In LSD Veritas -

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Sé tu propia luz.

jueves, 27 de abril de 2017

Capitalismo y dominación.




Vivimos en una dictadura mundial afianzada por el aparato tecnológico impuesto por el Capital, la democracia es una utopía imposible de concebir en una sociedad capitalista debido al consenso legítimo de las mayorías que aceptan las reglas de juego del Capital. 

El Capitalismo es tan sólo una forma de dominación más en la historia de la civilización, y por lo tanto de Poder que se apoya en la jerarquización de la sociedad y sirve de base para implementar la organización y mercantilización social. 

El Capitalismo es en primer lugar un sistema social basado en el Poder y en segundo lugar un sistema económico que surge del Poder para la acumulación de Capital. De esta forma se retroalimenta para hacerse más grande y fortalecerse continuamente, eclipsando y absorbiendo en la inmensa mayoría de las ocasiones a la disidencia que lo intenta confrontar. 

Estableciendo un paralelismo astronómico, el astro, planeta u objeto con mayor masa atraerá por gravedad al de menor masa. haciéndolo orbitar en su espacio, trasladándolo a la sociedad, el individuo con más Capital ya sea cultural o económico influirá en mayor o menor medida sobre el individuo con menor Capital. De lo que se deduce que las relaciones sociales serán en general de dominación, por lo tanto nunca podrán ser igualitarias ni democráticas si la acumulación (de Capital ya sea económico o cultural) son la base en la que se asienta la sociedad.

sábado, 22 de abril de 2017

"El ABC del comunismo libertario"- Alexander Berkman.

 

                                                                      Capítulo VI


                                                                          Guerra

¡Guerra! ¿Comprendes lo que esto quiere decir? ¿Conoces
alguna otra palabra más terrible en el vocabulario del mundo?
¿No traen estas letras a tu mente escenas de matanzas y car-
nicerías, de homicidios, de pillaje y destrucción? ¿No oyes el
estruendo del cañón, el grito del herido, el estertor fi nal del que
agoniza? ¿No puedes ver el campo de batalla sembrado de cadá-
veres? Seres humanos reducidos a pedazos, esparcidos su sangre
y sus sesos, hombres llenos de vida convertidos bruscamente
en carroña. Y allí, en sus hogares, millares de padres y madres,
esposas y novias viviendo en incesante terror, en el miedo a que
la fatalidad se cebe en los seres queridos, y esperando, siempre
esperando, la vuelta de aquellos que no volverán nunca más.
Sabes lo que signifi ca la guerra. Y aunque tú mismo no hayas
estado nunca en el frente, sabes que no existe un azote más terri-
ble que la guerra, con sus millones de muertos y mutilados, sus
incontables sacrifi cios humanos, sus vidas rotas, sus arruinados
hogares, su inenarrable desolación y miseria.

“Sí, es terrible”, admites, “pero no hay modo de remediarlo”.
Tú piensas que la guerra debe existir, que cuando a veces
llega, es inevitable, que debes defender a tu país cuando esté en
peligro.
Veamos entonces si verdaderamente defi endes tu país cuando
vas a la guerra. Veamos lo que causa la guerra, y si es para bene-
fi cio de tu país para lo que te llaman a ponerte el uniforme y
empezar la operación de carnicería.
Vamos a considerar a quiénes y a qué defi endes en la guerra,
a quién le interesa ésta, y quién se benefi cia con ella.
Es preciso que volvamos a nuestro fabricante, imposibilitado
de vender sus géneros con benefi cios en su propio país. Él, como
también los fabricantes de otros productos, busca un mercado en
otro país. Va a Inglaterra, Alemania, Francia, o algún otro país
y trata de colocar allí su “sobreproducción”, su “excedente”.

Pero se encuentra con idéntica situación que en su país.
También tienen “sobreproducción”, es decir, que los trabaja-
dores están tan explotados y mal pagados que no pueden comprar
las mercancías que han producido. Los fabricantes de Inglaterra,
Alemania, Francia, etc., tienen, pues, la vista puesta en otros mer-
cados, precisamente lo mismo que el fabricante americano.
Los fabricantes americanos de una determinada industria se
organizan en un monopolio; los magnates industriales de otros
países, también, y cada monopolio nacional comienza a compe-
tir con los demás. Los capitalistas de cada país tratan de con-
quistar los mejores mercados, especialmente los nuevos. Éstos se
encuentran en China, Japón, la India y países similares, esto es, en
aquellos que no han desarrollado todavía sus propias industrias.
Cuando cada país haya desarrollado sus propias industrias no
existirá ningún mercado extranjero y, entonces, algún poderoso
grupo capitalista devendrá como el único trust, monopolizador
del mercado del mundo. Pero, entretanto, los intereses capitalis-
tas de los diferentes países industriales combaten por la posesión
de los mercados extranjeros, compitiendo entre sí. Obligan a las
naciones débiles a concederles privilegios especiales, “trato de
favor”; excitan la envidia de sus competidores, y reclaman de sus
respectivos gobiernos la defensa de sus intereses. Los capitalis-
tas americanos dirigen a su gobierno un llamamiento para que
proteja los intereses “americanos”. Los capitalistas de Francia,
Alemania e Inglaterra hacen lo propio, reclaman de sus gobiernos
protección para sus benefi cios. Entonces, los distintos gobiernos
exigen de sus pueblos “la defensa de sus territorios”.

¿Comprendes cómo funciona el juego? No te dicen que tienes
que proteger los privilegios y dividendos de cualquier capitalista
americano en un país extranjero. Saben que si te dijeran tal cosa
te reirías de ellos y rehusarías exponerte a las balas para henchir
las ganancias de los plutócratas. ¡Pero sin ti y sin otros como tú,
no pueden hacer la guerra! Por eso alzan el grito de: “¡Defi ende
tu patria!”. “¡Insultan tu bandera!”. A veces, actúan contra-
tando matones para que insulten a la bandera de tu patria en país
extranjero, o para que destrocen haciendas y bienes de america-
nos aposentados allí, para convencer a los de casa, enfurecerlos y
que se precipiten a alistarse en la Armada y el Ejército.
No creas que exagero. Es sabido que los capitalistas ameri-
canos han provocado revoluciones en otros países siempre que
han podido (particularmente en Sudamérica), a fi n de conseguir
un nuevo gobierno más “amistoso” y asegurarse así los privile-
gios que ambicionaban.

Pero, generalmente, no necesitan ir tan lejos. Todo lo más
que han de hacer es apelar a tu “patriotismo”, adularte un
poco, decirte que “puedes vencer al mundo entero”, porque eres
“superior”, y ya te tienen dispuesto a vestirte el uniforme de
soldado y a ejecutar sus órdenes.

Es para esto para lo que se utiliza tu patriotismo, el amor a tu
país. Con razón escribió el gran pensador inglés Carlyle: “¿Cuál
es, hablando en lenguaje extraofi cial, el verdadero signifi cado de
la guerra y cuál es su resultado? Por lo que sé, allá en el pueblo
británico de Dumdrudge, por ejemplo, viven y se afanan normal-
mente unas quinientas almas. De entre éstas, para combatir a
ciertos ‘enemigos naturales’ franceses, se han seleccionado sucesi-
vamente, durante la guerra francesa, repito, treinta hombres cor-
pulentos. Dumdrudge los ha amamantado y ha criado a su cargo.
Los ha alimentado, no sin difi cultades y pesares, hasta alcanzar
la madurez y hasta los ha instruido en diversos ofi cios. Así uno
sabe tejer, otro construir, otro forjar, y el más débil puede resistir
treinta piedras de dieciséis onzas (avoirdupois en el original, libra
de uso común en Inglaterra). Sin embargo, entre lágrimas y renie-
gos, son escogidos, vestidos de rojo y embarcados y enviados, a
costa del erario público a unas dos mil millas, digamos al sur de
España; y allí son alimentados sin límite.

”Y ahora, hacia ese lugar en el Sur de España, se están diri-
giendo treinta artesanos franceses, de algún Dumdrudge fran-
cés. Siguiendo el mismo camino, tras infi nitos esfuerzos, los dos
grupos se encuentran, treinta frente a treinta, cada uno con un
arma en las manos.

”Inmediatamente se da la orden de ‘¡Fuego!’ y se disparan
mutuamente matándose. En lugar de sesenta artesanos diná-
micos y útiles, el mundo tiene los esqueletos de sesenta cadá-
veres, que es preciso enterrar, para después llorarlos. ¿Existía
una disputa entre estos hombres? Por más ocupado que está
el diablo, no tenían ninguna. Ellos vivían distantes, apartados,
eran totalmente extraños, y no sólo eso, incluso, en un universo
tan amplio, existía, de modo inconsciente, a través del comercio
una cierta ayuda mutua entre ellos. ¿Qué ocurrió entonces? ¡No
seas inocente! Sus gobiernos se habrán enfrentado y en lugar de
dispararse mutuamente, tuvieron la astucia de hacer que estos
desgraciados zoquetes se dispararan los unos sobres los otros”.

No es por tu patria por quien combates cuando vas a la gue-
rra. Es por tus gobiernos, por tus dirigentes, por tus amos capi-
talistas. Ni tu país, ni la humanidad, ni tú, ni tu clase, la de los
trabajadores, ganáis nada en la guerra. Solamente se benefi cian
de ella los grandes fi nancieros y capitalistas.

La guerra es mala para ti, es mala para los obreros. Podéis
perderlo todo y nada podéis ganar en ese juego. Ni siquiera la
gloria es para vosotros, que se reserva a los grandes generales y
mariscales de campo.
¿Qué consigues tú en la guerra? Estás asqueroso, te dispa-
ran, te gasean, te mutilan o te matan. Esto es lo que sacan de la
guerra los trabajadores de cualquier país.

La guerra es mala para tu país y para la humanidad, sólo trae
masacres y destrucción. Todo lo que la guerra destroza, puentes, puer-
tos, ciudades, barcos, campos y fábricas, es necesario reconstruirlo.
Y esto signifi ca imponer al pueblo nuevas tasas, directas o
indirectas, para la reconstrucción de todo lo destruido. Porque
en último término, todo sale de los bolsillos del pueblo. Así,
la guerra los perjudica materialmente, y eso sin referirnos al
efecto embrutecedor de la misma sobre la totalidad del género
humano. Y no olvides que de cada mil asesinados, cegados o
mutilados en la guerra, novecientos noventa y nueve pertenecen
a la clase trabajadora, son hijos de obreros y de campesinos.
En la guerra moderna no hay vencedores, porque del lado
vencedor hay casi tantas pérdidas como del lado vencido, y a
veces más, como en el caso de Francia en la última Gran Guerra.

Francia es hoy más pobre que Alemania. Los trabajadores de
ambos países tienen que pagar impuestos hasta morir de ham-
bre para reparar las pérdidas sufridas en la guerra.
En todos los países europeos que participaron en la Guerra
Mundial, los salarios y los niveles de vida son mucho más bajos
ahora que antes de la gran catástrofe.
“Pero los Estados Unidos se enriquecieron en la guerra”,
objetas.
Quieres decir que un puñado de hombres ganó millones, y
que los grandes capitalistas obtuvieron grandes benefi cios.
Ciertamente que los tuvieron, los grandes fi nancieros con-
siguieron benefi cios prestando dinero a Europa con un elevado
tipo de interés y proveyéndola de material bélico y municiones.

Pero, ¿en qué te benefi cia esto?
Párate a pensar cómo paga Europa a los Estados Unidos su
deuda fi nanciera y los intereses que genera. Haciendo bregar aún
más a los trabajadores y obteniendo de ello más benefi cios.

Pagando sueldos aún más ínfi mos y produciendo géneros más
baratos los fabricantes europeos pueden vender más barato que sus
competidores norteamericanos, y por esta razón, están obligados a
producir también a más bajo coste. Así aparecen en escena su “eco-
nomía” y su “racionalización”, que te obligan a trabajar más dura-
mente o a ver reducido tu salario o a ser despedido directamente.
¿Ves, ahora, cómo unos salarios bajos en Europa afectan
directamente a tu existencia? ¿Te das cuenta de que tú, el obrero
norteamericano, estás ayudando a pagar a los banqueros de tu
país los intereses por sus préstamos europeos?


