In LSD Veritas -

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Sé tu propia luz.

martes, 14 de noviembre de 2017

Ecofascismo y la ecología del poder (Bernard Charbonneau)

A pesar de las apariencias, el ecofascismo tiene todo el futuro por delante, y podría tratarse de un régimen totalitario tanto de izquierdas como de derechas, según dicte la necesidad. De hecho, los gobiernos se verán cada vez más obligados a tomar medidas para gestionar unos recursos y un espacio que con el paso del tiempo irán escaseando. Una contabilidad exhaustiva registrará, con todos los costes, los bienes —en su día gratuitos— utilizados por la industria y el turismo. El mar, el paisaje y el silencio se convertirán en mercancías que serán fabricadas y reguladas, y por las que se tendrá que pagar. Y la distribución de estos artículos de primera necesidad estará regulada según sea el caso por la ley de la oferta y la demanda o por el racionamiento que atenuará el inevitable mercado negro. La preservación de los niveles de oxígeno necesarios para la vida sólo se podrá garantizar a costa de sacrificar otro fluido vital: la libertad. Pero, como en tiempos de guerra, la defensa del bien común, de la tierra, hará que valga la pena el sacrificio. Ya la actuación de los ecologistas comenzó a tejer esa red de regulaciones que prevén multas y penas de cárcel con el fin de proteger la naturaleza contra su explotación incontrolada. ¿Qué más se puede hacer? Lo que nos espera, como durante la última guerra total, es probablemente una mezcla de organización tecnocrática y regreso a la Edad de Piedra.


Un día, el poder se verá obligado a practicar la ecología. Una perspectiva sin ilusión puede llevar a pensar que, salvo catástrofe, el giro ecológico no lo llevará a cabo una oposición minoritaria y desprovista de medios, sino la burguesía en el poder, el día en el que no pueda hacer otra cosa. Serán los distintos responsables de haber arruinado la Tierra quienes procederán a salvar a los pocos que hayan quedado, y que después de la abundancia gestionarán la escasez y la supervivencia. Y es que quienes carecen de prejuicios, no creen en el desarrollo ni en la ecología: sólo creen en el poder.


Fuente: https://edicioneselsalmon.com/2016/12/29/ecofascismo-bernard-charbonneau/



domingo, 12 de noviembre de 2017

Una apunte sobre la tecnología.

La tecnología ha sido concebida para la acumulación. No es neutra o no significa necesariamente que pueda ser usada para bien o para mal (lo que puede suceder en algunos casos y no en todos, ahí radica el engaño) como la inmensa mayoría cree.

Es un fin en sí misma y no un medio. Es totalizadora y totalizante en cuanto pretende el control absoluto de la Naturaleza y el ser humano. Este control que la tecnología ejerce sobre el individuo y el mundo en sí, se proclama en aras de la seguridad para crear un dispositivo que refuerce la confianza que se deposita en el Sistema.

La fe ciega en el Sistema se transforma en una adhesión a éste a cambio de seguridad. La libertad del individuo y el colectivo es restituida por el control y el dominio tecnológico. Sus vidas ya no les pertenecen, éstas pertenecen a la gran máquina del Estado y el Capital.

El individuo es absorbido por el Sistema que lo convierte en una pieza más del engranaje de la máquina. Se transforma en un ciudadano o súbdito más que acaba consolidando y perepetuando la dominación.

La seguridad absoluta no existe. La seguridad relativa es administrada por la gran máquina según sus conveniencias e intereses. Todo dependerá del contexto en el que se halle cada sociedad y el destino que decida la élite de poder para aquella.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Contra Su-historia, Contra Leviatán - Freddy Perlman

Capítulo 1.


Y estamos aquí como sobre un llano que oscurece Barrido con las confusas alarmas de lucha y pelea Donde ejércitos ignorantes combaten de noche. (M. Arnold)

Aquí uno puede ni estar de pie, ni tumbarse, ni sentarse Ni siquiera hay silencio en las montañas Sino secos y estériles truenos sin lluvia... (T.S. Eliot)

El llano que oscurece está aquí. Esto es la tierra baldía: Inglaterra, América, Rusia, China, Israel, Francia....

Y estamos aquí como víctimas, o como espectadores, o como los autores de torturas, matanzas, envenenamientos, manipulaciones, expoliaciones.

¡Hic Rhodus! ¡Este es el lugar para saltar, el lugar para bailar! ¡Esto es lo Salvaje! ¿Hubo alguna vez otra cosa? ¡Esto es salvajismo! ¿Lo llamáis libertad? ¡Esto es barbarismo! La lucha por la supervivencia está bien aquí. ¿No lo hemos sabido siempre? ¿No es un secreto público? ¿Acaso no ha sido siempre el mayor secreto público?

Sigue siendo un secreto. Se sabe públicamente pero no se confiesa. lo Salvaje está públicamente en otro sitio, el barbarismo está en el extranjero, el salvajismo está en la cara del otro. Los truenos secos estériles sin lluvia, las alarmas confusas de lucha y pelea, son proyectados afuera, en el gran desconocido, a través de los mares y las montañas. Estamos al lado de los ángeles.

Una forma con cuerpo de león y cabeza de hombre, Una mirada en blanco y despiadada como el sol, Mueve sus lentos muslos ... (W.B. Yeats)

... Mueven sus muslos lentos contra lo Salvaje proyectado, contra el barbarismo reflejado, contra la cara salvaje que mira fuera de la charca, su movimiento que vacía la charca, desgarrando sus bancos, dejando un árido cráter donde había vida.

En un libro maravillosamente lúcido titulado Más allá de la Geografía, un libro que también va más allá de la historia, más allá de la tecnología, más allá de la civilización, Frederick W. Turner (no confundir con Frederick Jackson Turner, el abogado del colono) pinta el telón e inunda el escenario con luz.

Otros pintaron el telón antes de Turner; ellos son quienes desvelaron el secreto: Toynbee, Drinnon, Jennings, Camatte, Debord, Zerzan entre los contemporáneos cuyas luces he cogido prestadas; Melville, Thoreau, Blake, Rousseau, Montaigne, Las Casas entre los precursores; Lao Tze allá donde la memoria escrita puede alcanzar.

Turner coge las luces de las comunidades humanas más allá de lo incomprEnsible de la civilización para ver más allá de la geografía. Él ve con los ojos del desposeído del una vez hermoso mundo que descansa en la espalda de una tortuga, este doble continente cuyas charcas fueron vaciadas, cuyos bancos fueron vendidos, cuyos bosques se convirtieron en áridos cráteres el día en que se llamó América.

... Una imagen enorme de Spiritus Mundi

Enfocando la imagen, Yeats preguntó,

¿Y que áspera bestia, su hora llegada al fin, se agacha hacia Belén para nacer?

La visión es tan clara en Turner como en Yeats:

La oscuridad cae de nuevo; pero ahora sé Esto veinte siglos de sueño pedregoso Fueron vejados hasta la pesadilla por una cuna que se mece.

Los videntes de lo antiguo volvieron para compartir sus visiones con sus comunidades, tal como las mujeres compartieron su grano y hombres su caza.

Pero no hay ninguna comunidad. La memoria misma de la comunidad es una imagen empañada fuera del Spiritus Mundi.

El vidente del ahora vierte su visión sobre las hojas de papel, sobre los bancos de áridos cráteres donde matones armados montan guardia y exigen contraseña, Evidencia Positiva. Ninguna visión puede pasar por sus puertas. La única canción que pasa es una canción ida tan seca y cadavérica como los fósiles en las arenas.

Turner, él mismo un guardia, un profesor, tiene el coraje de un Bartolomé de Las Casas. Él asalta las puertas, rechaza dar la contraseña, y él canta, él dá discursos enfáticos, él casi baila.

La armadura se cae. Aunque simplemente no sea llevada como la ropa o las máscaras, aunque esté pegada a la cara y el cuerpo, aunque la piel y la carne debieran ser arrancadas con ella, la armadura se cae.

Últimamente, muchos han asaltado las puertas. Sólo recientemente uno cantó que la red de fábricas y minas era el Archipiélago Gulag y todos los trabajadores eran zeks (N.T: conscriptos, internos, bandas organizadas de trabajo. en el diccionario aparece como los presos de lo campos de trabajo soviéticos). Otro cantó que los Nazis perdieron la guerra pero su nueva orden no lo hizo. Los Ranters son legión ahora. ¿Va esto sobre llover? ¿Es esto el crepúsculo de un alba nueva? ¿O es esto el crepúsculo en el que el búho de Minerva puede ver porque el día está del todo hecho?


* * *


Turner, Toynbee y otros enfocan a la bestia que destruye la única casa conocida de criaturas vivas.

Turner subtitula su libro, "El Espíritu Occidental contra lo Salvaje". Por Espíritu Occidental él quiere decir actitud o postura, el alma o el espíritu de la Civilización Occidental, conocida hoy en día como la Civilización.

Turner define lo Salvaje de la misma manera que el Espíritu Occidental, pero el término es positivo para Turner, negativo para el Espíritu Occidental: lo Salvaje abarca toda la Naturaleza y todas las comunidades humanas más allá de lo incomprEnsible de la Civilización.

En Un Estudio de Historia, Arnold Toynbee expresó entusiasmo por la historia y por la civilización. Después de ver el ascenso y caída de la Tercera Orden Nazi y todos los refinamientos traídos en su tren, Toynbee perdió su entusiasmo. Él expresó esta pérdida en un libro llamado La Humanidad y la Madre Tierra. La visión en este libro es familiar a Turner: la Humanidad desgarra la Madre Tierra por la mitad.

El término de Toynbee Humanidad abarca el espíritu Occidental así como las comunidades humanas más allá del conocimiento de la Civilización, y su Madre Tierra abarca toda la vida.

Tomaré prestado el término Madre Tierra de Toynbee. Ella es la primera protagonista. Ella está viva, ella es la vida misma. Ella concibe y dá a luz todo que crece. Muchos la llaman Naturaleza. Los Cristianos la llama su Desierto. El otro nombre de Toynbee para la Biosfera. Ella es la tierra firme, el agua y la tierra que envuelve nuestro planeta. Ella es el hábitat exclusivo de las criaturas vivas. Toynbee la describe como un delgado y delicado pellejo, no más alto de lo que los aviones pueden volar y no más abajo de lo que las minas pueden ser cavadas. La caliza, el carbón y el petróleo son parte de su sustancia, son materia que una vez vivió. Ella filtra selectivamente la radiación del sol con precisión para impedir que la vida se queme. Toynbee la llama un excressence, un halo o herrumbre sobre la superficie del planeta, y él especula que no pueden haber otras Biosferas.

Toynbee dice que la Humanidad, los seres humanos, en otras palabras Nosotros, ha crecido muy poderosa, más poderosa que cualquier otra criatura viva, y por fin más poderosa que la Biosfera. La humanidad tiene el poder de arruinar la delicada corteza, y lo hace.

Hay muchos modos de hablar de una trampa. Puede ser descrita desde el punto de vista del ambiente de equilibrio, del trampero, del animal atrapado. Hasta puede ser descrita del punto de vista de la trampa misma, del objetivo, el punto de vista científico, tecnológico.

Hay tantos modos de hablar del derribo de la Biosfera. Del punto de vista de un solo protagonista, la Tierra misma, se puede decir que Ella se suicida. Con dos protagonistas, la Humanidad y la Madre Tierra, se puede decir que la asesinamos. Los que aceptamos este punto de vista y nos retorcemos de vergüenza podríamos desear ser ballenas. Pero los que de nosotros tomamos el punto de vista del animal atrapado buscaremos un tercer protagonista.

El protagonista de Toynbee, la Humanidad, es demasiado difuso. Abarca todas las civilizaciones y también todas las comunidades más allá de la Civilización conocida. Aún las comunidades, como Toynbee mismo muestran, coexistieron con otros seres durante miles de generaciones sin hacerle algún daño a la Biosfera. No son los tramperos, sino los atrapados.

