de la Sagrada Economía. Jamás los individuos se habían enfrentado a una dominación tan impersonal, omnipresente, ajena y extraña, tan intangible como la actual.
En otros tiempos se podía soñar con matar al tirano, e incluso a veces las grandes revoluciones lo hacían, como sucedió con Luis XVI. Hoy es una tontería creer que cambiaría algo derrocando o juzgando al tirano tal o cual, o a tal o cual líder. Sería un gesto tan inútil como votar a su favor o en su contra. Cuanto más impotente es el “ciudadano” para cambiar su vida cotidiana, más debe escenificarse la infinita conquista de derechos ficticios en el teatral escenario de las elecciones democráticas. Goza de especial relieve mediático y propagandístico la puesta en escena del derecho a designar a nuestros representantes en el municipio, las autonomías o el Estado. Representante que de hecho no representa nada ni a nadie, como no sea los intereses de los grandes grupos de presión (lobbies) o del interés general del capital financiero internacional.
Pero la gente sigue votando a sus representantes, incluso ilusionada cuando aparecen nuevas caras, ya que por lo menos se nos garantiza que no vivimos bajo una dictadura totalitaria donde el terror es permanente y se practica la tortura en los sótanos. Mejor la democracia que el terror. Y es así como el terror domina incluso en territorios donde no se practica la tortura. Por eso, en todos los países, surgen democráticas leyes mordaza que reducen a la nada derechos y libertades de expresión, de asociación, de manifestación, de sindicación y huelga… que protegen el derecho de nuestros representantes a representarnos y anularnos política y socialmente.
Agustín Guillamón
Barcelona, noviembre 2015
Artículo publicado en Kaos en la Red

domingo, 27 de diciembre de 2015

Algunas observaciones sobre la violencia, la competitividad y el Estado.






El problema de la violencia es más grave si cabe y se hace más difícil y complejo de percibir en una sociedad- sistema hiperviolento, el individuo es violento directamente o indirectamente y en mayor o menor grado, por lo tanto se hace necesaria la violencia para poder sobrevivir, cuanto más competitivo sea el sistema-sociedad más violento tendrá que ser el individuo.

La posibilidad de anular o reducir al máximo la violencia se hace muy difícil y compleja cuando una inmensa mayoría de la sociedad acepta la violencia estructurada por el Estado, el fenómeno de la violencia en el sistema capitalista atañe a la conciencia colectiva y su finalidad es la conservación.

Hay que señalar la importancia del moldeamiento del carácter del individuo por parte del sistema-sociedad, la personalidad vendrá determinada por su adaptación y posterior asimilación al sistema.

Los patrones de conducta ya han sido previamente planificados por el sistema que modifica la estructura psicológica según los intereses de una minoría dirigente, las clases sociales indican el grado de adaptación al sistema, se hace necesaria una lucha de clases en el terreno político y económico (dejando al margen a la élite de poder incrustada en el Estado y en el sistema financiero privado) que vendría representada en Occidente por el parlamentarismo y los partidos de derecha y los de izquierda, para que la sociedad sea lo más competitiva posible, de esta forma se sostiene y consolida el sistema de dominación hiperviolento.

Una ficción representada por la partitocracia que a la vez representa a los ciudadanos pero no a los intereses de éste sino a los intereses de la élite de poder, el engaño se hace patente por partida doble, el poder de la clase política no es tal como lo percibe y lo ve la sociedad, es un poder que emana de la élite de poder para aglutinar todas las ideologías y pensamientos políticos de la sociedad, de este modo se consigue un consenso en apariencia democrático pero que en el fondo no lo es porque la cuota de poder que representa un partido político (unos votantes, afiliados y militantes) en el parlamento es absorbida por el sistema (su capacidad de decisión es nula porque está sometida a un poder mayor), es decir, y en última instancia, por el Estado y el Capital.


A partir de estas premisas se puede consolidar la violencia como modus vivendi en la sociedad, a la vez consentida consciente o inconscientemente y en mayor o menor grado por la inmensa mayoría de los individuos que la conforman.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Más paranoias sobre diversos temas.

La expansión del Capitalismo tal como lo conocemos hoy se da con la creación de los Estados-nación modernos, de este hecho se puede deducir claramente que los que inventaron el ente Estatal y todas sus instituciones de poder con la promulgación de la Constitución fueron la aristocracia y la nobleza (capitalismo de viejo cuño) con la nueva burguesía surgida de la revolución industrial, es decir, el Estado moderno siempre ha sido Capitalista en esencia.


El Estado no es la sociedad, que el Estado haya absorbido la sociedad en general por un efecto de identificación debido a la propaganda y despersonalización o atomización del individuo por el aparato tecnológico no significa que sean en esencia lo mismo.


Para alcanzar la libertad hay que ser justo.




Si el pensamiento determina la acción, y aquel surge debido más a la influencia de la propaganda (del exterior) que al convencimiento (del interior), habría que preguntarse si nuestra conducta es verdaderamente propia o por el contrario ajena a nuestros intereses.


Al final de lo que se trata es de destruir la imagen y con ella el Ego para de esta forma ser y acabar con la trampa del llegar a "ser" o "no ser" impuesta por el sistema de adoctrinamiento y dominación.

Jamás hallaremos la libertad siendo esclavos de nuestro condicionamiento.

Es posible que Internet esté absorbiendo lo poco que queda de humano en el hombre para preservar la imagen que proyecta hacia el exterior y de esta forma le de un sentido a su existencia.
Si la tecnología ha cambiado la estructura psicológica del hombre es para que pueda sobrevivir en un sistema cada vez más deshumanizado y degradado


Más que convencer hay que concienciar.