Algunas personas sostienen que la guerra es buena porque cul-
tiva el valor. Este argumento es estúpido. Es apoyado solamente
por aquellos que nunca han ido a la guerra y cuyos enfrentamien-
tos fueron resueltos por otros. Es poco honrado argumentar esto,
induciendo a pobres imbéciles a combatir por los intereses de los
ricos. Las personas que de verdad han combatido te dirán que la
guerra moderna no tiene nada que ver con el valor personal. Es
un combate de masas en el que el enemigo está a gran distancia.

Encuentros personales en los pueda vencer el mejor son extrema-
damente raros. En la guerra moderna no ves a tus contrincantes,
combates a ciegas, como una máquina. Vas a la batalla muerto
de miedo, temiendo que en cualquier momento seas reducido a
pedazos. Solamente vas porque no tienes el valor de negarte.
El hombre que hace cara a las difamaciones y a la desgra-
cia, que se alza impávido contra la corriente popular, incluso
contra sus amigos y su patria, cuando sabe que la razón está
con él, el hombre que se atreve a desafi ar a aquellos que tie-
nen autoridad sobre él y que soporta la represión y la cárcel
sin claudicar, ése es un hombre de valor. El hombre de quien
te mofas como de un cobarde porque rehúsa convertirse en
asesino, es quien necesita coraje. ¿Pero necesitas tú ser valiente
para obedecer órdenes, hacer lo que te digan y caer junto con
otros miles en la línea de fuego, con la aprobación general y a
los acordes del “La Bandera Llena de Estrellas” .

La guerra paraliza tu valor y aniquila toda esencia de la ver-
dadera virilidad. Te degrada y te insensibiliza con la excusa de
que no eres responsable, de que “no es tu obligación pensar y
razonar, sino matar y morir”, igual que los otros centenares de
miles condenados como tú. Guerra signifi ca obediencia ciega,
estupidez irrefl exiva, insensibilidad brutal, destrucción gratuita
y asesinato irresponsable.
He tropezado con personas que me dicen que la guerra es
buena porque mata a muchos y así hay más trabajo para los
supervivientes.

Considera qué terrible acusación contra el sistema actual son
estas palabras. ¡Imagínate un estado de cosas en el que los miem-
bros de la comunidad se benefi cien asesinando a un elevado número
de ellos, para que así el resto pueda vivir mejor! ¿No sería éste el
peor sistema devora-hombres, el peor de los canibalismos?
Y esto es precisamente el capitalismo, un sistema de caniba-
lismo en el que uno devora a su semejante o es devorado por él.
Ésta es la verdad del capitalismo tanto en la guerra como en la
paz, aunque en la guerra su verdadero carácter se desenmascara
y evidencia más.

En una sociedad humanizada y sensible, esto no podría suce-
der. Por el contrario, el aumento de población en una cierta
comunidad redundaría en benefi cio de todos porque el trabajo
de cada uno sería entonces más soportable.
Considerada así, una comunidad es análoga a una familia.
Cada familia necesita realizar una cierta cantidad de trabajo que
satisfaga sus necesidades. Luego, cuantas más personas de esta
familia sean aptas para realizar el trabajo necesario, más fácil
será éste para cada miembro de ella, y menos trabajo le tocará
a cada cual.

Es esto cierto igualmente para una comunidad o un país.
Cuantas más personas haya para realizar el trabajo necesa-
rio para las necesidades comunes, más fácil será la tarea de cada
miembro.
Si en el caso de nuestra sociedad presente es al contrario,
esto sólo viene a probar que las condiciones son equívocas, bár-
baras y perversas. Y aún más, que tales condiciones son absolu-
tamente criminales si el sistema capitalista puede fl orecer sobre
la matanza de sus miembros.

Es evidente, entonces, que para los trabajadores, la guerra
signifi ca tan sólo mayores cargas, más impuestos, un trabajo
más duro y la reducción del nivel de vida anterior a la guerra.
Pero hay en la sociedad capitalista una parte para quien la gue-
rra es buena. Es el elemento que gracias a la guerra ahorra dinero,
el que se enriquece con tu “patriotismo y autosacrifi cio”. Es el que
integran los fabricantes de municiones, los que especulan con los
víveres y otros suministros, los armadores de barcos de guerra.

Abreviando, son los grandes señores de las fi nanzas, la indus-
tria y el comercio los únicos que se benefi cian de la guerra.
Para ellos la guerra es una bendición. Una bendición por más
de una razón. Porque también les sirve para despistar a las clases
laboriosas y que no reparen en su miseria diaria y fi jar su atención
en la “política de altura” y en la carnicería humana. Gobiernos y
dirigentes han tratado de evitar sublevaciones y revoluciones popu-
lares organizando guerras. Tales ejemplos abundan en la historia.

Desde luego, la guerra es un arma de dos fi los. En muchas
ocasiones se convierte en insurrección. Pero esto es otra historia,
a la que volveremos cuando hablemos de la Revolución Rusa.
Si me has seguido hasta aquí, debes haber llegado a la conclusión
de que la guerra es resultado directo y un inevitable efecto del sis-
tema capitalista como las cíclicas crisis industriales y fi nancieras.
Cuando llega una crisis en la forma en la que te he descrito,
acompañada de desempleo y privaciones, te dicen que no es
culpa de nadie, que son “malos tiempos”, que es “el resultado
de la sobreproducción” y embustes similares. Y cuando la com-
petición capitalista por benefi cios y mercados provoca una gue-
rra, los capitalistas y sus lacayos, los políticos y la prensa, lan-
zan el grito “¡Salva a tu patria!”, exaltando el falso patriotismo
y haciéndote combatir por ellos en sus batallas.

En nombre del patriotismo se te ordena que dejes de ser
decente y honrado, que dejes de ser tú mismo, que suspendas el
libre ejercicio de tu razón y entregues tu vida. Te conviertes en un
diente sin voluntad del engranaje de la maquinaria homicida, obe-
deciendo ciegamente órdenes de asesinato, pillaje y destrucción.

Abandonas a tu padre y a tu madre, a tu compañera, a tus
niños y a todo lo que amas, para buscar a tu semejante y des-
trozarlo. Tu prójimo, que nunca te agravió, que tan infortunada
víctima de sus amos es como tú lo eres de los tuyos. Sólo verdad,
demasiada verdad encierran las palabras de Carlyle, cuando dijo
que “el patriotismo es el refugio de los canallas”.
¿Puedes ver ya cómo se burlan de ti, cómo eres embaucado?
Toma el ejemplo de la Guerra Europea. Considera cómo se
engañó al pueblo norteamericano para que los Estados Unidos
participaran en el confl icto. El pueblo de Norteamérica no que-
ría mezclarse en los asuntos europeos. Conocía poco de éstos y
procuraba no dejarse arrastrafr en peleas homicidas.
Por eso eligieron a Woodrow Wilson con el eslogan de “él
nos mantuvo al margen de la guerra”.

Pero la plutocracia norteamericana vio las colosales fortunas
que se podrían reunir gracias a la guerra. No les bastaban los
millones que cosecharon vendiendo municiones, armas y otros
suministros a los combatientes europeos. Benefi cios inconmen-
surablemente mayores se hicieron con la participación de un
gran país, como los Estados Unidos, con sus cien millones de
habitantes, en la refriega. Se presionó al presidente Wilson y
éste no pudo oponerse. Al fi n y al cabo, el gobierno no es más
que el criado al servicio de los poderes fi nancieros, está allí para
cumplir sus órdenes.

¿Pero cómo meter a Norteamérica en la guerra cuando su
población estaba expresamente en contra? ¿No eligieron a Wilson
bajo la promesa de mantener al país al margen de la guerra? En
tiempos antiguos, bajo monarcas absolutos, era obligatorio para
las gentes obedecer, simplemente obedecer los decretos del rey. Pero
a menudo esto implicaba resistencia y peligro de rebelión. En los
tiempos modernos existen medios más seguros y más efi caces de
conseguir que el pueblo sirva a los intereses de sus gobernantes.
Todo lo más que se necesita es convencer a las personas que ellas
mismas desean hacer lo que sus amos quieren que hagan, o sea, sus
propios intereses, por el bien de la patria, por el bien de la humani-
dad. De este modo, los nobles y bellos instintos del hombre son uti-
lizados para hacer el trabajo sucio de la clase capitalista dirigente,
para insulto y vergüenza del género humano.

Los inventos modernos ayudan a este juego y lo tornan com-
parativamente fácil. La palabra impresa, el telégrafo, el teléfono
y la radio son en conjunto seguros auxiliares para este asunto.
El genio humano que ha producido todas aquellas maravi-
llas se explota y se degrada en interés de Mammon y Marte.

El presidente Wilson ideó una nueva treta para enredar al pue-
blo norteamericano en la guerra a benefi cio del Gran Capital.
Woodrow Wilson, el primer presidente que pasó por la escuela,
descubrió una “guerra por la democracia”, una “guerra para ter-
minar con la guerra”. Bajo este lema hipócrita se emprendió una
amplia campaña por todo el país, despertando en los corazones
norteamericanos las más bajas tendencias de intolerancia, per-
secución y homicidio; colmándolos de venenosa inquina contra
cualquiera que tuviese el coraje de expresar una opinión hon-
rada e independiente. Apaleando, encarcelando y deportando a
aquellos que osaron decir que era una guerra capitalista en busca
de ganancias. Los objetores de conciencia contrarios a quitar
vidas humanas fueron brutalmente maltratados por “maricas”
y condenados a largas condenas de presidio. Hombres y muje-
res que recordaron a sus compatriotas cristianos el precepto del
Nazareno: “no matarás”, fueron califi cados de cobardes y encar-
celados. Radicales que declararon que a la guerra se iba por los
intereses del capitalismo fueron tratados como “crueles extran-
jeros” y “espías enemigos”. Se promulgaron precipitadamente
leyes y leyes para suprimir la libertad de expresión y de opinión.

Castigos horribles se aplicaron a los objetores. Desde el Atlántico
al Pacífi co una turba, borracha de patriotismo asesino, difundía
el terror. Todo el país enloquecía con el frenesí al son del patrio-
terismo. La propaganda militarista difundida por toda la nación
arrastró por fi n al pueblo norteamericano a la carnicería. Wilson
se sintió “orgulloso de combatir”, pero no se sintió orgulloso de
enviar a otros a pelear las batallas de los banqueros, a quienes
servía. “Muy orgulloso de pelear”, pero no muy orgulloso de
ayudar a que la plutocracia norteamericana acuñase oro con las
vidas de setenta mil norteamericanos, muertos en los campos de
batalla europeos.

La “guerra por la democracia”, la “guerra para terminar
con la guerra” hizo patente la más grande farsa de la histo-
ria. En realidad, inició una cadena de nuevas guerras aún no
terminadas.

Y ha sido admitido, hasta por el mismo Wilson, que la gue-
rra no sirvió a propósito alguno, excepto para que el Gran
Capital cosechase grandes benefi cios. Complicó los asuntos
europeos más de lo que lo estaban antes, empobreció a Francia
y Alemania y las colocó al borde de la bancarrota nacional.
Gravó a los pueblos de Europa con enormes deudas, y añadió
cargas intolerables a las clases laboriosas. Los recursos de cada
país fueron casi agotados.

El progreso científico sólo conoció nuevas formas de
destrucción.
El precepto cristiano se comprobó con la multiplicación de
asesinatos y los tratados se fi rmaron con sangre humana.
La Guerra Mundial edifi có fortunas colosales para los amos
de las fi nanzas, y tumbas para los trabajadores.
¿Y hoy? Hoy volvemos a estar abocados a una nueva gue-
rra, mucho más inmensa y terrible que el último holocausto.

Todos los gobiernos están preparándose para ella y empleando
los millones de dólares que extraen del sudor y la sangre de
los obreros, en la maquinaria destinada a la próxima matanza.
Medita esto, amigo mío, y ve lo que el capital y el gobierno
están haciendo por ti, haciendo para ti.
¡Pronto volverán a llamarte para “defender tu patria”!
En tiempo de paz eres esclavo en el campo o en la fábrica,
en tiempo de guerra sirves de carne de cañón. Todo a la mayor
gloria de tus amos.

