In LSD Veritas -

Benvinguts al meu racó.


Todo está sujeto a interpretaciones, por lo tanto la realidad es subjetiva y las formas de pensar y vivir son caóticas y conflictivas. El pensamiento enmascara a menudo la verdad de los hechos. La realidad ya no puede ser objetiva. Todo pasa por el filtro del pensamiento y el individuo deja de observar los hechos tal como son.

domingo, 18 de agosto de 2019

Estatismo y técnica.

La técnica es un producto del conocimiento, por lo tanto siempre estará limitada por este. Por mucho empeño que pongan los especialistas en solucionar los problemas como el cambio climático o la contaminación (entre otros) derivados de aquella mediante otro tipo de técnicas alternativas, no podrán frenar la catástrofe venidera en forma de pandemias, hambrunas y guerras provocadas por la escasez de recursos energéticos y naturales. La tecnología será finalmente y después de alcanzar el cielo del conocimiento, el infierno de la civilización racional, su condena y no su salvación, la muerte en vida del hombre moderno o cuando no; su aniquilación.

A estas alturas ya no existe diferencia alguna entre la izquierda y la derecha. Las dos corrientes ideológicas forman parte del Estado. El estatismo se ha apoderado de la sociedad, sometiéndola a un engaño permanente debido a la falsa dicotomía entre izquierda y derecha representada por los partidos políticos cuyo único fin sirve al Poder encarnado en el Estado. La necesidad de especialistas que gobiernen a la masa responde a esta política del engaño camuflada por una supuesta democracia formal en la que los gobernados ceden su autonomía para sustentar el sistema de dominación. No puede existir la libertad en su aspecto democrático salvo en su forma básica, la que estiman los especialistas en cada momento.

sábado, 17 de agosto de 2019

Materialismo, espectáculo y propaganda.

La adoración al dinero se convierte en servilismo. El materialismo es la religión de la civilización producto del progreso. El Capitalismo es la dictadura perfecta al ser casi unanime. Muy pocos son los que se oponen al progreso actual, ni el anarquismo más ortodoxo se oponía y opone de forma clara y concisa. La técnica y la tecnología invaden todas los esferas, -tanto la pública como la privada- del hombre moderno y el poder que emana de aquella es la fuerza vital en la que reposa este, destruyendo la Naturaleza y creando guerras y conflictos permanentes.

El objeto de la propaganda es perfumar la mierda hasta que el hedor que desprende sea soportable.

La sociedad del espectáculo requiere de líderes, famosos y autoridades para que el pueblo los adore. Con internet el espectáculo se ha democratizado de manera que entre la sociedad (éntiendase la gente con menos recursos) también puedan surgir nuevos candidatos a ser figuras del espectáculo mediático capitalista.

domingo, 4 de agosto de 2019

Propaganda y Técnica.

La propaganda vende los inventos científico-tecnológicos como algo que proporciona libertad al hombre, sin embargo, su fin es la imposición de un sistema de dominación que penetra en su espíritu para conquistar su alma de manera que condiciona su visión del mundo y por lo tanto de la vida.

sábado, 3 de agosto de 2019

Técnica y Poder.

Los avances tecnológicos son un producto del imperialismo, es decir, de la conquista y de la imposición de un modo de vida cuyo fin es la acumulación de riquezas y el poder sobre el hombre y las sociedades menos desarrolladas técnicamente.
La eficacia de la técnica y la ciencia para crear nuevos inventos y espacios más comodos y funcionales correspone a un modo de vida previamente planificado -por una élite- para la consecución de una organización social concreta en la que el ser humano cede su autonomía a cambio de seguridad y se hace dependiente del aparato tecnológico. Su misión es servir al poder encarnado en el Estado, se hace esclavo del mismo por medio de la propaganda y la delegación.
El único anticapitalismo verdadero consiste en la paulatina desestitazación y por la tanto destecnologización de las sociedades par su posterior emancipación. La lucha de clases no es ya la del proletariado contra la burguesía según la doctrina marxista sino la del pueblo (entiéndase como clase gobernada) y la élite de poder (entiéndase como clase gobernante).

Se ve que esto de la plusvalía a hecho estragos. Antes las mercancías eran mucho más caras, los avances tecnológicos has propiciado su abaratamiento junto con el uso indiscriminado de combustibles fósiles. La abundancia de mercancias ha hecho posible la dinámica productiva capitalista con un coste medio-ambiental que todavía está por ver. Las consecuencias de la catástrofe civilizatoria y el colapso de las sociedades se está haciendo patente en primer lugar con la caída de la natalidad de los países desarrollados y la inmigración de los países subdesarrollados como forma de contrarrestarla.

jueves, 1 de agosto de 2019

Miquel Amorós: “Tecnología y dominación”


“A estas alturas, con las pruebas de la historia en mano, resulta obvio decir que el desarrollo científico y técnico no es un hecho neutro ni espontáneo, sino social y político, y que la tecnología es una manera de organizar la sociedad determinada por las relaciones de poder y autoridad presentes. No se puede negar el papel principal jugado por los sistemas técnicos en la marcha y desarrollo de las clases, tanto las dominantes como las dominadas.(...)

Las innovaciones técnicas actuaron contra los artesanos y trabajadores a domicilio, sustituyéndolos progresivamente por una mano de obra no especializada, abundante y móvil; en suma, por un tipo de obrero sin oficio, malpagado, conformista e ignorante. Y lo peor de todo es que todavía podían ser a su vez relegados por mujeres y niños, gracias a la simplificación impuesta por la máquina. (...) Los obreros artesanos eran cultos, radicales, asociativos y opuestos a la introducción de maquinaria, ya que ésta destruía su oficio y les arrojaba a la calle. Las máquinas aparte de eliminar puestos de trabajo, volvían inútil el saber profesional; por eso las odiaban. Las primeras revueltas obreras tuvieron lugar contra las máquinas; en muchas ocasiones fueron destruidas, y durante mucho tiempo, saboteadas. A partir de 1830 empezó a desarrollarse el sindicalismo en Europa. Ese año aparece la palabra “Trade Union” que significa “asociación de obreros de un mismo oficio”. Poco más tarde surge (1841) en Inglaterra el movimiento “cartista”, la primera manifestación de una clase obrera unida, incluyendo a todas las categorías, especialmente a los obreros de las fábricas. La clase obrera aparecía por primera vez como el elemento activo de la sociedad.

El sindicalismo, el owenismo y el cartismo cambiaron la actitud de los obreros ingleses para con las máquinas. El razonamiento general fue el siguiente: si la clase obrera producía toda la riqueza social, había de apropiarse entonces del producto de su trabajo. Las máquinas -y en general, el progreso técnico- eran aliadas de los trabajadores. Las máquinas podrían permitir la disminución de la jornada laboral y facilitar la emancipación del trabajo asalariado. La Asociación Internacional de Trabajadores, que fue el momento más alto de la conciencia de clase, reconcilió definitivamente a los obreros con las máquinas. La Revolución proletaria tendría que basarse en la apropiación de los medios de producción por parte de los trabajadores.

La derrota de La Comuna de París (1871) fue seguida de una represión generalizada que impidió durante años el asociacionismo obrero de bases revolucionarias, pero en algunos países -por ejemplo, en Alemania, y antes en Inglaterra- se realizaron progresos en la legislación social y se reconocieron los sindicatos. El capitalismo familiar cedió el lugar al capitalismo monopolista. Se formaban grandes compañías (sociedades anónimas), muchas al amparo de obras públicas como la construcción de ferrocarriles, dominadas por las finanzas; se organizaban las fuerzas patronales y se concentraban sectores de producción, creando monopolios (cárteles, trusts) protegidos por los Estados. Una poderosa burguesía industrial y financiera pudo permitirse comprar la tranquilidad social pactando con los sindicatos. Las fábricas que emplean a miles de obreros fueron a partir de entonces la regla general; en ellas, el maquinismo especializaba la producción, restringía la iniciativa del obrero, minimizaba su papel en la producción y eliminaba su dignidad profesional. Continuaba la tendencia a la sustitución de obreros cualificados por no cualificados. El resultado era un trabajador resignado y ajeno a su trabajo, indiferente a la clase y a los ideales sociales que la definían. Esos obreros no dedicaban su escaso tiempo libre a la formación personal sino a la evasión, y no se movilizaban sino por objetivos materiales muy concretos. Incapaces de organizarse por si mismos y elegir a sus representantes, su presencia en los sindicatos obligó al desarrollo de una masa funcionarial especializada en la representación, reclutada principalmente entre los partidos. Los sindicatos, burocratizados y corrompidos sus dirigentes por el poder, fomentaban la identificación del interés obrero con el de la empresa, estableciéndose un interés común entre la dirección y los representantes obreros, y por extensión, entre los sindicatos y la economía nacional, base del reformismo histórico. La clase obrera se jerarquizó y estratificó. En la cúspide, una aristocracia del trabajo, aburguesada, con condiciones de vida mejores y más seguras, gracias a las rentas coloniales. A ella pertenecían los obreros que conservaban el oficio o poseían una cierta cualificación, y que apoyaban la política socialdemócrata (desde 1880 los sindicatos habían sufrido constantes tentativas de sometimiento por parte de los partidos obreros).

(…) Bernstein, el ideólogo del reformismo, dijo entonces que la clase obrera ya no era el motor del cambio. Para un bernsteiniano Lenin, en 1905, la clase obrera sólo era capaz de elevarse a una conciencia “tradeunionista”, por lo que las ideas revolucionarias tenían que venir de fuera, de un partido dirigente...

(...) Existía un divorcio creciente entre las minorías obreras conscientes y la masa obrera, que traslucía una extinción paulatina de la conciencia de clase. No se puede explicar de otra manera el escaso o nulo efecto de la intensa campaña antimilitarista que precedió la Gran Guerra del 14, denunciando el carácter imperialista del capitalismo y la proximidad de un conflicto bélico por motivos exclusivamente económicos. La facilidad con que las masas obreras cayeron en la patriotería y el nacionalismo o el insuficiente eco que encontraron los intentos revolucionarios que le siguieron, demuestra el fracaso del proletariado internacional en todos los terrenos. (...) La revolución rusa no fue sino un segundo fracaso, al dar lugar a una dictadura burocrática totalitaria que esclavizó aún más a los obreros soviéticos y desmoralizó y confundió todavía más al proletariado internacional.

Ambos acontecimientos llegaron cargados de consecuencias: el abandono de la revolución española y el ascenso del fascismo.

A principios del siglo XX, el capitalismo experimenta un proceso de racionalización que se aceleraría en el periodo de entreguerras: es la Segunda Revolución Industrial. Por un lado, la propiedad se separaba de la gestión (los accionistas, de los gerentes o “managers”), por el otro, se introducían procedimientos de organización del trabajo (el taylorismo y el fordismo). Taylor suprimía en el peón la posibilidad de realizar libremente su trabajo. Se produjo un cambio cualitativo en las empresas. El capitalismo gerencial, desarrollado primero en los Estados Unidos, se agigantó, y consecuentemente, se burocratizó. El trabajo intelectual que efectuaban los obreros se desplazó de los talleres a los despachos. Producto de esta nueva división del trabajo fueron los oficinistas y empleados, los “cuellos blancos”. El conocimiento y la experiencia tradicionales fueron expropiados por la dirección, que determinaba no sólo el trabajo, sino su duración y la manera de hacerlo. Los empleados, proclives al diálogo con los directivos y a las mejoras graduales pactadas, favorecieron el reformismo, que los partidos comunistas fomentaban en competencia con la socialdemocracia, por coincidir con los intereses del totalitarismo estalinista. Además, la complejidad de los servicios públicos hacían que el Estado se transformase en patrón, lo cual modificaba aún más la estructura tradicional del sindicalismo: en 1936 el número de ferroviarios, empleados del Estado y funcionarios superaba el 50% de los efectivos sindicales en Francia. Este tipo de asalariados no apreciaba la acción directa ni pensaba en revoluciones emancipadoras y mejor se inclinaba a mantener la estabilidad en el trabajo y a gozar de un 'estatuto' como el de la 'función pública'.