¿Quien, entonces, es el demoledor de la Biosfera? Turner señala al Espíritu Occidental. Es el héroe quien se pica contra lo Salvaje, quien pide una guerra de exterminio del Espíritu contra la Naturaleza, del Alma contra el Cuerpo, de la Tecnología contra la Biosfera, de la Civilización contra la Madre Tierra, del dios contra todos.

Los marxistas señalan al modo Capitalista de producción, a veces sólo a la clase Capitalista. Los anarquistas señalan al Estado. Camatte señala al Capital. Los nuevos Ranters señalan a la Tecnología o a la Civilización o ambas.

Si el protagonista de Toynbee, la Humanidad, es demasiado difuso, los otros son demasiado estrechos.

Los Marxistas ven sólo la mota en el ojo del enemigo. Ellos suplantan a su bandido con un héroe, el modo Anti-capitalista de producción, el Establishment Revolucionario. No logran ver que su héroe es la misma "forma con cuerpo de león y cabeza de hombre, una mirada fija en blanco y despiadada como el sol. " No logran ver que el modo Anti-capitalista de producción quiere sólo exceder a su hermano en el derribo de la Biosfera.

Los anarquistas son variados como la Humanidad. Hay Anarquistas gubernamentales y comerciales así como unos cuantos de alquiler. Algunos Anarquistas se diferencian de los Marxistas sólo en estar menos informados. Ellos suplantarían el estado con un centro de computadoras en red, fábricas y minas coordinadas "por los trabajadores mismos" o por un sindicato anarquista. No llamarían a este arreglo un Estado. El cambio de nombre exorcizaría la bestia.

Camatte, los nuevos Ranters y Turner tratan a los bandidos de los Marxistas y Anarquistas como simples atributos del protagonista verdadero. Camatte da un cuerpo al monstruo; él llama al monstruo Capital, tomando prestado el término de Marx, pero dándolo un contenido nuevo. Él promete describir el origen del monstruo y su trayectoria, pero aún no lo ha hecho. Los nuevos Ranters han tomado prestado luces de L. Mumford, J. Ellul y otros pero no han, en mi opinión, ido más lejos que Camatte.

Turner va más lejos. Su objetivo debe describir sólo el espíritu del monstruo, pero él sabe que es el cuerpo del monstruo el que destruye los cuerpos de las comunidades humanas y el cuerpo de la Madre Tierra. Él dice mucho sobre el origen del monstruo y su trayectoria, y habla a menudo de su armadura. Pero está fuera de su objetivo nombrar al monstruo o describir su cuerpo.

Es mi objetivo hablar del cuerpo de la bestia. Ya que tiene un cuerpo, un cuerpo monstruoso, un cuerpo que se ha hecho más poderoso que la Biosfera. Puede ser un cuerpo sin vida alguna. Puede ser una cosa muerta, un cadáver enorme. Puede mover sus lentos muslos sólo cuando las criaturas vivas lo habitan. Sin embargo, su cuerpo es quien hace el derribo.

Si la Biosfera es una excrecencia sobre la superficie del planeta, la bestia que la arruina es también una excrecencia. El demoledor de la tierra es una herrumbre o halo sobre la superficie de una comunidad humana. No es excretado por cada comunidad, por la Humanidad. Toynbee mismo echar la culpa en una minoría minúscula, en muy pocas comunidades. Quizás la bestia cadavérica fuera excretada por sólo una comunidad entre miríadas.


* * *


La bestia cadavérica excretada por una comunidad humana es joven, como mucho tiene doscientas o trescientas generaciones de vida. Antes de volvernos a ella, echaré un vistazo a las comunidades humanas, ya que ellas son mucho más viejas, tiene miles de generaciones de vida.

Nos dicen que hasta las comunidades humanas son jóvenes, que había una edad cuando todo era de agua antes de que una almizclera se zambullera hasta el fondo del mar y pusiera la tierra en la espalda de la tortuga. Entonces nos dicen.

Supuestamente los primeros caminantes que se beneficiaron de los esfuerzos de la almizclera eran los gigantes o los dioses los que hoy día llaman dinosaurios.

Modernos profanadores de tumbas han desenterrado los huesos de este dios y exponen los huesos en las vitrinas de la Evidencia Positiva. Los profanadores de tumbas usan estos huesos para intimidar todas las historias de la memoria humana. Pero las historias del profanador de tumbas son más embotadas que la miríada del resto de las historias, y sus huesos iluminan sólo a los profanadores de tumbas mismos.

Las historias son tan variadas como sus contadores. En muchas historias, la memoria se esfuerza por alcanzar una edad cuando, la memoria, estaba alojada en una abuela que conocía a los nadadores, reptadores y caminadores tan bien como su familia porque ella anduvo sobre sus patas traseras con no más frecuencia que ellos.

En un cuento antiguo, la primera abuela cayó a la tierra de un agujero en el cielo.

En un cuento moderno, ella era un pescado con un hocico a el que, habiendo juguetonamente practicado la respiración al pasar su hocico por encima del agua, sobrevivió gracias a este truco cuando su charca se secó.

En otro cuento antiguo, la Biosfera tragó a varias abuelas antes de que el antepasado general hizo su aparición, y se espera tragar a los bisnietos de este antepasado. Toynbee puede equivocarse sobre el poder relativo de los dos protagonistas.

Muchas historias cuentan de abuelos en miniatura, enanos; un cuento moderno los llama musarañas de árbol.

Estos enanos habitaron la tierra mientras los gigantes, los dinosaurios, anduvieron a la luz del día. Prudentes musarañas de árbol bajaron al banquete de los insectos de la noche, no porque los gigantes fueran tacaños, sino debido a la discrepancia en el tamaño. Muchas las musarañas de árbol quedaron satisfechas con este arreglo y ellos permanecieron siendo musarañas de árbol. Unas, indudablemente una pequeña minoría, querían andar a la luz del día.

Por suerte para las incansables, los dinosaurios estuvieron entre las abuelas tragadas por la Biosfera. Las musarañas de árbol podrían tomar el sol, o bailar y jugar en plena luz, sin el miedo de ser pisoteadas. Minorías entre estas crecieron agitadas; algunas para avanzar lentamente, otras para volar. Las mayorías quedaron satisfechas, conservadoras, felices con sus capacidades, realizadas por sus ambientes, siguieron siendo como eran.


* * *


Los gerentes de las islas Gulag nos dicen que los nadadores, reptadores, caminadores y voladores pasaron sus vidas trabajando para comer.

Estos gerentes difunden sus noticias demasiado pronto. Los variados seres no han sido aún exterminados todos. Tú, lector/a, sólo tienes que mezclarte con ellos, o solamente mirarlos a distancia, ver que sus despiertas vidas están llenas de baile, juegos y banquetes. Hasta la caza, el acecho y el fingir y el saltar, no es lo que llamamos Trabajo, sino lo que llamamos la Diversión. Los únicos seres que trabajan son los internos de las islas Gulag, los zeks.

Los antepasados del zek hacían menos trabajo que un dueño de una corporación. No sabían lo que era el trabajo. Vivieron en una condición que J.J. Rousseau llamó "el estado de naturaleza". El término de Rousseau debería ser devuelto al uso común. Esto chirría en los nervios de los que, en palabras de R. Vaneigem, llevan cadáveres en sus bocas. Esto hace visible la armadura. Decid "estado de naturaleza " y veréis a los cadáveres mirando.

Insistid que la "libertad" y el "estado de naturaleza" son sinónimos, y los cadáveres intentarán morderos. El manso, el domesticado, intenta monopolizar la libertad de expresión; les gustaría aplicarlo a su propia condición. Ellos aplican la palabra "salvaje" al libre. Pero es otro secreto público que el manso, el domesticado, de vez en cuando se hace salvaje, pero nunca es libre mientras siga con su pluma de escritura.

Hasta el diccionario común guarda este secreto sólo medio oculto. ¡Comienza diciendo que libre significa ciudadano! Pero luego dice, "Libre: a) no determinado por nada más allá de su propia naturaleza o ser; b) determinado por la elección de actor o por sus deseos... "

El secreto está afuera. Los pájaros son libres hasta que la gente los enjaula. La Biosfera, la Madre Tierra misma, es libre cuando ella se humedece, cuando se tumba al sol y deja su piel estallar con el pelo multicolor que hormiguea con reptadores y voladores. Ella no está determinada por nada más allá de su propia naturaleza o ser hasta que otra esfera de igual magnitud se estrello con ella, o hasta que una bestia cadavéricos rasgue su piel y desgarre sus entrañas.

Los árboles, los peces e insectos son libres según crecen de la semilla a la madurez, cada uno comprendiendo su propio potencial, su deseo - hasta que la libertad del insecto sea truncada por el pájaro. El insecto comido ha regalado su libertad a la libertad del pájaro. El pájaro, por su parte, abona la semilla de la planta favorita del insecto, realzando la libertad de los herederos del insecto.

El estado de naturaleza es una comunidad de libertades.

Tal era el ambiente de las primeras comunidades humanas, y así permaneció durante miles de generaciones.

Los antropólogos modernos que llevan el Gulag en sus sesos reducen tales comunidades humanas a movimientos que parecen ser en su mayor parte trabajo, y dan el nombre de Recolectores a la gente que escoge y a veces almacena sus productos de alimentación favoritos. ¡Un empleado de banco llamaría tales comunidades Cajas de ahorros!

Los zeks de una plantación de café en Guatemala son Recolectores, y el antropólogo es una Caja de ahorros. Sus antepasados libres tenían cosas más importantes que hacer.

El pueblo !Kung ha sobrevivido milagrosamente en nuestra propia edad de exterminio. R.E. Leakey los observó en su lozana patria forestal africana. Ellos no cultivaban nada excepto a sí mismos. Hicieron de sí mismos lo que desearon ser. A ellos no les determinaba nada más allá de su propio ser - no por despertadores, no por deudas, no por ordenes de superiores. Ellos festejaban y celebraban y jugaban, a jornada completa, excepto cuando dormían Ellos compartían todo con sus comunidades: alimento, experiencias, visiones, canciones. La gran satisfacción personal, una profunda alegría interior, vino del compartir.

( En el mundo de hoy, los lobos todavía experimentan las alegrías que vienen del compartir. Tal vez es por eso que los gobiernos pagan recompensas a los asesinos de lobos.)

S. Diamond observó a otros seres humanos libres que sobrevivieron en nuestra edad, también en África. Él podía ver que ellos no hacían ningún trabajo, pero él no podía decirlo en inglés. En cambio, él dijo que ellos no hacían ninguna distinción entre el trabajo y el juego. ¿Diamond piensa que la actividad de la gente libre puede verse como el trabajo en un momento, como juego en otro, según cómo el antropólogo desee? ¿Piensa él que ellos no sabían si su actividad era trabajo o juego? ¿Piensa él que nosotros, tú y yo, los contemporáneos armados de Diamond, no podemos distinguir su trabajo de su juego?

Si los !Kung visitaran nuestras oficinas y fábricas, podrían pensar que jugamos. ¿Por qué otra cosa nosotros estaríamos allí?

Pienso que Diamond quería decir algo más profundo. Un ingeniero que mira un oso cerca de un trozo de baya no sabría cuando parar su reloj. ¿El oso comienza a trabajar cuándo coge el pedazo de baya, cuando escoge la baya, cuando abre sus mandíbulas? Si el ingeniero tiene medio cerebro podría decir que el oso no hace ninguna distinción entre el trabajo y el juego. Si el ingeniero tiene imaginación podría decir que el oso experimenta alegría desde el momento en el que las bayas se ponen rojas, y que ninguno de los movimientos del oso es trabajo.

Leakey y otros sugieren que a los antepasados generales de los seres humanos, nuestras abuelas más antiguas, originadas en las frondosas junglas africanas, en algún sitio cerca de la patria del los !Kung. La mayoría conservadora, profundamente satisfecha por la pródiga generosidad de la naturaleza, feliz con sus logros, en paz con sigo mismos y el mundo, no tenía ninguna razón para marcharse de su casa. Ellos se quedaron.