Y aún te dicen que “todo está bien así”, que es “la voluntad
de Dios”, que esto “debe ser así”.
¿No ves que esto no es, en modo alguno, lo que Dios quiere,
sino las actuaciones del capital y del gobierno? ¿No puedes ver
que esto es así y “debe ser así” sólo porque tú permites a tus
amos políticos e industriales que te engañen y te estafen, y así
ellos pueden vivir en la comodidad y el lujo, gracias a tu duro
trabajo y a tus lágrimas, mientras te tratan de “clase baja”, aun-
que bastante buena para ser sus esclavos?
“Siempre ha sido así” –observas, mansamente.

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miércoles, 19 de abril de 2017

Sobre la guerra y la paz.

Ya llevamos milenos en estado de guerra permanente, los periodos de "paz" son sólo intervalos para preparar de nuevo la guerra.

Se vive la vida como una lucha por la supervivencia, lo que significa en última instancia ser violento y hacer la guerra para poder sobrevivir, estos son los periodos que llamamos "paz".


Che Guevara - Desmitificación

lunes, 17 de abril de 2017

"El capitalismo es poder, no economía". - Raúl Zibechi





La frase pertenece  al dirigente kurdo Abdullah Öcalan, extraída del segundo tomo del Manifiesto por la Civilización Democrática, que tiene como subtítulo La Civilización Capitalista. La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos. La obra, cuya traducción al español verá la luz estos días, forma parte de la defensa del líder kurdo, preso en la isla Imrali, en el mar Negro, en Turquía. El pensamiento de Öcalan es insumiso, no se somete a jerarquías prestablecidas ni acepta dogmas universales. Es el tipo de pensamiento que necesitamos en este periodo de caos sistémico, ya que las ideas heredadas están mostrando escasa utilidad para orientarnos en la tempestad.
De su reciente libro quisiera destacar tres aspectos, aunque no son suficientes para agotar el conjunto de los aportes de la obra. El primero es su crítica frontal al economicismo, una de las peores plagas intelectuales que están parasitando a los movimientos anticapitalistas. Inicia ese capítulo con un potente análisis sobre la propuesta evolucionista que defiende el nacimiento del capitalismo como resultado natural del desarrollo económico. Como se sabe, quienes postulan esa tesis piensan también que el fin del capitalismo será producto de la misma evolución de la economía que lo trajo al mundo. Por el contrario, Öcalan afirma que el capitalismo es hijo de una tradición muy antigua, que se afirma en el poder militar y político para usurpar los valores sociales, hasta convertirse en la formación social dominante en Europa en el siglo XVI. Entre los valores sociales usurpados, destaca la mujer-madre por el hombre-fuerte y el grupo de bandidos y ladrones que le acompañan.

Criticar al economicismo supone, en la misma línea, la crítica del evolucionismo, sea lineal o por saltos. Una sencilla afirmación hecha luz sobre este tema: En las guerras coloniales, donde se realizó la acumulación originaria, no hubo reglas económicas. Se enfoca contra la economía política, a la que considera la teoría más falsificadora que fue creada para encubrir el carácter especulativo del capitalismo.

A lo largo de toda su obra, pero en especial en los apartados sobre el capitalismo, se apoya en Fernand Braudel, con quien coincide en señalar que es la negación del mercado por la regulación de precios que imponen los monopolios.
En este punto aparece el segundo aspecto a destacar, cuando sostiene que el capitalismo no se identifica con la producción ni con el crecimiento económico, porque no es economía. El capitalismo es poder, no economía, asegura Öcalan. Es evidente que existe una economía capitalista, pero el sistema capitalista es un monopolio de poder que se impone desde fuera a la economía, según sostiene en este capítulo esclarecedor. El capitalismo utiliza la economía, pero es el poder, la fuerza concentrada, lo que le permite confiscar el plusvalor y los excedentes.
En consecuencia, considera que la obra principal de Marx, El Capitalfunciona como un nuevo tótem que ya no es útil para los trabajadores, porque delimita el capitalismo al terreno de las leyes de la economía, un punto que comparten todos los reformismos desde hace mucho tiempo.

El tercer aspecto que me parece importante es considerar al Estado-nación como la forma de poder propia de la civilización capitalista. Un breve paréntesis: dice civilización capitalista porque la considera en su integralidad, incluyendo todas las variables articuladas, desde la economía y la cultura hasta la geopolítica y la sociedad. En consecuencia, dice que la lucha anti-estatal es más importante que la lucha de clases; y esto es una suerte de golpe al mentón para quienes nos formamos en Marx. Por eso mismo, afirma que es más revolucionario el trabajador que se resiste a ser proletario, que lucha contra el estatus de trabajador, porque esa lucha sería socialmente más significativa y ética.

En las páginas finales de este tomo afirma que los conflictos en realidad surgen entre conjuntos sociales; entre la sociedad estatal y las sociedades democráticas. En suma, el Estado es uno de los nudos a desatar, no el espacio de llegada de la lucha social.
Va más lejos. Sostiene Öcalan que Estado y poder son cosas diferentes, que el poder contiene al Estado, pero es mucho más que el Estado. En este punto advierte que el pensamiento antisistémico está necesitando investigar a fondo las formas de Estado y en particular el Estado-nación, temas que Marx no pudo o no quiso abordar.
Rechaza la toma del Estado porque pervierte a los revolucionarios y piensa que la crisis del movimiento antisistémico no puede desligarse de la opción estatal. También rechaza el concepto de hegemonía. “La esencia de la civilización estatal –escribe Öcalan– es la hegemonía sobre la sociedad”. Pero la hegemonía implica poder y éste supone dominio, que no puede existir sin el uso de la fuerza.

Es muy interesante que llegue a esta conclusión en franca oposición a pensadores como Gramsci, recuperado por toda una camada de intelectuales progresistas que hacen malabarismos teóricos para separar poder de dominación. Los monopolios de poder (Estados) así como los monopolios económicos (privados o estatales) se imponen sobre la sociedad y la asfixian. Por eso hay que alejarse de esas formas de relación social.

Al final, se comprendió que detentar el poder era lo más reaccionario del capitalismo, contra la igualdad, la libertad y la democracia, pero ya se había producido un importante retroceso, era la misma enfermedad histórica por el poder que había sufrido el cristianismo, escribe en las Conclusiones. Un pensamiento crítico, anticapitalista, anti-estatal y anti-patriarcal centrado en Medio Oriente, formulado desde la resistencia a sus poderosos enemigos.
Es imposible vencer con las armas del enemigo, nos dice Öcalan. Sin embargo, esta sencilla convicción no puede ser aceptada, sin más, como verdad revelada: cada generación deberá descubrir sus verdades con base en la propia experiencia. Por doloroso que sea.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/04/14/opinion/014a1pol

sábado, 15 de abril de 2017

LDD - Mijail Bakunin

Mijail Bakunin fue el prototipo ideal de aventurero romántico, capaz de hacer de su vida un reflejo de sus ideas. Un revolucionario comprometido hasta el último aliento con la cuasa de la emancipación humana. Su imponente figura recorrió el siglo XIX como un ciclón, a toda velocidad. No hubo revuelta, conspiración, barricada que fuese despreciada por este revolucionario ruso, considerado uno de los padres del anarquismo.




jueves, 13 de abril de 2017

Reflexiones sobre el Capitalismo: Revolución industrial e industria militar.






Esta vorágine productivista implementada por el Capitalismo no se puede entender bien del todo si no tenemos en cuenta el periodo que emergió con el cientificismo y la Revolución industrial creada a partir de los avances técnicos y tecnológicos que dieron lugar a la fabricación de armas y tecnología militar para poder hacer la guerra y apoderarse de los recursos naturales de otros países y regiones menos avanzadas tecnicamente, de esta manera se conseguia subyugar a la población y definir un modelo de organización social basada en la acumulación de Capital. 

La Revolución industrial es una consecuencia de la industria de guerra para fabricar armas y no un proceso de desarrollo, progreso y modernización de las fuerzas productivas sociales que ponen en marcha los productores de mercancias autónomos e interdependientes.

La Revolución industrial nace con la industria militar para abacar todas las actividades de producción humanas y destinarlas a la creación de un aparato técnico y tecnológico de control total basado en el dominio de la Naturaleza y el ser humano para someterlo a los designios de quienes controlan la Máquina (Estado) y configuran el sistema de dominación total.

La aceptación y adoración de los líderes, jefes y gurús de todo tipo por las masas es sinónimo de subordinación, y el reflejo de la decadencia y degradación del individuo y la sociedad que necesita ser inexorablemente gobernada y manipulada por una élite de Poder igualmente decadente y degradada que ve en su súbdito al irresponsable e insensato que debe ser dirigido y utilizado en todo momento de su vida.Y por lo tanto también controlado como a un ser menor infantilizado e incapacitdado para tomar sus propias decisiones. De manera que en estas circunstancias el gobernante perverso y ávido de más Poder sea la figura paterna que lo pueda manipular, explotar y matar cuando más le convenga para su interés y beneficio.

Si la supervivencia o en último término la vida está supeditada a la obediencia como forma de conciencia y ésta fomenta la servidumbre, aquella acabará determinando ésta, decidiendo inexorablemente la voluntad del individuo y de la sociedad por unas fuerzas que le son ajenas (hasta cierto punto incomprensibles para una inmensa mayoría) debido a que las condiciones materiales que imponen una conducta de convivencia ya han sido en mayor o menor medida planificadas por esos agentes externos que determinan en general las formas de producción social.

Efectivamente, si la explotación engendra violencia, cuando aquella se legitima y normaliza por la sociedad (a través de sus mecanismos de producción y organización; Capital y Estado), ésta también lo hará para convertirse en forma de convivencia social aceptada y gestionada por los mismos mecanismos que la pusieron en marcha, es decir, el Estado y el Capital.

El constante ambiente de pánico y terror sistemático creado por los medios de comunicación de masas refleja en buena medida la velada declaración de guerra que ha llevado a cabo durante siglos la clase dirigente (gobernantes) contra la clase popular (gobernados) para consolidar y perpetuar la jerarquización como forma de organización social. De manera que la coacción e imposición como fuerza de dominio ejercida por la élite de Poder a sus ciudadanos o súbditos se camufle y normalice en la medida que sea posible con los diferentes grados de voluntad de poder que se dan entre sus miembros.

miércoles, 12 de abril de 2017

"Casas viejas" - José Luis López del Río. (frases)


"Donde hay hambre no hay Ley"

"Queremos Justicia, no caridad"

"Guerra a las instituciones y paz a los hombres"

"Como un caballo encendido la CNT avanza por el mapa de España . Es la hora de la revolución. Los esclavos se levantan."

"Van las leyes donde quieren los reyes"

"Todos los partidos sois iguales, estáis contaminados por la conciencia cangrenosa de los burgueses, anestesiados por la política y el legalismo"

"No hay atajo sin trabajo"

"Miseria para nosotros, cuartos para el Estado"

"Siempre debiendo, ya no sólo al amo sino al tabernero, al tendero y a todos los parásitos"





martes, 11 de abril de 2017

[1º de mayo de 2017] Contra la precariedad, la corrupción y la guerra.