Finalmente, a la oposición entre patronos y obreros, entre compradores y vendedores de la fuerza de trabajo, se le venía a añadir otra: la oposición entre quienes dirigían la máquina y quienes estaban a su servicio. Hasta entonces los obreros de oficio, capaces de manejar todo tipo de maquinaria, constituían el factor esencial de la producción en las empresas; en lo sucesivo, las nuevas máquinas serían puestas a punto por un técnico y vigiladas por un peón, cuyo trabajo devenía monótono y rutinario. La fábrica se dividía en dos campos: quienes ejecutaban un trabajo sin participar en él y quienes dirigían el trabajo sin ejecutar nada. La composición orgánica de la clase obrera había cambiado; los “nuevos artesanos”, que es como Ford llamaba a los ingenieros y cuadros, estaban altamente cualificados, y formaban una capa intermedia entre la dirección y los trabajadores; una subclase con intereses diferentes. La escala de categorías se reducía; en los talleres sólo había técnicos y peones, cuyo trabajo predisponía al embrutecimiento y al servilismo.

(…) La Segunda Revolución Industrial (…) hizo imposible una cultura obrera; los efectos para la unidad de la clase fueron catastróficos y la conciencia de clase se eclipsó. La idea de que el proletariado debía poseer los medios de producción desembocaba en la idea de la necesidad del Estado como agente de esa expropiación. Ya no se concebía el socialismo como una asociación voluntaria y democrática de productores libres, tal como dijo la Internacional, sino como un régimen donde una tecnocracia o una burocracia política han reemplazado a la burguesía; una especie de capitalismo de Estado.

La clase obrera pasó entonces a ser un instrumento pasivo de la producción; las modificaciones técnicas y burocráticas le quitaron su fuerza principal y la volvieron inapta para la toma de sus asuntos directamente. Era incapaz de actuar autónomamente. A la racionalización, al crecimiento del aparato estatal y al sindicalismo capitulador, se le vino a añadir la presión del paro. (…) La atomización social y el individualismo extremado crearon una personalidad descentrada: la del hombre masa. Su principal característica no era la brutalidad o el atraso mental, sino el aislamiento y la falta de relaciones sociales normales, pues 'toda su vida como él la conoce esta hecha de distancias' (Canetti).

(…) La transformación de las clases en masas y la eliminación de cualquier solidaridad de grupo son las condiciones del totalitarismo. Los movimientos totalitarios organizan masas, no clases. Dependen de la fuerza del número. Las masas no están unidas alrededor de intereses comunes, ni pueden organizarse en base a ello; sufren un desclasamiento que las vuelve neutras, indiferentes y apolíticas, aunque deseosas de entrar en escena. Puestas en movimiento mediante mecanismos emocionales, viven como los humillados obreros de la cadena de montaje, dentro de un continuo presente. Las masas se desarrollaron pues a partir de fragmentos de una sociedad pulverizada en donde la soledad y la competitividad feroz no tenían ya la barrera de los intereses de clase. El hombre masa aparecía al final de la 'racionalización' del proceso productivo, como resultado necesario de la degradación tecnocientífica de la condición obrera. En su desarraigo y angustia fue lógico que se inclinara hacia el nacionalismo violento, xenófobo, antisemita y autoritario, que anunciaba el terror nazi y estalinista.

Las primeras reflexiones importantes de la segunda posguerra apuntaban que la barbarie nazi no era sino la consecuencia de la aplicación radical de las leyes de la técnica a la sociedad de masas. La ideología del progreso, formulada por la Ilustración, llevaba implícita esa barbarie. El aumento de la productividad gracias a la tecnología proporcionaba a los grupos que disponían de ella una enorme superioridad sobre el resto, desapareciendo el individuo frente al aparato técnico al que servía. La apropiación de la naturaleza mediante la técnica no liberaba al individuo de las constricciones naturales sino al precio de otras más temibles: las que imponía la propia técnica. El hombre se había vuelto esclavo de los instrumentos que le tenían que liberar de la naturaleza.

En política era lo mismo: el Estado funcionaba como un mecanismo. La razón tecnológica se implicaba en la dominación, era razón política.

La derrota nazi significó una detención del proceso de masificación materializada en la constitución de Estados 'sociales', nacidos en la posguerra de un pacto de reconstrucción entre los nuevos dirigentes liberales del Estado y los sindicatos y partidos obreros reorganizados.

La solución a la crisis social era la fusión entre Capital y Estado, esencialmente la misma que la de los nazis -y la soviética-, pero llevada a cabo mediante acuerdos y alianzas y no por medio de prácticas terroristas. Por eso no fue acompañada de una detención del proceso tecnificador de la producción industrial, sino por un incremento del mismo, merced a la introducción en la sociedad civil de la tecnología de origen militar puesta en pie por la segunda guerra mundial; eso sí, con la aquiescencia sindical. El Estado de la posguerra juega un nuevo papel en la inserción de las economías nacionales al mercado mundial. A través de la empresa pública adquiere importancia como promotor de actividades económicas y creador de empleos (keynesianismo, New Deal), y mediante los acuerdos tripartitos entre la patronal y los sindicatos, habituales en los años sesenta, institucionaliza la colaboración de clases (llamada pacto social, contrato social o concertación) si todavía puede hablarse de clases. El Estado ha llegado a sustituir a la sociedad, haciéndose cargo de los servicios sociales. Sindicatos y partidos son sus apéndices. La clase obrera, de la que sólo quedan fragmentos, no tiene voz ni proyecto.

El periodo que va desde la posguerra a los ochenta viene caracterizado por la política empresarial de automatización. De entrada la automatización proseguía el proceso de descualificación obrera iniciado en el periodo de entreguerras a escala mayor (…). Y en consecuencia, la impropiamente llamada clase obrera dejaba de ser agente posible de la transformación histórica. El terreno de encuentro entre pensamiento y acción, entre teoría y práctica, se había evaporado.

La automatización fue impulsada para controlar directamente el proceso productivo y anular el poder de los trabajadores sobre el mismo, controlando a éstos a través del control de aquél. Al poner en relación directa a la dirección con las máquinas arrebataba a los obreros el control de las mismas y eliminaba toda resistencia basada en ello. Los talleres perdían toda posibilidad de decisión y planificación en provecho de los directivos. Si la productividad y la competitividad enarboladas como excusa resultaron problemáticas, no lo fue el desplazamiento de los obreros, abocados al subempleo y al paro. La tecnología automática no vino pues para ahorrar trabajo a los obreros, sino para ahorrar obreros al capital. El declive de la posición negativa de la clase obrera ante la nueva ofensiva tecnológica fue evidente. La desintegración de la clase obrera fue continuada por la integración de sus componentes individuales, gracias al desarrollo del sector terciario, gran creador de puestos de trabajo, y a una amplia oferta de consumo posible. La automatización reemprendía el proceso de transformación de las clases en masas auxiliada por el consumo. La soledad y el aislamiento del hombre masa, gracias a los adelantos técnicos que amueblaron la vida privada como los electrodomésticos, el coche o la televisión, se volvía soportable. Entonces las masas consumían su fustración y agresividad en el hogar y no en la calle.

El proceso no ocurrió en todas partes igual, ni a la misma velocidad. En la Europa de los sesenta los pactos sociales habían preservado el estatus de una generación de trabajadores a costa de que el capitalismo, con la ayuda de los sindicatos, reorganizase el trabajo de las nuevas generaciones en función de sus intereses. Eso provocó una escisión en el proletariado entre 'viejos', semicualificados, con tradición de luchas sindicales, con derechos laborales, y 'jóvenes', sin oficio específico, con menos derechos, sin historia. Sin embargo éstos fueron los primeros en radicalizarse. En los sesenta y setenta, al calor de la ofensiva capitalista y también gracias a la debilidad sindical, o a la parálisis momentánea de las fuerzas políticas y represivas del Estado (lo que se llama un vacío de poder), ambas fracciones pudieron caminar juntas y anunciar 'un segundo asalto proletario contra la sociedad de clases'. Mayo del 68 fue la prueba de ello, así como también las huelgas obreras en Polonia, las ocupaciones de fábricas tras la revuelta portuguesa de los claveles, la revuelta “rampante” italiana, o el movimiento asambleario español. El retorno de los sindicatos a las mesas de negociación, el perfeccionamiento del aparato represivo, la precariedad y el paro, consiguieron romper dicha unidad y destruir la conciencia incipiente de una generación rebelde. En este periodo, como ya hemos dicho antes, los sindicatos no son reformistas: son directamente agentes de la patronal y el Estado, actúan directamente a su servicio. La terciarización de la economía, la deslocalización de empresas, que marchaban hacia países de mano de obra barata y sumisa, y la reconversión industrial o 'reestructuración' de amplios sectores productivos puso fin a ese 'segundo asalto'.

A partir de los ochenta se hace cada vez más raro hablar de la 'clase obrera' -el término desaparece casi completamente del vocabulario sociológico, filosófico o político- y en cambio aparece el concepto no clasista de 'excluido' aplicado a quienes se encuentran al margen del sistema, a los 'nuevos pobres' expulsados de la producción. Las nuevas condiciones permiten la elevación del nivel de vida de una minoría trabajadora, normalmente con estudios, y el mantenimiento del nivel alcanzado por los obreros en sectores expansivos, lo que con la presencia de cuadros técnicos, nuevos agricultores, pequeños empresarios, empleados y funcionarios, cristaliza una clase media asalariada favorable al orden, conservadora y adicta a los valores de la dominación. Ni la explotación ni la marginación han desaparecido, como demuestran los 'excluidos', pero en gran parte han sido desplazadas a países 'emergentes' del Tercer Mundo. Con la informatización la política empresarial experimenta un giro de 180 grados. Se favorece la flexibilidad productiva, la descentralización, la automatización de los servicios, la eliminación de empleados y técnicos. El proceso de automatización había incrementado los stocks de maquinaria y consiguientemente, aumentado la proporción de capital fijo. El nuevo capitalismo camina en sentido contrario, reduciendo al mínimo el capital fijo. Las máquinas, bienes y servicios se alquilan (sobre todo en “leasing”) o subcontratan a otras empresas, procedimiento conocido ahora como “externalización”, eficaz contra los colectivos obreros reivindicativos. Se extienden las grandes empresas monopolistas (las multinacionales). Las nuevas tecnologías han 'mundializado' la economía, entronizando el predominio del capital financiero. Es la llamada globalización. (...) La división del trabajo se intensifica, como la explotación y la descualificación. (...) Tal como demuestra la multiplicidad de salarios, frente a este capitalismo cada individuo negocia su “capital personal”; cada individuo es empresario de sí mismo y explotador de su propio trabajo. Son los integrados al mercado, separados de los excluidos: un subproletariado marginado y canalla.