Una incansable minoría siguió errando. Quizás estaban siguieron sus sueños. Quizás su charca favorita se secó. Quizás sus animales favoritos se fueron lejos. Esta gente era muy amiga de los animales; conocían a los animales como primos.

Se dice que los errantes han llegado a cada bosque, llano y laguna de Eurasia. Caminaron o flotaron casi a cada isla. Caminaron por el puente de tierra cerca de las heladas tierras del norte hasta la punta meridional del doble continente que iba a ser conocido como América.

Los errantes fueron a las tierras cálidas y las frías, a tierras con muchas lluvias y tierras con pocas. Quizás sentían alguna nostalgia de su cálido hogar del que se habían marchado. Si es así, la presencia de sus animales favoritos, sus primos, compensaba su pérdida. Todavía podemos ver el homenaje que algunos de ellos dieron a estos animales en las paredes de la cueva de Altamira, en las rocas de Abrigo del Sol en el Valle del Amazonas.

Algunas mujeres aprendieron de los pájaros y los vientos a esparcir semillas. Algunos hombres aprendieron de los lobos y las águilas a cazar.

Pero ninguno de ellos trabajó nunca. Y todo el mundo lo sabe. Los Cristianos armados que más tarde "descubrieron" estas comunidades sabían que esta gente no hacía ningún trabajo, y este conocimiento crispaba los nervios de los cristianos, esto les dolió, esto hizo que se asomaran los cadáveres. Los Cristianos hablaban de las mujeres que hacían "espeluznantes bailes" en sus campos en vez de confinarse a los coros; decían que los cazadores hacían muchos diabólicos "hocus pocus" antes tensar realmente la cuerda del arco.

Estos Cristianos, antiguos ingenieros, no podían contar cuando terminaba el juego y el trabajo comenzaba. Largamente familiarizados con las tareas de los zeks, los Cristianos fueron rechazados por los espeluznantes y diabólicos paganos que fingían que la Maldición del Trabajo no había caído sobre ellos. Los Cristianos pusieron rápidamente fin al "hocus pocus" y al baile, y procuraron que nadie pudiera confundirse al distinguir el trabajo del juego.

Nuestros ancestros - cogeré los términos de Turner y los llamaré los Poseídos - tenían cosas más importantes que hacer que luchar para sobrevivir. Les gustaba la naturaleza y la naturaleza les correspondía con su amor. En cualquier parte donde iban encontraban opulencia, como Marshall Sahlins muestra en su Economía de Edad de Piedra. La sociedad Contra el Estado de Pierre Clastres insiste en que la lucha por la subsistencia no es comprobable entre ninguno de los Poseídos; es comprobable entre los Desposeídos en los hoyos y en las márgenes de la industrialización progresiva. Leslie White, después de una amplia revisión de informes de lugares y años distantes, en vista de "toda la cultura Primitiva", concluye que "hay bastante para comer para una riqueza de vida rara entre los civilizados". Yo no usaría la palabra Primitiva para referirme a una gente con una riqueza de vida. Yo usaría la palabra Primitiva para referirme a mí y mis contemporáneos, con nuestra pobreza progresiva de vida.


* * *


La mayor parte de nuestra pobreza proviene de que la riqueza de la vida de los poseídos (por el espíritu de la naturaleza) es apenas accesible para nosotros, aun para quienes no han encadenado su imaginación.

Nuestros profesores hablan de frutas y frutos secos, pieles de animales y carne. Apuntan a nuestros supermercados, llenos de frutas y frutos secos. Tenemos una abundancia con la cual nuestros ancestros ni soñaron, Q.E.D. (ni idea de que son estas siglas) Esto es, después de toda la realidad, las cosas que importan. Y si nosotros queremos mas que frutas y frutos secos, podemos ir al cine y ver películas; podemos incluso despanzurrarnos enfrente de la tele y consumir el espectáculo global al completo. Aleluya! ¿Que mas podemos querer?

Gracias a nuestros profesores, apenas podemos tener acceso a nuestros peligrosos, demoniacos y poseídos ancestros quienes pensaban que frutas y frutos secos no eran realidad sino asuntos triviales, ancestros, los cuales se abandonaron a visiones, mitos y ceremonias. Gracias a nuestros profesores, sabemos que las visiones son engaños personales, los mitos historias de hadas, y las ceremonias son juegos, los cuales podemos ver en cualquier momento en las películas.

También sabemos un montón acerca de la posesión. Posesión es propiedad. Poseemos casas y garajes y coches y equipos estéreo, y constantemente corremos para conseguir mas. No hay limite para lo que queremos poseer. Seguramente se pueda decir que la posesión es nuestro deseo central, no el suyo.

Extraño es el profesor que, como Mircea Eliade, se libera a si mismo de la visión armada y mira a través de la cortina de hierro de la inversión y la falsificación. E Incluso Eliade enturbia lo que ve reclamando encontrar analogías y vestigios en nuestro mundo. La linea que nos separa de la otra orilla se ha ido ensanchando durante trescientas generaciones, y cualquier cosa que ha sido canibalizada de la otra orilla no sera nunca as un vestigio de su actividad sino una excrección de la nuestra: Es mierda.

Reducidos a pizarras en blanco por la escuela, No podemos saber que fue del crecimiento de herederos de miles de generaciones de visión, experiencia e ideas.

No podemos saber que era el aprender a escuchar a las plantas, y sentir el crecimiento.

No podemos saber que era sentir la semilla en el útero y aprender a sentir la semilla en el útero de la tierra, sentir como la tierra sentía, y por ultimo abandonarse uno mismo y dejar que la tierra te poseyera, para convertirte en la tierra, para convertirte en la primera madre de toda vida. Somos realmente pobres. Miles de generaciones de visión, ideas y experiencia han sido borradas.

En lugar de abandonarnos a nosotros mismos, en lugar de saborear lo poco que podemos de sus poderes, nosotros definimos y categorizamos.

Hablamos de matriarcado. El nombre es un substituto barato para la experiencia. Es una baratela, y nosotros siempre estamos en la búsqueda de baratelas. Una vez el nombres esta en la puerta, la puerta puede ser cerrada. Y queremos mantener las puertas cerradas.

El nombre matriarcado esta en la puerta de una edad en la que las mujeres se conocían a si mismas, cuando eran conocidas por los hombres, como las concevidoras, las creadoras de vida, como contenedores del primer ser, como el primer ser.

Conocer el nombre de la puerta es conocer nada. El conocimiento empieza al otro lado del umbral. Incluso el nombre de la puerta es erróneo. Matri se refiere a madre, pero arcado viene de una edad totalmente diferente. Arcado se refiere a gobierno, a artificial como oposición al orden natural, un orden donde el arcado es invariablemente un hombre. Anarquía seria un nombre mejor para la puerta. El prefijo griego “an” significa “sin”.

Al otro lado del umbral, La madre poseída retorna a su cuerpo y procede a compartir su experiencia con sus descendencia, de la misma manera que ella comparte frutas y frutos secos.

Nuestras lenguas están removiéndose por frutas y frutos secos. Pero sus hijas, sobrinos, nietos y nietas están hambrientos de experiencia.

Cuando la madre comparte la experiencia, también comparte las miles de generaciones de visiones e ideas, el poder que ha ayudado a hacer de su experiencia algo pleno de significado, tan terriblemente profundo. Ella no escribe en una pizarra en blanco. No escribe un libro de texto. Ella salta. Ella canta. Comienza la danza chillona , la orgía que un día espantara a los cristianos.

Sus sobrinos y nietos se unen a la danza. Se dejan llevar, se abandonan a si mismos a sus canciones, sus emociones. También dejándose poseer por el espíritu de la tierra. Experimentan el mayor goce inimaginable.

Los nietos también se abandonan a ellos mismos; también son poseídos; enriquecidos. Pero cuando la ceremonia acaba, sienten que tiene menos que mirar adelante que sus hermanas. Saben que no son creadores de vida, primeros seres. En The Flounder, Gunther Grass retrata vivamente el complejo de inferioridad de estos nietos, estos machos en el estado natural. Son sementales. Son objetos sexuales. Son los que se maquillan y ornamentan para hacerse mas atractivos a las mujeres, como patos, pavos y otros primos suyos.

Los nietos toman lanzas y flechas con forma de falo para ir al bosque y vuelven al poblado con carne. Pero saben que la carne, No tan común como frutas y frutos secos, es todavía trivial comparado con los viajes de sus abuelas de posesión y abandono propio. Viajes los cuales ponen cara a cara con los inicios de los seres.

Los nietos también buscan visiones. Ellos también son herederos de miles de generaciones de observación y poder. Sus tíos lo vieron. Saben que el bosque no es la cosa en la que se ha convertido para nosotros: corral de carne y factoría de madera. Entienden el bosque como un ser viviente que inunda todo con seres vivos. También, como su abuela, se evaden de si mismos, dejando poseerse por el espíritu de un árbol, un lugar, un animal. Si han aprendido mucho, , pueden incluso mirar mas arriba, sobre el bosque. Luchan por el cielo. Y en extrañas ocasiones el espíritu del cielo los posee. Vuelan. Se convierten en cielo, sintiendo todas las emociones, sintiendo todas sus intenciones. Se convierten en el cielo que se empareja con la tierra y trae el nacimiento de la vida. Un hombre que vuelve a su villa con tales noticias es mucho y tiene mucho que compartir, mas que mera carne.

Menudos viajes debe haber habido! Estas profundas celebraciones de vida no tienen contrapartida, ni analogía, con lo que Turner llama “ la estrecha, asexuada, antropocéntrica versión con la que civilización occidental se han encontrado incorfortablemente familiar...”

Como de lejos nos ha llevado el progreso es revelado por los ocasionales turistas que se tropiezan con un vidente. Los turistas oyen al viejo hombre que de alguna manera se deslizo en nuestra edad desde la otra orilla.. Los turistas se sientan nerviosamente alrededor de lo que el llama una “sesión de espiritismo”, disparando fotografías. Al final, sacan una foto que demuestra que el vidente no volaba, que nunca se levanto de su asiento. Y los turistas se marchan, felizmente convencidos de que ellos, no el, son primos e idiotas.

Las fotografías nos enseñan en que estamos mas interesados: en la superficie de las cosas. No enseñan cualidades, espíritus.

Alguna de la gente que abandono las comunidades humanas recuerda algunas de estas cualidades. Recuerdan algunos de los gozos de la posesión-no la posesión de las cosas, sino la posesión del ser mismo.

Recuerdan-pero vagamente, enturbiadamente. Rodeados de cosas, pierden la habilidad de expresar cualidades. Saben que la edad que han abandonado era mas valiosa, mas pura, mas bella que cualquier otra cosa que encuentren desde entonces. Pero su lenguaje se ha vuelto pobre. Pueden hablar de lo que han perdido solo comparándolo con cosas de su mundo. Llaman a la época olvidada la Edad de Oro.


Leer algunos capítulos más: http://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?t=9597


viernes, 10 de noviembre de 2017

Citas varias

Cuando el miedo y la obediencia se apoderan del ser humano surge la violencia.

La ética es la grandeza del alma. Sin ética se corrompe el espíritu que da sentido a la vida.

El que manda mucho obedece poco, y el que obedece mucho manda poco. El que ni manda ni obedece se libera.

La política es el arte de corromper a la sociedad a base de engaños.

El primer acto revolucionario consiste en preservar la integridad individual ante la mediocridad generalizada.

La seguridad es la antesala del control y el cautiverio.

La seguridad es la exaltación del poder.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Guerras virtuales (Eva Legido Quigley, 2007)




“Guerras virtuales” es un documental-ensayo basado en textos del filósofo Eduardo Subirats y el francés Guy Debord. Nos muestra el proceso de higienización y estilización de las imágenes de la guerra en los medios audio visuales y advierte de sus efectos, al privarlas de todo referente real, convertirlas en un espectáculo y vaciarlas de toda implicación ética.

lunes, 30 de octubre de 2017

Una reflexión sobre el proceso independentista.


