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lunes, 23 de noviembre de 2015

Sobre Durruti y la Guerra Civil - Agustí Guillamón




Introducción de Agustí Guillamón a los artículos " El Amigo del Pueblo"  portavoz de "Los Amigos de Durruti"


[...] Durruti fue un hombre de acción, y un militante anarquista ejemplar en
el sentido, que señalaba a los demás el camino a seguir con su propio ejemplo.
Jamás fue un teórico. No se debe buscar en Durruti una reflexión sobre la
Revolución española, sino más bien la expresión espontánea e intuitiva del instinto
y sentimiento de la clase obrera. Pero no se puede permitir la manipulación de una o
dos frases suyas para justificar toda una orientación política de colaboración
anarquista con el Estado capitalista, que siempre le fue extraña y ajena. Durruti
jamás propugnó que se debía renunciar a la revolución social para obtener una
victoria militar.

Fuera muerto por una bala perdida, o no, de lo que no cabe duda es que la
frase “renunciamos a todo, excepto a la victoria” fue una añagaza más de la
ideología antifascista de unidad sagrada con la burguesía, amañada, malinterpretada
y desvirtuada por los anarquistas partidarios de la colaboración con el gobierno
burgués republicano, esto es, por los ideólogos del anarquismo de estado.
Cuando utilizamos la expresión “anarquismo de Estado” lo hacemos en
concordancia con la existencia de “ministros anarquistas”, y con el ánimo de
provocar la necesidad de diferenciar claramente entre un anarquismo revolucionario
(antagónico con el capitalismo, como era el de Durruti) un anarquismo reformista,
que no ofrece más que una opción socialdemócrata dentro del sistema capitalista (el
anarquismo de los colaboracionistas y de los ministros anarquistas). Durante la
guerra civil, a medida que pasaban los meses y se .consolidaba la contrarrevolución,
el anarquismo de Estado (siempre mayoritario) alcanzó cotas de exclusividad;
mientras, el anarquismo revolucionario (siempre minoritario) se sumió en la
clandestinidad, la exclusión organizativa y la marginación social y política.
Durruti no renunció nunca a la revolución: esa frase es fruto de la
manipulación del “héroe del pueblo” por los estalinistas y los anarquistas
partidarios de la unidad antifascista con la burguesía democrática
republicana. Esa frase fue ayer, y sigue siéndolo hoy, la quintaesencia del
pensamiento de los anarcosindicalistas que rechazaron la vía revolucionaria. Más
que el individuo que atendía al nombre de Buenaventura Durruti nos interesa la
existencia, en la España de 1936, de un importante movimiento revolucionario,
anónimo y de masas. Durruti, más allá de la claridad de sus ideas y de la
ambigüedad de sus posiciones, fruto de una situación revolucionaria
desaprovechada (como fue la del 19 de Julio de 1936), encarnó el símbolo de la
revolución para esos obreros en armas enfrentados a las tareas de una revolución
social y de una guerra a muerte contra el capitalismo (no sólo del fascismo, sino
también de la democracia). Durruti fue también la bandera que alzaron los
revolucionarios libertarios, que tomaron el nombre de “Agrupación de Los Amigos
de Durruti”, para enfrentarse a la dejación de los principios anarquistas de que
hicieron gala tanto ministro, tanto intelectual ácrata con el sombrero demasiado
ancho para su cabeza, y tanto cabezón metido a jefecillo. Ya hemos dicho que
Durruti no fue nunca un teórico, sino un hombre de acción, y como tal no nos dejó
más que algunos trazos ambiguos de su pensamiento, que además nos han llegado
malinterpretados y matizados a través de la mediación de terceras personas, en
escasas entrevistas, y en algún discurso radiofónico, más o menos fiel, o censurado.
En todo caso estamos completamente seguros que los herederos del testamento
político “del Durruti libertario y revolucionario” no fueron en ningún momento los
ministros anarquistas; sino la organización minoritaria de anarquistas y
revolucionarios que invocó su ejemplo, y también su nombre, en la Agrupación Los
4Selección de artículos de El Amigo del Pueblo


Amigos de Durruti, que después de las Jornadas de Mayo de Barcelona fueron
desautorizados y perseguidos por la CNT-FAI.
¡Si es que hay herencias..., si es que hay testamentos de tal índole! Pero en
todo caso sí que existe un hilo de continuidad revolucionaria entre Durruti y Los
Amigos de Durruti. Del mismo modo que existe una afinidad destructora y
vilipendiadora entre quienes pusieron en labios de Durruti la frase “renunciamos a
todo, excepto a la victoria” y los que le nombraron póstumamente teniente coronel
del ejército popular: sólo muerto podía colocarse en boca y pecho de Durruti
tamaños despropósitos, en contradicción con toda su vida, obra y pensamiento.
No ha habido un análisis anarquista riguroso sobre las debilidades y
errores cometidos por el movimiento libertario en la guerra civil española, y
sin ese análisis no hay futuro para el movimiento anarquista, porque se condena
a repetir los errores de siempre, porque fortalece la ambigüedad y confusionismo
característicos del pensamiento libertario, y sobretodo porque ni siquiera plantea la
inexcusable, radical y tajante ruptura organizativa, ideológica y doctrinal de los
revolucionarios libertarios con los anarquistas reaccionarios, defensores y
seguidores del anarquismo Estado. [...]


La Revolución Española fue la tumba del anarcosindicalismo como teoría
revolucionaria del proletariado, porque no supo dar respuestas adecuadas a los
problemas que planteaba la revolución social. Algunas de las posiciones teóricas de la
Agrupación de Los Amigos de Durruti y los artículos publicados en El Amigo del
Pueblo, fueran o no de Balius, fueron el intento crítico, realizado desde el seno del
propio movimiento anarquista, de plantear las soluciones requeridas para salvar,
afianzar y extender la revolución de Julio de 1936. [...]


Leamos pues los artículos anónimos, o no, de la Agrupación de Los Amigos de
Durruti, con la atención que nos merece el combate de una vanguardia revolucionaria
del proletariado; sin hacer de esta vanguardia ningún nuevo dios, con el ánimo de
conocer y reflexionar sobre una de las más destacadas experiencias históricas del
movimiento obrero internacional; pero también con la intención de criticar unas
debilidades insuperables en la época.



Ni dios, ni amo, ni anarquismo de Estado: sólo la lucha revolucionaria del
proletariado mundial por su liberación de clase. Porque la emancipación del proletariado
como clase explotada en el capitalismo es también el fin de toda sociedad de clases, y
es, por lo tanto, la liberación de la especie humana del absurdo yugo a las leyes de la
plusvalía, que sepultan a dos tercios de la Humanidad en la miseria, ponen en peligro la
conservación de la biodiversidad del planeta, facilitan y magnifican las “inevitables
catástrofes naturales” y amenazan con el agotamiento de los recursos y materias primas
para las futuras generaciones. No hay futuro para nadie en un mundo capitalista. No se
trata de reformar y dulcificar las consecuencias más hirientes y catastróficas del sistema
capitalista, como proponen demócratas, socialdemócratas, situacionistas y mil especies
distintas de milenaristas, catastrofistas, neoliberales y reformistas; se trata de destruirlo.
El capitalismo es la guerra y la institucionalización de la barbarie. Está en juego la
supervivencia misma de la especie humana. La alternativa expresada por Rosa
Luxemburg y el proletariado mundial, durante la Primera guerra mundial, es hoy más
actual que nunca: “Socialismo o Barbarie”.

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