[Por la huelga general indefinida]
La precariedad y la corrupción en España.
El gobierno y los medios de comunicación siguen insistiendo en la progresiva recuperación económica que vive el país. Sin embargo, la tasa de desempleo supera los más de cuatro millones de personas, siendo el trabajo en negro, la precariedad laboral, las rentas de inserción de las comunidades autónomas (RMI en la Comunidad de Madrid), y los ahorros y pensiones de familiares mayores, los soportes que tienen los trabajadores en España para lidiar con la penosa situación que se vive en este país. Los servicios sociales de Madrid se encuentran colapsados y las inversiones en materia social son cada vez menores. Cada vez más dinero va destinado a la externalización de servicios, siendo algunas consecuencias directas la precarización de los servicios sociales, un peor servicio, más gastos para los contribuyentes y el lucro directo de las diversas ONG que viven de la externalización, la precariedad y la exclusión social.
La pobreza infantil en España se ha multiplicado por cinco durante la crisis. Entre 2008 y 2015, el número de niños en situación de pobreza severa ha aumentado hasta más de 400.000. La precarización y la destrucción de los puestos de trabajo han llevado al enorme empobrecimiento de las familias obreras. Esto se traduce en falta de accesos a recursos de los menores, mala alimentación y graves consecuencias para la salud.
Cada día, se siguen ejecutando en España desahucios de familias que no pueden costear las abusivas hipotecas. Se han realizado cientos de miles de desahucios desde que comenzó la crisis, mientras que el gasto en vivienda pública por parte del Estado se ha reducido hasta un 50%. Sin embargo, cientos de miles de viviendas se encuentran vacías. Hasta un 30% de las viviendas vacías en Europa se encuentran solo en España. Hasta tal punto se ha llegado, que, tristemente, una de las primeras causa de mortandad en España es el suicidio.
España es uno de los países con mayor desigualdad dentro de la Unión Europea, oscilando entre la segunda y la quinta posición. Esta brecha, lejos de disminuir, ha aumentado desproporcionadamente a consecuencia de la crisis, polarizando la sociedad. Más de un 30% de la población española vive en riesgo de pobreza extrema por los bajos salarios, el paro y la precariedad laboral. A la contra, el 1% de la población española concentra más riqueza que el 70% más empobrecido. Los políticos juegan su papel promoviendo políticas que refuerzan y protegen la concentración de la riqueza en manos de unos pocos.
Ha quedado más que demostrado, que a los representantes políticos les interesa poco la situación social. Es más, su objetivo al final no es otro que el vivir de las instituciones del Estado. Lo expresó claramente el senador del PP Eugenio Gonzálvez: «que trabajen los gilipollas». Los gilipollas que tenemos que costearles a él y a los empresarios sus sueldos, sus vicios y su nivel de vida. Por supuesto, este señor no va a dimitir de su cargo.
El 23 de febrero se publicó la sentencia de las tarjetas black. En la misma, representantes del PP, PSOE, IU, CC. OO. y UGT, consejeros en Caja Madrid, después de gastarse durante años cientos de miles de euros de dinero público en gastos «de representación», son condenados a penas irrisorias por apropiación indebida. Lo más probable es que ninguno pise la cárcel, bien por la baja condena o bien porque les sobre el dinero.
La trama de la Púnica, es otro de los casos más sonados y con más repercusión mediática en España. En el mismo se han detenido y procesado a decenas de miembros del PP, del PSOE y empresarios por corrupción, pagos de comisiones ilegales y blanqueos a través de un entramado societario. Este caso ha salpicado profundamente a la cúpula del PP de Madrid. Los mismos que luego se llenan la boca de democracia y libertad, y encarcelan a aquellos que luchan contra las injusticias.
La guerra en el mundo
El sistema económico capitalista no hace estragos solamente en España. Diversas guerras sacuden el mundo hoy día. Algunas más mediáticas, otras menos. La mayor parte con justificaciones tales como la defensa de la paz y la promoción de la democracia. Sin embargo, detrás de estos conflicto propiciados por EE. UU., Rusia, China, Irán, la UE en general o Gran Bretaña y Francia en particular, priman los intereses económicos de las grandes multinacionales y los intereses geopolíticos de los Estados, los cuales giran en torno a la construcción de grandes infraestructuras, el control del gas, del petróleo, las reservas de minerales y otros recursos naturales, etc.
Detrás de cada arma, de cada misil, de cada bomba, de cada avión de combate y de cada ejército hay empresarios que se lucran con el negocio de la muerte y el sufrimiento. Un ejemplo en España lo tenemos en el exministro de defensa Pedro de Morenés y Álvarez de Eulate, vinculado a la alta nobleza española y empresario de la industria armamentística.
España es uno de los principales proveedores de armas en el mundo en los últimos 50 años. La excusa es la defensa. Sin embargo, entre sus clientes están diversos países que están involucrados en conflictos contra otros países o en conflictos internos. Algunos de ellos son el Reino Unido, Alemania, Arabia Saudí, Irak, Libia o Venezuela.
En el otro lado tenemos a las centenares o quizás miles de víctimas civiles que mueren a diario a causa de los conflictos armados que sacuden el mundo. Millones de trabajadores que tienen que sortear día a día la muerte, para poder mantener a sus familiares.
 Hay motivos para organizarse. Hacia la huelga general indefinida
 Tanto dentro de las fronteras del mundo occidental como fuera, los trabajadores tenemos que sufrir las miserias a las que somos condenados por empresarios y políticos. Dentro tenemos que sufrir la deslocalización de las fábricas, la destrucción de los puestos de trabajo y el miedo continuo al paro, así como la frustración de no poder alcanzar nunca el nivel de vida que nos intentan vender como el idóneo de cualquier país rico y desarrollado. Todo con el único objetivo de explotarnos, sacar el máximo rédito por nuestro trabajo con el mínimo salario (y si además se ahorran la Seguridad Social, mucho mejor), y jugárselo todo en la bolsa.
Fuera de Occidente, el negocio de la guerra y los intereses imperialistas de multinacionales y Estados mantienen en la miseria a millones de personas en los cinco continentes, sufriendo el hambre y eternas guerras que nunca cesan.
La deslocalización de la industria europea es otra maniobra de la patronal para ahorrar costes en la fabricación y la producción, teniendo a miles de trabajadores y niños en condiciones infrahumanas y de semiesclavitud. Así es como ha hecho su fortuna Amancio Ortega, fundador de Inditex y aplaudido en España como un empresario ejemplar. Vitoreado por los mismos políticos que crean tramas de corrupción para enriquecerse, y por los empresarios que financian a los partidos políticos para que promuevan políticas que defiendan su interés de clase contra los trabajadores.
Ante esta situación, es necesario que los trabajadores nos organicemos para poner sobre la mesa la herramienta más efectiva con la que contamos tanto a nivel local como a nivel internacional, la huelga general indefinida. Para parar las embestidas del neoliberalismo tanto en España como contra las guerras que asolan a los pueblos del mundo por el negocio de unos pocos empresarios y políticos.
Lejos de los sindicatos pactistas, que son parte de los engranajes de la maquinaria neoliberal, tenemos la alternativa de crear y fomentar redes, colectivos y sindicatos de funcionamiento horizontal, asambleario y solidario, que son la mejor herramienta para poner trabas al embiste neoliberal, tanto en el entorno laboral como en el entorno social, y defender y promover nuestros intereses como trabajadores.
NI GUERRA ENTRE PUEBLOS NI PAZ ENTRE CLASES
HACIA LA HUELGA GENERAL INDEFINIDA
POR LA ANARQUÍA

Fuente: https://federacionanarquistaiberica.wordpress.com/

domingo, 9 de abril de 2017

Anarcoestatismo y crecimiento.

El marxismo junto con las corrientes de pensamiento anticapitalistas representadas por la izquierda institucional han dinamitado y absorbido al movimiento libertario y al anarquismo en general. Despojándolo de sus principios basicos esenciales, lo han convertido fundamentalmente en anarco-estatismo, un movimiento descabezado al ir en múltiples direcciones, sin una vía principal en la que confluyan las ideas que concreten una acción realmente efectiva que se oponga directamente al Poder.

El crecimiento ha sido uno de los anzuelos mas eficaces del Capitalismo para atraparnos. La trampa del crecimiento nos ha conducido a un circulo vicioso del que no podemos salir, al permanecer en constante movimiento debido a la inercia de las fuerzas productivas que en su día pusieron en marcha una élite (ávida de Poder) que empezó a enriquecerse acumulando Capital, y después haciéndolo a costa del trabajo de los demás, es decir, del trabajo asalariado con el amparo y protección del Estado (viejo Capitalismo) que garantizaba la acumulación de dinero y Capital por parte de los capitalistas (burguesia o nuevo Capitalismo).

viernes, 7 de abril de 2017

Crecimiento y trabajo asalariado.





El crecimiento ha sido y es un proceso de acumulación de dinero y Capital a partir de la división de la sociedad en jerarquías promovido por el Estado para imponer la fe en la técnica y teconología como sistema de progreso y modernización basado en el desarrollo de las fuerzas productivas que el Capitalismo ha puesto en marcha y que ha servido como trampa para encubrir la falsedad del crecimiento, provocando a medida que ha transcurrido el tiempo desde su creación como sistema de dominación más desiguadad entre los integrantes de la sociedad y por ende más misera y pobreza material y espiritual. 

De modo que la modernización a partir de la técnica y tecnología ha sido y es un engaño para mantenernos en estado de sumisión y anestesiados. La tecnología ha sustituido a la religión como medio de control espiritual que utiliza el Capitalismo para someternos y que incide también en la economía para controlar los procesos de producción que genera el Capital y que atañen a la vida de todos los seres que habitan este planeta, destruyendo su habitat y dañando continuamente los ecosistemas de la Naturaleza que son el sustento de la vida humana, provocando guerras que reproducen las crisis sistémicas generadas por el Estado y el Capital para aumentar constantemente los beneficios económicos y políticos de la élite de Poder.

Si la esfera espiritual atañe a la vida contemplativa y la esfera material a la vida productiva, la prevalencia de ésta sobre aquella configura las sociedades capitalistas de degradación y destrucción en las que nos hallamos inmersos. Por lo tanto la esfera espiritual es la que debe prevalecer sobre la esfera material para que de este modo sea el individuo y la sociedad quien pueda controlar la economía y supeditarla a sus necesidades y no al revés como ocurre en la actualidad, al convertirse los mercados que producen mercancías en entes autónomos que junto con la Banca y el Estado rigen las vidas de los individuos y deciden inexorablemente su futuro.

La adaptación al sistema de dominación o en último término a la sociedad por medio del trabajo asalariado como medio de supervivencia y de realización (en pocos casos) supone una contradicción que parece ser insalvable, a saber, la sensación de inutilidad ante la falta y la imposibilidad de encontrar trabajo y por ende de sustento que tiene el desempleado al quedar al margen de la sociedad empleada. Y que suele provocar también en la inmensa mayoría de los casos un desasosiego y un vacio espiritual permanente que sólo se puede contrarrestar por medio del entretenimiento de los "miedos de manipulación" y el consumo de drogas legales e "ilegales" que nos ofrece constantemente el sistema.




martes, 4 de abril de 2017

Autoridad, tecnología y trabajo.





La civilización ha sido un proceso de domesticación a partir de la obediencia, es decir, del sometimiento a una Autoridad que se ha revelado superior por falta de auto-estima y seguridad en uno mismo.

El paternalismo legitima la Autoridad (élite de poder) a través del Estado para organizar la sociedad, infantiliza al individuo dejándolo en un estado de irresposabilidad para la toma de decisiones que van a ser vitales para su vida y la del prójimo.


Confundir la autoridad de un individuo que posee algún conocimiento que puede ser útil, (por ejemplo como la de un guía) y lo quiere compartir con el prójimo y la Autoridad (por ejemplo como la de un político) que lo quiere imponer en base a sus leyes para subyugar es infantil.

La autoridad no puede convertirse en un fin para dominar sino en un medio para enseñar sin imposición alguna. Toda enseñanza debería ser libre de teorizarla y practicarla por el individuo y la sociedad.


En los países más desarrollodos industrialmente y tecnologicamente (ricos) ha habído una mayor intervención del Estado comparado con los países subdesarrollados que carecen de industria y tecnología (pobres), aquellos padecen en mayor medida las consecuencias del Capitalismo en su versión espiritual y éstos sufren más en su versión material. El Capitalismo se desenvuelve en las dos esferas humanas (espiritual y material), desequilibrando la balanza según le convenga en cada momento para obtener el máximo beneficio posible según las características de cada país, es decir, dependiendo de los recursos naturales y humanos de que dispongan para su explotación y de los factores que lo condicionan para ello, como hemos podido compobrar a lo largo de la historia.

El valor del trabajo de cada individuo en la sociedad capitalista está supeditado por los conocimientos adquiridos y la especialización en base a su formación correspodiente, por lo que recibirirá un salario mayor o menor según la jerarquía social que ocupe. Comparado con el valor del trabajo una sociedad comunista (libertaria), el inidividuo no estaría coaccinado por el Capital, por lo que podría desempeñar un trabajo en base a unos conocimientos que podría aprehender por libre elección, de manera que el valor del trabajo como tal no estaría supeditado al beneficio económico como sucede en la sociedad capitalista. Con lo cual fomentaría la igualdad económica en los distintos ámbitos de trabajo que tuviera que desempeñar en cada momento el individuo ya fuese de mayor o menor formación y capacidad de especialización.