El proceso independentista está fortaleciendo el aparato partitocrático y el Estado en general en detrimento de los movimientos de base. Parece que no pueda haber ningún cambio social ya sea de índole cuantitativa o cualitativa sin que tenga que pasar por las instituciones.

La capacidad de acción de la sociedad está condicionada en la inmensa mayoría de las ocasiones por factores que determinan su situación (de arriba a abajo) como puedan ser conflictos que deriven en estallidos violentos provocados por la miseria material y guerras propiciadas por la acumulación de poder y riqueza.

En este plano la guerra es indispensable para el cambio, no puede haber cambio sin que antes haya habido guerra. Sólo en casos excepcionales los individuos reaccionan de forma más o menos coherente. La falta de estímulos parece bloquear la capacidad organizativa y se resuelve en una querella interpersonal de opiniones más o menos acertadas que diluyen el propósito incial en el que se iba a plantear el tema para modificar las normas y establecer un nuevo modelo de relación social.

El poder del Estado resuelve los conflictos a cambio de cierta "paz" social que determinan la vida de los súbditos. Cuando se debilita el Estado por su lógica destructora y nociva que son inherentes al mismo, los individuos pueden establecer nuevas relaciones que no dependan ya de las instituciones, de manera que puedan crear un nuevo sistema que no dependa de ningún poder centralizador que los fagocite de forma sistemática.

La libertad es una cuestión de conciencia y no de seguridad material o/y espiritual.

El Estado es sólo un síntoma más del miedo a ser libres.

jueves, 26 de octubre de 2017

Sobre el lenguaje.

La perversión que hacemos del lenguaje pasa desapercibida mientras se acepta el sistema de dominación. El lenguaje es el primer indicativo de lo perniciosa que es la sociedad. El dominio se ejerce desde la cultura pasando por la tradición y las costumbres. En esta coyuntura la tradición es una traición. No hay posibilidad de vislumbrar otra forma de convivencia cuando las relaciones de poder se normalizan e institucionializan. Todo dominio pasa en primera instancia por la persuasión psicológica. El lenguaje se transforma en herramienta de manipulación. El lenguaje adquiere facultades mágicas en el arte de la oratoria y escrito. 
La persuasión para convencer a través del lenguaje viene dada por su capacidad de comprensión y asimilación para inocular ideas que han sido previamente estudidas estableciendo formas ambigüas de interpretación pero a la vez claras sobre lo que se quiere transmitir.
La posesión de la verdad vendrá determinada por lo penetrante que haya sido la explicación de un hecho concreto a través del lenguaje. El uso y el juego que se hace con las palabras condicionarán y estimularán la veracidad de un hecho.

martes, 24 de octubre de 2017

Colaboracionismo y Contrarrevolución en la Cataluña del Procés - Esteban Vidal



Anarcoestatismo a la catalana y lucha de clases.

