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martes, 3 de noviembre de 2015

Discurso sobre la servidumbre voluntaria - Étienne de La Boétie





Es muy cierto que al mismo tiempo que se pierde la libertad se pierde la bravura. Las gentes sometidas no tienen ni ardor ni pugnacidad en el combate. Van a la batalla como si fuesen amarradas y aletargadas, cumpliendo a duras penas su obligación. No sienten hervir en su corazón el ardor de la libertad que hace despreciar el peligro y da ganas de alcanzar, mediante una bella muerte junto a sus compañeros, el honor y la gloria.


Los hombres libres, por el contrario, se disputan por ver quién da más, uno para todos y cada uno para sí: saben que recogerán una parte igual del mal de la derrota o del bien de la victoria. Pero las gentes sometidas, desprovistas de coraje y de energía, tienen el corazón abatido y timorato y son incapaces de grandes acciones. Los tiranos bien lo saben. Y por eso hacen lo que pueden para envilecerles aun más.



Los primeros reyes de Egipto se mostraban raramente sin llevar sobre la cabeza ya una rama, ya una llama: se enmascaraban y jugaban a los malabaristas 56 inspirando con estas formas extrañas el respeto y la admiración de sus vasallos que si no hubiesen sido tan estúpidos o tan sumisos, hubiesen debido mofarse y reírse de todo aquello.


Es verdaderamente lamentable descubrir todo lo que hacían los tiranos de antaño para fundar su tiranía, ver de qué insignificantes medios se servían, encontrando siempre al populacho tan bien dispuesto a su respecto que solo tenían que tender una red para cogerlo; nunca tuvieron tanta facilidad para engañarlo y nunca mejor lo sometieron que cuando más de él se burlaban.


Descargar ensayo: "Discurso sobre la servidumbre voluntaria"

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Libro que debiera ser de lectura obligatoria en esos campos de concentración llamados colegios.

En cuanto a la violencia, tema que habéis tratado sistemáticamente en el blog, habría que preguntarse hasta qué punto es coherente centrarla sólo en las relaciones entre los seres humanos. ¿Qué pasa con los animales? ¿No es "violencia" sacrificarlos para el consumo humano? Y lo más importante al respecto, ¿no será que mientras el hombre sea incapaz de ponerse en el lugar del animal al que esclaviza y sacrifica resulta inútil esperar que pueda hacerse cargo del dolor ajeno, del de sus propios semejantes?

Saludos

Un viejo amigo

Albert dijo...

Creo que ya sé quién eres. Sería un tema también interesante de analizar también, la tortura o el sacrificio de animales, pero no he podido estudiarlo en toda su dimensión al estar entre otros factores muy arraigado a la tradición y la cultura sobretodo occidental y en última instancia la industrialización.

Déjate caer más por aquí, tus aportaciones son interesantes.

Salut!

Anónimo dijo...

Bueno, la tortura digamos "gratuita" o por placer de los animales se debe, en general, a tendencias psicopáticas. La mayoría de los psicópatas "se entrenan" torturando animales. Esto te lo dirá cualquier psiquiatra. Está asumido.