Desde los años noventa la exclusión se politiza y la agitación social adopta formas humanitarias que reivindican la reinserción: movimientos de parados, de sin papeles, de sin techo, etc., ONGs y plataformas cívicas. Nace el “ciudadanismo”, una ideología que recoge las aspiraciones de las nuevas clases medias amenazadas a su vez por la globalización, y que proclama la necesidad absoluta del Estado como mediador. No son verdaderas clases, por lo que no son capaces de formular intereses comunes y se ven abocadas a recurrir al Estado y a los viejos partidos, que, completamente desideologizados, rehacen sus programas con las propuestas ciudadanistas. Constituyen todos juntos una especie de partido del Estado. La clase obrera ha dejado de existir. La condición salarial se ha generalizado, pero no se puede constituir una comunidad de intereses por el simple hecho de cobrar un salario a cambio de su fuerza de trabajo. La naturaleza del trabajo o su explotación no permiten ningún tipo de relaciones especiales, de clase. Lo cual no quiere decir que no puedan formarse grupos obreros en las empresas y mantener luchas admirables. Lo que resulta imposible es la formación de un espíritu de clase a partir de ellas. Estamos nuevamente en una sociedad de masas a la que se ha llegado empleando medios suaves, medios técnicos. Las nuevas tecnologías permiten un seguimiento y un control individuales en tiempo 'real' inconcebibles hasta hace muy poco. Asimismo multiplican los medios de evasión 'lúdica' y aislamiento confortable. No se trata de hombres-máquina, sino de máquinas inteligentes y hombres estúpidos, hombres esclavos de las máquinas. No faltan quienes aplauden la terrible desposesión del hombre moderno, su alienación brutal, la irremisible pérdida de relaciones humanas, que resultan de tanto equipamiento técnico, de tanta 'información', como si fuera una 'nueva libertad', síntoma inequívoco de la idiotización contemporánea. La dominación es hasta tal punto un asunto técnico que podemos afirmar que las nuevas tecnologías se han adueñado del mundo y lo han convertido en un campo de pruebas. El mundo no es sino el mundo de la tecnología. No es el fin de la revuelta, es el fin de un tipo de revuelta. Los conflictos no pueden interpretarse como lucha de clases porque el poder no tiene enfrente a una clase. Pero son luchas contra el poder al fin y al cabo. La subversión no ha de darse por vencida, sino que ha de comprender las nuevas condiciones que rigen las sociedades y actuar en consecuencia. Y partir de una vieja verdad, la de que no se puede combatir la alienación con medios alienantes.”


lunes, 29 de julio de 2019

La era de la confusión.

                    Lo relativo es contradictorio y confuso, lo radical claro y conciso.
                         El conocimiento es limitado y por lo tanto está condicionado.

El Capitalismo es relativo como las relaciones humanas que se desarrollan en el mismo. El conflicto (del ser humano) que desencadenó la implantación del Capitalismo va más allá de este y se pudo fraguar gracias a la aceptación del progreso como modus vivendi. El progreso como ideología es anterior al Capitalismo y por lo tanto consecuencia de este.


Por lo tanto vivimos en la era de la confusión, donde lo que es hoy blanco mañana puede ser negro y a la inversa pasando por las distintas tonalidades mediante la propaganda. La sociedad de la información es la sociedad de la confusión. Todo puede ser tergiversado y manipulado para crear caos. La tecnología es el medio por el cual la sociedad vive dependiente y sumisa al ser portadora de la información.

domingo, 14 de julio de 2019

Orwell vs Huxley.

En la novela distópica de Orwell "1984" la sociedad era reprimida a través del adoctrinamiento político y la permanente vigilancia de la tecnología. En la fábula de Huxley "Un mundo feliz" la sociedad era dominada por medio del consentimiento cultural y la aceptación cientifico-tecnológica. La técnica es el factor clave para la dominación en las dos novelas y constituyen dos visiones fundamentales para entender la sociedad del presente y del futuro. En la sociedad actual se aplican los dos métodos para la dominación, el consentimiento y el adoctrinamiento con la tecnología como herramienta para llevar a cabo los propósitos -de la élite de poder- en los que se fundamenta el nuevo orden mundial.

Sociedad tecnológica vs sociedad industrial.

La nueva dictadura no será ya la del Capital sino la Tecnológica. Todos los problemas derivados de la falta de recursos energéticos y naturales se fiarán a la técnica. La vigilancia será el pilar fundamental de los Estados. La tecnología responde a este nuevo sistema de dominación con la consecuente fiscalización de la población y la protección de las reservas naturales existentes. Los Estados con mayor poder tecnológico serán los garantes del nuevo orden mundial basado en la dominación por la escasez (producto de la revolución tecnológica) y no ya por la abundancia (producto de la revolución industrial) como hasta ahora a ido sucediendo, sobretodo en Occidente.


A esto hay que añadir la contaminación y el cambio climático que agravarán los problemas y los futuros conflictos por los recursos naturales y energéticos.

miércoles, 5 de junio de 2019

Freightened: The Real Price of Shipping (Sobrecargados)

Analiza la invisible industria del trasporte marítimo y su coste social y medioambiental. El 90% de las materias primas del planeta se transportan en los sesenta mil buques que surcan continuamente las vías marítimas de todo el mundo.
Desde la energía a los alimentos, la ropa o los dispositivos electrónicos, todo llega a Occidente por barco. El transporte marítimo ha cambiado las reglas del juego. Las distancias ya no existen.
Esta lucrativa actividad se ha convertido en la industria invisible y silenciosa que mueve la economía mundial y por la que se paga un elevado coste social y medioambiental. Unos abusos producidos por las banderas de conveniencia, cuyo anonimato contribuye a la explotación de los trabajadores del mar, a fomentar la evasión fiscal y a contaminar el medio ambiente.
El transporte marítimo es el responsable del 4% de los gases de efecto invernadero de la Tierra. Es una industria omnipresente, pero de la que se conocen muy poco. Ni de los propietarios de los barcos, ni de las empresas que los gestionan.

La versión emitida en "DocumentosTV" de Televisión Española consta de un metraje reducido de 52 minutos y se titula "Sobrecargados".

Para ver el documental: http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-sobrecargados/4234459/?fbclid=IwAR3uo-dRfd2238mO3M-b5VH5OWaG432fm8l-ELgT96KvdPBjABYT9go64eQ

lunes, 3 de junio de 2019

Sobre el Estado y el Capitalismo.

Una suerte de eco-tecno-fascismo está a la vuelta de la esquina, disfrazado por la preservación del medio ambiente (reservas y entornos naturales restringidos) y de la supuesta y relativa libertad que aportan los nuevos inventos cientifico-tecnológicos.

El Capitalismo no podrá soportar la presión demográfica mundial y la devastación (agotamiento) y contaminación constante de los recursos naturales y energéticos de manera que tendrá que mutar de forma paulatina a un nuevo sistema de dominación basados en la Técnica y la Ecología como pilares fundamentales en el que los Estados (cada vez más totalitarios) tendrán que basar sus políticas sociales.

El gran triunfo del Estado es haber consegido que el opromido se identifique con su opresor (más allá de la lucha de clases entre proletariado y burguesía o ricos y pobres), es decir, que el gobernado adore a su gobernante.

El ser humano necesita ser gobernado para creer en algo e identicarse con un líder/es o autoridad/es que le de algo de sentido a su existencia y así pueda justificar su voluntad de poder.

viernes, 31 de mayo de 2019

Sobre el progreso

Dejar el progreso significaria consumir menos lo que es incompatible con el Capitalismo y a lo que no aceptaría la sociedad.
La devastación y contaminación de la Naturaleza (como consecuencia del progreso) es la destrucción de la sociedad.
Todos los avances cientifico-tecnológicos hasta ahora inventados por el ser humano suponen una contradicción con la vida en el planteta y por lo tanto con su supervivencia al responder a un modus-vivendi irracional y antinatural y al servir a un fin depredador cuya máxima es la riqueza material y el Poder sobre el prójimo y la vida en general.

jueves, 30 de mayo de 2019

Sobre la verdad.

La verdad chirria, las medias verdades ocultan las verdades de manera que la mentira se hace más llevadera y soportable.
La evidencia de los hechos sólo se puede enmascarar con grandes dosis de hipocresía y propaganda

sábado, 25 de mayo de 2019

Eskorbuto: "Antitodo" - La lucha más necia; la lucha por la supervivencia.

Nada más nacer
Empiezan a corrompernos
Crecemos y envejecemos
En absoluta sumisión
No hay amigos, ni enemigos
Lucha necia, todos contra todos
Los que trabajan
Se olvidan de los parados
Y los que están libres
De los encarcelados
No hay amigos, ni enemigos
Lucha necia, todos contra todos
De qué nos sirven manifestaciones
De qué nos sirven huelgas generales
De qué nos sirven, no sirven
De qué nos sirven, no sirven
No hay amigos, ni enemigos
Lucha necia,…




domingo, 19 de mayo de 2019

Sobre los partidos.

Los partidos politicos y por ende los poliiticos representan la dictadura oficial, la antitesis de la libertad del individuo que apoya la sociedad. La sociedad requiere de lideres y chivos expiatorios para de esta forma irresponsabilizarse y exculparse de la degradacion en la que se vive. No hay escape posible en una sociedad de obedencia ciega a la autoridad y de ausencia de deberes hacia al projimo.


domingo, 12 de mayo de 2019

Sobre la elite de poder.

La clase dirigente o la elite de poder se situa dentro del Estado, el funcionamiento de la megamaquina debe de estar bien engransado con la gran banca y las multinacionales operando dentro de la nacion para poder competir con otros Estados. Los especialistas residentes o altos funcionarios son la elite de poder que decide que medidas hay que tomar en cada momento. La ilusion politica obedece a unas dicotomias historicas -izquierda, derecha- falseadas por la propaganda y por los intelectuales de turno al sevicio del poder. No puede haber emancipacion de los gobernados sin la abolicion previa de los gobernantes y la auto-gestion de los asuntos publicos.

jueves, 25 de abril de 2019

La pantalla es la imagen.

Ya no hay imágenes reales sino imágenes virtuales. La apariencia sustituye a lo verdadero. La imagen real cede a la imagen virtual proyectada por la pantalla, la imagen real se camufla en ésta para transformarse en otra imagen. Toda imagen individual puede cambiar de forma permanente en el mundo virtual y de esta forma enmascarar su verdadero rostro con mucha mayor facilidad que en el mundo real, aunque en éste también se puede dar el mismo fénomeno a través de otros medios y técnicas de manipulación.

miércoles, 24 de abril de 2019

Gabriel Ferrater. Cançó del gosar poder.