El Estado no totalitario como ente despersonalizador y deshumanizador de la sociedad posee la cualidad entre otras cosas de desculpabilizar a sus integrantes, erigiéndose así mismo como un eficaz redentor divino que somete a sus súbditos a voluntad.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Como la No Violencia protege al Estado - Peter Gelderloos






"La paz no será una opción hasta que la violencia centralizada y organizada
que es el Estado sea destruida. Una dependencia exclusiva a la hora de construir
alternativas, -para mantenernos hasta hacer que el Estado quedé obsoleto, y
currarnos el tema de la violencia para prevenir una posible “autodestrucción”-,
tampoco es una opción, porque el Estado puede aplastar toda alternativa que
no pueda defenderse a sí misma. Si se nos permite vivir el cambio que deseamos
ver en el mundo, no se necesitará tanto para la revolución. Nuestras opciones
han sido violentamente reducidas a las siguientes: apoyar activamente la violencia
del sistema; apoyarla tácitamente rechazando desafiarla; apoyar cualquiera de los
enérgicos intentos para destruir el sistema basado en esa violencia; o perseguir
nuevas y originales formas de luchar y destruir ése sistema. Lxs activistas
privilegiadxs deben entender aquello que el resto del mundo ya sabe desde hace
tiempo: estamos en medio de una guerra, y la neutralidad no es posible 33 . No
hay nada en este mundo que pueda merecer el nombre de “paz”. Es más, es una
cuestión que se reduce a qué violencia nos asusta más, y del lado de quién vamos
a resistir."


Descargar: "Como la No Violencia protege al Estado" 