"La confusión reinante en relación a lo que ocurre hoy en Cataluña no es casual. Ya dice el refrán que a río revuelto ganancia de pescadores. En este sentido lo que actualmente sucede en Cataluña no es una excepción a tenor de los últimos acontecimientos. Por esta razón es preciso señalar la existencia de dos niveles de análisis de la realidad para una mejor comprensión de los hechos que acontecen en Cataluña.
En primer lugar nos encontramos con el marco general en el que se inserta la opinión pública, y que está definido por el enfrentamiento entre las elites de Madrid y Barcelona. Este conflicto puede resumirse como una lucha entre diferentes legalidades. La legalidad del Estado español que pretende conservar su control sobre el territorio y la población de Cataluña, y por otro lado la legalidad que trata de imponer la Generalitat sobre Cataluña para constituirse en un Estado independiente. En el marco de este rifirrafe se inscribe todo el conflicto y debate que hoy se desenvuelve en torno a Cataluña, y del que el referéndum del pasado 1 de octubre únicamente constituye un instrumento de los políticos nacionalistas para legitimar la construcción de un Estado propio. A los líderes nacionalistas nunca les ha interesado el derecho a decidir, salvo que este consista en ratificar su voluntad y consecuentemente su programa político. De hecho es bastante clarificador comprobar que la pregunta formulada en el referéndum girase en torno a la creación de un Estado catalán o, en su caso, la permanencia de Cataluña dentro del Estado español. Así pues, los acontecimientos se han desenvuelto en este marco político e ideológico establecido por las instituciones oficiales del sistema de dominación.
La lógica del conflicto en Cataluña se desarrolla, entonces, entre el Estado central y la Generalitat, el nacionalismo español y el nacionalismo catalán, el españolismo y el catalanismo, la burguesía española y la burguesía catalana. Se trata de una lógica del poder que ha dirigido la escalada de la confrontación a la que diferentes sectores de la población han sido arrastrados. Si el Estado español ha empleado la represión para imponerse y tratar de asegurar con ello el cumplimiento de su legalidad, los políticos de la Generalitat no han sido menos y han utilizado sus recursos institucionales (Mossos, sistema educativo, burocracia, medios de comunicación, etc.) y monetarios para movilizar a la sociedad y hacer valer así sus intereses. Asimismo, el nacionalismo español no ha dudado en movilizar a su correspondiente base social tanto en Cataluña como en el resto del Estado español para legitimarse y crear más presión sobre la elite nacionalista catalana. Es, por tanto, un conflicto de carácter nacional en el que el nacionalismo, a partir de los hechos diferenciales en el terreno identitario, es empleado para politizar y movilizar a la población y lograr su adhesión a alguna facción de la elite dirigente. Como resultado de todo esto el espacio público, político, ideológico, cultural y social se divide entre el nacionalismo español y el nacionalismo catalán, lo que permite la colaboración entre clases y la supeditación de los sectores más populares a los intereses de cada facción de la elite dominante.
Pero existe otro nivel de análisis la realidad que subyace a todo lo antes descrito y que es el que ataña a lo que ocurre entre bastidores. Si la representación del conflicto es hecha en términos nacionales es porque obedece a una intencionalidad política que hay detrás de todo ello, y que en última instancia responde a la necesidad de forzar una redistribución del poder institucional. El procés y el referéndum han servido al claro propósito de forzar la creación de una situación de excepcionalidad política que permita arrancar al Estado español una serie de concesiones a través de la reforma constitucional y estatutaria. Es aquí donde cobra sentido la apertura del correspondiente debate político para reformar la constitución con el propósito de mantener a Cataluña dentro del marco político de un Estado español de carácter federal. De un proceso de reforma como este sólo cabe esperar un reforzamiento del poder del Estado español, y sobre todo un aumento del poder de sus delegados en la periferia como es la elite política catalana. Inevitablemente todo esto implica, a su vez, un aumento de los recursos económicos de la autoridad regional, de lo que se deduce rápidamente que en toda esta serie de desencuentros políticos calculados están en juego sustanciosas cantidades de dinero, pero también de cargos en la burocracia autonómica, de privilegios, sinecuras y prebendas como, por ejemplo, en las empresas a cargo de la Generalitat o en aquellas otras que dependen de sus contratos y subvenciones. Así, puede entenderse que en determinados sectores políticos, encuadrados sobre todo en el nacionalismo catalán y en aquellos que se encuentran en la órbita del soberanismo, ligados tanto a organizaciones partidistas como de carácter social y movimentista, estén tan implicados e interesados en el desarrollo del procés como para haber puesto en marcha una movilización social en Cataluña que no se veía desde 2011.
Si el impulso principal del procés y de todo cuanto ha girado en torno al referéndum ha venido de las instituciones oficiales en Cataluña, y más concretamente de la Generalitat, su ejecución ha contado con la casi imprescindible colaboración de diferentes actores sociales, políticos y sindicales que han operado como correa de transmisión para movilizar a una parte considerable de la población. No se trata de un apoyo desinteresado, sino que existe un gran interés en recoger los correspondientes frutos derivados de una gran movilización popular que, todo hay que decirlo, ha destacado por un elevado grado de organización, coordinación y eficacia a la hora de ofrecer resistencia a las autoridades enviadas desde Madrid para abortar las iniciativas de los políticos catalanes. El nacionalismo catalán se ha dotado así de una importante base social que el 1 de octubre hizo de parachoques de la elite catalana al ser la que recibió los embates de la represión ejercida por la fuerza armada del Estado español. Quienes participaron en esta movilización fueron utilizados de un modo completamente descarado por la casta de mercenarios políticos apoltronados en la Generalitat, quienes no dudaron en alimentar una serie de esperanzas que ellos mismos se encargaron de destruir el 10 de octubre y que tuvieron como consecuencia la decepción y el descrédito. Sin embargo, hay que destacar que la movilización popular puesta en marcha por diferentes actores ubicados en los movimientos sociales, el sindicalismo y la política, se inscribió en el marco antes descrito y que bajo el pretexto del derecho a decidir buscaba la construcción del Estado catalán. La fundación de una república catalana, de carácter capitalista, burgués, estatista, partitocrática, europeísta, etc., o la permanencia de Cataluña en el Estado español son las únicas opciones posibles presentadas a los catalanes. Las alternativas giran, por tanto, en torno a un estatismo catalán y un estatismo español, de manera que a los catalanes únicamente se les pretende brindar la oportunidad de elegir el color y el propietario de las cadenas de su esclavitud.
La elite política catalana, sabedora de la inviabilidad de fundar un Estado catalán independiente, atizó el nacionalismo como instrumento de movilización para generar la presión social necesaria con la que desencadenar una crisis política e institucional en el seno del Estado español y, de este modo, forzar algún tipo de proceso de reforma del que obtener las consecuentes concesiones. Estas concesiones en la forma de considerables sumas de dinero constituyen una importante motivación que los actores involucrados en la movilización social anhelan conseguir en un futuro próximo. Así se entiende el colaboracionismo no ya sólo de sectores abiertamente nacionalistas, sino también de aquellos otros que históricamente han pertenecido a la disidencia política cuyo eje de coordenadas ideológico natural se ubica en el terreno de la lucha de clases, de las aspiraciones emancipadoras y transformadoras. Sin embargo, la conversión del independentismo, el nacionalismo, el referéndum y, en definitiva, el soberanismo, en una moda en Cataluña ha hecho que los sectores pertenecientes a la disidencia política se hayan subido al carro del procés para integrarse de manera ordenada en el sistema y recoger las debidas prebendas que, más pronto que tarde, serán repartidas entre los participantes en función de sus correspondientes méritos al servicio de la causa nacionalista.
Entre los colaboracionistas encontramos a un sector considerable del movimiento libertario. Desde un punto de vista ideológico no deja de ser llamativa esta participación, lo que hace necesario buscar las razones reales que se encuentran detrás. Aunque no han sido pocas las voces críticas con esta postura lo cierto es que este tipo de fenómenos tampoco constituyen una novedad, sobre todo si tenemos en cuenta que fueron bastantes las ocasiones del pasado en las que una parte del entorno libertario se prestó a colaborar con ciertos elementos de la clase política, e incluso con las autoridades. Por este motivo es importante buscar las razones de fondo que explican esta actitud y contrastarlas con aquellas explicaciones justificadoras utilizadas por quienes se involucran en este tipo de procesos políticos y sociales.
Si hay algo verdaderamente peculiar en el entorno libertario es esa extraña propensión a apuntarse al jaleo allí donde lo hay. Esto suele justificarse bajo el pretexto de que es necesario estar en las denominadas luchas populares para tratar de radicalizarlas y conseguir de este modo dotarlas de un carácter revolucionario. En el fondo esto no deja de ser la expresión de una vieja táctica empleada por los marxistas y que no es otra que el entrismo. Con ello se busca parasitar las movilizaciones sociales organizadas por otros para extraer los consecuentes réditos tanto sociales, como políticos y económicos. Lo que se busca en estas ocasiones no es la consecución de un cambio en un sentido emancipador, pues es de sobra sabido que el reivindicacionismo de las luchas parciales sólo logra en el mejor de los casos meras reformas del orden constituido en la forma de concesiones, de migajas que son dispensadas por el poder a las elites subalternas que encabezan las protestas. En este contexto es en el que se inscribe esa propensión de algunos sectores ácratas a participar en las trifulcas políticas que se tercien. Pero en el fondo únicamente persiguen mantener y reproducir sus organizaciones, crecer a expensas de las movilizaciones, de tal manera que la agitación social es el río revuelto en el que lanzan sus redes para pescar en medio de la confusión. Todo esto en el marco del procés deja bien clara la existencia de un anarquismo que opera de manera reactiva, que crece y se desarrolla al amparo del poder establecido así como de sus iniciativas. Un anarquismo integrado por quienes hoy aspiran a recoger los frutos de su participación en un fenómeno político y social encaminado formalmente a la construcción de un Estado catalán independiente. Un anarquismo cuyas organizaciones e integrantes persiguen las dádivas de las instituciones en la forma de prebendas de todo tipo, y que sólo demuestra que en el fondo de estas maniobras se encuentra la intención de integrarse de forma ordenada en el sistema establecido.
No sin razón Errico Malatesta señaló en su momento el sinsentido de que los anarquistas apoyasen a aquellos que aspiran a alzarse con el poder. Esta afirmación sigue siendo válida en lo que respecta a los libertarios que de manera entusiasta se han sumado al procés. La agitación social que ha acompañado al procés no es otra cosa que las burbujas que emergen en la superficie de un fenómeno que constituye en esencia una lucha de las elites por una redistribución del poder, y en el que determinados sectores sociales sólo son instrumentos al servicio de los intereses de dichas elites. Así, la denominada construcción nacional con la creación de un Estado catalán está en las antípodas de cualquier aspiración de carácter emancipador. El colaboracionismo demuestra ser una gran inconsecuencia cuya justificación suele ser respaldada con la reivindicación del referéndum como expresión del derecho a decidir. Sobre esto ya se ha dicho bastante en otra parte, pero cabe recordar que un pueblo no tiene la posibilidad de decidir su futuro en el marco político del Estado, y un Estado catalán tampoco va a resolver nada de esto. Por el contrario el referéndum únicamente ha sido un instrumento de legitimación de la elite catalana y de su proyecto político. Aunque formalmente se afirma que se aspira a la creación de un Estado catalán, lo que es completamente inviable, lo que realmente se persigue es algo mucho más factible como es conseguir nuevas concesiones del Estado español.
Los libertarios favorables a la participación en el procés aducen que la única alternativa es quedarse en casa y no luchar. Esto constituye un grave error porque demuestra impotencia para organizar un espacio de lucha propio en la sociedad, pero también manifiesta un carácter reactivo al depender de las iniciativas ajenas. A esto hay que sumar que participar en el procés significa involucrarse en un conflicto cuyo eje central es la denominada lucha nacional y no la lucha de clases, con lo que en la práctica supone afianzar la dinámica de colaboración entre clases que hoy se ha implantado en Cataluña. En el marco social, político e ideológico del procés no hay ninguna posibilidad para que la protesta popular, definida en términos puramente nacionales, adopte un carácter revolucionario y emancipador porque está dirigida, al menos formalmente, a construir un Estado catalán y no a poner fin a la sociedad de clases. Quienes controlan este proceso son no sólo las instituciones oficiales, sino sobre todo sus colaboradores en los movimientos populares a través de una red de organizaciones y colectivos, tanto políticos como sociales y económicos, que orbitan en torno a la Generalitat, y de la que de un modo u otro comen. Por esta razón, cuando se elige participar en un espacio político, social e ideológico que no es el propio, y que por el contrario constituye un territorio que pertenece al enemigo, ya se está preso antes de luchar y la batalla está perdida de antemano. Es materialmente e ideológicamente imposible desvincular el procés de su finalidad política nacionalista dirigida a reforzar el poder de las elites catalanas, y eventualmente construir un Estado catalán propio que cada día que pasa es cada vez más lejano e imposible.
Como consecuencia de la asunción de las premisas políticas e ideológicas del nacionalismo que equiparan la autodeterminación con el referéndum, las votaciones y en última instancia la construcción de un Estado catalán, vemos cómo algunos sectores libertarios no han dudado en reivindicar uno de los mayores símbolos de la esclavitud de nuestra época actual como son las urnas electorales. Del abstencionismo y de consignas como la de “no nos representan” se ha pasado a defender las votaciones bajo la fórmula fraudulenta del derecho a decidir. Pero lo cierto es que un pueblo únicamente consigue disponer de la capacidad decisoria para determinar su futuro cuando el Estado ha sido destruido, y no cuando se desarrolla un proceso electoral dirigido a ratificar la voluntad de las elites para construir un nuevo Estado, y consecuentemente una nueva máquina de opresión dirigida a conservar y reproducir las jerarquías de la sociedad de clases. El colaboracionismo se traduce, entonces, en contrarrevolución que es ejecutada de un modo más o menos consciente por los principales responsables de las organizaciones libertarias implicadas en el procés, todo ello con la esperanza de conseguir los consecuentes recompensas por los servicios prestados. Pero igualmente esta colaboración es desarrollada, muchas veces de un modo inconsciente, por ese rebaño de activistas alienados que hace tiempo delegaron en otros cualquier labor reflexiva.
Un claro ejemplo de todo lo dicho lo representa la convocatoria de huelga del 3 de octubre bajo el pretexto de protestar contra la represión. Una represión, que al menos en el momento en el que la huelga fue convocada, era llevada a cabo contra algunos altos funcionarios de la Generalitat y no contra el conjunto de la sociedad catalana. Sin embargo, se cerraron filas en torno a los políticos catalanes y el relato antirrepresivo no tardó en vincularse desde el primer momento a la celebración del referéndum, en tanto en cuanto la represión fue presentada como una vulneración de los derechos y libertades ciudadanas. Una vez más nos encontramos con que sectores pretendidamente disidentes, e incluso revolucionarios, asumen la ideología ciudadanista y terminan defendiendo los principales instrumentos de opresión política de los que dispone el sistema de dominación, tal y como ocurre con los procesos electorales. En este sentido el procés ha dado lugar a bastantes paradojas como que ciertos anarquistas defiendan las urnas electorales y con ello apoyen el estatismo, sea a través de la permanencia de Cataluña en el Estado español o de la construcción de un Estado catalán. En último término este sector libertario no ha hecho sino asumir como propia toda la mitología nacionalista que ha sido construida en torno al referéndum.
Asimismo, es interesante constatar que la huelga política convocada para el 3 de octubre rápidamente consiguió el apoyo y patrocinio de las máximas autoridades en Cataluña, además del apoyo y la participación de una facción significativa de la patronal catalana y otros elementos destacados del establishment como, por ejemplo, los partidos políticos. Tal es así que la mencionada huelga no tardó en convertirse en un paro nacional con todo lo que ello conlleva en el terreno político y simbólico. De este modo comprobamos una vez más que la denominada disidencia social y política tiene poco de disidente cuando sus principales exponentes se suben al carro de las iniciativas impulsadas desde el poder, lo que demuestra su oportunismo con el que tratan de reproducir sus organizaciones al parasitar este tipo de procesos sociales y políticos, además de intentar granjearse toda clase de prebendas y privilegios en los estamentos de la burocracia estatal y política.
De todo lo anterior podemos concluir que ese anarquismo de Estado, toda esa farándula libertaria que se presta a la colaboración entre clases, que sirve de apoyo para la clase política y sus proyectos de creación de un Estado catalán, y que vive de las subvenciones, los privilegios y el mercadeo de prebendas de todo tipo con la administración, no es otra cosa que la expresión de una disidencia controlada y dirigida por el poder, que desempeña el papel de remolque o furgón de cola en las movilizaciones desencadenadas por las instituciones. Si la naturaleza del procés, tal y como fue indicado en otra parte, es la revalorización de la clase política catalana y sus instituciones oficiales, la participación en semejante espectáculo constituye una forma de afianzar la contrarrevolución en curso. El procés ha servido para impedir cualquier tipo de movilización autónoma de la sociedad en Cataluña dirigida a subvertir el orden establecido, destruir las instituciones, la propiedad privada y las estructuras de poder que sostienen al Estado en aquella región. La lucha de clases ha sido sustituida por la lucha nacional en la que opresores y oprimidos se dan la mano, lo que ha servido para dirigir la protesta social hacia el callejón sin salida del nacionalismo y el estatismo, y que en última instancia significa el mantenimiento y reproducción de la actual sociedad de clases.
El procés mismo forma parte de la estrategia contrarrevolucionaria puesta en marcha por la elite dirigente catalana después de verle las orejas al lobo en 2011 cuando la población rodeó el parlamento, hasta el punto de que Artur Mas, así como otros colaboradores suyos, tuvo que entrar en helicóptero como Batman. Una estrategia que, a tenor de los más recientes acontecimientos, les ha funcionado de maravilla con la innegable colaboración de algunos elementos vinculados al activismo, los movimientos sociales y la disidencia política. Hoy Artur Mas, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Anna Gabriel y tantos otros, son los héroes nacionales de Cataluña junto a las instituciones autonómicas como el parlament, los Mossos, etc. La represión del Estado español ha contribuido a reforzar esa imagen de héroes y mártires que han logrado construirse, pues el victimismo, un rasgo inherente a todas las ideologías totalitarias y que de forma especial se da en los nacionalismos, es la principal herramienta para la movilización social y la presión política para, así, legitimar las aspiraciones de la clase política catalana.
El sentimiento de nación agraviada siempre ha sido muy funcional para las elites dominantes de todas partes. El fascismo surgió de ese sentimiento generalizado en las poblaciones de Italia y Alemania. Este victimismo ha demostrado ser muy útil políticamente al servir para elaborar un relato que presenta un conflicto nacional entre buenos y malos, y en el que los referéndums sólo son un elemento legitimador para reforzar la posición de poder de las elites, pero también un mecanismo con el que buscar la unanimidad a nivel interior en contraposición al enemigo exterior. La ley de las mayorías, la ley del número que socava toda individualidad, impone una dinámica totalitaria en la que el hecho diferencial en el terreno de la identidad constituye la línea divisoria que enfrenta a un nosotros frente a un ellos que niega esa misma identidad. En última instancia el nacionalismo catalán ha logrado llevarlo todo hasta el extremo de vincular el derecho a decidir con la construcción de un Estado independiente, lo que ha servido para trazar una línea divisoria perfectamente clara entre quienes están a favor de ese proyecto político y quienes lo rechazan. Todo se resume a la consigna de “estás conmigo o estás contra mí”. Como consecuencia de esto quienes no comulgan con ruedas de molino son rápidamente metidos en el mismo saco del españolismo y sus representantes políticos.
Hoy vemos cómo una mascarada que algunos se atreven a llamar revolución sirve para subvertir cualquier posibilidad emancipadora y transformadora en el terreno social, hasta el punto de que la movilización de la población ha significado su alineamiento con el nacionalismo catalán o el español así como con sus respectivas elites de referencia. Desafortunadamente la mentalidad democraticista parece haberse impuesto en algunos sectores del radicalismo político, hasta el punto de que parece que los millones de personas que participaron en el referéndum del 1 de octubre no pueden estar equivocadas. Pero lo cierto es que la libertad no sale de las urnas, y que esta no es posible en el marco político de un Estado, sea español o catalán. Por este motivo se hace necesario que ante esta dinámica contrarrevolucionaria los sectores más conscientes de la disidencia política, tanto en Cataluña como en el resto del Estado español, desarrollen su propio espacio de lucha en un marco más amplio que el de sus particulares enfrentamientos contra el poder. Inevitablemente esto significa poner en marcha una lucha ideológica dirigida a romper la colaboración entre clases que hoy ha impuesto el nacionalismo, tanto español como catalán, y de esta forma extender entre la población la oposición al sistema de dominación vigente. Se trata de recuperar la lucha de clases como eje central del conflicto social, lo que inevitablemente conlleva dar la espalda a las instituciones y enfrentarse a ellas al mismo tiempo.
Todo parece indicar que los acontecimientos que hoy se desenvuelven en Cataluña van a servir para provocar una crisis política e institucional que fuerce la reforma del orden constituido, y consecuentemente que facilite el reforzamiento del sistema de dominación. Ante esta coyuntura histórica se hace preciso reformular la lucha en unos términos ideológicos y estratégicos antagónicos a la lógica y a la dinámica del poder. Esto implica la conformación de un único frente de batalla contra el sistema de dominación en el que existan diferentes trincheras desde las que desarrollar esa lucha común, hasta el punto de generar un espacio de lucha propio dirigido a destruir el Estado y su sociedad de clases. Así pues, desde diferentes ámbitos se impone la necesidad de orientar la lucha en ese sentido revolucionario y emancipador, lo que constituye una actitud que hoy fácilmente puede ser resumida en la vieja consigna de paz entre pueblos y guerra entre clases."