"Gosa poder ser fort, i no t’aturis:
gosa poder ser vell, que si tens fills
un testament els fermarà ben curt.
Gosa poder que no t’agradi massa
d’anar testat per un món que s’espera.
Si et sobren fills, avia’ls una guerra.
Gosa poder donar feina a xarnegos.
Amb el teu sou, compraran vi prou agre
perquè en tres anys els podreixi les dents.
No et faci por: tu pren l’opi dels rics
(d’opi, te’n ve d’Escòcia i de Roma).
Gosa poder tenir enemics a sou.
Tu, vailet nou, confia en anys futurs.
Prou temps tindràs de fer-te amics virgilis
que et llegaran eneides a salvar.
Gosa poder fer-te persona augusta
quan tindràs temps. I avui, Octavi, noi,
gosa poder degollar Ciceró.
Barbat Alfons, emperador d’Espanya,
cosí d’un Sant i Savi tu mateix,
mira-t’hi bé, que en vindran de més savis
a historiar-te, i diran que ets mal rei:
els has perdut una bruta batalla
que ells han gosat poder-se-la fer seva.
Mira-t’hi bé, general, que una pàtria
gosa posar molta esperança en tu.
No gosis, no, poder perdre batalles.
Però tampoc no et cal guanyar-les totes.
Si tens napalm per sembrar camps del Nord,
gosa poder perdre guerres del Sud."


martes, 23 de abril de 2019

Sobre el progreso.

El progreso -tal como lo conocemos hasta ahora- nunca se pudo haber dado sin un Estado fortalecido y consolidado que se sirve de la técnica y la tecnología como instrumento de dominación. Lo que significa en última instancia la división de la sociedad entre gobernantes y gobernados (más allá de entre burgueses y proletarios según la doctrina marxista) fomentada por la meritocracia. La ideología que premia a los mejores y castiga sin remedio a los peores según los intereses del Sistema o la clase dirigente que lo rige.

martes, 16 de abril de 2019

La Técnica como fenómeno totalitario.

Es un error analizar el fenómeno técnico de forma aislada; la máquina puede tener una utilidad concreta para el hombre como herramienta más o menos sofisticada. El aparato técnico se debe de observar como un todo que organiza para bien o para mal la vida del hombre moderno y lo priva de autonomía de manera que lo hace dependiente de los avances cientifico-tecnológicos y de la super-estructura o megamáquina estatal que lo atenaza de forma constante con sus leyes y normas.
Lo que se entiende por libertad sólo se puede dar en un contexto de dependencia con el aparato tecnológico y con la megamáquina estatal, fuera de ésta es una quimera imposible de realizar.

domingo, 14 de abril de 2019

Sobre las redes sociales y la Técnica.

La redes sociales representan el fracaso de la civilización y de las formas de relación. La sociedad tecnológica no contempla otras maneras de comunicarse que no sean las que se originan a través de la pantalla. La pantalla se ha instalado en la vida del hombre moderno invadiendo permanentemente su esfera pública y privada, despojándolo de otras formas de percibir y sentir la realidad del mundo que lo rodea.

La Técnica es poder. La Técnica es el instrumento para la dominación. Su base radica en el control de la Naturaleza y el ser humano por medio de la máquina. La eficacia de la Técnica se mide por su seguridad y productividad, o en otras palabras, por su poder de acumulación y destrucción.

sábado, 6 de abril de 2019

Robert Walser - "Jakob von Gunten"

"Sí, sin duda existe en el mundo eso que llaman el progreso, pero no es sino una de las numerosas mentiras divulgadas por los hombres de negocios para poder exprimir dinero a la masa con mayor cinismo y desparpajo. La masa es el esclavo de nuestro tiempo, y el individuo, el esclavo de la grandiosa idea de masa. Ya no hay nada bello ni excelente. Lo bello, lo bueno y lo justo has de soñarlo tú mismo. Dime, ¿sabes soñar?"

viernes, 5 de abril de 2019

Guerra y Técnica.

La revolución industrial fue la causa de la primera y segunda guerra mundial. La revolución tecnológica es causa y efecto de la guerra. Nunca se podrían haber dado tantos avances en el campo de la ciencia y la tecnología sin la guerra como acontecimiento generador y precursor del progreso técnico y tecnológico en la sociedad. El Poder que confiere la técnica y la tecnología hacen de éstas un instrumento para la fabricación de armas de todo tipo y por ende para la dominación. Su fin es la destrucción de los recursos naturales para la acumulación y la degradación del ser humano para la dominación. No hay vuelta atrás en un mundo donde la sacralización de la tecnología está destruyendo la Naturaleza y las relaciones humanas en pos del progreso.

jueves, 4 de abril de 2019

Sobre la manpulación y los líderes.

Cuando la alienación se generaliza, ya no se distingue la manipulación, es decir, quién es el manipulador y el manipulado, el gobernante y el gobernado. Todos forman parte de un conjunto que se retroalimenta continuamente. O dicho de otra forma; no existe la manipulación como tal, en un sentido claro y conciso. Todo se diluye en un marasmo de relaciones de poder que culminan en una élite que responde a los deseos y necesidades de una masa que se reconoce libre y por lo tanto autónoma (hasta cierto punto) de su designio.

Donde reina la confusión y la degradación habrá líderes para gobernar al rebaño humano.

La consigna del Poder es la de crear un caos permanente a través de la política de manera que así pueda afectar en el plano económico y social la vida del individuo invadiendo su esfera pública y privada de forma constante.

jueves, 28 de marzo de 2019

"El medio es el mensaje"

"La tecnología es ante todo el discurso de la mentira (...) la mentira se sitúa en la totalidad del discurso tecnológico que afirma alto y fuerte los ‘valores’ por el mismo medio que niega estos valores (...) El gran designio es que, ante todo, no hubiese conflictos."

(Jacques Ellul, El bluff tecnológico)


El ruido es equiparable a las imágenes -ya sean éstas mentales o físicas-. En un mundo repleto de pantallas el terreno está abonado para la manipulación a gran escala. No puede haber observación donde la permanente cascada de imágenes desborda al receptor de la información. La hiper-información se convierte en manipulación y alienación continua. Sólo la criba de la información puede ser útil al individuo, sin embargo, requiere demasiado tiempo y lo esencial de la información queda en la inmensa mayoría de las ocasiones diluido por la opinión pública influenciada por los monopolizadores de la información; los medios de comunicación de masas o de propaganda.

domingo, 24 de marzo de 2019

Sobre la revolución tecnológica y sus consecuencias.

El fin de la tecnología es el dominio y por lo tanto la deshumanización del hombre. La revolución tecnológica pone punto y final a los valores que habían adquirido las sociedades pre-modernas. La espiritualidad queda anulada en pos del materialismo impuesto desde el Poder y las relaciones sociales mutiladas y desfiguradas por los avances cientifico-tecnológicos.
La liberación de las fuerzas productivas impulsadas primero a través de la técnica (revolución industrial) y después con la revolución tecnológica (sin restricciones) ponen de manifiesto la contaminación y destrucción del medio ambiente con todos sus efectos concomitantes. Por añadidura la preservación de la Naturaleza no expuesta directamente a la actividad del hombre quedará en manos de Estados cada vez más totalitarios que intervendrán las zonas en forma de espacios protegidos y por lo tanto restringidos. Bañarse como pescar un río será una químera. Cazar en el bosque será delito. Acampar será tambien cosa del pasado. Y así, hasta que los espacios protegidos queden totalmente delimitados e inacesibles por el ciudadano de a pie.


domingo, 17 de febrero de 2019

"Panem et circenses" - Jacques Ellul

Aparte de estos métodos esencialmente psicológicos, hallamos también los medios de acción demagógica resumidos en la fórmula  "panem et circenses". Resulta difícil evular la parte de demagogia y necesidad. O bien la población de Roma aumentaba, o se trataba de cierto priviliegio de los ciudadanos, gracias al cual disfrutaron de determinadas distribuciones gratuitas. Pero el sistema se agravó: los ciudadanos que habitaban en Roma dejaron de trabajar, aunque algunos vivían de donaciones de sus patronos. Por ello más tarde los poderes públicos se vieron obligados a efectuar distribuciones gratuitas de pan, aceite y, en ocasiones, vino. Por otra parte, tenían que distraer a la multitud de desocupados para evitar reuniones masivas de ociosos que pudieran derivar en revueltas.
Por ese motivo se produjeron las fiestas ofrecidas por los emperadores. En ciertas épocas hubo hasta 175 días de fiesta en un año. Ya no sólo se ofrecía a los espectadores juegos y representaciones diversas, sino que se les distribuía vino , regalos y botellas sorpresa. Muy pronto se produjo una especie de carrera de emulación. Cada emperador parecía sentirse obligado a superar a su predecesor. Cuando Tito inauguró el Coliseo se dieron 100 días de fiesta contínua. La innovación y el cambio constituían empresas realmente difíciles. Se trataba de verdaderos montajes de popularidad, pero también de diversión a fin de satisfacer al pueblo, e impedirle reaccionar ante el problema político y militar. Por otra parte, con ocasión de las fiestas, el emperador entraba en contacto con el pueblo, se daba a conocer y, al mismo tiempo, calibraba su nivel de popularidad.

Extraído de "Historia de la propaganda"

martes, 12 de febrero de 2019

Gobernantes y gobernados: Las dos caras de una misma moneda.

Uno de los rasgos mas característicos de la civilización es la indolencia ante las catastrofes de diversa índole que acontecen a diario. Lo que demuestra el grado de degradación e irresponsabilidad en el que vivimos, pero que podremos seguir justificando por la auto complaciencia y resignación que nos brindan nuestros gobernantes como chivo expiatorio, de manera que podamos seguir durmiendo con la conciencia bien tranquila.

domingo, 10 de febrero de 2019

Internet como espectáculo.

Internet y las redes sociales formas parte del espectáculo capitalista donde la imagen del usuario se mide por el número de seguidores y me gustas. La permanente competitividad por la popularidad en Internet es un indicativo de una sociedad de masas en la que el individuo renuncia a su originalidad innata y se tiene que vender como una mercancía más para poder ser reconocida. La imagen del individuo transformada en mercancía para la audiencia y el mercado. La revolución transformada en espectáculo y asimilada por el sistema de dominación. Ya no quedan individuos donde sólo hay imágenes abstractas.

Con Internet el espectáculo se ha democratizado. Ahora quien disponga de Internet puede ser famoso. Sólo se trata de venderte como un producto o una marca para la audiencia. Si gustas (me gusta en facebook) empezarás a ser famoso y podrás competir con otras marcas o imágenes reconocidas para aumentar tu popularidad. En el fondo lo que manda en la sociedad de consumo es el mercado y el Poder. La fama te proporcionará influencia. Influencia para convencer (influencer) e influencias, con lo que tendrás más Poder si alcanzas los objetivos que determina el mercado. El poder alimenta al Poder.

sábado, 9 de febrero de 2019

"Reflexiones Sobre La Ambivalencia Del Progreso Tecnico" - Jacques Ellul.