martes, 15 de diciembre de 2015

¿Qué es el Estado? Reflexiones sobre la violencia política - Agustí Guillamón



El Estado detenta el monopolio del poder político y en consecuencia pretende el monopolio de la violencia, la definición de legalidad y la administración de la justicia. Cualquier desafío a ese monopolio de la violencia se considera como delincuencia, y atenta contra las leyes y el orden capitalista
Podemos encontrar mil definiciones distintas del Estado. Pero básicamente se reducen a dos. Una, amplia, que habla impropiamente del Estado ya en las primeras civilizaciones de Mesopotamia y Egipto, y después de Grecia y Roma, que no vamos a utilizar, y que es inadecuada para estudiar la actual sociedad capitalista en la que vivimos. Se trata de una definición que, en todo caso, necesita calificar al Estado con el modo de producción imperante: Estado esclavista, Estado feudal, Estado capitalista. Otra, reducida, en la que se utiliza el concepto actual del Estado, o Estado capitalista, o Estado moderno, como poder soberano absoluto o único en cada país, que es la que aquí utilizaremos.
El Estado es una forma histórica reciente de organización política de la sociedad, surgida hace unos quinientos años, en algunos países, con el fin del feudalismo, el auge del mercantilismo y las primeras manifestaciones del sistema de producción capitalista. La aparición del Estado suponía la desaparición de las formas feudales de organización política.
El concepto de Estado surge con la aparición histórica del sistema de producción capitalista. Es la organización política adecuada al capitalismo. La proyección de este concepto a las antiguas civilizaciones es una anacronismo infértil y confuso.
En la sociedad feudal la soberanía era entendida como una relación jerárquica entre una pluralidad de poderes. El poder del Rey se fundamentaba en la fidelidad de otros poderes señoriales y los poderes del Rey eran venales, esto, es, podían venderse o cederse a la nobleza: la administración de la justicia, el reclutamiento del ejército, la recaudación de los impuestos, los obispados, etcétera, podían ser vendidos al mejor postor o adjudicados en una compleja red de favores y privilegios. La soberanía residía en una pluralidad de poderes, que podían subordinarse o competir entre sí.
El Estado, en la sociedad capitalista, convierte la soberanía en un monopolio: el Estado es el único poder político de un determinado territorio. El Estado detenta el monopolio del poder político, y en consecuencia pretende el monopolio de la violencia, la definición de legalidad y la administración de la justicia. Cualquier desafío a ese monopolio de la violencia se considera como delincuencia, y atenta contra las leyes y el orden capitalistas, y por lo tanto es perseguido, castigado y aniquilado.
En la sociedad feudal las relaciones sociales estaban basadas en la dependencia personal y el privilegio. En la sociedad capitalista las relaciones sociales sólo pueden darse entre individuos jurídicamente libres e iguales. Esta libertad e igualdad jurídicas (que no de propiedad) son indispensables para la formación y existencia de un proletariado que provea de mano de obra barata a los nuevos empresarios fabriles. El obrero ha de ser libre, también libre de toda propiedad, para poder estar disponible y preparado para alquilarse por un salario al amo de la fábrica. Ha de ser libre y carecer de toda dependencia de la tierra que labraba, y de todo sustento o propiedad, para ser expulsado por el hambre, la pauperización y la miseria hacia las nuevas concentraciones industriales donde pueda vender la única mercancía que posee: sus brazos, esto es, su fuerza de trabajo.
A estas nuevas relaciones sociales, propias del capitalismo, les corresponde una nueva organización política, distinta de la feudal: un Estado que monopoliza todas las relaciones políticas. En el capitalismo todos los individuos son libres e iguales (jurídicamente) y nadie guarda ninguna dependencia política respecto al antiguo señor feudal o al nuevo amo de la fábrica. Todas las relaciones políticas son monopolizadas por el Estado.
En los modos de producción precapitalistas las relaciones de producción eran también relaciones de dominación. El esclavo era propiedad de su amo, el siervo estaba ligado a la tierra que trabajaba o dependía de un señor. Esa dependencia ha desaparecido en el capitalismo. El Estado es pues producto de las relaciones de producción capitalistas. El Estado es la forma de organización específica del poder político en las sociedades capitalistas. Existe una separación radical entre la esfera económica, la social y la política.
El Estado monopoliza el poder, la violencia y las relaciones políticas entre los individuos en las sociedades en las que le modo de producción capitalista es el dominante. A diferencia de los que sucedía con las instituciones políticas precapitalistas, el Estado NO ES UNA RELACIÓN DE PRODUCCIÓN. En el sistema de producción capitalista el capital no es sólo el dinero, o las fábricas, o las maquinarias, el capital es también una relación social de producción, y precisamente la que se da entre los proletarios, vendedores de su fuerza de trabajo por un salario, y los capitalistas, compradores de la mercancía “fuerza de trabajo”. El Estado debe garantizar el mantenimiento y reproducción de las condiciones que posibilitan la existencia de esas relaciones sociales de producción, esto es, la compra-venta de la mercancía fuerza de trabajo.
El Estado ha surgido recientemente, hace unos quinientos años, y desaparecerá con las relaciones de producción capitalistas. El Estado pues no es eterno, ha tenido un origen muy reciente y tendrá un fin, más o menos cercano.
La teoría política del Estado nació en la Inglaterra del siglo XVII, paralelamente a ese proceso histórico conocido como la Revolución Industrial, con Hobbes.
Hobbes no es sólo el primer teórico, desde el punto de vista cronológico, sino que toda la problemática actual sobre el Estado está ya en Hobbes (y en Locke).
Desde Platón hasta Maquiavelo la teoría política preestatal caracteriza el poder político y la comunidad como algo NATURAL, e identifica comunidad civil y comunidad política. Desde Hobbes la teoría política estatal define el Estado como un ente ARTIFICIAL, separa los conceptos de comunidad civil (sociedad civil) y comunidad política (Estado) y plantea la cuestión de la reproducción del poder político.
El Estado surge desde una contradicción, que le da origen y razón de ser, entre la defensa teórica del bien común o general y la defensa práctica del interés de una minoría. La contradicción existente entre la ilusión de defender el interés general y la defensa real de los intereses de clase de la burguesía. La razón de ser del Estado no es otra que garantizar la reproducción de las relaciones sociales de producción capitalistas. El Estado, por esta misma razón, es incapaz de superar la contradicción existente entre la defensa del interés general (e histórico) de la sociedad (y de la especie humana), que en teoría afirma defender, y los intereses inmediatos del capital y su reproducción, que en la práctica son su objetivo prioritario y exclusivo. El Estado no puede confesar su incapacidad para enfrentarse a los intereses inmediatos de reproducción del capital, ni su permanente necesidad de impulsar el ciclo de valorización, que supone agotar los recursos naturales, contaminar el planeta hasta niveles suicidas, hipotecar el porvenir de las futuras generaciones y poner en peligro la continuidad de la especie humana.
Sin embargo, el Estado, cosificado en sus instituciones, es la máscara de la sociedad, con apariencia de una fuerza externa movida por una racionalidad superior, que encarna un orden justo al que sirve como árbitro neutral. Esta fetichización del Estado PERMITE que las relaciones sociales de producción capitalistas aparezcancomo meras relaciones económicas, no coactivas, al mismo tiempo que DESAPARECE el carácter opresivo de las instituciones estatales. En el mercado, trabajador y empresario aparecen como individuos libres, que realizan un intercambio “puramente” económico: el trabajador vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario. En ese intercambio libre, “sólo” económico, ha desaparecido toda coacción, y el Estado no ha intervenido para nada: no está, ha desaparecido.
La escisión entre lo público y lo privado es una condición necesaria de las relaciones de producción capitalistas, porque sólo así APARECEN como acuerdos libres entre individuos jurídicamente libres e iguales, en las que la violencia, monopolizada por el Estado, ha desaparecido de escena. De todo esto resulta una CONTRADICCIÓN entre el Estado COMO FETICHE, que debe ocultar su monopolio de la violencia, y la coacción permanentemente ejercida sobre el proletariado para garantizar las relaciones de producción capitalistas, esto es, de mantenimiento de las condiciones de explotación del proletariado por el capital; y el Estado COMO ORGANIZADOR DEL CONSENSO social y de la legalidad, que convoca elecciones libres, permite partidos y asociaciones obreras, legisla conquistas laborales como la asistencia sanitaria, pensiones, horarios, etcétera.
En caso de crisis el Estado capitalista desvela inmediatamente que es antes Estado capitalista que Estado nacional, de pueblos o ciudadanos. El componente coactivo del Estado, ligado a la dominación de clase, es la ESENCIA FUNDAMENTAL de éste, que aparece diáfana cuando consenso social y legitimación estatal son sacrificados en el altar de la sumisión del proletariado a la explotación del capital.
El Estado surge de esa relación contradictoria. Pretende a ocultar su papel represor, como garante de la dominación de clase mediante el monopolio de la violencia, al tiempo que quiere aparecer como organizador del consenso de la sociedad civil, que a su vez legitima al Estado como árbitro neutral. Con esto el Estado fortalece además su dominio ideológico y consigue un dominio más completo y encubierto de la sociedad civil. El Estado, por supuesto, criminaliza toda violencia política (revolucionaria o no) que escape a su monopolio.
Las instituciones fundamentales del Estado son el ejército permanente y la burocracia. Las tareas del ejército son la defensa de las fronteras territoriales frente a otros Estados, las conquistas imperialistas, para ampliar los mercados y acaparar materias primas, y sobre todo la garantía última del orden establecido frente a la subversión obrera y las insurrecciones proletarias. Las tareas de la burocracia son la administración de todas aquellas funciones que la burguesía delega en el Estado: educación, policía, salud pública, prisiones, correo, ferrocarriles, carreteras… El funcionario del Estado, desde el maestro de escuela al catedrático, del policía al ministro, del cartero al médico desempeñan funciones necesarias para la buena marcha de los negocios de la burguesía, mientras no sean un buen negocio para ésta, en cuyo caso se privatizan.
El Estado es la ORGANIZACIÓN del dominio político, de la coacción permanente y de la explotación económica del proletariado por el capital.
El Estado no es pues una máquina o instrumento que pueda utilizarse en un doble sentido: ayer para explotar al proletariado, mañana para emancipar al proletariado y oprimir a la burguesía. No es una máquina que pueda conquistarse, ni que pueda manejarse al antojo del maquinista de turno. El proletariado no puede conquistar el Estado, porque es la ORGANIZACIÓN política del capital: ha de destruirlo. Si un partido fortalece o reconstruye el Estado, o se limita a conquistar el Estado, no estamos ante una revolución proletaria, sino ante otra forma de capitalismo. El ejemplo histórico más destacado fue el capitalismo de Estado de la extinta Unión Soviética. El Estado no puede ser ABOLIDO de la noche a la mañana por un decreto “revolucionario”, o por un acuerdo social de la mayoría de la sociedad, porque es la organización política del capital y sus relaciones sociales de producción: hay que DESTRUIR esas relaciones sociales de producción y su organización política: el Estado. El Estado no puede ser parcialmente sustituido y parcialmente utilizado (como un semi-Estado obrero) por el proletariado contra el capital, en una fase de transición entre el capitalismo y el comunismo, esperando que se EXTINGA como una llama sin oxígeno, porque el Estado es la organización política del capital y garantiza las relaciones sociales de producción capitalistas. No existe una semiorganización del capital ni una semigarantía de las relaciones sociales de producción, y ya hemos dicho que la máquina Estado no puede utilizarse, ni semi-utilizarse en un doble sentido, ahora para explotar o semi-explotar al proletariado, mañana para emanciparlo o semi-emanciparlo. El Estado es la organización política total y totalitaria del capital (y de su permanente reproducción) para explotar al proletariado. El proletariado no puede usar, ni semiusar para extinguir; ni abolir, ya sea por decreto, acuerdo mutuo, o votación, el Estado: sólo puede destruirlo.
El proletariado ha de destruir el Estado porque éste es la organización política de la explotación económica del trabajo asalariado. La destrucción del Estado es el inicio de una revolución proletaria.
¿Qué sustituye al Estado? La administración de las cosas y de las prioridades de la sociedad en el comunismo. Pero la revolución proletaria no es una cuestión de partidos o de organización. No son las organizaciones quienes hacen la revolución, sino que es la revolución quien crea las formas de organización de clase apropiadas. Lo que determina la posibilidad del comunismo es un alto desarrollo de las fuerzas productivas y la extensión de la condición de proletario. Los problemas organizativos no pueden plantearse al margen de quien los organiza y de los problemas que se plantean en cada momento. No hay reglas, ni fórmulas mágicas, ni garantías contra la burocratización y la contrarrevolución. Los burócratas suelen ser expertos en organización, en beneficio propio, al margen del interés general de la sociedad. La experiencia histórica del proletariado señala los soviets rusos de 1905 y 1917, los rater alemanes de1918-1920 y los comités españoles de 1936, esto es, la organización del proletariado en consejos obreros como la forma organizativa revolucionaria de la clase obrera.
Estamos pues hablando no de tal o cual forma organizativa de comité o de consejo, sino de la organización consejista de la sociedad. Los consejos no representan a los obreros, SON EL PROLETARIADO ORGANIZADO. Es un órgano de clase y de lucha. No es un órgano político, y por lo tanto no es democrático ni dictatorial, está más allá de la política, y evita la separación entre lo público y lo privado característica del capitalismo.
Soviets, raters y comités fracasaron en el pasado, pero han existido, demostrando la capacidad del proletariado para dirigir y gestionar fábricas, ciudades y países; señalando también sus límites, SUS ERRORES y sus limitaciones. Han surgido siempre que el proletariado revolucionario se ha alzado contra la barbarie capitalista. Han sido la respuesta obrera al vacío dejado por la burguesía, más que resultado de la radicalización del combate.
La ideología consejista contempla los consejos como meta y no sólo como un momento de la transición al comunismo. Los consejistas sustituyen el concepto “partido” de los leninistas por el concepto “consejo”. Ambas ideologías son estériles, porque de acuerdo con el viejo y contundente grito de la Asociación Internacional de los Trabajadores: la emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores, o no será. Los consejos, o las organizaciones que en cada momento cree el proletariado, serán sólo lo que consigan hacer en el combate por destruir el Estado y alcanzar el comunismo.
Estamos hablando de la constitución del proletariado en clase, y por lo tanto, en organismo revolucionario autónomo, independiente de la burguesía y opuesto al partido contrarrevolucionario del capital, que orienta todos sus esfuerzos hacia la total y definitiva destrucción del Estado, esto es, a la destrucción de la organización política del capitalismo, sustituida por una nueva organización política de la sociedad comunista, que conduce a la extinción de todas las clases sociales.
Agustín Guillamón