La propaganda es el arte de convencer y persuadir para que una cultura, religión, filosofía, doctrina, costumbre, tradición o moda puedan ser aceptadas y en última instancia impuestas (si es aceptada por la mayoría) como forma de convivencia social, determinando de este modo la voluntad individiual y colectiva.

El anarquismo es una filosofía que trasciende todas las ideologías políticas (ya sean de derecha o izquierda) al cuestionar y poner en duda la Autoridad que legitima el Estado.


domingo, 2 de abril de 2017

Anarquismo en Cuba (1959-1980): castrismo, confrontación, exilio y sombras

                        Castrismo y confrontación (1959-1961)


  
                                              Capítulo IV de "El Anarquismo en Cuba"

Los anarquistas han participado activamente en la lucha contra la dictadura de Batista. Unos desde las guerrillas orientales o las del Escambray, en el centro de la Isla; otros se han unido a la conspiración y la lucha urbana. Sus propósitos eran los deseos mayoritarios del pueblo: liquidar la dictadura militar y la corrupción política, así como dejar un campo más abierto en el disfrute de las libertades, que hacía posible la continuidad ideológica y las actividades en los campos sociales y laborales. Nadie esperaba un cambio radical en las estructuras económico-sociales del país.
En el mencionado folleto Proyecciones libertarias de 1956, donde se atacaba a Batista, también se mencionaba a Castro, el cual no merecía "confianza alguna", [que] "no respetaba compromisos y sólo luchaba por el poder". Fue ésta la razón por la que se establecieron contactos clandestinos más frecuentes con otros grupos revolucionarios. Al triunfo de la insurrección, Castro se había convertido en el líder indiscutible de todo el proceso, por una evaluación incorrecta de la oposición, que lo consideraba como un mal "controlable", necesario y temporal, con su modesto programa socialdemócrata.
Si los libertarios no estaban de acuerdo con la personalidad de Castro, el resto de los políticos, la burguesía y la Embajada yanqui esperaban manipular al vencedor. Por otra parte, la mayoría del pueblo apoyaba sin reservas a Castro en medio de un júbilo sin precedentes. Tal parecía que nos encontrábamos en el pórtico del paraíso, cuando en realidad era la antesala del infierno. Debido a la aparente negativa de Castro a dirigir el gobierno, se creó con su apoyo un "gobierno revolucionario", el cual se dio a la tarea de "ajustar cuentas" a los criminales del gobierno anterior. Se crearon los Tribunales Revolucionarios, que celebraban juicios sumarísimos a "petición popular", que dictaban los fusilamientos o largas condenas de cárcel, restableciendo así la pena de muerte, esta vez por delitos o crímenes políticos. Se creaban las condiciones, esta vez con un precedente legal, con futuras y tristes consecuencias.
En relación al movimiento obrero, desde los primeros días de enero, con la excusa de purgar dentro de la CTC (Confederación de Trabajadores de Cuba) a los elementos colaboracionistas con el régimen anterior, el gobierno revolucionario expulsa arbitrariamente a todos los responsables anarcosindicalistas dentro de los sectores gastronómicos, de transportes, construcción, plantas eléctricas, etc., algunos de los cuales habían hecho una oposición a la dictadura y otros que habían sufrido prisión y destierro, como ya hemos visto antes. Esta medida afecta gravemente a la ya debilitada corriente libertaria, aunque se debe hacer constar que todavía se mantiene dentro del proletariado cubano su prestigio.
A pesar de este hecho, a todas luces injusto, las publicaciones libertarias de esos días, Solidaridad Gastronómica y El Libertario (publicación periódica cubana), reflejan en sus primeras ediciones una actitud favorable, al mismo tiempo que cautelosa y esperanzadora con relación al gobierno revolucionario. Sin embargo, el Consejo Nacional de la ALC lanza un manifiesto donde "Expone, informa y hace juicios a la revolución cubana triunfante", y por el cual, después de explicar la posición de los libertarios contra la pasada dictadura, pasa a analizar el presente y futuro cercano, declarando que "los cambios institucionales", al abrirse una nueva etapa para Cuba, "no entusiasman ni ilusionan", aunque no se niega con cierta ironía la "seguridad de que por algún tiempo al menos, gozaremos de las libertades públicas, bastante a garantizarnos posibilidades de propaganda" (sic). Sigue un ataque certero y cerrado contra el "centralismo estatal" camino, dicen, de llegar a un "ordenamiento autoritario". Se hacen eco de la penetración de la iglesia Católica y del Partido Comunista. Finaliza el documento con una referencia al movimiento obrero, donde de nuevo hace énfasis en la labor del Partido Comunista de Cuba (PCC) "para recabar la hegemonía que [...] durante la otra era de dominación batistiana [...] gozaron" aunque terminan por opinar que esto no ocurrirá y finaliza con optimismo: "El panorama, pese a todo, alienta [...]".
Por otra parte y siguiendo la misma línea, Solidaridad Gastronómica publica el 15 de febrero del 59, otro Manifiesto a los trabajadores y al pueblo en general, donde explica y advierte que aunque al gobierno revolucionario no le fuese posible "[...] poner en tan poco tiempo, en función normal [...] a los organismos obreros [...] es un deber nuestro [...] el que se respete y se ejerciten las normas de libertad y derecho [...]. Es necesario que se convoquen elecciones en los sindicatos [...] que comiencen a funcionar las asambleas [...]". Finalmente deja en manos de los obreros de cualquier sindicato el problema de la "cesación obligada en sus cargos" en relación a sus "[...] diferentes orientadores. Es imprescindible que sean los propios trabajadores quienes decidan la inhabilitación sindical de sus pasados dirigentes, pues de hacerlo de otra forma, sería caer en los mismos procedimientos que ayer [...] combatiéramos".
Sin embargo, este manifiesto que data del 18 de enero de 1959, no tuvo mucha resonancia. La misma publicación, en su editorial del 15 de marzo, condena amargamente "los procedimientos dictatoriales (de la CTCR) [...] acuerdos y mandatos de arriba que imponen medidas, quitan y ponen dirigentes". También acusa a los "elementos incondicionales [...] en las asambleas, que sin ser miembros del organismo sindical, levantan el brazo a favor de una orden de los dirigentes". Entre otras anormalidades y "procedimientos" se cita lo siguiente: "[...] en ocasiones se llenan las salas asamblearias de milicianos armados que constituyen una flagrante coacción, no se respetan los preceptos reglamentarios [...] que se llega a cualquier tipo de procedimiento para mantener el control de los sindicatos". Como se puede apreciar, la batalla por liberalizar al movimiento obrero se estaba perdiendo lamentablemente a pesar de las denuncias de los anarcosindicalistas en ese campo tan importante de la vida económica del país.
La oposición al anarcosindicalismo emanaba directamente del M26J, instigado por los elementos del PCC infiltrados dentro de esa organización que en un principio tomó casi militarmente la dirección de todos los sindicatos de la Isla. Se decía que la medida era temporal, con el objeto de purgar a los elementos más corruptos de la pasada dictadura, hasta celebrar nuevas y libres elecciones sindicales. Como se ha podido comprobar, y como era costumbre en Cuba, lo temporal se convirtió en permanente. Pero ¿de dónde procedían estos elementos sindicales, si era público y notorio que el M26J nunca tuvo en verdad una base sindical, o mejor aun, una simpatía generalizada entre los trabajadores, o siquiera una activa dirección proletaria?
Los dirigentes sindicales revolucionarios procedían en su mayoría de dos campos antagónicos: el sindicalismo de las Comisiones Obreras, que respondían a la política electoral y habían sido enemigos del gobierno anterior y los del PCC. Los primeros respondían a un oportunismo cínico y se prestaban a cualquier manipulación estatal. Los segundos eran en extremo peligrosos, y a pesar de lo borrascoso de su pasado, se notaba ya un apoyo oficial que provenía de lo más alto del gobierno. Ambos sectores se odiaban mutuamente y se prepararon para una lucha abierta por la hegemonía del sector proletario, pero como se verá más adelante, terminaron en una amalgama desastrosa para el movimiento obrero cubano.
En el mes de julio, el Estado cubano estaba ya en sus totalidad en las manos de Castro, así como de sus más cercanos colaboradores, casi todos procedentes de la lucha armada contra Batista. La presencia del PCC era ya notable en altas figuras del gobierno, entre ellas, su hermano Raúl Castro y Ernesto Guevara, ambos de evidente persuasión marxista-leninista. Un hecho de tal envergadura provocó una reacción natural dentro de la política cubana, que se había caracterizado por su anticomunismo. Los anarquistas que habían notado la contingencia, se alarmaron en grado sumo; entendían correctamente que la influencia del PCC dentro de las esferas gubernamentales y sindicales significaba un golpe mortal a corto o largo plazo. Sus pesadillas más siniestras pronto se harían realidad. Por su parte, Castro declaró públicamente no tener ninguna relación con el PCC, pero reconoció la existencia de comunistas dentro de su gobierno, lo mismo que otros personajes de filiación anticomunista.
La situación de estos últimos empezó a hacerse crítica ya a finales del 59. A mediados de ese año los adversarios políticos de Castro, que ya sin duda empezaban a notarse, comenzaron una tímida campaña oposicionista, que entendían era su deber y su derecho, contra lo que llamaban "la infiltración comunista en el gobierno". La respuesta que se les dio fue draconiana. Fueron considerados como sediciosos, "enemigos de la revolución" y "agentes del imperialismo yanqui". Tratados como tal, fueron encarcelados o forzados al exilio. El régimen empezaba a demostrar que para mantenerse en el poder era capaz de las mayores atrocidades. La respuesta violenta de parte de esta oposición, evidentemente minoritaria, fue el sabotaje y hacer explotar algunas bombas. La reacción de Castro fue todavía peor: se restablecieron los Tribunales Revolucionarios que pedían penas de fusilamiento a cualquier encartado por "actos subversivos". Comenzaba un largo terror y contraterror que había de durar por largo tiempo.
La desaparición de Camilo Cienfuegos, un valeroso combatiente de las fuerzas revolucionarias, quedó sumida en el misterio. Camilo era uno de los hijos de Ramón Cienfuegos, un obrero cubano que por los años veinte había militado dentro de las ideas anarquistas. Colaboró con la SIA y participó en la Convocatoria para fundar la ALC, pero después poco o nada se supo de Ramón, el cual evidentemente había echado a un lado sus principios durante la época de Batista. La desaparición de Camilo fue lamentada por todo el pueblo y no faltaron en el extranjero alguno que otro ácrata que considerara a Camilo Cienfuegos como anarquista. La verdad es que Camilo nunca perteneció al anarquismo cubano y de ello hay evidencias. Sin embargo, medio mundo anarquista lloró la pérdida de este revolucionario como si hubiese sido otro Durruti. La propaganda gubernamental se ocupó, en Europa principalmente, de repetir hasta el cansancio la militancia libertaria del Comandante Camilo Cienfuegos, para ganarle adeptos a la revolución cubana dentro del anarquismo internacional. El mito ha llegado a nuestros días... San Camilo Libertario.
Para finales de año se convoca el X Congreso Nacional de la Confederación de Trabajadores de Cuba Revolucionaria (CTCR) donde una mayoría acepta la tesis de "Humanismo", una especie de filosofía que se había creado a principios de año, que decía alejarse de los campos tradicionales del comunismo-capitalismo establecidos por la Guerra Fría y que predicaba las consignas de "Pan con libertad" y "Libertad sin terror". Los cubanos, siempre creativos, habían inventado un nuevo sistema sociopolítico para darle algún tipo de explicación ideológica al nuevo régimen. David Salvador, el máximo dirigente de la facción del M26J, ejercía y fingía como su más denodado adalid. A su vez el PCC, bien representado en dicho Congreso, aunque en evidente minoría, planteaba la añeja consigna de "Unidad".