"El gran debate, retomado una y otra vez, sobre la excelencia o el peligro del progreso técnico está en pleno auge. Hemos dereconocer que la mayoría de las veces las tomas de posición son pasionales.
Unos admiran el progreso técnico por todo aquello que le permite al hombre realizar, por lo que ahorra de fatiga, por la elevación del nivel de vida, por su contribución a la longevidad. En esto llevan razón. Pero estos admiradores pronto se transforman en creyentes y no toleran la más pequeña crítica, el menor cuestionamiento. Otros critican el progreso técnico por los peligros evidentes que conlleva, por la pérdida de viejos valores, por una especie de puesta en cuestión global del hombre. Pero estos críticos también se convierten en creyentes negativos, no atribuyendo ningún valor al progreso técnico y refugiándose ya sea en el pasado(un pasado generalmente idealizado) ya sea en un pesimismo inactivo. Incluso aquellos que simplemente pretenden estudiarlos hechos, al tomar en consideración la realidad concreta obedecen a una de estas dos actitudes. Todos los estudios sobre la técnica que conozco se basan siempre en presuposiciones relacionados con la naturaleza humana, o con el sentido de la historia,o con la ética, o con el Estado… y a veces, evidentemente, con la metafísica. Los análisis que aparentemente parecen los más rigurosos, a base de estadísticas, y sin hacer mención alguna aestos problemas son, en este sentido, los más peligrosos. Ya que, igual que los otros, son elaborados a partir de ideologías, aunque se tienen por estrictamente científicos y toman una apariencia de rigor que niegan a los estudios más retóricos pero que en realidad son más honestos.

En este terreno, donde se ve claro que el hombre está totalmente implicado, es imposible ser puramente científico y plenamente desinteresado. Todos sabemos que finalmente todo va a depender del resultado de la aventura técnica. Entonces ¿cómopodríamos mantener la sangre fría y no tomar partido? La apuesta es demasiado grande, y todos estamos implicados de lleno en este movimiento. La transformación es a la vez global (conscierne al conjunto de la humanidad y a todos los aspectos de la sociedad y de la civilización) y personal (modifica nuestras ideas, nuestrosmodos de vida y nuestros comportamientos). Y no podemos dejarde preguntarnos qué va a sucedernos en medio de este trastorno.Una respuesta simplemente lógica no es posible. No conocemos todos los hechos y somos incapaces de proceder con una verdadera prospectiva sintética, lo que ineluctablemente tiene que ser, puesto que todas las piezas del sistema técnico están intrincadas, y también porque si queremos responder a la cuestión más global de en qué vamos a convertirnos, esto sólo puede ser el resultado de una comprensión global y no de la suma deprevisiones fragmentarias. Entonces, nos dejamos ir, ya sea hacia esperanzas desmesuradas, con el sacrificio fácil de todo aquello que antes habíamos considerado ser la verdad misma del hombre (ciertos valores, la progresiva separación de la individualidad enrelación a la colectividad, etc.), ya sea a desesperos de diversas tintas (lo absurdo del mundo, la deshumanización de Alphaville o la catástrofe atómica) sin tener en cuenta las oportunidades que todavía tenemos. No hemos acabado aún de jugar la partida. En este contexto, que no puede dejar de ser pasional, querría llamar la atención sobre uno de los caracteres más importantes del progreso técnico, su ambivalencia. Entiendo por ello que el desarrollo de la técnica no es ni bueno, ni malo, ni neutro sinoque está hecho con la mezcla de elementos positivos y negativos,“buenos” y “malos” si queremos adoptar un vocabulario moral. Igualmente, por ello entiendo que no es posible disociar estos factores a fin de obtener una técnica puramente buena y que no dependa del uso que se haga del útil técnico para obtener resultados exclusivamente buenos. En efecto, en este uso mismo somos nosotros a la vez modificados.

En el conjunto del fenómeno técnico, no quedamos igual que antes, intactos, somos no solamente orientados indirectamente por este útil, sino que además somos adaptados de cara a una mejor utilización de la técnica gracias a los medios psicológicos de adaptación. Dejamos de ser independientes, no somos un sujeto entre objetos sobre los cuales podríamos tener una influencia autónoma y frente a los cuales podríamos libremente decidir nuestra conducta; estamos implicados muy estrechamenteen este universo técnico y condicionados por él. No podemosc ontinuar oponiendo por una parte el hombre y por otra el utillaje.Hemos de considerar como un todo “el hombre en su universo técnico”. Dicho de otra manera, el uso que de este utillaje se hacen o es decidido por un hombre espiritual, ético y autónomo, sino por este hombre en su universo técnico, lo que quiere decir que este uso es tanto el resultado de una opción humana, como una determinación técnica. Este universo técnico comporta igualmente determinaciones que no dependen de nosotros y que deciden un determinado uso. Además, hemos de comprender en relación aeste uso “bueno” o “malo”, que hablamos del hombre a título individual, del hombre que usa un determinado objeto técnico. Podemos pues escoger respecto a un elemento, respecto a un uso, pero la civilización técnica está constituida por un conjunto inseparable de factores técnicos. Y lo que va a cambiar todo esto no será el buen uso de uno de sus elementos. Tendría que ser unc omportamiento general de toda la humanidad. No insistiremos enello, pero no creo que estemos cerca de llegar a una tal situación"


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martes, 5 de febrero de 2019

El capitalismo: Hijo bastardo del militarismo - Esteban Vidal.