jueves, 10 de diciembre de 2015

Reflexiones varias

Como el benevolente es humillado y vejado constantemente y parafraseando a Bretch, "el odio sólo ayuda donde impera el odio", éste debe ser la vía que le quede al hombre de buena fe para pacificar el despropósito en el que se ha convertido la existencia.


El Estado como garante y representante de los intereses privados del gran capital nunca puede ser público, la administración que hace por su parte de los recursos naturales que dispone un territorio en concreto junto con la adquisición y utilización del aparato tecnológico y propagandístico para de esta forma fortalecerse y gobernar a la sociedad le otorgan poderes en apariencia no visibles pero reales, que son enmascarados por los hechos políticos y económicos que acontecen a través de los gobiernos elegidos por el pueblo y del gran capital formado por las grandes multinacionales y la gran banca, monopolizando y administrando de esta manera la cosa pública para los intereses de una élite burocrática de poder – política y económica- que suele actuar en la sombra al no aparecer en los medios de comunicación de masas.
El Estado decide la vida tanto política como económica de sus súbditos.



Hay que procurar que no se apague la llama que llevamos dentro cada uno de nosotros.


Para recuperar la dignidad hay que dejar de ser mediocre.


Algunas reflexiones más sobre la violencia.





Hay que analizar en profundidad el fenómeno de la violencia en todas sus formas y expresiones para entenderla, la atracción y seducción que sentimos hacia ésta nos permitirá definir las características principales en y por la que se manifiesta constantemente en nuestras vidas. Intrínsecamente arraigada en nuestro ser desde hace milenios, heredada de nuestros antepasados más ancestrales, es también uno de nuestros mayores condicionantes por la que se convierte en una herramienta de manipulación esencial para el Poder.