El 23 de noviembre el Congreso se halla totalmente dividido para tomar acuerdos o elegir una representación. Los anarquistas del ALC ya habían publicado en Solidaridad, el 15 de ese mes, un "llamado al X Congreso", donde insistía en que "Los congresos que veníamos padeciendo desde mucho, tenían como única cuestión de importancia, la distribución de los cargos del aparato". Y finalizaba con una nota de esperanza: "[...] pero sí quisiéramos que [...] marcara un paso de avance en el sindicalismo revolucionario". Y añadía esperanzado: "Que se adentrara profundamente, en las grandes cuestiones del proletariado [...] por encima de personalismos y sectarismos de grupo o partidos [...]". Nada de esto aconteció.
Ante la realidad visible de una parálisis proletaria creada por la evidente división camino del poder, Castro en persona se dirige al Congreso, donde explica la necesidad de "defender la revolución", para lo cual se necesitan "dirigentes verdaderamente revolucionarios" con un liderazgo que sea apoyado por todos los delegados del Congreso y propone a David Salvador para el cargo. La única facción que debe prevalecer es "el partido de la patria", según declara Castro. Y efectivamente, como en los buenos tiempos de la República, que tanto se quiere desechar y olvidar, el gobernante de turno propone al Secretario General de la CTCR como un apéndice o un simple Ministerio del gobierno. El Comité Ejecutivo está compuesto de delegados del M26J y del PCC. El día 25 se da por terminado el Congreso y el líder comunista Lázaro Peña asume el control de la dirección del organismo obrero, aunque la representación nominal la ostente David Salvador.
Era lógico pensar que los representantes sindicales del M26J, que se habían opuesto al control del Congreso y de la CTCR por el PCC, después de escuchar las orientaciones de su "máximo líder", Fidel Castro, con respecto a la dirección obrera, aceptaran sin replicar la imposición del gobierno por la sencilla razón de que las órdenes que emanaban de arriba indicaban que o se cumplían o se iba a parar a la cárcel. "¡Patria o muerte, venceremos!" Terminaba en este Congreso, denominado "el de los melones (verde olivo por fuera -el color del M26J- y rojo por dentro -el del PCC), cerrando casi un siglo de luchas sindicales y por las cuales los obreros habían obtenido algunas ventajas sobre el abuso patronal. Ahora todo esto cambiaba. El Estado se convertiría en pocos meses en el verdadero y único patrón.
Poco conocida fue la visita que realizó el libertario alemán Agustín Souchy a La Habana en el verano de 1960, y menos aún la publicación de un folleto titulado Testimonios sobre la Revolución Cubana que narraba sus opiniones sobre el campesinado y la nueva ley de Reforma Agraria con la que el gobierno castrista pretendía asombrar a medio mundo, empezando por los cubanos. La figura de Souchy era de sobra conocida en los medios libertarios cubanos, desde el año anterior, y conociendo que dicho compañero pensaba viajar a Cuba, Solidaridad había publicado un largo ensayo en varias de sus ediciones, titulado El socialismo libertario, como una forma de aclarar conceptos sociales y como una oculta esperanza de que esas ideas tomaran forma en una nueva sociedad que ya se perfilaba.
Eran momentos difíciles, al igual que todo proceso revolucionario (como en una guerra) en el que el pueblo se debatía entre el miedo, la incertidumbre y la esperanza. Ya al comenzar el año se notaba la provocación de los medios oficiales a través del órgano oficial del castrismo, Revolución, sobre los anarquistas, con acusaciones tan veladas como falsas. Sin embargo, la visita de Souchy, invitado por el gobierno para estudiar y dar a conocer su opinión sobre el agro cubano, llenó de entusiasmo a muchos compañeros, y el escritor alemán fue saludado con júbilo genuino por sus compañeros, en diferentes actos en su honor y una cordial bienvenida por parte de los medios ácratas, el 15 de agosto de 1960.
Como estudioso de los problemas del agro, Souchy había escrito un folleto muy comentado en Europa titulado Las cooperativas de Israel, sobre la organización en dicho país del Kibbutz, motivo por el cual el gobierno cubano esperaba algo similar de Souchy para que avalara su gigantesco programa agrario y como propaganda en los medios anarquistas internacionales. Este no fue el caso. Souchy viajó por toda Cuba con los ojos y el corazón abiertos a todo lo que se le mostraba y a lo que pudo por su cuenta observar. El resultado de su análisis no pudo ser más pesimista. Cuba se acercaba demasiado al modelo soviético; la falta de libertad y de iniciativa propia no podían conducir a otro lugar que al centralismo en el sector agrario. Otro tanto se notaba ya en lo económico. Souchy fue honesto en su inventario total y su folleto titulado Testimonios sobre la Revolución Cubana fue publicado sin pasar por la censura oficial. Tres días después de marcharse de Cuba, la edición total de dicho trabajo fue intervenida por el gobierno castrista por sugerencias de la Dirección del PCC y destruida en su totalidad. Por suerte para la Historia, la editorial Reconstruir en Buenos Aires reprodujo completa la versión original de Souchy en diciembre de ese mismo año, con un excelente prólogo de Jacobo Prince.
En ese mismo verano de 1960, convencidos de que Castro se inclinaba cada día más hacia un gobierno totalitario de corte marxista- leninista, camino del cual se asfixiaba poco a poco la libertad de expresión, comunicación, asociación y hasta de movilización, la mayoría de los componentes de la ALC acordaron, con el eufemismo de otras siglas, lanzar la Declaración de Principios, avalada como la Agrupación Sindicalista Libertaria en junio de ese año y firmada por el Grupo de Sindicalistas Libertarios. La idea de usar este otro nombre se debió a la necesidad de "evitar represalias sobre los miembros de la ALC". El documento, que es vital para entender la situación de los anarquistas cubanos en esa época, tenía como objetivo, además de orientar al pueblo cubano, acusar al gobierno del desastre que se avecinaba y establecer una polémica con los integrantes del PCC, los cuales ya se encontraban en posiciones importantes dentro del gobierno.
La Declaración constaba de 8 puntos en los que atacaba al "Estado en todas sus formas": definía, de acuerdo con las ideas, la función de sindicatos y federaciones en su verdadera actividad económica; declaraba que "la tierra" debía pertenecer "al que la trabaja", respaldando "el trabajo colectivo y cooperativo" en contraste con el centralismo agrario propuesto en la Reforma Agraria gubernamental; hacía énfasis en la educación colectiva y libre de la niñez, lo mismo que la cultura; luchaba contra el nacionalismo, el militarismo y el imperialismo, a los que consideraba nocivos, oponiéndose de plano a militarizar al pueblo; atacaba sin temores el "centralismo burocrático" y rompía lanzas en pro del "federalismo"; proponía como recurso inmediato la libertad individual "en vías de lograr una libertad colectiva"; y finalmente declaraba que la revolución cubana era como el mar, "de todos", y condenaba enérgicamente "las tendencias autoritarias que bullen en el seno mismo de la revolución".
No cabía duda de que era uno de los primeros ataques directos que desde el punto de vista ideológico se le hacían al régimen. La respuesta, sin embargo, no tardó en llegar. En agosto, el órgano del PCC Hoy, con la firma del Secretario General Blas Roca, el dirigente de más categoría dentro de los cuadros comunistas, respondió a la declaración de los libertarios de forma violenta usando las mismas falacias que en 1934, y agregando la peligrosa acusación de que sus autores eran "agentes del Departamento de Estado Yanki". Según uno de los autores de la Declaración, Abelardo Iglesias "[...] por fin el ex amigo de Batista [...] Blas Roca, nos contestó en el suplemento dominical [...] colmándonos en su respuesta de insultos e injurias". Era más interesante y significativo que en un ataque al gobierno de Castro, fuera el dirigente de más alto nivel del PCC el que saliera a responder por el régimen. En aquel verano de 1960 pronto se empezaron a aclarar las dudas.
Desde ese mismo instante, los anarquistas que eran enemigos del régimen tuvieron que sumergirse en la clandestinidad. Se hace un intento por establecer una polémica en relación a la respuesta de Roca, "pero" según Iglesias "no logramos que nuestros impresores, ya aterrorizados por la dictadura, accediesen a imprimirla. Tampoco nos fue posible la edición clandestina". Se trataba de un folleto de 50 páginas donde se le daba la debida réplica al PCC y a Roca. Un mes antes El Libertario dedicaba su número del 19 de julio, a celebrar "La heroica actitud de los anarquistas en julio de 1936". Los componentes de la delegación de la CNT en La Habana, entusiasmados por el triunfo revolucionario, se habían propuesto derrocar a Franco de forma violenta. En ese mismo número, dedicado enteramente a defender la actitud libertaria antes, durante y después de la Guerra Civil española, en su última página y casi de forma patética, se hace un recuento de las actividades de la ALC y "la lucha contra la dictadura de Batista". El inventario es largo y le recuerda al gobierno el aporte de los anarquistas cubanos a favor de la revolución y la libertad. Se recurría ya a los últimos cartuchos ideológicos. El Libertario desaparecía en ese mismo verano.
Los elementos más aguerridos dentro del anarquismo cubano tienen pocas opciones a su favor. Después de la Declaración ya saben que van a ser acosados por los ciegos servidores del régimen, que convertidos en verdaderos sicofantes, se dan a la tarea de delatar a cualquier cubano que no esté de acuerdo con el proceso. Una acusación de "contrarrevolucionario" es un pasaje a la cárcel o un viaje al paredón de fusilamiento. Las razones que adujeron los libertarios entonces para oponerse al terrorismo de Estado de forma violenta, son tan válidas hoy como ayer. El anarcosindicalismo dentro de los sindicatos y federaciones, como ya se ha visto, pasó a mejor vida. No había espacio para ejercer la libertad de prensa ni hacer propaganda a favor de las ideas. Atacar al régimen era un crimen de lesa patria. La política económica del régimen conducía a la sovietización de Cuba con todas sus consecuencias negativas. Se perseguía con un rigor no conocido a todo aquél que propusiera otras ideas que no fueran las que emanaban del Estado, domicilio y residencia, a donde habían ido a parar todas las grandes propiedades, comercios, fincas, centrales azucareras, vegas de tabaco, en fin, toda la riqueza del país, en manos hasta esos momentos de la alta burguesía, el capitalismo nacional y la banca cubano-norteamericana.
Estas medidas de "nacionalización" o expropiación no fueron criticadas por los libertarios. A lo que se oponían, según la mencionada Declaración, era a la estatalización de todas las riquezas de Cuba en manos de Castro y el PCC. Había entonces que tomar el duro camino de la clandestinidad o el exilio para empezar a luchar de nuevo contra una nueva y poderosa dictadura, que como explicara Casto Moscú "[...] nos convencimos de que todos los esfuerzos de nuestro pueblo y los nuestros se habían perdido y que nos llegaba un proceso muy difícil y peor que todos los males que habíamos combatido". Ante una situación de corte totalitario, la gran mayoría de los anarquistas cubanos acordaron rebelarse e iniciar una lucha que estaba condenada desde el primer día a ser un fracaso rotundo.
De lo que podemos considerar como "nuestras actividades opositoras" de ese período, se encuentra en un boletín clandestino titulado Movimiento de Acción Sindical (MAS), que circulaba por toda la isla y el extranjero. MAS reflejaba en sus pocos números (mensual desde agosto a diciembre de 1960) un ataque sin cuartel a Castro en particular y al PCC y sus seguidores en general, dentro del sector obrero y político de Cuba. Según relata Moscú, "se editaron infinidad de manifiestos denunciando la falsedad de los postulados de la revolución castrista y convocando al pueblo a la oposición. Se celebraban reuniones para debatir temas y hacer conciencia de la desgraciada realidad que se confrontaba", y se "llevaron a efecto planes de sabotaje sobre objetivos básicos de sostenimiento del Estado [...]"