La idea tan extendida de que el capitalismo es un producto del desarrollo interno de la economía, y más concretamente de las fuerzas de producción, oculta su verdadero origen. Este no se encuentra en ningún proceso de acumulación originaria como plantean el marxismo o el liberalismo, ni tampoco en una repentina transformación de las relaciones sociales de producción, fruto de determinadas fuerzas históricas vinculadas a la economía. El capitalismo es, primero y antes que nada, un producto de la guerra, y sobre todo del militarismo. Este es el origen del capitalismo que formalmente no se quiere reconocer, y que académicos, intelectuales, ideólogos, etc., ignoran o deliberadamente ocultan con sus construcciones ideológicas y demás dislates.
En la medida en que el capitalismo es un producto de la guerra cabe preguntarse por qué surgió en Europa en la época moderna y no en cualquier otro lugar donde, al igual que en Europa, también había guerras. La razón es bastante simple. El espacio geográfico en Europa estaba organizado en torno a una multitud de unidades políticas independientes, lo que conformaba un escenario geopolítico fragmentado y descentralizado. Prueba de esto es que en el s. XIV había en Europa aproximadamente 1.000 unidades políticas de diferente naturaleza que, además, estaban en permanente conflicto entre sí.[1] Así pues, existía un alto nivel de competición que estimuló la guerra de una forma que no tuvo lugar en ninguna otra parte del mundo donde, al contrario que en Europa, predominaban formaciones políticas imperiales, como es el caso del extremo Oriente, Asia central, norte de África, etc.
Por otro lado no hay que olvidar que el militarismo también necesita de la existencia de personas que lo promuevan y practiquen. Entre el final de la Edad Media y el Renacimiento todavía había en Europa una élite social cuya principal actividad era la guerra, a lo que hay que añadir el desarrollo de las incipientes monarquías nacionales cuyas casas reales operaron como fuerzas aglutinantes que reunieron bajo su mando extensos espacios geográficos, y con ellos importantes recursos económicos y humanos para afirmar su autoridad exclusiva sobre los territorios que reclamaban como propios. En este contexto histórico la guerra era una constante que estaba, a su vez, íntimamente unida a la mentalidad militarista de las élites de aquel momento, pues entendían que la conquista militar era una forma de alcanzar la gloria, y que ello constituía el deber de los monarcas para cumplir las expectativas del público.[2] De este modo comprobamos que la organización del espacio en Estados y la mentalidad militarista contribuyeron conjuntamente a la competición y a la guerra, y tal como veremos a continuación también a la aparición del capitalismo.
Como es sabido, la guerra genera importantes efectos en el conjunto de la sociedad a todos los niveles, pero sobre todo supone un poderoso estímulo para el desarrollo de la tecnología militar con el propósito de disponer de medios de destrucción más eficaces y devastadores, para de esta forma obtener una ventaja estratégica frente a posibles rivales. Las carreras armamentísticas fueron una constante desde entonces hasta nuestros días. Asimismo, la transformación del carácter de la guerra, con la introducción de nuevas armas y, también, nuevos métodos organizativos, sirvieron para incrementar el tamaño de los ejércitos, aumentar su eficacia en el campo de batalla al volverse más destructivos, y generar una importante estructura organizativa central del Estado que conllevó su crecimiento. El encarecimiento de la guerra, y el aumento de las capacidades del Estado para movilizar los recursos disponibles en su territorio, tanto en la forma de medios económicos como humanos para abastecer sus cada vez más grandes ejércitos permanentes, introdujo una demanda constante a todos los niveles de la producción económica.
Hasta el s. XVIII era habitual que con el estallido de una guerra se generasen toda clase de industrias prácticamente de la nada para poder abastecer masivamente a ejércitos cada vez más numerosos en muy poco tiempo. Esta tarea era encomendada generalmente a comerciantes que operaban como contratistas, y a los que se les confiaba la tarea de buscar a los productores capaces de satisfacer la fortísima demanda que imponían los ejércitos para disponer de todos los medios necesarios para ir a la guerra. Debido a que la forma de producción imperante hasta el s. XVIII fue la artesanal, existían grandes dificultades para satisfacer esta demanda masiva, y se creaban de manera improvisada industrias de todo tipo que sólo duraban lo que duraban las guerras. Después de esto, al desaparecer la demanda, estas industrias eran desmanteladas.
Sin embargo, la dinámica belicista y el militarismo crearon las condiciones para el florecimiento del capitalismo debido a los enormes gastos que supone la guerra, y sobre todo las sucesivas carreras armamentísticas en los periodos de paz con la existencia de ejércitos permanentes en expansión. A partir del s. XVI el crecimiento de los gastos militares en Europa se disparó, lo que propició la formación del mercado a escala nacional, es decir, al nivel de los Estados modernos que se habían formado en aquel entonces. La demanda masiva de bienes y servicios de todo tipo que desarrollan los ejércitos para su abastecimiento, desde el alojamiento pasando por la munición y el armamento, hasta llegar a la ropa, la manutención, el transporte, etc., exigió la mercantilización de la vida económica, esto es, la creación de un mercado en el que los ejércitos pudieran adquirir aquellos bienes que necesitaban para hacer la guerra. Todo esto es evidente cuando comprobamos que el tamaño de los ejércitos permanentes no dejó de crecer tanto en tiempos de paz como de guerra, sobre todo al estar compuestos por decenas de miles e incluso cientos de miles de efectivos.[3]
La guerra contribuyó de un modo decisivo a la formación de capital. Debido a la fuerte demanda que imponen los ejércitos, se formaron los fundamentos económicos del capitalismo. Esto fue así gracias al arrendamiento de impuestos, como ocurría en Francia donde los comerciantes contratistas que abastecían al ejército tenían la concesión de la recaudación de impuestos, y por medio de las ganancias derivadas de los réditos de los empréstitos estatales, tal y como sucedía en Países Bajos e Inglaterra. Esta acumulación de capital es la que permitió a estas gentes que se beneficiaron de la guerra emplear su riqueza en el fomento de la industria y del comercio, lo que dicho sea de paso era funcional para la actividad militar. Al fin y al cabo el ejército es una enorme masa de sólo consumidores que produce una demanda constante que estimula la producción comercial. En este sentido la demanda masiva que impone la guerra exige una rápida satisfacción de la misma, lo que contribuyó a cambiar la estructura económica y, así, posibilitar la creación de una organización capitalista de la producción y del comercio. Esto fue especialmente claro en la demanda de armas, donde se impuso rápidamente la estandarización, poniendo fin al antiguo taller de armería debido a que no podía suministrar rápidamente grandes cantidades de armamentos y de manera uniforme.
Las fábricas de armamentos fueron la base de la industria capitalista debido a las grandes cantidades de capital en forma de inversión que requerían para su normal funcionamiento, en donde el proceso de producción de armas implicaba una amplia especialización de las funciones de trabajo, además de la intervención de una gran cantidad de máquinas e instrumentos. Pero además de esto la guerra tuvo un efecto multiplicador sobre numerosas industrias en la transformación de la economía, estos son los casos de las fundiciones, armerías, municiones y materias primas entre otras. Esto facilitó la aparición de la industria siderúrgica debido a la creciente demanda de cañones de hierro, lo que estimuló los progresos en la fabricación de hierro entre el s. XVI y el XVIII. A causa de la magnitud y el modo de demanda del ejército, lo que está relacionado tanto con su tamaño como con el carácter del sistema de abastecimiento, se produjo una centralización económica y organizativa que a la postre condujo a la forma de producción capitalista. Así es como terminó dándose el paso de la producción artesanal a la producción fabril que anticiparía la producción típicamente capitalista a partir de la primera revolución industrial.[4]
La guerra, por tanto, impuso una lucha por la producción ante la acuciante necesidad de abastecer a ejércitos cada vez más numerosos y caros de mantener. Por esta razón la guerra indujo innovaciones en la producción, ya que una demanda masiva exigía una producción masiva, y consecuentemente una movilización masiva de recursos a escala nacional que fue efectuada por la organización centralizada del abastecimiento llevada a cabo por las estructuras del Estado, en conjunción con contratistas y diferentes empresas que integraron las industrias del incipiente complejo militar-industrial.[5] Una mayor y más rápida extracción de carbón y hierro de las minas para fabricar cañones en los altos hornos, la tala industrial de árboles para la producción de buques de guerra, la maquinización del sector textil para la fabricación a gran escala de uniformes militares y velas para los barcos, el desarrollo de una vasta industria química para la coloración de los uniformes, velas, banderas, estandartes y la producción de explosivos y municiones exigieron, y por tanto estimularon, el desarrollo de la ciencia en su aplicación técnica para resolver los desafíos que a nivel logístico y material imponían los esfuerzos de guerra. Y como decimos, esto se tradujo en cambios decisivos en la forma de producción que no tardaron en desembocar en el capitalismo. Se abandonó definitivamente la producción artesanal para adoptar la capitalista en la que la maquinización del proceso productivo, junto a la especialización del trabajo y la propia estandarización desarrolló la unificación de la producción y la aparición de la organización capitalista. Se trataba, en definitiva, de cambios cualitativos que influyeron decisivamente en la posterior transformación de la economía y de la sociedad. A largo plazo estos cambios sirvieron para aumentar la productividad con la formación de economías de escala que llevaron a cabo una asignación más eficiente de los recursos, lo que implicó el impulso del desarrollo de la tecnología militar y un abaratamiento de la producción de armamentos que relanzó el militarismo y el crecimiento de los ejércitos.[6]
Los intereses militares y geopolíticos de los Estados fueron los que, en un contexto de intensa competición internacional, y por tanto de guerra y carreras armamentísticas, impulsaron la transformación de la forma de producción dominante en la economía. No sólo apareció la empresa capitalista, también lo hizo el mercado dada la comercialización de una cantidad creciente de bienes y servicios de todo tipo, e igualmente se produjo la mercantilización del conjunto de la economía que dejó de estar centrada en el autoabastecimiento para producir para el mercado a cambio de dinero. La comercialización de la economía conllevó, asimismo, la monetización y la extensión del trabajo asalariado, unido a la urbanización de la sociedad con la formación de grandes industrias que concentraban la producción económica. A esto le siguió, a su vez, el desarrollo del sector financiero que tenía sus antecedentes más inmediatos en el s. XVI, momento en el que aparecieron las primeras bolsas mundiales ligadas al comercio de los títulos de deuda estatal con los que eran financiadas las guerras. Este fenómeno favoreció posteriormente la incorporación de las empresas comerciales al mercado financiero con la emisión de títulos de deuda privada. Por otro lado, y dada la creciente importancia del sector financiero en la regulación de una economía cada vez más monetizada, hicieron su aparición los bancos centrales que reunieron el conjunto del crédito de la economía nacional para financiar los gastos de guerra y las campañas militares de los Estados.[7] El dinero era un instrumento más eficaz a la hora de movilizar recursos de todo tipo para abastecer a los ejércitos, y la función de la banca no fue otra que la de adelantar el dinero para que el Estado pudiese gastar más rápido para preparar y hacer la guerra, en lugar de tener que aguardar a la recaudación de impuestos.
Tal y como señaló Charles Tilly en su momento, la guerra hace al Estado y el Estado hace la guerra.[8] Pero habría que añadir que la guerra, y el militarismo que esta lleva aparejada en el contexto internacional de un mundo organizado en Estados, produce el capitalismo, tal y como señaló en su momento Werner Sombart. Dicho esto, nos encontramos con que la importancia de la economía radica en el hecho de ser la base material sobre la que se apoya el poder militar que los Estados construyen en su competición geopolítica, de forma que las capacidades nacionales están determinadas por la economía, lo que determina, a su vez, el poder de un Estado en la esfera internacional. En este sentido la obra de Paul Kennedy es muy ilustrativa de cómo la base material de un Estado, su economía y cuán productiva sea esta, resulta decisiva a la hora de preparar, hacer y ganar la guerra. Por tanto, el auge y caída de las grandes potencias se explica a partir de factores geopolíticos en los que la economía juega un papel fundamental como soporte del poder militar. Así, en aquellos momentos en los que se produce un deterioro de esta base material del Estado, resultado de un exceso de intereses creados en la arena internacional, también se resiente su posición internacional al no tener la capacidad para sustentar el poder militar que le confirió el estatus de gran potencia. De esta forma al declive económico le sigue el declive político-militar del Estado en los asuntos internacionales.[9]