                                                                                                                    Esteban Vidal

Ni Estado, ni nación, ni derecho a la autodeterminación - Agustín Guillamón

La naturaleza corrupta del Estado ordena el caos social. El orden sólo puede estar legitimado por las leyes que emanan de las instituciones del Estado, por lo tanto éste es creador de orden. No puede haber orden sin Estado. El Estado se sacraliza y se funde con el cuerpo social formando el país. El Estado-nación adquiere poderes absolutos. La sociedad se vuelve totalitaria. No hay contradicción ya entre sociedad y Estado.
Toda teoría es gris y sólo es verde el árbol de doradas frutas que es la vida
 Goethe
1. La teoría
1.1. El Estado es la ORGANIZACIÓN del dominio político, de la coacción permanente y de la explotación económica del proletariado por el capital.
El moderno y actual concepto de Estado surge con la aparición histórica del sistema de producción capitalista. Es la organización política adecuada al capitalismo. La proyección de este concepto a las antiguas civilizaciones es una anacronismo infértil y confuso.
En la sociedad feudal la soberanía era entendida como una relación jerárquica entre una pluralidad de poderes. El poder del Rey se fundamentaba en la fidelidad de otros poderes señoriales y los poderes del Rey eran venales, esto, es, podían venderse o cederse a la nobleza: la administración de la justicia, el reclutamiento del ejército, la recaudación de los impuestos, los obispados, etcétera, podían ser vendidos al mejor postor o adjudicados en una compleja red de favores y privilegios. La soberanía residía en una pluralidad de poderes, que podían subordinarse o competir entre sí.
El Estado, en la sociedad capitalista, convierte la soberanía en un monopolio: el Estado es el único poder político del país. El Estado detenta el monopolio del poder político, y en consecuencia pretende el monopolio de la violencia, la definición de legalidad y la administración de la justicia. Cualquier desafío a ese monopolio de la violencia se considera como delincuencia, y atenta contra las leyes y el orden capitalistas, y por lo tanto es perseguido, castigado y aniquilado.
En la sociedad feudal las relaciones sociales estaban basadas en la dependencia personal y el privilegio. En la sociedad capitalista las relaciones sociales sólo pueden darse entre individuos jurídicamente libres e iguales. Esta libertad e igualdad jurídicas (que no de propiedad) son indispensables para la formación y existencia de un proletariado que provea de mano de obra barata a los nuevos empresarios fabriles. El obrero ha de ser libre, también libre de toda propiedad, para poder estar disponible y preparado para alquilarse por un salario al amo de la fábrica. Ha de ser libre y carecer de toda dependencia de la tierra que labraba, y de todo sustento o propiedad, para ser expulsado por el hambre, la pauperización y la miseria hacia las nuevas concentraciones industriales donde pueda vender la única mercancía que posee: sus brazos, esto es, su fuerza de trabajo.
A estas nuevas relaciones sociales, propias del capitalismo, les corresponde una nueva organización política, distinta de la feudal: un Estado que monopoliza todas las relaciones políticas. En el capitalismo todos los individuos son libres e iguales (jurídicamente) y nadie guarda ninguna dependencia política respecto al antiguo señor feudal o al nuevo amo de la fábrica. Todas las relaciones políticas son monopolizadas por el Estado.
En los modos de producción precapitalistas las relaciones de producción eran también relaciones de dominación. El esclavo era propiedad de su amo, el siervo estaba ligado a la tierra que trabajaba o dependía de un señor. Esa dependencia ha desaparecido en el capitalismo. El Estado es pues producto de las relaciones de producción capitalistas. El Estado es la forma de organización específica del poder político en las sociedades capitalistas. Existe una separación radical entre la esfera económica, la social y la política.
El Estado monopoliza el poder, la violencia y las relaciones políticas entre los individuos en las sociedades en las que le modo de producción capitalista es el dominante. A diferencia de lo que sucedía con las instituciones políticas precapitalistas, el Estado NO ES UNA RELACION DE PRODUCCION. En el sistema de producción capitalista el capital no es sólo el dinero, o las fábricas, o las maquinarias, el capital es también una relación social de producción, y precisamente la que se da entre los proletarios, vendedores de su fuerza de trabajo por un salario, y los capitalistas, compradores de la mercancía “fuerza de trabajo”. El Estado debe garantizar el mantenimiento y reproducción de las condiciones que posibilitan la existencia de esas relaciones sociales de producción, esto es, la compra-venta de la mercancía fuerza de trabajo.
El Estado ha surgido recientemente, hace unos quinientos años, y desaparecerá con las relaciones de producción capitalistas. El Estado pues no es eterno, ha tenido un origen muy reciente y tendrá un fin, más o menos cercano.
La teoría política del Estado nació en la Inglaterra del siglo XVII, paralelamente a ese proceso histórico conocido como la Revolución Industrial, con Hobbes.
Hobbes no es sólo el primer teórico, desde el punto de vista cronológico, sino que toda la problemática actual sobre el Estado está ya en Hobbes (y en Locke).
Desde Platón hasta Maquiavelo la teoría política preestatal caracteriza el poder político y la comunidad como algo NATURAL, e identifica comunidad civil y comunidad política. Desde Hobbes la teoría política estatal define el Estado como un ente ARTIFICIAL, separa los conceptos de comunidad civil (sociedad civil) y comunidad política (Estado) y plantea la cuestión de la reproducción del poder político.
El Estado surge desde una contradicción, que le da origen y razón de ser, entre la defensa teórica del bien común o general y la defensa práctica del interés de una minoría. La contradicción existente entre la ilusión de defender el interés general y la defensa real de los intereses de clase de la burguesía. La razón de ser del Estado no es otra que garantizar la reproducción de las relaciones sociales de producción capitalistas. El Estado, por esta misma razón, es incapaz de superar la contradicción existente entre la defensa del interés general (e histórico) de la sociedad (y de la especie humana), que en teoría afirma defender, y los intereses inmediatos del capital y su reproducción, que en la práctica son su objetivo prioritario y exclusivo. El Estado no puede confesar su incapacidad para enfrentarse a los intereses inmediatos de reproducción del capital, ni su permanente necesidad de impulsar el ciclo de valorización, que supone agotar los recursos naturales, contaminar el planeta hasta niveles suicidas, hipotecar el porvenir de las futuras generaciones y poner en peligro la continuidad de la especie humana.
Sin embargo, el Estado, cosificado en sus instituciones, es la máscara de la sociedad, con aparienciade una fuerza externa movida por una racionalidad superior, que encarna un orden justo al que sirve como árbitro neutral. Esta fetichización del Estado PERMITE que las relaciones sociales de producción capitalistas aparezcan como meras relaciones económicas, no coactivas, al mismo tiempo que DESAPARECE el carácter opresivo de las instituciones estatales. En el mercado, trabajador y empresario aparecen como individuos libres, que realizan un intercambio “puramente” económico: el trabajador vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario. En ese intercambio libre, “sólo” económico, ha desaparecido toda coacción, y el Estado no ha intervenido para nada: no está, ha desaparecido.
La escisión entre lo público y lo privado es una condición necesaria de las relaciones de producción capitalistas, porque sólo así APARECEN como acuerdos libres entre individuos jurídicamente libres e iguales, en las que la violencia, monopolizada por el Estado, ha desaparecido de escena. De todo esto resulta una CONTRADICCION entre el Estado COMO FETICHE, que debe ocultar su monopolio de la violencia, y la coacción permanentemente ejercida sobre el proletariado para garantizar las relaciones de producción capitalistas, esto es, de mantenimiento de las condiciones de explotación del proletariado por el capital; y el Estado COMO ORGANIZADOR DEL CONSENSO social y de la legalidad, que convoca elecciones libres, permite partidos y asociaciones obreras, legisla conquistas laborales como la asistencia sanitaria, pensiones, horarios, etcétera.
En caso de crisis el Estado capitalista desvela inmediatamente que es antes Estado capitalista que Estado nacional, de pueblos o ciudadanos. El componente coactivo del Estado, ligado a la dominación de clase, es la ESENCIA FUNDAMENTAL de éste, que aparece diáfana cuando consenso social y legitimación estatal son sacrificados en el altar de la sumisión del proletariado a la explotación del capital.
El Estado surge de esa relación contradictoria. Pretende a ocultar su papel represor, como garante de la dominación de clase mediante el monopolio de la violencia, al tiempo que quiere aparecer como organizador del consenso de la sociedad civil, que a su vez legitima al Estado como árbitro neutral. Con esto el Estado fortalece además su dominio ideológico y consigue un dominio más completo y encubierto de la sociedad civil. El Estado, por supuesto, criminaliza toda violencia política (revolucionaria o no) que escape a su monopolio.
Las instituciones fundamentales del Estado son el ejército permanente y la burocracia. Las tareas del ejército son la defensa de las fronteras territoriales frente a otros Estados, las conquistas imperialistas, para ampliar los mercados y acaparar materias primas, y sobre todo la garantía última del orden establecido frente a la subversión obrera y las insurrecciones proletarias. Las tareas de la burocracia son la administración de todas aquellas funciones que la burguesía delega en el Estado: educación, policía, salud pública, prisiones, correo, ferrocarriles, carreteras… El funcionario del Estado, desde el maestro de escuela al catedrático, del policía al ministro, del cartero al médico desempeñan funciones necesarias para la buena marcha de los negocios de la burguesía, mientras no sean un buen negocio para ésta, en cuyo caso se privatizan.
Por todas estas razones, definimos al Estado como la ORGANIZACIÓN del dominio político, de la coacción permanente y de la explotación económica del proletariado por el capital.
El Estado no es pues una máquina o instrumento que pueda utilizarse en un doble sentido: ayer para explotar al proletariado, mañana para emancipar al proletariado y oprimir a la burguesía. No es una máquina que pueda conquistarse, ni que pueda manejarse al antojo del maquinista de turno. El proletariado no puede conquistar el Estado, porque es la ORGANIZACIÓN política del capital: ha de destruirlo. Si un partido fortalece o reconstruye el Estado, o se limita a conquistar el Estado, no estamos ante una revolución proletaria, sino ante otra forma de capitalismo. El ejemplo histórico más destacado fue el capitalismo de Estado de la extinta Unión Soviética. El Estado no puede ser ABOLIDO de la noche a la mañana por un decreto “revolucionario”, o por un acuerdo social de la mayoría de la sociedad, porque es la organización política del capital y sus relaciones sociales de producción: hay que DESTRUIR esas relaciones sociales de producción y su organización política: el Estado. El Estado no puede ser parcialmente sustituido y parcialmente utilizado (como un semi-Estado obrero) por el proletariado contra el capital, en una fase de transición entre el capitalismo y el comunismo, esperando que se EXTINGA como una llama sin oxígeno, porque el Estado es la organización política del capital y garantiza las relaciones sociales de producción capitalistas. No existe una semiorganización del capital ni una semigarantía de las relaciones sociales de producción, y ya hemos dicho que la máquina Estado no puede utilizarse, ni semi-utilizarse en un doble sentido, ahora para explotar o semi-explotar al proletariado, mañana para emanciparlo o semi-emanciparlo. El Estado es la organización política total y totalitaria del capital (y de su permanente reproducción) para explotar al proletariado. El proletariado no puede usar, ni semiusar para extinguir; ni abolir, ya sea por decreto, acuerdo mutuo, o votación, el Estado: sólo puede destruirlo.
El proletariado ha de destruir el Estado porque éste es la organización política de la explotación económica del trabajo asalariado. La destrucción del Estado es el inicio de una revolución proletaria.
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1.2. El nacionalismo es una IDEOLOGÍA política y, en ocasiones, un movimiento sociopolítico. La época del nacionalismo coincidió con el Romanticismo y la Revolución liberal de finales del 18 y de la primera mitad del 19. Casi siempre coincidió con la formación de un mercado capitalista nacional: unificación de Italia y Alemania, o consolidación y expansión de los imperios francés e inglés. La burguesía catalana de la Renaixença prefirió cobijarse en el seno del Estado español y aprovecharse de la formación de su mercado nacional.
Como ideología, el nacionalismo pone a una determinada nación como el único referente identitario, dentro de una comunidad política; y parte de dos principios básicos con respecto a la relación entre la nación y el Estado: ​
1. El principio de soberanía nacional que mantiene a la nación como única base legítima para el Estado.
2. El principio de nacionalidad sostiene que cada nación debe formar su propio Estado y que las fronteras del Estado deberían coincidir con las de la nación. De ahí se derivan conceptos tan recurrentes como el de España como nación de naciones, o el que define a Cataluña como una nación sin Estado.