Hallando el origen y posterior desarrollo de la violencia en la sociedad, entenderemos las causas que hacen de ésta el motor de las relaciones humanas.



La cualidad del justo es la de saber administrar la violencia y el odio en su justa medida, como el amor fructifica donde hay amor, el odio anula donde hay odio.

jueves, 3 de diciembre de 2015

"La lucha por Barcelona: Clase, cultura y conflicto 1898-1937" - Chris Ealham






Recomiendo la lectura de este libro para comprender un poco mejor el movimiento libertario acaecido a partir del siglo XX. Ealham nos introduce en la lucha obrera por la supervivencia en Barcelona, la restructuración de la ciudad llevada a cabo por la burguesía y el Estado con fines capitalistas, la industrialización, la construcción de edificios para la Exposición Universal que atraía mano de obra de las zonas rurales de otras áreas del Estado y la concentración industrial fomentada por el Capital en las periferias de Barcelona.

La compresión de estos hechos nos dará una visión más objetiva de las migraciones llevadas a cabo por el Estado durante el siglo XX, la concentración de población en zonas reducidas formarán los "barris" proletarios y lugares como el Raval (barrio chino), la Barceloneta entre otros serán los nuevos hogares en los que se desarrollará la vida de los inmigrantes en su mayoría.

Las calles serán lugares de encuentro de los obreros, la aparición del sindicato de la CNT y de los ateneos libertarios y los bares también ofrecerán puntos donde poder relacionarse. De esta forma se origina dentro del movimiento obrero, los grupos de resistencia que lucharán contra las injusticias a las que tendrán que enfrentar de diversos modos llevadas a cabo por la burguesía representado por los partidos políticos y sobretodo la policía como institución de represión y coerción, la participación del ejército también fue requerida en algunas ocasiones en el que la situación podía ser peligrosa para los intereses estatales.

Los intereses de clases eran manifiestos, los pequeños y medianos comerciantes junto con los empresarios se defendían de los ataques de los obreros mediante la policía y leyes más restrictivas decretadas por el gobierno, mientras que los obreros practicaban la lucha política a través del sindicato de la CNT y otras formas de resistencia, como acciones armadas en contra de las injusticias que padecían por parte de la burguesía y el Estado.

Los obreros también tenían amplias redes de solidaridad y apoyo mutuo en las calles y los barrios donde podían comerciar y establecer lazos afectivos para la resistencia.

La situación de la clase obrera fue compleja en algunos periodos en las que se vio prácticamente sin soporte sindical y portavoces propagandísticos como "Solidaridad Obrera" durante la dictadura de Primo de Rivera en el que la clandestinidad tuvo que forzar a una lucha en la que la violencia principalmente como medio de defensa y subsistencia debido a las ataques de la patronal con sus sicarios hacia los elementos obreros que propicio el periodo del pistolerismo durante el 1917-1923.

Eran frecuentes también el atraco de bancos y joyerías por parte de los grupos de acción anarquistas para poder entre otras cosas recaudar fondos para la caja pro presos durante.


Hay que destacar que la lucha del movimiento obrero con la CNT como sindicato representante se fue sucediendo a lo largo de todos el periodo de principios de siglo XX hasta la Guerra Civil con sus sucesivos gobiernos, se puede afirmar que la lucha no cesó hasta prácticamente el final de la guerra y por lo tanto, los pactos de los líderes anarquistas durante el inicio el conflicto armado no pueden suponer que la alianza de la CNT y del gobierno Republicano fuese  siempre tácita y por intereses políticos y económicos, no obstante, los titubeos de muchos militantes y dirigentes anarquistas sobretodo durante la contienda, supusieron una ayuda más a la derrota en la Guerra Civil.


Lo que no cabe duda, es que la capacidad de lucha por la dignidad del movimiento obrero durante ese periodo estuvo latente e intentó un cambio en la sociedad, que no pudo sobrevenir entre otras cosas por el inicio de la Guerra Civil que perpetraron las élites dirigentes del Estado español al verse comprometido su poder en el plano político y económico.


viernes, 27 de noviembre de 2015

Sentencias.





Vivir engañado se ha convertido en una religión sagrada, un acto de fe y de complacencia que no va más allá de la mera supervivencia.


Es un hecho nefasto la jerarquización de la sociedad, en esta coyuntura, la voluntad de poder, es el objetivo del individuo para someter al prójimo.




Se hace necesaria una revolución estrictamente psicológica en el individuo para que pueda darse una revolución social, el planteamiento o proyecto de una revolución social que no haya interiorizado en una mayoría de los miembros de la sociedad un profundo cambio espiritual se verá irremediablemente abocado al fracaso como ha venido sucediendo a lo largo de la historia.


Donde impera la miseria moral y ética, el odio y la violencia se convierten en moneda de cambio.

La decadencia espiritual es la consecuencia de una apariencia que toma forma de imagen cosificada. 


Hay que ir más allá del placer y el sufrimiento para sentirnos realizados.

jueves, 26 de noviembre de 2015

BARRICADAS EN BARCELONA (La CNT de la victoria de Julio de 1936 a la necesaria derrota de Mayo de 1937).- Agustín Guillamón






La Agrupación de Los Amigos de Durruti fue, tan-
to numéricamente como por sus objetivos, mucho más que
un grupo de afinidad, aproximándose a una rama del mo-
vimiento libertario, similar a “Mujeres Libres”. Nunca in-
tentó plantear una alternativa revolucionaria a la CNT-
FAI. Sólo se oponía a la dirección burocrática del anarco-
sindicalismo, y se contentaba con un cambio de los diri-
gentes. No estuvo influida, ni poco ni mucho, por los tros-
quistas, ni por el POUM. Su ideología y sus consignas fue-
ron típicamente confederales; en ningún momento puede
decirse que manifestaran una ideología marxista. En todo
caso demostraron un gran interés por el ejemplo de Marat,
y quizás podría hablarse de una poderosa atracción por el
movimiento asambleario de las secciones de París, por los
sans-culottes y los enragés, y por el gobierno revoluciona-
rio de Robespierre y Saint-Just, estudiados por Kropotkin
en su historia de la Revolución Francesa. Nunca citaron, y
quizás desconocían, la Plataforma anarquista, con la que
sin embargo tenían ciertas similitudes.