La otra tortura, la que es consecuencia de la industria alimentaria (o de la explotación de algunos animales en el campo, por ejemplo), tiene que ver con la demanda. Si todos fuéramos vegetarianos, se acabaría. Y ahí es donde cabe plantearse la cuestión. Si el hombre es, por unas razones u otras, insensible al sufrimiento animal, ¿podemos esperar que lo sea al de sus propios semejantes? La pregunta que formulo no es original, es algo que ya se han preguntado muchos, Gandhi entre otros, y es que cualquiera que se haya parado a pensar en la cuestión tiene que acabar planteándoselo. Uno es insensible al sufrimiento del cerdo que dio lugar al chorizo que se come en un bocadillo con pan y queso porque no asistió a la matanza del animal (en los ámbitos rurales) o a su preparación y sacrificio en los mataderos, no porque no sea una persona sensible. Pero es que del mismo modo uno es insensible a los miles de refugiados (o inmigrantes) que se ahogan en el mar, a los millones de víctimas de las guerras (imperialistas), o a los cientos o incluso miles de millones de explotados que habitan en la sombra de nuestra civilización no porque sea necesariamente insensible al dolor de sus semejantes, sino porque no es testigo directo de ese padecimiento, o sea, porque no lo ve en primer plano. Y una vez asumimos esto, que es elemental, cabe preguntarse entonces si la postura moral que adoptamos en relación con el dolor ajeno basta para poder cambiar las cosas sin que tenga lugar un cambio sistémico, así como la contradicción que existe entre aspirar a ello y los métodos para conseguirlo. Aunque esto nos llevaría a otro debate.

En resumen, ¿la insensibilidad del hombre hacia el dolor ajeno es cultural? Y si lo es, ¿hay relación entre la insensibilidad hacia el padecimiento animal y el de los propios congéneres? Pensemos en la fiesta nacional española, por ejemplo. ¿Hay relación entre ello y que el pueblo español sea o parezca especialmente insensible al sufrimiento de millones de personas que han visto sus vidas echadas a perder durante estos últimos años? Porque es innegable que la descomposición social, moral, etc., en el reino de España es mayor que en muchos otros países vecinos mientras, por el contrario, la reacción ciudadana es mucho menor (como quedará definitivamente claro el próximo 20 de diciembre).

Saludos

Albert dijo...

Estoy de acuerdo con tus reflexiones, ahora bien, es un tema que da para mucho, acabo de encontrar este libro en el Portal Oaca que podría ser interesante: "Los animales son parte de la clase trabajadora y otros ensayos", http://www.portaloaca.com/articulos/mundo-natural/11036-libro-los-animales-son-parte-de-la-clase-trabajadora-y-otros-ensayos.html

De paso dejo este artículo sobre la violencia: ¿Cómo legitima la violencia un poder que es ilegitimo para el pueblo?, http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/35160

Saludos

Anónimo dijo...

Bueno, yo no me refería a clases sociales, sino más bien a que todos los seres vivos sufren padecimientos y a que la única forma de evolucionar es ponerse en el lugar de los demás (incluyendo a los animales). Es decir, a ese nivel de conciencia digamos "superior" que acaso sea el verdadero motor del progreso (por eso yo no creo que haya realmente progreso, ahora mismo estamos inmersos en una fase de involución en casi todos los ámbitos). Por tanto, el sufrimiento es independiente de la clase social. Los animales no son "clase trabajadora", sino seres sufrientes. Y ante el absurdo de la existencia (absurda per se para todo el que se para a pensarlo), caben distintas posturas, una de las cuales es compadecerse de los seres vivos (no hablo en términos religiosos). Precisamente los que somos anarquistas, o socialistas utópicos, o como quiera que se nos llame, hemos asumido que es la cooperación, la compasión (insisto, no en un sentido religioso), la empatía, lo que debe regir la convivencia, y no la competitividad y la explotación (que conlleva renunciar a cualquier tipo de compasión o empatía), motores de nuestra civilización capitalista. Esto, proyectado en un ejemplo práctico, significa que yo rechazaría pasar a explotar a los explotadores en nombre de la revolución, sustituir una clase dominante por otra. Es la estructura de poder (cualquiera que ésta sea) lo que conduce a los males que asolan a la humanidad desde siempre. Y a buscar subterfugios que tratan de justificarlo. Y de los que nace la "moral".

Ya veo que sigues teniendo el mismo correo. Te paso el mío dentro de un momento (toma nota sin publicarlo, por favor). No dispongo de conexión fiable ni me conecto con tanta frecuencia como antes (entre otras cosas porque pasos largas temporadas en la costa), pero de vez en cuando lo reviso.

Hasta otra.