El término nacionalismo se aplica tanto a las doctrinas políticas como a los movimientos, esto es, a las acciones colectivas tendentes a lograr las reclamaciones independentistas. En ocasiones, también se llama nacionalismo al sentimiento de pertenencia a una colectividad, considerada como la propia nación, algo en principio identificable con el patriotismo.
​ En el siglo XX se produjo una renovación racista y/o clasista del nacionalismo, en el periodo de entreguerras, vinculado al fascismo o al nazismo. Después de la Segunda guerra mundial, el nacionalismo se vinculó al proceso de descolonización, al antiimperialismo y al tercermundismo, cuando surgieron numerosos grupos denominadosMovimiento de Liberación Nacional.             
Un británico, un francés o un italiano medios no tiene hoy problemas de identificación con su propia patria, ni de aceptación o adhesión a los símbolos nacionales esenciales: bandera, régimen, mitos nacionales, historia…
La relación de un francés o un británico con la democracia es la de un ciudadano; la del español es la de súbdito. El ciudadano francés valora y apela a los valores republicanos y el británico a la monarquía y el parlamento.
Nada semejante entre los españoles: ¿por qué? Porque en España hubo una guerra civil en 1936-1939 en la que el ejército que izó la bandera monárquica venció a su propio pueblo, practicando un exterminio selectivo y masivo de la “otra” ciudadanía, esto es, de la ciudadanía republicana. Las barbaries cometidas por el ejército español y el partido único, Falange, contra su propio pueblo, y la infame represión del Estado franquista contra las libertades y derechos democráticos de sus súbditos, vencidos y esclavos, no tienen parangón en la historia europea contemporánea.
Y no se ha pedido perdón, y no se han juzgado nunca los crímenes del franquismo. ¿Cómo pueden identificarse los españoles descendientes de los represaliados y exiliados republicanos con la bandera bicolor o el himno franquista? ¡Y no basta con cambiar el escudo! Con un partido en el gobierno como el podrido, autoritario y desprestigiado PP, que exalta y se siente sucesor del franquismo, cómo ha de identificarse nadie con ese Estado, excepto los descendientes y beneficiarios de los vencedores de la guerra, los meseteños, sometidos a la desertización del centro peninsular, la extrema derecha y los fascistas.
Aquí hubo una sangrienta guerra civil y sus heridas no se han cerrado. Se quiera, o no, la desafección a ese Estado y a esa herencia franquista y autoritaria es insuperable para muchos españoles y para la casi totalidad de los catalanes. Y la impunidad de la extensa, profunda y arraigada corrupción que abarca el entramado de los partidos políticos del actual régimen monárquico afianzan esa desconfianza del español común hacia su parlamento, su gobierno y su Estado; esto es, hacia el régimen borbónico, herencia del franquismo.
Aquí no se ha decidido aún entre Monarquía y República. La Ruptura con el fascismo y con el franquismo sigue pendiente, pese a su urgencia. Y sigue siendo imprescindible.¡La obsoleta Falange sigue siendo una banda de matones legal, a la que se dignifica con el apelativo de partido político! ¿Imagina alguien  eso en Alemania o en Italia con los nazis o los fascistas? La Fundación Francisco Franco, financiada por el erario público, tiene como objetivo exaltar el terrorismo de Estado practicado por Franco durante 40 años. ¿Imagina alguien una Fundación Hitler o Mussolini en Alemania o en Italia?
La Transición se hizo bajo amenaza explícita del ejército franquista y de la extrema derecha de dar un golpe de Estado cruento, si los antifranquistas no entraban en vereda. El 23 F fue un botón de muestra y, a la vez, una parodia estúpida del golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.
La historia francesa, británica o italiana, y su actual estructura y vida políticas, no tiene los terribles condicionantes que se dan en el Estado español, como resultado de la pesada herencia franquista con la que nunca se ha roto. ¡Así nos va!
El gobierno de la Generalidad se estableció antes de la aprobación de la Constitución de 1978. Josep Tarradellas fue el único exiliado al que la Transición reconoció el cargo que ejercía en el exilio: presidente de la Generalidad de Cataluña.
La generación nacida con el postfranquismo ha perdido el miedo cerval al Estado, su policía y ejército, un terror convertido en segunda naturaleza en las generaciones anteriores.
El nacionalismo catalán goza en la Comunidad autónoma catalana de la empatía de las clases medias y de los profesionales libres, puesto que se presentan como oposición al Estado central franquista.
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1.3. El concepto político de libre autodeterminación de los pueblos deriva de la compleja y ajena, pero poderosa idea de nación, consolidada en el siglo 19 y generalizada en el siglo 20 de la mano del proceso de descolonización. El derecho a la autodeterminación también debe considerarse vinculado evolutiva y conceptualmente con la noción política de independencia, generada por la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América (en 1776) y el posterior proceso de la Guerra de Independencia Hispanoamericana (1809-1824).
Durante el siglo 19, trincheras políticas liberales como la Doctrina Monroe de 1823 (América para los americanos) y la Doctrina Drago de 1902 (la deuda pública no justifica la intervención extranjera) pusieron el acento en la ilegitimidad de las intervenciones de las potencias europeas contra las nuevas naciones independientes. Tras la Primera Guerra Mundial y la organización de la Sociedad de Naciones, el principio comenzó a adquirir relevancia, respaldado desde posturas tan diferentes como el liberalismo, el marxismo-leninismo, el socialismo y el nacionalismo.
En 1918, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, fue el primero en desarrollar el principio del derecho de las naciones a la autodeterminación, en un discurso ante el Congreso que debía guiar la reconstrucción europea y evitar nuevas guerras. Era un concepto necesario para proceder al desmembramiento de los caducos y obsoletos Imperios centro-europeos después de la Gran Guerra: Imperio alemán, Imperio austrohúngaro, Imperio ruso e Imperio otomano. Tal filosofía política fue fundamental para trazar las fronteras de Europa Oriental y de los Balcanes, pese a ciertas contradicciones en su implantación práctica. Determinó el nacimiento de Checoslovaquia y Yugoslavia, y el resurgimiento de Polonia, además de importantes cambios en las fronteras como la ampliación del territorio de Rumanía y de Grecia, o bien la consolidación de un estado nacional moderno en la actual Turquía, que certificara la desaparición del Imperio otomano. No obstante, las modificaciones territoriales se acomodaron en muchos casos a tratados secretos, reclamaciones históricas o intereses económicos, políticos y geoestratégicos, y solo se celebraron doce plebiscitos, en los territorios no reclamados por las potencias vencedoras.​ El principio de autodeterminación influyó asimismo en la configuración de la Sociedad de Naciones.
También Lenin se apropió, de forma muy oportunista, del principio del derecho wilsoniano de libre autodeterminación de las naciones, entendido como derecho a la secesión, aunque subordinándolo abstractamente a la lucha de clases. Era una táctica apropiada para debilitar el imperialismo zarista. Cuando los bolcheviques alcanzaron el poder, después de la Revolución de Octubre (1917), el citado principio se proclamó oficialmente en la Declaración de Derechos de los Pueblos de Rusia (noviembre de 1917). Los soviéticos reconocieron además la independencia de Finlandia. Fue Stalin quien se especializó en el tema de las nacionalidades y fue Stalin quien profundizó y divulgó el principio de autodeterminación de los pueblos. Fue una conquista estaliniana.
La Constitución de 1924 de la Unión Soviética fue la primera en el mundo que reconoció (teóricamente, aunque no en la práctica) este derecho para sus repúblicas, aunque no para las regiones autónomas.
A principios del siglo 20 el principio de autodeterminación comenzó a adquirir una creciente notoriedad. Pese a todo ello, el poder que aún mantenían las potencias coloniales europeas consiguió que se le negara todo valor jurídico.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la libre determinación de las naciones se convirtió en un principio jurídico de Derecho internacional. Muchas restricciones al principio de autodeterminación se derrumbaron al fundarse las Naciones Unidas (ONU). La Carta de la ONU fue firmada el 26 de junio de 1945. Reconocía en su primer artículo el principio de “libre determinación de los pueblos”, junto al de la “igualdad de derechos”, como base del orden internacional, inspirando el tratamiento que pronto iba a darse a los territorios coloniales.
Las potencias más poderosas admitieron “el principio de que los intereses de los habitantes de esos territorios están por encima de todo”, pero se fijaba como objetivo el autogobierno y no la independencia. Por otra parte, apenas existía control alguno sobre los Estados, salvo el deber de informar al Secretario General de la ONU sobre las condiciones “económicas, sociales y educativas” de los pueblos colonizados.
El propósito general de este régimen era permitir que las colonias existentes antes de la Segunda Guerra Mundial decidieran su futuro: la mayoría de los pueblos del mundo estaban sujetos en este momento al colonialismo y se les negaba de hecho la autodeterminación. No obstante, en la Conferencia de San Francisco no se consideró la abolición inmediata del régimen colonial ni se eliminó la ambigüedad que revestía el principio de libre determinación. Fue la fuerza de los acontecimientos el que consolidó una interpretación que supuso un giro radical en el seno de la sociedad internacional. No tardaron en surgir movimientos y guerras de liberación nacional en Asia y África. En primer lugar, la inesperada independencia de la India en 1947, luego con la declaración de independencia de Vietnam frente a Francia, en 1954, que provocó la Guerra de Indochina.
Las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas fueron fundamentales en el desarrollo del derecho a la libre autodeterminación. En 1960, los Estados africanos y asiáticos, que habían conseguido recientemente su independencia desde 1945, impusieron su mayoría sobre las potencias coloniales en el seno de la Asamblea general de la ONU. El 14 de diciembre de 1960, la Asamblea aprobó  una Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, conocida como "Carta Magna de la descolonización", sin votos en contra, pero con la abstención de nueve países, entre los que se encontraban las principales potencias coloniales. La declaración condenó el colonialismo y declaró que todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación, derecho que se ejercería a través de la consulta a la población, mediante referéndum o plebiscito.
Tal proclamación produjo gran controversia. Existía una colisión entre los intereses de las potencias coloniales y los países del Tercer Mundo, a la que se sumó la tensión entre el derecho de autodeterminación de los pueblos y la integridad territorial de los Estados. La resolución 1514 afirmaba que todo intento de quebrantar la unidad nacional era incompatible con la Carta de las Naciones Unidas, por lo que resultó necesario establecer cómo se compatibilizaban los dos principios. La cuestión fundamental fue la identificación de las entidades legitimadas para invocar el derecho a la autodeterminación.