Metidos ya de lleno en la lucha armada, según Moscú, "se participó en la cooperación para sostener algunos focos guerrilleros existentes en diferentes partes del territorio [...]". En particular, en dos guerrillas importantes en la misma zona, donde se operaba con gran dificultad debido a que la Sierra Occidental no era muy alta, la provincia estrecha y estaba muy cerca de La Habana. "Existió un contacto más directo con la guerrilla del Capitán Pedro Sánchez en San Cristóbal, pues compañeros nuestros participaron activamente en esta guerrilla [...] se les suministró algunas armas. [...] Con la guerrilla que comandaba Francisco Robaina (Machete) que operaba en la misma Cordillera, les fuimos solidarios en todo lo que nos fue posible [...]". El compañero Augusto Sánchez, combatiente en estas guerrillas, fue asesinado después de haber sido hecho prisionero. Considerados como bandidos por el gobierno, en muy pocos casos se les respetaba la vida a cualquiera que se rindiera.
Siguiendo el relato de Moscú, además de ser ultimado Augusto Sánchez, fueron asesinados los siguientes "compañeros combatientes: Rolando Tamargo y Ventura Suárez, fusilados; Sebastián Aguilar hijo, asesinado a balazos; Eusebio Otero apareció muerto en su habitación; Raúl Negrín, acosado por la persecución, se suicidó dándose fuego". Por otra parte, además de Moscú, fueron detenidos y condenados a penas de prisión los siguientes compañeros: Modesto Piñeiro, Floreal Barrera, Suria Linsuaín, Manuel González, José Aceña, Isidro Moscú, Norberto Torres, Sicinio Torres, José Mandado Marcos, Plácido Méndez y Luis Linsuaín, oficiales estos dos últimos del Ejército Rebelde. Francisco Aguirre murió en prisión; Victoriano Hernández, enfermo y ciego por las torturas carcelarias, se suicidó; y José Alvarez Micheltorena murió a las pocas semanas de salir de prisión.
La situación de los libertarios se hacía cada día más tensa. La fallida invasión por Playa Girón en la Bahía de Cochinos, al sur de Cuba, aventura tan bien financiada como mal planeada por la Central Intelligence Agency (CIA), condujo a la liquidación total de la oposición interna contra el gobierno en la que se encontraban los libertarios y la consolidación del régimen castrista en Cuba. El Primero de Mayo de 1961 Castro declaró a su gobierno, socialista, en realidad de corte estalinista, planteándoles a los libertarios, fuera y dentro de Cuba un dilema de corte ético. El régimen exigía la adhesión más decidida de sus simpatizantes y militantes. No existía el derecho a la abstención o a cualquier posición neutral. Se dormía con los criminales o te mataba el insomnio.
En otras épocas se había atenuado la tormenta con relativo éxito tomando otros caminos que no eran el exilio forzoso. En el siglo pasado se podía optar políticamente por los insurrectos o mantenerse a la deriva ante el despotismo español; cuando Machado o Batista, los libertarios podían declararse antipolíticos o pasarse a la oposición más afín al ideario anarquista, revolucionarios de izquierda y sectores liberales o socialdemócratas. La Tercera República presidida por un dictador en ciernes no ofrecía otras alternativas que agruparse bajo su control o escoger entre tres opciones: la cárcel, el paredón o el exilio. Unos pocos días antes de declararse Fidel Castro "marxista-leninista" ocurre en La Habana un hecho sin precedentes en la historia del anarquismo en Cuba.
Manuel Gaona Sousa, autor de un documento titulado Una aclaración y una declaración de los libertarios cubanos, fechado y firmado en Marianao el 24 de noviembre de 1961, con el propósito de difamar a aquellos libertarios que no coincidían con su devoción revolucionaria, y con el "ruego" de que fuera publicado en la Prensa Libertaria, fue el creador de una enorme calumnia contra sus antiguos compañeros, a quienes les acarrearía unas consecuencias funestas. Gaona Sousa, antiguo obrero ferroviario de los tiempos de Enrique Varona y la COCN, militante libertario toda su vida, fundador de la ALC, en los primeros años del castrismo ocupaba el Secretariado de Relaciones, y como tal, tenía en su poder las comunicaciones con todo el aparato propagandístico anarquista en el exterior. Con Gaona no existían dudas, era un compañero que se había identificado con el castrismo desde los primeros momentos, a pesar de la opinión generalizada entre los más destacados militantes de dudar o darle un tiempo al gobierno castrista.
Pasados los primeros encuentros y confrontaciones con los sectores más estalinistas del PCC, se entendía entre los componentes de la ALC que el régimen, camino hacia el totalitarismo, no iba a permitir la existencia de una organización anarquista o siquiera la prédica de las ideas. El PCC, por su parte, exigía un necesario ajuste de cuentas. Gaona prefería pasarse al enemigo con armas y bagajes, echando a un lado sus ideales antes que mantenerse junto a sus compañeros, ahora en desgracia. Hasta esos momentos Gaona era libre de escoger su camino. Aquellos que han cambiado de opinión con respecto a las Ideas, han abundado en el campo libertario en cualquier latitud y tiempo. Gaona no era un fenómeno peculiar.
El abandono de algunos responsables de la militancia anarquista tampoco era nada nuevo. Personajes con tanta o más responsabilidad que Gaona dentro de la organización, habían cambiado sus ideas sociales por la política electoral cubana, por ejemplo, los casos de Enrique Messonier al Partido Liberal en 1901; Antonio Penichet al Partido Auténtico a principios de la década de 1930 y Helio Nardo al Partido Ortodoxo a finales del 1940. Estas actitudes no fueron nunca consideradas como una traición por la mayoría de la militancia libertaria. Simplemente creían que estos ex compañeros tenían libertad para escoger su destino político y nunca fueron anatemizados. Además, en esencia no cambiaron los principios en que fueron formados originalmente, ni se asociaron a partidos políticos de la extrema derecha o de corte reaccionario o religioso. Ese no fue el caso de Gaona.
Este sujeto, no sólo se hizo solidario con las fuerzas más nefastas que gobernaran en Cuba y con sus antiguos enemigos del PCC, sino que también amenazó con denunciar a los ex compañeros que no coincidían con su postura seudorevolucionaria, ante los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), de reciente creación, como "agentes del imperialismo". Pero lo más deleznable fue el hecho de haber sido capaz de coaccionar a algunos ancianos anarquistas como Serra y Bretau para hacerlos cómplices de su infamia. A través de un documento en que trataba de "aclarar" ante los anarquistas del exterior lo que Gaona consideraba "[...] una insidiosa campaña que se realiza a través de la prensa libertaria de ese país [...]" (sic) refiriéndose en general a "[...] México, América Latina y el Mundo contra la Revolución Cubana [...]" con la idea de una "[...] colecta de dineros para los presos libertarios cubanos y... sacar del país a los perseguidos y sus familiares". Aquí es necesario anotar que este párrafo es lo único cierto de este documento en lo relacionado a la colecta de fondos y sus propósitos humanitarios.
Continúa el documento condenando a lo que considera "[...] una patraña, irresponsabilidad y mala fe [...]" por parte de sus ex compañeros, ahora en el exilio, o asilados en alguna embajada. Esta maniobra de "recolecta de fondos" y apelando a lo que Gaona se refiere como el "momento histórico que nos ha tocado vivir", la emprende con una cantidad de falacias o simples mentiras contra sus compañeros en desgracia. El primer acápite lo dedica a garantizar que no existe en toda la Isla "[...] un solo compañero libertario detenido o perseguido por sus ideas [...]". A menos que Gaona haya expulsado a todos los anarquistas de la ALC y disuelto dicho organismo, lo antes citado es falso, como hemos probado con anterioridad.
En el segundo párrafo declara mendazmente que no existe ningún tipo de persecución política o religiosa en Cuba, complicando sin mucha habilidad a los invasores presos de Playa Girón con toda la oposición a Castro que, por supuesto incluía a los libertarios. Reconoce, eso sí, que existe una "extrema vigilancia del pueblo a través de los CDR -uno en cada cuadra- contra los terroristas [...]". Justifica sin muchos miramientos el Terror del Estado creado por el castrismo contra la población a través de un comité de informantes al servicio de la temida Seguridad del Estado. Implica de esta manera que cualquier ciudadano que no respalde el proceso revolucionario, es un traidor, y por lo tanto, debe ser denunciado.
Miente Gaona cuando declara que "[...] casi la totalidad de la militancia libertaria de Cuba se encuentra integrada en los distintos "Organismos de la Revolución Cubana (sic) [...]". Y cita todas estas organizaciones llamadas de "masas". Y se ufana en decir que la "integración" de esta militancia "[...] es la consecuencia de la plasmación [.,.] de todos los objetivos inmediatos de nuestro programa [...] y la razón de existir del Movimiento Anarquista Internacional y del Movimiento Obrero Revolucionario". Aquí se aprecia cabalmente la intención y dirección del documento. Según Gaona, los anarquistas se integran -espontáneamente- al despotismo castrista, por haber sido ése el objetivo de todas las luchas sociales de más de un siglo. Pero Gaona va más allá y nos indica que ésa ha sido la agenda y propósito de todos los anarquistas del mundo.
El párrafo quinto no pasa de ser otra cosa que una falacia propagandística con el peor estilo político concebible, lleno de envidia y malas intenciones, con la evidente idea de confundir a los anarquistas de extramuros en relación al Estado terrorista creado en Cuba. Finaliza el documento con una exhortación al resto de los compañeros fuera de Cuba, "para [...] no ser sorprendidos por las mal intencionadas y mentirosas informaciones que reciban de quien [...] al servicio consciente o inconsciente, de la contrarrevolución cubana, se empeñan en mantenerse sordos y ciegos ante las realidades [...] de la más progresista, democrática y humanista de las Revoluciones de nuestro Continente". Declara muy serio Gaona, que hay que apoyar al castrismo y "tomar las armas" para su defensa, declarando "traidores y cobardes" a los que, "pretextando diferencias o sectario rencor", se opongan a tan bello sueño. Después de consolidada, "la Revolución podrá polemizarse, ahora sería negativo, porque estaríamos sirviendo al enemigo común".
Este documento ha sido casi reproducido en este trabajo con la idea de que se entienda lo que más adelante aconteció y sus siniestras consecuencias. Gaona, al final de su vida, traicionó a sus compañeros, pero peor aún, coaccionó vilmente a cinco antiguos miembros del anarquismo cubano, algunos ya octogenarios y enfermos, para que firmaran y avalaran esta declaración monstruosa que negaba precisamente todos los principios libertarios en Cuba y fuera de ella. Vicente Alea, Rafael Serra, Francisco Bretau, Andrés Pardo y Francisco Calle (Mata) firmaron el documento junto con otras 16 rúbricas que poco o nada tenían que ver con el anarquismo en Cuba. Muchos libertarios aún en la Isla se negaron a tal vileza y fueron considerados como enemigos, teniendo que abandonar tarde o temprano el país, entre ellos uno de los más destacados intelectuales de Cuba, que de haberse quedado al servicio del despotismo y firmado el documento de Gaona, hubiese recibido todos los honores que un verdadero anarquista no tuvo nunca por parte de nadie, Marcelo Salinas. Atrapados quedaron muchos en provincias que también se negaron a avalar este documento que tanto daño habría de hacer en el futuro inmediato.
Manuel González y Casto Moscú, involucrados en el trasiego de armas y propaganda, fueron detenidos al ser registrado, primero el local de la ALC en Jesús María, y después el automóvil en que viajaban estos dos compañeros. Conducidos a un local de Seguridad del Estado y temiendo ser fusilados, pena común en esos años para cualquier contrarrevolucionario, fueron puestos en libertad por una orden directa de un Capitán de este departamento, que según les comunicó, conocía la labor de los libertarios dentro del movimiento obrero, mencionando con orgullo su conocimiento de Serra y Salinas en tiempos pasados. González y Moscú no perdieron mucho tiempo y de la cárcel se trasladaron directamente a la Embajada de México, en la que fueron acogidos casi sin trámites. Ambos marcharían al exilio vía México y se reunirían con sus compañeros en Miami.

