In LSD Veritas -

Benvinguts al meu racó.


Sé tu propia luz.

sábado, 19 de marzo de 2011

Hearts and Minds (1974) Peter Davis.



¿Qué decir sobre esta gran película? Aunque no sea santo de mi devoción, puede ser interesante lo que escribe aquí el señor Ignacio Ramonet:

Posteriormente, en Hearts and Minds (Corazones y mentes, 1973), el director Peter Davis se interrogó sobre las características culturales estadounidenses que -más allá de consideraciones políticas-habían podido favorecer la extensión irracional del conflicto, hasta darle -por la cantidad y la gravedad de las atrocidades cometidas- dimensiones de un crimen contra la humanidad.

En primer lugar, el director procede a rastrear las redes de mentiras, de afirmaciones y de fobias, que paulatinamente aprisionaron a Estados Unidos en la lógica de la intervención. Abiertamente interrogados, ciertos dirigentes exponen pretextos geopolíticos absurdos: "Si perdemos Indochina, perdemos el Pacífico, y seremos una isla en un mar comunista". Otros ven en la intervención una manera de conservar el acceso a materias primas indispensables: "Si cayera Indochina, dejarían de llegarnos el estaño y el tungsteno de la península de Malaca". Por último, más ideológicos, otros afirman que Estados Unidos interviene "para socorrer a un país víctima de una agresión extranjera".

Peter Davis sabe que para dilucidar los orígenes de la brutalidad en el "comportamiento individual" de los militares estadounidenses, hay que analizar una cantidad de ritos que caracterizan, en parte, la sociedad.

Hearts and Minds distingue tres de esos ritos o "estructuras de enceguecimiento", cuya función es ocultar el sentido profundo de un acto bajo una montaña de significaciones secundarias puramente formales. Así, por ejemplo, Peter Davis muestra cómo el ejército logra diluir la dimensión criminal de un acto de guerra a través de la multiplicación de intermediarios tecnológicos entre un militar y su víctima.

Muestra de ese proceder es el caso de un piloto que, con mirada serena, declara: "Cuando uno vuela a 800 kilómetros por hora no tiene tiempo de pensar en nada más. Nunca veíamos a la gente. Ni siquiera oíamos las explosiones... Nunca sangre ni gritos. Era algo limpio; uno es un especialista. Yo era un técnico". La conciencia del piloto, fascinada por el mito de la eficacia técnica, ya no considera las consecuencias de su acción ni asume la responsabilidad de la misma.

Una segunda estructura -que aparece de cierta manera como complementaria de la anterior- consiste en transformar cualquier participación en un terreno dado, en una competencia donde el fin justifica los medios. Antes que nada, lo que cuenta es poner toda la energía con el único objetivo de triunfar. Peter Davis compara la actitud de los militares en Vietnam con la de los jugadores de fútbol americano. En ambos casos, todos los golpes están permitidos, lo único que cuenta es ganar, aun cuando se haya olvidado la causa del combate.

Soldados interrogados en plena batalla, en la jungla vietnamita, confiesan no saber por qué pelean. ¡Uno de ellos incluso está persuadido de que es para ayudar a los norvietnamitas! Un oficial resume: "Es una guerra larga, difícil de entender. Pero nosotros vinimos aquí para ganar".

El tercer elemento de desculpabilización es esa especie de "psicología de los pueblos" - origen del racismo más elemental- que permite acusar mecánicamente a los habitantes de un país de un sinnúmero de defectos. