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lunes, 14 de noviembre de 2016

Reflexiones sobre el Capitalismo.





El éxito del Capitalismo es la concentración y la disolución a la vez del Poder, la inversión de dinero de los capitalistas para generar y acumular más dinero se efectúa a través del reparto de ganancias que se obtiene de la plusvalía de los trabajadores asalariados de sueldo medio, es decir, la gran mayoría de los obreros. 

Toda acumulación de Capital privado conlleva la usura o el robo, ya provenga de los banqueros o de los empresarios (amparados por las leyes del Estado), sin embargo, la mundialización del Capitalismo ha fomentado el culto a la riqueza y el consumo en la sociedad, lo que ha implicado también la acumulación de Capital entre los individuos que la conforman, en este contexto, el reparto de beneficios que genera el Capital queda diluido por los capitalistas inversores, unos más grandes y otros más pequeños, todos con su parte proporcional de beneficios según el Capital invertido. 

En cierta medida se conocen tanto los banqueros y empresarios como los altos directivos capitalistas más destacados (la minoría), pero éstos son apoyados por desconocidos capitalistas menores (la mayoría) que también quieren obtener beneficios a partir de la explotación de los obreros de base.

El Capitalismo democrático ha sabido diluir el Poder para despersonalizarlo como sistema de dominación con cara o caras visibles, es decir, a transformado el Poder autoritario como tal y en su forma genuina, en un Poder abstracto que se diluye en mayor o en menor grado entre los miembros de la sociedad en general.

La sacralización de la propiedad privada por parte del Estado y el Capital han configurado en buena medida la estructura psicológica y el carácter del individuo y de la sociedad, definiendo su pensamiento-voluntad y por lo tanto las relaciones sociales que organizan la sociedad capitalista basada en el sistema de dominación, es decir, en la jerarquía y todo lo conlleva: autoridad, obediencia y represión consciente o "inconsciente" del ser humano por el ser humano.


La meritocracia ha fomentado el culto a la riqueza, al dinero, a la fama y al Poder a través de la competitividad lo que genera violencia y odio en la sociedad.


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