Su objetivo no fue otro que el de enfrentarse a las
contradicciones de la CNT, darle una coherencia ideológi-
ca, y arrancarla del dominio de personalidades y comités
superiores de responsables para devolverla a sus raíces de
lucha de clases. Su razón de ser fue la crítica y oposición a
la política de permanentes concesiones de la CNT, y por
supuesto a la COLABORACION de los anarcosindicalis-
tas en el gobierno central y de la Generalidad. Se opusie-
ron al abandono de los objetivos revolucionarios y de los
principios ideológicos fundamentales y característicos del
anarquismo, del que habían hecho gala los dirigentes de la
CNT-FAI, en nombre de la unidad antifascista y la necesi-
dad de adaptarse a las circunstancias. Sin teoría revolucio-
naria no hay revolución. Si los principios sólo sirven para
ser desechados al primer obstáculo que nos opone la reali-
dad, quizás sea mejor reconocer que no se tienen princi-
pios. Los máximos responsables del anarcosindicalismo
español se creyeron hábiles negociadores, y fueron mani-
pulados como títeres. Renunciaron a todo, a cambio de
nada. Fueron unos oportunistas, sin ninguna oportunidad.
La insurrección del 19 de julio no encontró una vanguar-
dia revolucionaria capaz de imponer el poder del proleta-
riado, destruir el Estado capitalista y empezar una auténti-
ca revolución obrera. La CNT nunca se había planteado
qué haría una vez derrotados los militares sublevados. La
victoria de julio sumió a los dirigentes anarcosindicalistas
en el desconcierto y la confusión. Habían sido desborda-
dos por el ímpetu revolucionario de las masas. Y como no
sabían qué hacer aceptaron la propuesta de Companys de
constituir, junto con el resto de partidos, un gobierno de
Frente Antifascista. Y plantearon el falso dilema TEÓ-
RICO de dictadura anarquista o unidad antifascista y
colaboración con el Estado para ganar la guerra, porque
en la PRÁCTICA no habían sabido qué hacer con el po-
der, cuando no tomarlo significaba dejarlo en manos de la
burguesía. La “revolución” española fue la tumba del
anarquismo como organización y teoría revolucionaria
del proletariado. Ahí es donde está el origen y la razón de
ser de la Agrupación de Los Amigos de Durruti, que, sin
191embargo, no supo ni pudo salvar a la ideología anarcosin-
dicalista de su agonía.



Descargar libro: "Barricadas en Barcelona"

miércoles, 25 de noviembre de 2015

“Una teoría revolucionaria”. Editorial16 El Amigo del Pueblo, número 5. Barcelona, 20 de julio de 1937







El giro que han tomado los acontecimientos después de los sucesos de mayo es
realmente aleccionador. En la correlación de las fuerzas, que se manifestaron en la calle
durante las jornadas de julio, se ha producido una sensible transformación.
Aquel poderío gigantesco que giraba en torno de la CNT y de la FAI, un año ha, ha
sufrido un notable relajamiento. No se trata de que las masas obreras se hayan divorciado
del sentir revolucionario que es algo inherente a la organización confederal y específica.
Los trabajadores continúan abrazando el mismo frenesí de las primeras jornadas.
La trayectoria descendente ha de atribuirse exclusivamente a la ausencia de un
programa concreto y de unas realizaciones inmediatas, y que por este hecho hemos caído
en las redes de los sectores contrarrevolucionarios, en el preciso momento en que las
circunstancias se desenvolvían netamente favorables para una coronación de las
aspiraciones del proletariado. Y al no dar libre cauce a aquel despertar de julio, en un
sentido netamente de clase, hemos posibilitado un dominio pequeño-burgués que de
ninguna de las maneras podía producirse si en los medios confederales y anarquistas,
hubiese prevalecido una decisión unánime de asentar el proletariado en la dirección del
país. Pero no ha habido una visión de las incidencias vividas. En julio no interpretamos
aquella hora grandiosa. Tuvimos miedo. Los cañones de las escuadras extranjeras
infundieron pusilanimidad a un crecido porcentaje de militantes. Cedimos terreno a los
sectores que más tarde se han enfrentado con las organizaciones típicamente
revolucionarias con pretensiones de un destacado cariz reaccionario.


16 El número 5 es uno de los más interesantes de El Amigo del Pueblo. En primera página aparece un
artículo titulado: “Una teoría revolucionaria”. Sólo este editorial sería suficiente para destacar la
importancia política e histórica de Los Amigos de Durruti, no sólo en la historia de la guerra civil, sino de la ideología ácrata. En el editorial, Los Amigos de Durruti atribuían el avance de la contrarrevolución y el fracaso de la CNT, tras su triunfo de julio del 36, a una sola razón: la ausencia de un programa revolucionario. Y esa había sido también la causa de la derrota de Mayo de 1937. La conclusión a la que habían llegado era definida con una enorme claridad.
                               
                           
No consideramos que los fracasos haya que achacarlos exclusivamente a los
individuos. Tenemos sendas pruebas de que la inmoralidad ha contribuido enormemente al
deslunchamiento [?] de fechas atrás. Pero lo que verdaderamente ha contribuido, es decir,
ha decidido la pérdida sensible de una revolución que sólo se podía escapar de las manos
de unos incapaces, es la omisión de una directriz que hubiera marcado de una manera
inconfundible el camino a seguir.