Exilio y sombras (1962-1980)

Capítulo V de "El Anarquismo en Cuba"
Aunque ya a mediados de 1960 algunos anarquistas, comprometidos o no con la oposición violenta, habían marchado al destierro, no fue hasta el verano de 1961 en que colectivamente se inició el éxodo en dirección a los EE.UU. No era la primera vez que los anarquistas se refugiaban en este país. Ya desde el siglo pasado, como se ha comprobado, Tampa, Cayo Hueso y Nueva York habían sido los lugares escogidos por estos perseguidos, donde tenían mejor oportunidad de ganarse el sustento que en cualquier otro sitio, además de la cercanía necesaria para continuar la lucha. Durante las dictaduras de Machado y Batista el exilio había marchado a los mismos lugares; existían además contactos con otros grupos de anarquistas residentes en los EE.UU.
Las leyes de inmigración de los EE.UU. se habían endurecido contra los anarquistas durante los años veinte, y todavía eran vigentes como recuerdo a una persecución injusta por parte de las autoridades norteamericanas que les impedían la entrada al país a los ácratas extranjeros. Ignoramos cómo el Departamento de Justicia de los EE.UU. hizo una excepción con los libertarios cubanos. Suponemos que se consideraba equivocadamente a éstos como enemigos de sus enemigos y, por lo tanto, aliados potenciales. Lo cierto fue que, preguntados casi todos los nuevos refugiados por su filiación política, ningún libertario negó su condición de tal, y curiosamente se les permitió la entrada y residencia en los EE.UU. como paróleos, es decir, temporalmente.
Por otra parte, y como en casos anteriores, era raro encontrarse por esos años a algún refugiado cubano que pensara permanecer en este país por mucho tiempo. Todos los recién llegados, incluidos los libertarios, estaban convencidos de que el retorno era cercano y se planeó una estrategia anticastrista a corto plazo, lo que constituyó un visible error de cálculo. En el verano de 1961, en Nueva York quedó constituido formalmente el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE) por un grupo no muy numeroso de anarquistas exilados en esa ciudad. Por esas mismas fechas y con el mismo propósito, se organizó en Miami otro grupo libertario, entre los que se encontraban Claudio Martínez, Abelardo Iglesias y Rolando Pinera entre otros, y que fue conocido como la Delegación General. La llamada Sección de Nueva York, casi todos procedentes del Sindicato Gastronómico, estaba compuesta por Juan R. Alvarez, Floreal y Ornar Diéguez, Bartolo García, Fernando Gómez, Manuel Rodríguez y Juan Fidalgo. Este último estableció los primeros contactos con los libertarios españoles radicados en Boston a través del compañero Gómez, agrupados en el Club Aurora. Funcionaba también por aquellos años otro grupo de españoles en Nueva York orientados por J. González Malo, alrededor de un antiguo vocero ácrata, Cultura Proletaria, con los cuales se inició una relación amistosa.
Pero, sin lugar a dudas, la cooperación y la solidaridad que principalmente recibieron los libertarios procedía del grupo anarquista llamado Libertarian League (Liga Libertaria), orientados por Sam Dolgoff y Russell Blackweil. Este último había sido combatiente en la Guerra Civil española y tenía una notable responsabilidad dentro del anarquismo norteamericano, a pesar, o quizás por eso mismo, de su procedencia trotskista. Sam Dolgoff era en esos momentos una de las figuras más respetadas en los medios ácratas de Norteamérica y poseía una larga trayectoria revolucionaria, además de ejercer gran influencia dentro de la llamada izquierda norteamericana. Siempre a su lado y a veces al frente, no podemos olvidar a su compañera Esther Dolgoff, mujer dedicada desde su juventud a la lucha social y a la libertad del proletariado en los EE.UU. En este grupo, además colaboraba Abe Bluestein, otra figura que también se identificó con los cubanos. Este sector anarquista había fundado en 1954 la citada Liga Libertaria, y tenía como vocero un boletín llamado Views and Comments. Sin la colaboración de todos los componentes de esta asociación anarquista, la labor de los cubanos hubiera sido mucho más difícil.
En agosto de 1960 se había publicado en Santiago de Chile un panfleto de 16 páginas firmado por la Federación Anarquista Internacional titulado Manifiesto de los anarquistas de Chile sobre la Revolución Cubana ante los imperialismos yanqui y ruso, donde denunciaba el castrismo por primera vez a nivel hemisférico y que coincidía plenamente con el documento que se había originado en La Habana publicado por los libertarios. Este trabajo, que es poco conocido debido a la pobre distribución que tuvo y al sabotaje de que fue víctima por parte de los marxistas chilenos, ya dejaba aclarada la posición de los anarquistas con respecto al castrismo. El Manifiesto quedó enterrado en las sombras del misterio.
Ya por esa época se iniciaron las colectas entre los compañeros anarquistas de los EE.UU., México, Chile, Argentina y casi toda Europa con el objetivo de conseguir visas y pasajes para sacar a sus compañeros comprometidos dentro de Cuba y/o a sus familiares. Las condiciones de vida por esos años para los enemigos del régimen son inenarrables, sobre todo para los que tuvieron que sufrir el presidio político más feroz que conoció Cuba. Tuvieron que adaptarse a condiciones infrahumanas y soportar las torturas de que a diario eran víctimas a manos de sus verdugos, cubanos como ellos y en nombre del socialismo. La idea de escapar de esa gran mazmorra que era Cuba se convirtió en una obsesión para todos los cubanos.
Las colectas que se hicieron en ese mes de agosto sumaron un total de $2.088, cantidad considerable en esos años, y fue el detonador que produjo la explosión del documento de Gaona (DDG) en diciembre. Estos fondos, según la contabilidad que llevaba el tesorero del MLCE, Claudio Martínez, de acuerdo con los archivos existentes, provenían de varias fuentes; por ejemplo, citamos los componentes del Freie Arbeiter Stimme (La Voz Libre del Trabajo), una publicación anarquista en Yiddish de Nueva York donaron $425.
La Kropotkine Branch, una organización libertaria con sede en California, cuya sección neoyorquina se denominaba Workermen's Circle, aportó $300. De la Argentina se enviaron $601,30 recolectados por la SAI. A modo personal colaboraron: H. Rüdiger, de Estocolmo, con $387,80; André Germain en Chile envió $42,00; Souchy, de Alemania, $55,00; Luis Mercier, de Francia, $50,00 y de Holanda, aclarando que la donación era por motivos humanitarios y que su simpatía se mantenía con la revolución cubana, A. de Jong enviaba $144,78. Comenzaba la confusión europea con relación a los anarquistas cubanos y el gobierno de Castro.
Esta colecta sirvió para traer a los EE.UU. a más de 66 personas entre compañeros y familiares, al mismo tiempo que se empezaba una campaña de divulgación contra el régimen marxista-leninista que azotaba a Cuba. Para asombro de los anarquistas cubanos, este éxito económico inicial que debería ser continuado con un gesto solidario por parte de los que conocían el problema cubano, encontró dificultades en desarrollarse. En el aspecto económico ya para mediados de 1962 el MLCE había establecido un sistema de cuotas entre sus miembros de $2,00 mensuales, que cubría los gastos más apremiantes, entre los que había el de "ayuda a los compañeros" recién llegados y el de la "campaña pro presos". Esta última actividad requería la ayuda solidaria de los compañeros en América Latina y Europa.
Condenados a penas de 20 años se encontraban presos en las cárceles cubanas Isidro Moscú y Plácido Méndez. Suria Linsuaín cumplía una condena menor, pero su hermano Luis estaba condenado a muerte por tratar de ejecutar a Raúl Castro. Mientras se ayuda a los primeros, el MLCE acordó movilizar la opinión anarquista internacional para salvarle la vida a Luis, por todo lo cual se activó la correspondencia con el exterior con ese propósito. Pero inevitablemente llegó la hora de la confrontación con ciertos sectores del anarquismo internacional que se negaban a aceptar que la revolución cubana comenzaba a convertirse en un sistema totalitario que perseguía, encarcelaba y fusilaba a sus compañeros cubanos. Los libertarios desde Nueva York y Miami aducían las razones que entendían eran correctas desde el punto ético de la filosofía ácrata en contra del sistema establecido que evidentemente los perseguía. Y por supuesto, aportaban pruebas al respecto.
Por otra parte, el DDG ya empezaba a circular en casi todos los medios anarquistas a que tenían acceso sus autores, reforzados más adelante por todas las agencias internacionales al servicio del marxismo internacional, desde Moscú hasta Sidney. Por su parte, los miembros del MLCE en 1962, iniciaron su campaña propagandística con la publicación de un Boletín de Información Libertaria (BIL), recibiendo la solidaridad más desinteresada y espontánea a su causa por parte de Views and Comments, en Nueva York, y el apoyo de la Federación Libertaria Argentina por un acuerdo de su V Congreso celebrado en Buenos Aires, con su órgano de información Acción Libertaria. Tanto los compañeros argentinos como los norteamericanos respondieron desde el primer momento al reclamo de los cubanos exiliados y nunca les faltó a éstos durante todos los años difíciles por venir de ese apoyo solidario. Los anarquistas cubanos no estaban solos.
La información, o mejor, la confusión internacional en el caso cubano dentro del campo anarquista, la inicia el aparato propagandístico del régimen cubano con enormes recursos, talento, imaginación y mucha habilidad política como respuesta al ataque que desde el exterior le hacen los anarquistas, precisamente dentro de un territorio ideológico que el marxismo había manipulado con resultados exitosos desde la Guerra Civil española. La llamada izquierda consistía en una serie de sectores políticos, sociales y hasta religiosos que atacaban constantemente al capitalismo, al militarismo, la burguesía y a la religión organizada. La entrada de esta guerra política del régimen castrista, declarado como socialista, aportaba toda la experiencia que tenían los medios de propaganda cubanos, heredados de la incipiente sociedad de consumo que habían exportado los norteamericanos a Cuba en la década de los años 50, y que secundados por los métodos represivos más sofisticados, resultaron ser los dos factores más eficientes del sistema y los de más larga duración, razón principal de la consolidación y durabilidad del régimen.
Por supuesto que los medios de propaganda castrista usarían hasta el cansancio y en los más remotos lugares del planeta, el DDG para probar que la propaganda anticastrista-anticubana la llamaban y la llaman, confundiendo al sistema político con el país- era producto de un grupo de ex anarquistas al servicio de los peores intereses. Pero primero era necesario desacreditar a los libertarios cubanos fuera de Cuba y después acusarlos como "agentes de la CÍA, proxenetas, traficantes de drogas, batistianos" y muchos otros epítetos, comunes en la retórica de Agiprop marxista con relación a sus enemigos. Se difundió el DDG en todos los medios libertarios a que tuvieron acceso, y de este modo crearon la confusión primero y la duda después con relación al MLCE.
Por supuesto que esta maniobra era de esperar. Lo que realmente sorprendió a los miembros del MLCE fue la reacción del movimiento anarquista a nivel mundial. Al principio del exilio los libertarios cubanos creyeron en la justicia de su causa. Después de aportar pruebas al respecto y recibir la solidaridad de norteamericanos y argentinos, pensaron -erróneamente por cierto- que siendo justo el reclamo contra el castrismo, la solidaridad internacional se produciría natural y espontáneamente, como en el caso español del franquismo. No aconteció de este modo. Surgieron las primeras dudas en diferentes grupos radicados en México, Venezuela, Uruguay, Francia e Italia. Estas dudas eran inicialmente comprensibles con relación al proceso revolucionario que se estaba llevando a cabo en Cuba, más aún si se tiene en cuenta que estos mismos compañeros cubanos, ahora en el exilio, habían apoyado en sus inicios el sistema revolucionario.
No cabía dudas de que el DDG empezaba a hacer daño, y aunque el MLCE tenía conocimiento de dicho pronunciamiento, poco se hizo para rebatir su contenido, pensando de forma equívoca, que nadie le prestaría atención a tales calumnias y falacias. La estrategia era la de atacar al castrismo, el único enemigo en términos políticos. Esto fue otro error. Por esos años también se planteó, y se sigue todavía exponiendo, la convergencia de criterios entre la política del Departamento de Estado Norteamericano y la estrategia sostenida por el MLCE por esos años. Una de las acusaciones más calumniosas de los agentes de Castro contra los libertarios era precisamente la de estar "siguiendo la línea política del imperialismo contra Cuba".
Nadie ha negado nunca esta coincidencia de criterios, que fue y hasta cierto punto sigue siendo cierta. Pero para cualquiera que haya leído algo de la historia de las ideas anarquistas y la de sus militantes, se encontrará con coincidencias parecidas en distintos países y diferentes partes del planeta y que incluyó a la burguesía, el Partido Comunista, el Servicio Secreto Inglés y hasta al Vaticano. Cuando el enemigo es común, cualquier tipo de acercamiento a otros sectores que poco tienen en común con las ideas, es parte de cualquier agenda política. Pero una cosa es coincidir y otra ponerse bajo la égida de otros sectores que nada tienen que ver con las ideas anarquistas y/o negociar los principios. En realidad esto nunca ocurrió.
Frank Fernández
Fuente: http://www.portaloaca.com/historia/historia-libertaria/3592-anarquismo-en-cuba-1959-1980-castrismo-confrontacion-exilio-y-sombras.html