Al día siguiente se proclamó la resolución 1541 de 15 de diciembre de 1960, que profundizaba en estas cuestiones. Manteniendo que es indispensable que la población autóctona exprese su voluntad libremente, se matizó que esta voluntad no siempre tenía que llevar a la constitución de un nuevo Estado soberano. El ejercicio del derecho de autodeterminación podría llevar a la independencia, a la libre asociación o a la integración en otro Estado. Además, la resolución 1541 concretaba qué pueblos son titulares del derecho de libre determinación, en función de dos criterios básicos: la existencia de diferencias étnicas y culturales y la separación geográfica entre la colonia y la metrópoli. Esta exigencia de separación territorial implicó que el derecho de autodeterminación solo se reconociera a los pueblos que habitaban territorios coloniales ultramarinos, excluyendo las situaciones de colonialismo interno. Pese a esta limitación, las resoluciones adoptadas dieron un nuevo impulso al proceso de descolonización que llevó a la disolución definitiva de los imperios coloniales europeos. Se generalizaron cruentas revueltas y guerras de liberación nacional en la década de los sesenta: Camerún, Argelia, Congo, Vietnam, Kenia, Angola, Tanzania, Zambia, Malawi, Uganda, Ruanda, etcétera, que terminaron en la mayoría de los casos con la derrota de las potencias europeas y que llevarían a las Naciones Unidas a acordar en 1966 los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y a potenciar formalmente un proceso mundial de descolonización.
El concepto de autodeterminación de los pueblos es, pues, un concepto liberal y marxista-leninista, que nunca ha arraigado entre los anarquistas o anarcosindicalistas. Tal principio es absolutamente ajeno a la teoría anarquista, que propone la idea del Municipio Libre y de su solidaria federación. La defensa y asunción del derecho a la autodeterminación por parte de organizaciones que se dicen y consideran ácratas no es sólo un error; es una aberración y una incoherencia.                                                                                                                 *
Así pues:
1. El Estado es la ORGANIZACIÓN del dominio político, de la coacción permanente y de la explotación económica del proletariado por el capital.
2. El nacionalismo es una IDEOLOGÍA política y, en ocasiones, un movimiento sociopolítico, casi siempre de carácter burgués.
3. La libre autodeterminación de los pueblos es un CONCEPTO y una TÁCTICA política  propugnada por Wilson, apropiada por Lenin y aplicada en el proceso de descolonización de los años sesenta y setenta.
Ni Estado, ni nación, ni derecho a la autodeterminación. La emancipación de los trabajadores de la explotación capitalista será obra de los propios trabajadores o no será. La lucha bajo banderas ajenas, en batallas que no le son propias, sólo puede metamorfosear al proletariado en carne de cañón de la burguesía. El negro es la negación de todos los colores, esto es, de todas las banderas (incluidas las propias) y de todos los nacionalismos.
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2. En la calle
A primeros de septiembre de 2017, diferentes organizaciones de la CUP impulsaron la formación de comités de defensa del Referéndum (CDR) en diversos barrios de Barcelona y en distintas localidades catalanas. Se mostraron fundamentales en el juego del gato y el ratón entre el gobierno de Rajoy y el Govern de la Generalidad por esconder o encontrar papeletas, censos y urnas. Su primera gran acción fue la manifestación/concentración multitudinaria que organizaron el 20 de septiembre frente a la sede del Consejo de Economía, sito en Rambla de Cataluña esquina Gran Vía, para obstaculizar e impedir el registro por parte de la guardia civil de la sede de esa consejería. Finalmente fueron los mossos de escuadra quienes facilitaron la salida de la Guardia civil y de la secretaria del Juzgado. El independentismo había obtenido un enorme éxito. Las fuerzas de la policía nacional y de la guardia civil se habían visto superadas. Las fuerzas nacionalistas habían mostrado su capacidad de control del territorio.
El gobierno de Rajoy manifestó en repetidas ocasiones que no habría referéndum. Los CDR enlazaron con las AMPAs (Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos), y a través de éstas con el rico tejido asociativo vecinal, para convertir las escuelas e institutos en colegios electorales. Muchas escuelas fueron ocupadas por las AMPAs desde la noche del sábado para evitar que fueran tomadas por las fuerzas policiales. Los padres organizaron actividades lúdicas con sus hijos, y el domingo 1 de octubre, después de votar se quedaron en los distintos colegios electorales para defender las urnas y evitar su secuestro por las fuerzas “del orden”. Los comités de defensa organizaron y distribuyeron la gente disponible para evitar que colegios sin demasiada afluencia fueran fácilmente intervenidos policialmente. Las brutales cargas policiales en numerosos colegios causaron muchos heridos, ya fueran jóvenes o mayores. Las escenas de salvajismo fueron retransmitidas en directo por radio y televisión, consiguiendo la solidaridad efectiva de personas que estaban por el no a la independencia o que no pensaban votar. Los innecesarios destrozos y desperfectos materiales en los colegios fueron percibidos como un ataque irracional contra la población. La solidaridad vecinal y la defensa de los derechos democráticos básicos convirtieron la participación electoral en un éxito. Entre el vecindario había nacido una magia especial en las relaciones sociales y personales. El Referéndum se hizo una realidad, con todas las irregularidades y deficiencias que se quiera; pero derrotaron al gobierno de Rajoy en su tajante prohibición del Referéndum. El 1 de octubre fue un éxito popular sobre el Estado y sus peores tics franquistas. Fue también un rotundo fracaso internacional del gobierno Rajoy. Además, el independentismo había conseguido ampliar su base popular y electoral.
El 3 de octubre se convocó una Huelga general y un Paro de país, en el que intervenían sindicatos minoritarios, comités de defensa, empresarios, asociaciones diversas y el Govern. Las manifestaciones/concentraciones alcanzaron cifras hasta entonces desconocidas y fueron un absoluto éxito. La brutalidad policial del gobierno Rajoy del 1 de octubre había conseguido unir en la manifestación del 3 de octubre desde independentistas hasta no independentistas, junto a indiferentes y votantes de derecha. Los destrozos en los colegios y los golpes de porra contra gente pacífica que ejercía sus derechos democráticos habían conseguido lo impensable. El 1 y el 3 de octubre son fechas imborrables que lo han modificado todo: hay un antes y un después. Los comités de defensa del Referéndum se habían convertido en comités de defensa de la República. Las asambleas que esos CDR celebran desde entonces dos o tres veces por semana son un nuevo movimiento de base abierto, en los que sin duda alguna predomina el independentismo. Pero escuchar a la gente del barrio como habla de solidaridad y de esa “magia” que impregna ahora sus vidas y las relaciones personales con sus vecinos nos está señalando que ha sucedido algo  importante, que será muy difícil vencer o torcer. Y los libertarios han desaparecido, o peor aún, se han sumado a la marea nacionalista.
Es cierto que no hay aún ninguna alternativa proletaria o revolucionaria. Sin embargo, los CDR son un nuevo movimiento que está en sus orígenes, en un inicial proceso de coordinación, y que puede derivar hacia un movimiento de masas independentista o convertirse en un movimiento popular autónomo y reivindicativo. Todo está por hacer y por decidir.
Pero no sólo se combate por la independencia. También hay un enfrentamiento contra la herencia franquista y autoritaria del Gobierno Rajoy, que se traduce en una batalla firme y pacífica por los derechos democráticos básicos de expresión, asociación, manifestación y en defensa de las libertades fundamentales, que no puede hacerse de otro modo que con su ejercicio. Aun hoy se tiene que reivindicar el derecho de las familias a enterrar los huesos de los asesinados en las cunetas durante la guerra civil. La insoportable corrupción, tanto en España como en Cataluña, es estructural. El régimen de 1978 ha caducado. Incluso desde una perspectiva capitalista, es necesaria una nueva Constitución que solucione el encaje de Cataluña en el Estado.
La negación de la realidad, el autoritarismo y la inflexibilidad del gobierno Rajoy ante la cuestión catalana, la oleada de incendios que arrasan Galicia o el motín de Murcia por las obras del AVE, muestra un deterioro catastrófico en las relaciones Estado-Sociedad, que sólo puede conducir a un traumático cambio de régimen si las multinacionales dan su visto bueno. No puede descartarse alguna masacre aleccionadora que proporcione mártires y héroes a todas las patrias en disputa, ya sea porque alguien pierda los nervios o tome la decisión de no advertir de un atentado terrorista en curso.
La no declaración de independencia del día 10 de octubre es considerada y discutida ya por muchos, en las asambleas de los CDR, como una “traición” en la que las movilizaciones populares juegan un papel de trueque para un pacto entre élites. Conocida es la táctica pactista de Artur Mas: llevar el conflicto en la calle lo más lejos posible, para mostrar al adversario la propia capacidad negociadora en la mesa.
 El 17 de octubre de 2017, con la detención de los agitadores independentistas Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, presidentes de la Asamblea Nacional de Catalunya y de Ómnium Cultural, los independentistas y el Govern se han apresurado a señalar que vuelve a haber presos políticos en España, que sin duda servirán algún día como moneda de cambio para obtener la impunidad de los más de mil cargos del PP juzgados por corrupción, o el definitivo sobreseimiento de las causas abiertas contra Jordi Pujol, Millet y tantos otros.
Pero es falso eso de que antes no había presos políticos: ahí están los anarquistas detenidos por el caso Pandora; ahí están los ocho jóvenes detenidos (y penados con tres años de cárcel) por la protesta que rodeó el Parlamento catalán el 15 de junio de 2011, para evitar que el Govern presidido por Artur Mas votara desmesurados recortes en Sanidad y Educación. Esos sí que han sido presos políticos: ¿quién lo recuerda y nos lo recuerda? A corto plazo, parece inminente e irremediable la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la intervención del Govern de la Generalidad por parte del Gobierno de Rajoy, así como la convocatoria de elecciones en Cataluña. Todo ello al margen de que se levante, o no, la cómica “suspensión” de la independencia
Como propone la patronal catalana todo puede terminar, a medio plazo (unos 18 meses), con una grandilocuente y gratuita declaración de Cataluña como nación, una Reforma Constitucional y un nuevo Estatuto; o si se tercia la nueva República catalana y española, con competencias catalanas más amplias en Economía/Hacienda y el blindaje en educación y cultura. También se hará posible la participación en competiciones internacionales de selecciones deportivas catalanas. Y todas estas “conquistas” se celebrarán finalmente con una Amnistía General que contente a todos los corruptos de todas las patrias en liza. República por Borbón, o borrón y cuenta nueva para el capitalismo global.
Participar en determinados movimiento sociales requiere de unas organizaciones fuertes y muy formadas, con unos sólidos e inquebrantables principios. Esa intervención ha de hacerse siempre con el propio programa y con los métodos de lucha adecuados, sin renunciar nunca a la crítica del patriotismo, de sus farsas y maniobras, así como de los objetivos mafiosos de la burguesía, sea la española o la catalana. Sin esa crítica, acerada, precisa y cojonera, se corre el riesgo de confundirse, fundirse y sumarse a las reivindicaciones nacionalistas, siempre ajenas y denigrantes, perdiendo la propia personalidad y objetivos. Estamos tocando el fondo. Los arrecifes del nacionalismo pueden hacer naufragar a muchos navegantes, si no saben superarlos o sortearlos.
El surgimiento de comités de defensa, primero del referéndum y luego de la República,como modelos organizativos de base más allá de los partidos, en los que se discute en el ágora y se toman decisiones sobre todo, es esperanzador. Ese es el difícil desafío de la tormenta que se avecina. La R de los CDR puede volver a cambiar de significado. ¡Mejor naufragar que quedarse en una inmaculada torre de marfil, como guardas de los sacrosantos, incorruptos y puros dogmas de la “infalible” doctrina! Pero si el naufragio es demasiado masivo y evidente ¿quién los rescatará?

Agustín Guillamón
Barcelona, 18 de octubre de 2017


Fuente: http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/39091