La improvisación siempre ha dado resultados pésimos. Nuestra presunción de que
las concreciones sociales se forjan sin que exista una determinante que vele celosamente
por la salvaguarda de las premisas de la revolución, es un tanto desplazada. Y en julio el
determinante eran la CNT y la FAI, cometiéndose la simpleza de que una revolución de
tipo social podía compartir sus latidos económicos y sociales, con los factores enemigos. Y
éste fue el error máximo, pues hemos dado calor a la pequeña burguesía que se ha vuelto
airada contra la clase trabajadora cuando por efecto de los derroteros de la guerra ha
hallado un firme sostén en las llamadas potencias democráticas.


En mayo se volvió a plantear el mismo pleito. De nuevo se ventilaba la supremacía
en la dirección de la revolución. Pero los mismos individuos que en julio se atemorizaron
por el peligro de una intervención extranjera, en las jornadas de mayo volvieron a incurrir
en aquella falta de visión que culminó en el fatídico “alto el fuego” que, más tarde, se
traduce, a pesar de haberse concertado una tregua en un desarme insistente y en una
despiadada represión de la clase trabajadora. La causa la hemos señalado. De pruebas
tenemos muchas. A los pocos días de julio, algunos militantes que han participado en las
formaciones híbridas, afirmaban públicamente que se había de renunciar al comunismo
libertario. Pero lo que no se puede comprender es que después de esta negación, no se
presentase inmediatamente una afirmación clara y categórica.


De manera que, al despojarnos de un programa, léase comunismo libertario, nos
entregamos por entero a nuestros adversarios que poseían y poseen un programa y unas
directrices. Desde este instante se perfiló nuestro desplazamiento, pues dábamos razón a
los partidos que tan sañudamente habíamos combatido y a quienes entregamos en bandeja
una resolución que nadie nos podía regatear. La falta de sentido de clase también ha
coadyuvado a la etapa de descenso que estamos presenciando. A través de determinado
discursos se han lanzado expresiones de un calibre contrarrevolucionario. Y en nuestras
intervenciones hemos ido a remolque de la mesocracia, siendo así que había de ser la
organización mayoritaria de julio la que había de disponer, en un sentido absoluto, de la
cosa pública. Y a los partidos pequeño-burgueses había que aplastarlos en julio y en mayo.
Opinamos que cualquier otro sector, en el caso de disponer de una mayoría absoluta como
la que poseíamos nosotros, se hubiera erigido en árbitro absoluto de la situación.


En el número anterior de nuestro portavoz precisábamos un programa. Sentamos la
necesidad de una Junta revolucionaria, de un predominio económico de los Sindicatos y de
una estructuración libre de los Municipios. Nuestra Agrupación ha querido señalar una
pauta por el temor de que en circunstancias similares a julio y mayo, se proceda de una
manera idéntica. Y el triunfo radica en la existencia de un programa que ha de ser
respaldado, sin titubeos, por los fusiles.

No obstante el cúmulo de errores cometidos, es presumible que más tarde o más
temprano se volverá a manifestar el proletariado. Pero lo que se ha de procurar es que en la
ocasión inmediata no vuelvan a prevalecer los timoratos y los incapaces que nos han
situado en un terreno que está erizado de sumas dificultades.

Las revoluciones sin una teoría no siguen adelante. “Los Amigos de Durruti”
hemos trazado nuestro pensamiento que puede ser objeto de los retoques propios de las
grandes conmociones sociales, pero que radica en dos puntos esenciales que no pueden eludirse. Un programa y fusiles.

Mantengamos el criterio apuntado en los Sindicatos, en los lugares de trabajo.
Hagamos prevalecer nuestros propósitos. Sin nerviosismos estériles, sin precipitaciones
contraproducentes, preparemos a la clase trabajadora para que sepa escalar de una vez el
lugar que le corresponde y que por falta de una teoría revolucionaria se ha perdido
lastimosamente.


Descargar artículos "El amigo del Pueblo"

martes, 24 de noviembre de 2015

La revolución acabó en mayo - Mikel Muñoz

Primavera de 1937: la Guerra Civil española se encuentra en pleno apogeo. El ejército republicano y las milicias de partidos y sindicatos luchan contra las tropas franquistas. A cientos de kilómetros, en la retaguardia, el gobierno asalta el edificio de la Telefónica en Barcelona, gestionado por la CNT. Los anarquistas resisten, estalla la huelga general: comienza una guerra civil dentro de la Guerra Civil. Cinco días que sellan el epitafio de la revolución.







Fuente:https://www.makusi.tv/videos/4998/

lunes, 23 de noviembre de 2015

Sobre Durruti y la Guerra Civil - Agustí Guillamón




Introducción de Agustí Guillamón a los artículos " El Amigo del Pueblo"  portavoz de "Los Amigos de Durruti"


[...] Durruti fue un hombre de acción, y un militante anarquista ejemplar en
el sentido, que señalaba a los demás el camino a seguir con su propio ejemplo.
Jamás fue un teórico. No se debe buscar en Durruti una reflexión sobre la
Revolución española, sino más bien la expresión espontánea e intuitiva del instinto
y sentimiento de la clase obrera. Pero no se puede permitir la manipulación de una o
dos frases suyas para justificar toda una orientación política de colaboración
anarquista con el Estado capitalista, que siempre le fue extraña y ajena. Durruti
jamás propugnó que se debía renunciar a la revolución social para obtener una
victoria militar.