Históricamente el capitalismo ha sido un instrumento para dotar a los ejércitos de los recursos y medios precisos para preparar y hacer la guerra, en la medida en que el capitalismo mismo fue en su origen un producto del militarismo y de la guerra.[10] Por tanto, la necesidad de abastecer ejércitos más numerosos y apoyar el poder militar sobre el que se basa el poder internacional de un Estado, ha sido la razón de ser del surgimiento del capitalismo. La movilización de recursos y una economía productiva es lo que dota al Estado de unas capacidades nacionales con las que apuntalar su política exterior para, así, competir con éxito frente a otras potencias. El capitalismo ha cumplido esta función al favorecer el crecimiento, desarrollo y productividad de la economía nacional, lo que ha provisto al Estado de una creciente base tributaria con la que costear sus medios de dominación, y especialmente su poder militar con el que escalar hasta la cúspide de la jerarquía de poder internacional.[11] En lo que a esto respecta son notables las aportaciones hechas desde el paradigma realista y neorrealista de las relaciones internacionales, y especialmente de autores como Robert Gilpin y Kenneth Waltz que han incidido en la relación entre poder económico-industrial, poder militar y la posición que cada país ocupa a nivel internacional. Lo que, dicho sea una vez más, nos deja bien clara la función del capitalismo como forma de organizar la economía y la producción para, de este modo, dotar de medios materiales al poder militar para que el Estado proyecte su poder e influencia en el mundo.[12]
Si el militarismo es el padre del capitalismo también es a día de hoy su principal sostenedor. Basta con remitirse a casos concretos como el de EEUU donde la mayor partida presupuestaria del gobierno federal, después de las pensiones, la tiene el Pentágono con 716.000 millones de dólares en 2019, un gasto que supone que esta institución tenga a su cargo una mano de obra total de entre 5 y 6 millones de trabajadores en los sectores económicos más diversos.[13] La inversión del Pentágono en la economía estadounidense tiene, además, un efecto multiplicador sobre multitud de industrias, lo que conlleva la militarización de la propia economía que es supeditada a los fines del ejército. Por tanto, los presupuestos militares en EEUU desempeñan un papel decisivo debido a que implican la existencia de una demanda constante en la economía que, de este modo, se ve obligada a satisfacer a una escala masiva, pues el ejército de este país lo integran aproximadamente 1,4 millones de efectivos, y su equipamiento es tremendamente costoso.[14] De esta forma el conjunto de los recursos (económicos, humanos, financieros, materiales, naturales, intelectuales, etc.) que alberga el país son movilizados y puestos al servicio de los intereses del ejército.[15] Todo lo anterior es un claro reflejo del poder efectivo del ejército en EEUU en términos políticos, más allá de las convenciones establecidas por el ordenamiento constitucional de aquel país, al acumular una cantidad ingente de recursos económicos y humanos con los que dirige la economía nacional y somete la política federal.[16]
En definitiva, lo que puede concluirse de todo lo antes expuesto es que el capitalismo es ante todo un producto del militarismo y de la guerra. De esto se deduce que la existencia de los Estados y su competición internacional son el origen de los conflictos violentos que se producen entre estos,[17] lo que impone una serie de necesidades en el terreno de la producción económica que en su momento dieron origen al capitalismo. La vorágine militarista de los Estados, sobre todo al tratarse de instituciones que en último término son de carácter militar, ha constituido un importante estímulo a lo largo de la historia para la transformación de la economía y la sociedad hasta el punto de generar el capitalismo. Así, la militarización de la sociedad y de la economía han ido de la mano hasta el extremo de supeditar las necesidades sociales a los intereses y exigencias de los ejércitos, y consecuentemente a los intereses del Estado en el ámbito internacional.[18] Unos intereses que, no lo olvidemos, se definen en términos de poder (militar, político, ideológico, tecnológico, económico, demográfico, cultural, etc.), lo que hace que la principal finalidad del Estado sea maximizar su poder.[19]
En conclusión, ninguna lucha dirigida a conquistar la libertad puede limitarse a ser una lucha contra el capitalismo, en la medida en que este tan sólo es la consecuencia de un problema más profundo que es la existencia de un sistema de dominación organizado en torno al ejército, que es la columna vertebral del Estado.[20] Por esta razón la lucha contra el capitalismo necesita ser, también, la lucha contra el militarismo y el Estado debido a que son el origen último y los principales sostenedores de un sistema socioeconómico que esclaviza y destruye al ser humano.
Esteban Vidal
Notas
[1] Tilly, Charles, Coerción, capital y los Estados europeos 990-1990, Madrid, Alianza, 1992, p. 75. Ídem, “Reflections on the History of European State-Making” en Tilly, Charles (ed.), The Formation of National States in Western Europe, Princeton, Princeton University Press, 1975, p. 15. Hale, John R., War and Society in Renaissance Europe 1450-1620, Guernsey, Sutton, 1998, p. 14
[2] Basta señalar que la educación que recibían los futuros monarcas desde su misma infancia era belicista y militarista, lo que respondía a la necesidad estructural que imponía el modo en el que el espacio geográfico estaba organizado, de manera que se procedía a crear en el futuro soberano una disposición a la guerra y a la conquista. Pues al fin y al cabo quien no conquistaba era conquistado. Cornette, Joël, Le roi de guerre: Essai sur la souveraineté dans la France du Grand Siècle, París, Payot et Rivages, 1993, pp. 152-176. Corvisier, André, Anne Bachelard et alii (eds.), Histoire militaire de la France, París, Presses Universitaires de France, 1997, Vol. 1, pp. 383-387. Mormiche, Pascale, Devenir prince: L’école du pouvoir en France XVIIe-XVIIIe siècles, París, CNRS Editions, 2009, pp. 301-305. Tampoco es casualidad que Maquiavelo afirmase, ya en el s. XVI, que la principal actividad y preocupación del príncipe debía ser la guerra, punto de vista que se generalizó entre todos los consejeros de los soberanos. “Así pues, un príncipe no debe tener otro objetivo ni otra preocupación, ni debe considerar como suya otra misión que la de la guerra, su organización y su disciplina. Porque esa es la única misión que compete a quien gobierna |...|”. Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe, Madrid, Espasa, 2003, p. 105
[3] Carlos V de Alemania logró reunir un ejército de 150.000 efectivos a mediados del s. XVI. La tendencia fue la expansión de los ejércitos, de forma que los diferentes Estados contaron con unos crecientes efectivos militares. Francia, por ejemplo, contaba a principios del s. XVII con 150.000, aproximadamente la mitad de los que tenía en aquel entonces la corona de Castilla. A finales de ese mismo siglo las Provincias Unidas tenían un ejército de 110.000 efectivos. Suecia, a mediados del XVII tenía 70.000 efectivos, e Inglaterra en esa misma época contaba con un ejército con más de 70.000 soldados. A principios del s. XVIII la Francia de Luis XIV tenía un ejército de 400.000 soldados, Inglaterra uno de 87.000 y Rusia uno de 170.000. Dadas estas cifras, ¿cabe dudar de que semejantes ejércitos no impusiesen a la economía una fortísima e intensa demanda que favoreciese la creación y desarrollo del mercado?. Childs, John, Warfare in the Seventeenth Century, Washington, Smithsonian Books, 2004. Roberts, Michael, “The Military Revolution, 1560-1660” en Rogers, Clifford J. (ed.), The Military Revolution Debate: Readings on the Military Transformation of Early Modern Europe, Boulder, Westview Press, 1995, pp. 13-36. Parker, Geoffrey, “The “Military Revolution”-A Myth?” en Rogers, Clifford J. (ed.), The Military Revolution Debate: Readings on the Military Transformation of Early Modern Europe, Boulder, Westview Press, 1995, pp. 37-54. No puede negarse el hecho de que existían las confiscaciones para abastecer a los ejércitos, pero generalmente estas se producían en territorio enemigo, y cuando no era así resultaban ser la excepción. Esto último era debido a razones obvias, por un lado porque generaban rechazo entre la población y descontento, circunstancia que podía desencadenar rebeliones internas y socavar el esfuerzo de guerra en la acción exterior del Estado. Pero por otro lado porque los Estados desarrollaron sus propios mecanismos políticos e institucionales mediante los que establecer impuestos con los que sufragar la guerra. De este modo en Europa occidental aparecieron diferentes procedimientos y espacios negociadores para facilitar la recaudación de tributos, y contar así con el consentimiento de los contribuyentes, o por lo menos de las elites sociales encargadas de hacer las correspondientes aportaciones a la hacienda real. En Inglaterra estaba el parlamento, en Francia los estados generales además de los parlamentos regionales, en Alemania la dieta, en Castilla las cortes, etc.
[4] Sombart, Werner, Guerra y capitalismo, Madrid, Colección Europa, 1943
[5] No hay que perder de vista dos aspectos relativos a la innovación tecnológica y su relación con lo militar. En primer lugar, el ejército históricamente ha demostrado ser una institución extremadamente dinámica, lo que se ha reflejado en las nuevas tecnologías militares que ha desarrollado para incrementar su capacidad destructiva y eficacia en el combate. Por esta razón lo militar siempre ha estado unido al desarrollo de la tecnología punta. En segundo lugar, es importante destacar que la innovación tecnológica del ejército también ha encontrado su aplicación en el terreno civil, de forma que muchas de las creaciones que corrieron a cargo de los ejércitos encontraron su salida en la vida civil. Camiones, radio, trenes, telefonía, Internet, etc., son un claro ejemplo, a lo que habría que sumar avances en el terreno médico como las vacunas, material sanitario, etc. Un ejemplo reciente es el caso de la telefonía móvil de última generación, como son los teléfonos móviles inteligentes, que tienen su origen en la industria aeroespacial y en las inversiones del Pentágono. Asimismo, unido a la necesidad de aumentar la producción se desarrollaron máquinas y procesos automatizados dirigidos a abastecer masivamente a los grandes ejércitos modernos. Mazzucato, Marina, El Estado emprendedor, Barcelona, RBA, 2014. Headrick, Daniel R., Los instrumentos del imperio. Tecnología e imperialismo europeo en el siglo XIX, Madrid, Alianza, 1989. Ídem, El poder y el imperio. La tecnología y el imperialismo de 1400 a la actualidad, Barcelona, Crítica, 2001. McNeill, William H., La búsqueda del poder. Tecnología, fuerzas armadas y sociedad desde el 1000 d. C., Madrid, Siglo XXI, 1988. Una investigación que muestra con bastante claridad que históricamente el desarrollo científico-tecnológico ha servido para satisfacer las ansias de poder y de dominación de las élites es la de Jacques Blamont, físico que estuvo involucrado en la creación del complejo militar-industrial francés tras la Segunda Guerra Mundial y en la industria aeroespacial. Blamont, Jacques, Le chiffre et le songe, histoire politique de la découverte, París, Odile Jacob, 1993. Por otro lado, tampoco hay que olvidar el papel que históricamente la intelectualidad, especialmente científicos y otros especialistas, ha desempeñado en el desarrollo de la tecnología militar, lo que en el contexto europeo se vio reforzado por la existencia de universidades desde la Baja Edad Media que en la práctica operaron como materia gris para la aplicación del conocimiento al ámbito militar. Estos son los casos de personajes ilustres como Leonardo Da Vinci o Miguel Ángel. Sobre este aspecto de la innovación tecnológica militar puede encontrarse información en Andrade, Antonio, La edad de la pólvora. Las armas de fuego en la historia del mundo, Barcelona, Crítica, 2017. Otro autor que pone de relieve la importancia decisiva de los ejércitos y la guerra, y en general las rivalidades geopolíticas entre Estados, en el progreso científico y tecnológico es David Cosandey. La diferencia con respecto a otros autores es la relación que establece entre medio geográfico, sistema de Estados, guerra y desarrollo tecnocientífico. Cosandey, David, Le secret de l’Occident: Du miracle passé au marasme présent, París, Arléa, 1997. Aunque algunos de los desarrollos tecnológicas producto de la guerra y del militarismo pueden tener ciertos aspectos positivos, la cuestión de fondo es que fueron generados para satisfacer las necesidades de los ejércitos y del sistema de dominación al que dieron lugar, por lo que los aspectos positivos que eventualmente puedan tener para la población son del todo colaterales y de ninguna manera su principal finalidad. Al fin y al cabo es sabido que las fábricas de tractores y coches pueden ser fácilmente reconvertidas en fábricas de tanques, las industrias de fertilizantes en caso de guerra son rápidamente transformadas en fábricas de explosivos, la industria farmacéutica es muy funcional para la fabricación de armas químicas y bacteriológicas, y así sucesivamente. Algunas reflexiones de interés sobre la relación entre la tecnología y lo militar pueden encontrarse en Rodrigo Mora, Félix, Seis estudios. Sobre política, historia, tecnología, universidad, ética y pedagogía, Editorial Brulot, 2010. Acerca de los efectos que el mundo técnico actual tiene sobre el individuo es recomendable la lectura de Ellul, Jacques, La edad de la técnica, Barcelona, Octaedro, 2003
[6] Hoffman, Philip T., “Prices, the Military Revolution, and Western Europe’s Comparative Advantage in Violence” en Asia in The Great Divergence Vol. 64, Nº S1, 2011, pp. 39-59. Ídem, “Why is It that Europeans Ended Up Conquering the Rest of the Globe? Prices, the Military Revolution, and Western Europe's Comparative Advantage in Violence” 23 de octubre de 2006, p. 10. http://www.riseofthewest.net/dc/dc289hoffman23oct06.pdf
[7] El primer banco central fue el de Suecia, fundado en 1668. Sin embargo, este modelo de banco central fracasó al basar el respaldo de su crédito en los bienes de la corona. El primer banco central de éxito fue el de Inglaterra fundado en 1694, y siguió el modelo de deuda pública que previamente se había desarrollado en los Países Bajos. Hasta entonces había prevalecido una política mercantilista de atesoramiento de metales preciosos, como oro y plata, en tiempos de paz para disponer de una reserva lo suficientemente grande con la que en caso de guerra poder respaldar el gasto de las campañas militares. Pero esta práctica no se adaptaba a una economía cada vez más comercial para hacer frente a los esfuerzos de guerra. Recordar que el Banco de Inglaterra fue fundado durante la guerra que este país mantenía con la Francia de Luis XIV, de modo que fue decisivo para vencer en dicha contienda. Dickson, Peter G. M., The Financial Revolution in England: A Study in the Development of Public Credit 1688-1756, Londres, S. Martin’s Press, 1967
