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jueves, 26 de noviembre de 2015

BARRICADAS EN BARCELONA (La CNT de la victoria de Julio de 1936 a la necesaria derrota de Mayo de 1937).- Agustín Guillamón






La Agrupación de Los Amigos de Durruti fue, tan-
to numéricamente como por sus objetivos, mucho más que
un grupo de afinidad, aproximándose a una rama del mo-
vimiento libertario, similar a “Mujeres Libres”. Nunca in-
tentó plantear una alternativa revolucionaria a la CNT-
FAI. Sólo se oponía a la dirección burocrática del anarco-
sindicalismo, y se contentaba con un cambio de los diri-
gentes. No estuvo influida, ni poco ni mucho, por los tros-
quistas, ni por el POUM. Su ideología y sus consignas fue-
ron típicamente confederales; en ningún momento puede
decirse que manifestaran una ideología marxista. En todo
caso demostraron un gran interés por el ejemplo de Marat,
y quizás podría hablarse de una poderosa atracción por el
movimiento asambleario de las secciones de París, por los
sans-culottes y los enragés, y por el gobierno revoluciona-
rio de Robespierre y Saint-Just, estudiados por Kropotkin
en su historia de la Revolución Francesa. Nunca citaron, y
quizás desconocían, la Plataforma anarquista, con la que
sin embargo tenían ciertas similitudes.


Su objetivo no fue otro que el de enfrentarse a las
contradicciones de la CNT, darle una coherencia ideológi-
ca, y arrancarla del dominio de personalidades y comités
superiores de responsables para devolverla a sus raíces de
lucha de clases. Su razón de ser fue la crítica y oposición a
la política de permanentes concesiones de la CNT, y por
supuesto a la COLABORACION de los anarcosindicalis-
tas en el gobierno central y de la Generalidad. Se opusie-
ron al abandono de los objetivos revolucionarios y de los
principios ideológicos fundamentales y característicos del
anarquismo, del que habían hecho gala los dirigentes de la
CNT-FAI, en nombre de la unidad antifascista y la necesi-
dad de adaptarse a las circunstancias. Sin teoría revolucio-
naria no hay revolución. Si los principios sólo sirven para
ser desechados al primer obstáculo que nos opone la reali-
dad, quizás sea mejor reconocer que no se tienen princi-
pios. Los máximos responsables del anarcosindicalismo
español se creyeron hábiles negociadores, y fueron mani-
pulados como títeres. Renunciaron a todo, a cambio de
nada. Fueron unos oportunistas, sin ninguna oportunidad.
La insurrección del 19 de julio no encontró una vanguar-
dia revolucionaria capaz de imponer el poder del proleta-
riado, destruir el Estado capitalista y empezar una auténti-
ca revolución obrera. La CNT nunca se había planteado
qué haría una vez derrotados los militares sublevados. La
victoria de julio sumió a los dirigentes anarcosindicalistas
en el desconcierto y la confusión. Habían sido desborda-
dos por el ímpetu revolucionario de las masas. Y como no
sabían qué hacer aceptaron la propuesta de Companys de
constituir, junto con el resto de partidos, un gobierno de
Frente Antifascista. Y plantearon el falso dilema TEÓ-
RICO de dictadura anarquista o unidad antifascista y
colaboración con el Estado para ganar la guerra, porque
en la PRÁCTICA no habían sabido qué hacer con el po-
der, cuando no tomarlo significaba dejarlo en manos de la
burguesía. La “revolución” española fue la tumba del
anarquismo como organización y teoría revolucionaria
del proletariado. Ahí es donde está el origen y la razón de
ser de la Agrupación de Los Amigos de Durruti, que, sin
191embargo, no supo ni pudo salvar a la ideología anarcosin-
dicalista de su agonía.



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