Fuera muerto por una bala perdida, o no, de lo que no cabe duda es que la
frase “renunciamos a todo, excepto a la victoria” fue una añagaza más de la
ideología antifascista de unidad sagrada con la burguesía, amañada, malinterpretada
y desvirtuada por los anarquistas partidarios de la colaboración con el gobierno
burgués republicano, esto es, por los ideólogos del anarquismo de estado.
Cuando utilizamos la expresión “anarquismo de Estado” lo hacemos en
concordancia con la existencia de “ministros anarquistas”, y con el ánimo de
provocar la necesidad de diferenciar claramente entre un anarquismo revolucionario
(antagónico con el capitalismo, como era el de Durruti) un anarquismo reformista,
que no ofrece más que una opción socialdemócrata dentro del sistema capitalista (el
anarquismo de los colaboracionistas y de los ministros anarquistas). Durante la
guerra civil, a medida que pasaban los meses y se .consolidaba la contrarrevolución,
el anarquismo de Estado (siempre mayoritario) alcanzó cotas de exclusividad;
mientras, el anarquismo revolucionario (siempre minoritario) se sumió en la
clandestinidad, la exclusión organizativa y la marginación social y política.
Durruti no renunció nunca a la revolución: esa frase es fruto de la
manipulación del “héroe del pueblo” por los estalinistas y los anarquistas
partidarios de la unidad antifascista con la burguesía democrática
republicana. Esa frase fue ayer, y sigue siéndolo hoy, la quintaesencia del
pensamiento de los anarcosindicalistas que rechazaron la vía revolucionaria. Más
que el individuo que atendía al nombre de Buenaventura Durruti nos interesa la
existencia, en la España de 1936, de un importante movimiento revolucionario,
anónimo y de masas. Durruti, más allá de la claridad de sus ideas y de la
ambigüedad de sus posiciones, fruto de una situación revolucionaria
desaprovechada (como fue la del 19 de Julio de 1936), encarnó el símbolo de la
revolución para esos obreros en armas enfrentados a las tareas de una revolución
social y de una guerra a muerte contra el capitalismo (no sólo del fascismo, sino
también de la democracia). Durruti fue también la bandera que alzaron los
revolucionarios libertarios, que tomaron el nombre de “Agrupación de Los Amigos
de Durruti”, para enfrentarse a la dejación de los principios anarquistas de que
hicieron gala tanto ministro, tanto intelectual ácrata con el sombrero demasiado
ancho para su cabeza, y tanto cabezón metido a jefecillo. Ya hemos dicho que
Durruti no fue nunca un teórico, sino un hombre de acción, y como tal no nos dejó
más que algunos trazos ambiguos de su pensamiento, que además nos han llegado
malinterpretados y matizados a través de la mediación de terceras personas, en
escasas entrevistas, y en algún discurso radiofónico, más o menos fiel, o censurado.
En todo caso estamos completamente seguros que los herederos del testamento
político “del Durruti libertario y revolucionario” no fueron en ningún momento los
ministros anarquistas; sino la organización minoritaria de anarquistas y
revolucionarios que invocó su ejemplo, y también su nombre, en la Agrupación Los
4Selección de artículos de El Amigo del Pueblo


Amigos de Durruti, que después de las Jornadas de Mayo de Barcelona fueron
desautorizados y perseguidos por la CNT-FAI.
¡Si es que hay herencias..., si es que hay testamentos de tal índole! Pero en
todo caso sí que existe un hilo de continuidad revolucionaria entre Durruti y Los
Amigos de Durruti. Del mismo modo que existe una afinidad destructora y
vilipendiadora entre quienes pusieron en labios de Durruti la frase “renunciamos a
todo, excepto a la victoria” y los que le nombraron póstumamente teniente coronel
del ejército popular: sólo muerto podía colocarse en boca y pecho de Durruti
tamaños despropósitos, en contradicción con toda su vida, obra y pensamiento.
No ha habido un análisis anarquista riguroso sobre las debilidades y
errores cometidos por el movimiento libertario en la guerra civil española, y
sin ese análisis no hay futuro para el movimiento anarquista, porque se condena
a repetir los errores de siempre, porque fortalece la ambigüedad y confusionismo
característicos del pensamiento libertario, y sobretodo porque ni siquiera plantea la
inexcusable, radical y tajante ruptura organizativa, ideológica y doctrinal de los
revolucionarios libertarios con los anarquistas reaccionarios, defensores y
seguidores del anarquismo Estado. [...]


La Revolución Española fue la tumba del anarcosindicalismo como teoría
revolucionaria del proletariado, porque no supo dar respuestas adecuadas a los
problemas que planteaba la revolución social. Algunas de las posiciones teóricas de la
Agrupación de Los Amigos de Durruti y los artículos publicados en El Amigo del
Pueblo, fueran o no de Balius, fueron el intento crítico, realizado desde el seno del
propio movimiento anarquista, de plantear las soluciones requeridas para salvar,
afianzar y extender la revolución de Julio de 1936. [...]


Leamos pues los artículos anónimos, o no, de la Agrupación de Los Amigos de
Durruti, con la atención que nos merece el combate de una vanguardia revolucionaria
del proletariado; sin hacer de esta vanguardia ningún nuevo dios, con el ánimo de
conocer y reflexionar sobre una de las más destacadas experiencias históricas del
movimiento obrero internacional; pero también con la intención de criticar unas
debilidades insuperables en la época.



Ni dios, ni amo, ni anarquismo de Estado: sólo la lucha revolucionaria del
proletariado mundial por su liberación de clase. Porque la emancipación del proletariado
como clase explotada en el capitalismo es también el fin de toda sociedad de clases, y
es, por lo tanto, la liberación de la especie humana del absurdo yugo a las leyes de la
plusvalía, que sepultan a dos tercios de la Humanidad en la miseria, ponen en peligro la
conservación de la biodiversidad del planeta, facilitan y magnifican las “inevitables
catástrofes naturales” y amenazan con el agotamiento de los recursos y materias primas
para las futuras generaciones. No hay futuro para nadie en un mundo capitalista. No se
trata de reformar y dulcificar las consecuencias más hirientes y catastróficas del sistema
capitalista, como proponen demócratas, socialdemócratas, situacionistas y mil especies
distintas de milenaristas, catastrofistas, neoliberales y reformistas; se trata de destruirlo.
El capitalismo es la guerra y la institucionalización de la barbarie. Está en juego la
supervivencia misma de la especie humana. La alternativa expresada por Rosa
Luxemburg y el proletariado mundial, durante la Primera guerra mundial, es hoy más
actual que nunca: “Socialismo o Barbarie”.