[8] La cita textual de Tilly es la siguiente: “War made the state, and the state made war”. Tilly, Charles, “Reflections on the...”, Op. Cit., N. 1, p. 42. Otro autor que puso de manifiesto sin ambages de ningún tipo que el origen del Estado es la guerra, y que en su comienzo fue una organización militar, es Otto Hintze. Recomendamos la lectura de Hintze, Otto, “Organización Militar y Organización del Estado” en Revista Académica de Relaciones Internacionales Nº 5, 2007 (https://revistas.uam.es/index.php/relacionesinternacionales/article/view/4868/5337). De hecho, los Estados, hasta bien entrado el s. XX, fueron fundamentalmente organizaciones militares si nos atenemos al gasto presupuestario, de forma que muy tardíamente desarrollaron su dimensión civil en el terreno de los servicios. Los datos que muestran esta realidad son claros y abundantes, del mismo modo que la bibliografía que analiza esta dimensión del Estado es abrumadora. Aquí apuntamos una interesante síntesis recogida en Mann, Michael, Las fuentes del poder social, Madrid, Alianza, 1991, Vol. 1, pp. 590-617. En esta misma línea de investigación, en la que la guerra es la que origina el Estado, encontramos una abundante bibliografía, por lo que aquí sólo destacaremos algunas obras para quien quiera profundizar en esta cuestión. Rasler, Karen A. y William R. Thompson, War and State Making: The Shaping of the Global Powers, Londres, Unwin Hyman, 1989. Ídem, “War Making and the State Making: Governmental Expenditures, Tax Revenues, and Global Wars” en American Political Science Review Vol. 79, Nº 2, 1985, pp. 491-507. Porter, Bruce, War and the Rise of the State: The Military Foundations of Modern Politics, Nueva York, The Free Press, 1994. Hintze, Otto, Historia de las formas políticas, Madrid, Revista de Occidente, 1968. Rodrigo Mora, Félix, La democracia y el triunfo del Estado, Morata de Tajuña, Editorial Manuscritos, 2011
[9] Kennedy, Paul, Auge y caída de las grandes potencias, Barcelona, Debolsillo, 2013. Otro autor que se muestra coincidente con Kennedy en algunos puntos de su explicación es Philip Hoffman, quien afirmó que las probabilidades de ganar una guerra dependen del gasto militar, con lo que a más gasto mayores probabilidades de victoria. Así, la victoria en la guerra depende de los recursos que cada oponente puede reunir, sin olvidar tampoco los correspondientes costes políticos que entraña. Hoffman, Philip T., ¿Por qué Europa conquistó el mundo?, Barcelona, Crítica, 2016, p. 35. Este autor se basó, a su vez, en lo recogido en una investigación acerca del gasto militar y los conflictos en Garfinkel, Michelle R. y Stergios Skaperdas, “Economics of Conflict: An Overview” en Sandler, Tod y Keith Hartley (eds.), Handbook of Defense Economics, Ámsterdam, Elsevier, 2007, Vol. 2, pp. 649-709
[10] Otro autor que desentraña la íntima relación entre capitalismo y militarismo es Michael Mann, quien hizo un interesante análisis a partir del enfoque basado en las rivalidades geopolíticas-militares de los Estados, al mismo tiempo que señaló las incongruencias del marxismo acerca de esta cuestión, así como la inconsistencia de la teoría de los liberales acerca de la existencia de un capitalismo pacífico. Mann, Michael, “Capitalism and Militarism” en Mann, Michael, States, War and Capitalism, Oxford, Basil Blackwell, 1988, pp. 124-145
[11] Sobre el papel de la economía en el sistema de dominación estatal y su papel instrumental al servicio de los fines del Estado consultar: “Liberalismo y marxismo: dos caras de la misma moneda” https://www.portaloaca.com/articulos/anticapitalismo/13922-liberalismo-y-marxismo-dos-caras-de-la-misma-moneda.html
[12] Gilpin, Robert, War and Change in World Politics, Cambridge, Cambridge University Press, 1981. Waltz, Kenneth, “Globalization and American Power” en The National Interest verano, 2000, pp. 46-56. En la misma línea que estos autores se manifestó John Mearsheimer desde el denominado realismo ofensivo, al señalar la existencia de dos tipos de poder en un Estado: el poder latente y el poder militar. Así, el poder latente lo constituye la riqueza de un Estado y el tamaño de su población, es decir, los recursos socioeconómicos sobre los que es construido el poder militar. Mearsheimer, John J., The Tragedy of Great Power Politics, Nueva York, W. W. Norton, 2014, pp. 55-82. Otro autor que también desde una perspectiva realista afirma que la riqueza de un Estado es aquella sobre la que es construido el poder militar es Fareed Zakaria, quien analizó las razones por las que EEUU llegó a convertirse en una potencia mundial. Zakaria, Fareed, De la riqueza al poder. Los orígenes del liderazgo mundial de Estados Unidos, Barcelona, Gedisa, 2000
[13] https://militarybenefits.info/2019-defense-budget/ Conviene decir que la aprobación del presupuesto del Pentágono para 2019 fue llevada a cabo con una gran celeridad en el Congreso que no se recordaba desde hacía al menos 40 años, gracias a un acuerdo entre los dos partidos, demócrata y republicano, que escenificaron la unidad que existe en el directorio político en torno a la misión de esta institución, y reflejaron al mismo tiempo la preeminencia que el ejército tiene en la escena política estadounidense. Para hacerse una idea de la dimensión del gasto militar y del militarismo en EEUU, los presupuestos generales del Estado español son aproximadamente la mitad de los del Pentágono. Por último, añadir que estos presupuestos militares significaron un incremento de la dotación con respecto a la que habían contado en años anteriores.
[14] Sobre la capacidad del Pentágono de intervenir en la vida económica, política y social de EEUU cabe recomendar la lectura de una obra sociológica brillante e ilustrativa como Mills, Charles W., La elite del poder, México, Fondo de Cultura Económica, 1957, pp. 166-213
[15] La militarización no sólo de la economía sino del conjunto de la sociedad constituye una tendencia histórica que está inscrita en el proceso de construcción del Estado moderno. Ya a principios del s. XX, con motivo de la Primera Guerra Mundial, comenzó a hablarse de la movilización total, idea que apareció en Alemania fruto de la experiencia que supuso la guerra industrial, y que hacía referencia al incremento máximo de la capacidad de movilización de recursos de los Estados por influjo de la combinación de la técnica y de la guerra. Ernst Jünger fue quien desarrolló este concepto ampliamente al identificar la figura del trabajador con la del soldado en el marco del Estado total. Jünger, Ernst, El trabajador. Dominio y figura, Barcelona, Tusquets, 2003. Ídem, Sobre el dolor seguido de La movilización total y Fuego y movimiento, Barcelona, Tusquets, 1995. Ver también otra obra más temprana en la que la idea de movilización total apareció con bastante claridad: Ídem, Tempestades de acero, Barcelona, Tusquets, 2005. Dicho todo esto nos encontramos con que la modernización del Estado ha sido impulsada por el militarismo, y ha desarrollado la militarización de la sociedad al organizarla por y para la guerra, tal y como hoy ocurre en EEUU, lo que ha hecho que la guerra se desarrolle en dos frentes diferentes pero íntimamente unidos: el frente de la producción económica y el frente del campo de batalla, donde el primero hace posible el segundo mientras el segundo impulsa el desarrollo del primero.
[16] Una investigación de carácter histórico y de obligada lectura que aborda el peso político del Pentágono en la política estadounidense es la de Carroll, James, La casa de la guerra. El Pentágono es quien manda, Barcelona, Crítica, 2007
[17] Desgraciadamente parece que existe mucha más honestidad intelectual entre algunos militaristas que entre los elucubradores de ideologías de toda laya. En lo que a esto respecta cabe destacar que Heinrich von Treitschke afirmó que mientras existan Estados continuarán produciéndose guerras. Textualmente dijo lo siguiente: “War, therefore, will endure to the end of history, as long as there is multiplicity of States”. Treitschke, Heinrich von, Politics, Nueva York, Macmillan, 1916, Vol. 1, p. 65
[18] Esto es consecuencia del poder que concentra el ejército y que hace que las decisiones cruciales sean tomadas por los altos mandos militares. Pues, como decíamos antes, EEUU es un país muy militarizado, no sólo por la acción del Pentágono sino también por la existencia de ejércitos de los Estados. Así, nos encontramos con la Guardia Nacional, por un lado, y por otro lado con las fuerzas armadas de los Estados que están exclusivamente bajo el control de los gobernadores. En cualquier caso su impacto económico es mucho más limitado que el del Pentágono, sobre todo al no estar activas en todos los Estados, y al ser en la práctica una especie de ejércitos de reserva. Al margen de esto, para comprender el peso político que el ejército y, en general, el complejo de seguridad nacional organizado en torno al Pentágono tiene, unido al papel desempeñado por las agencias de seguridad como los servicios de espionaje, el cuerpo diplomático, etc., es recomendable y necesaria la lectura de una investigación que deja bien claro que quienes toman las decisiones importantes en este país es la burocracia del entramado de seguridad nacional estadounidense, es decir, los altos mandos militares en coalición con los jefes de las agencias de espionaje, las agencias policiales, el departamento de Estado, etc., de forma que las instituciones formales establecidas en la constitución tan sólo son una pantalla que oculta esta realidad. Glennon, Michael J., National Security and Double Government, Nueva York, Oxford University Press, 2015. Lo que ocurre en EEUU no es nuevo, sobre todo si tenemos en cuenta que forma parte del proceso histórico de construcción del Estado moderno, en el que el militarismo constituye un elemento central y decisivo del mismo. Esto ya fue destacado por el periodista francés Joseph Fiévée a principios del s. XIX al hacer referencia al cambio en el lenguaje. Prueba de esto es que antes, en tiempos de paz, se llamaba a los ejércitos fuerzas militares, y sólo se hablaba de ejércitos en tiempos de guerra. Este cambio fue generalizado por la revolución francesa, y más concretamente por Napoleón, lo que era el reflejo de la militarización en curso de la sociedad al haber sido llevada a un estado de guerra permanente. “On disoit autrefois les forces militaires de la France, de la Russie, de l'Espagne, de l'Autriche, de la Prusse, pour désigner la troupe de ligne que chacune de ces nations tenoit sous les armes en temps de paix; et le mot armée ne s'employoit jamais qu'en temps de guerre, et pour la partie qui se battoit; encore chaque armée prenoitelle un nom distinct, soit du pays auquel s'appliquoient plus particulièrement ses opérations, soit du chef qui la commandoit. Ce n'est certainement que depuis Buonaparte qu'on a appelé collectivement, en temps de paix comme en temps de guerre, les forces militaires de la France, l'armée; et cet exemple paroît avoir été suivi par toute l'Europe. On plaide aujourd'hui pour l'armée, on parle à l'armée, on fait parler l'armée”. Fiévée, Joseph, Correspondance politique et administrative, París, Le Normant, 1816, Vol. 1, p. 99. Más información sobre esta cuestión puede encontrarse en Jouvenel, Bertrand de, Los orígenes del Estado moderno. Historia de las ideas políticas en el siglo XIX, Toledo, Editorial Magisterio, 1977, pp. 162-173
[19] Es mucho lo que se ha discutido sobre esta cuestión. Lo cierto es que independientemente de los fines que eventualmente un Estado pueda asumir en su política internacional tenderá a aumentar su poder a nivel inmediato para alcanzarlos. “Cualesquiera que sean los fines últimos de la política internacional, el poder es siempre el fin inmediato”. Morgenthau, Hans J., La lucha por el poder y la paz, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1963, p. 43. Al fin y al cabo esto obedece a la naturaleza del Estado como institución cuya principal actividad es el poder y su maximización. Tal y como señaló el politólogo sueco Rudolf Kjellén, “el Estado no se ocupa de sus varias actividades (educación, obra social, etc.), con propósitos éticos o por el interés de sus ciudadanos, sino en su propio beneficio para fortalecerse interior y exteriormente, para tener poder”. Citado en Atencio, Jorge E., Qué es la geopolítica, Buenos Aires, Editorial Pleamar, 1986, pp. 110-111. Una investigación que aborda pormenorizadamente la naturaleza del Estado como institución de poder y para el poder es Jouvenel, Bertrand de, Sobre el poder. Historia natural de su crecimiento, Madrid, Unión Editorial, 2011. Por otra parte no hay que olvidar que la naturaleza del poder es la dominación, pero esta presenta múltiples facetas debido a que la complejidad de la condición humana exige que, para el completo sometimiento del individuo a un sistema de mando total, sean utilizados instrumentos heterogéneos de sumisión. Debido a esto nos encontramos con diferentes poderes como el político (que se divide en ejecutivo, legislativo y judicial), el militar, el ideológico, el tecnológico, el económico, etc. Algunas observaciones de interés sobre esta cuestión pueden encontrarse en Bobbio, Norberto, Estado, gobierno y sociedad. Por una teoría general de la política, México, Fondo de Cultura Económica, 1996, pp. 104-116. Rodrigo Mora, Félix, Seis estudios. Sobre..., Op. Cit., N. 5, pp. 249-250
[20] Esto ya fue dicho por el revolucionario ruso Mijail Bakunin, quien afirmó lo siguiente: “El Estado moderno es necesariamente, por su esencia y su objetivo, un Estado militar; por su parte, el Estado militar se convierte también, necesariamente, en un Estado conquistador; porque si no conquista él, será conquistado, por la simple razón de que donde reina la fuerza no puede pasarse sin que esa fuerza obre y se muestre”. Bakunin, Mijail A., Estatismo y anarquía, Barcelona, Folio, 2002, p. 52.