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jueves, 31 de diciembre de 2015

Para una crítica de la violencia - Walter Benjamin.







La crítica de la violencia es la filosofía de su historia. La “filoso-
fía” de esta historia, en la medida en que sólo la idea de su desenlace
abre una perspectiva crítica separatoria y terminante sobre sus datos
temporales. Una mirada vuelta sólo hacia lo más cercano puede
permitir a lo sumo un hamacarse dialéctico entre las formas de la
violencia que fundan y las que conservan el derecho.

La ley de estas oscilaciones se funda en el hecho de que toda violencia conservadora
debilita a la larga indirectamente, mediante la represión de las fuerzas
hostiles, la violencia creadora que se halla representada en ella. (Se han
indicado ya en el curso de la investigación algunos síntomas de este
hecho.) Ello dura hasta el momento en el cual nuevas fuerzas, o aque-
llas antes oprimidas, predominan sobre la violencia que hasta entonces
había fundado el derecho y fundan así un nuevo derecho destinado a
una nueva decadencia. Sobre la interrupción de este ciclo que se
desarrolla en el ámbito de las formas míticas del derecho sobre la
destitución del derecho junto con las fuerzas en las cuales se apoya, al
igual que ellas en él, es decir, en definitiva del estado, se basa una
nueva época histórica. Si el imperio del mito se encuentra ya quebran-
tado aquí y allá en el presente, lo nuevo no está en una perspectiva tan
lejana e inaccesible como para que una palabra contra el derecho deba
condenarse por sí.

Pero si la violencia tiene asegurada la realidad también allende el derecho, como violencia pura e inmediata, resulta demostrado que es posible también la violencia revolucionaria, que es
el nombre a asignar a la suprema manifestación de pura violencia por parte del hombre. Pero no es
igualmente posible ni igualmente urgente para los hombres establecer si en un determinado caso se ha cumplido la pura violencia.

Pues sólo la violencia mítica, y no la divina, se deja
reconocer con certeza como tal; salvo quizás en efectos incomparables,
porque la fuerza purificadora de la violencia no es evidente a los
hombres. De nuevo están a disposición de la pura violencia divina
todas las formas eternas que el mito ha bastardeado con el derecho. Tal
violencia puede aparecer en la verdadera guerra así como en el juicio
divino de la multitud sobre el delincuente. Pero es reprobable toda
violencia mítica, que funda el derecho y que se puede llamar dominan-
te. Y reprobable es también la violencia que conserva el derecho, la
violencia administrada, que la sirve. La violencia divina, que es enseña
y sello,nunca instrumento de sacra ejecución, es la violencia que
gobierna.

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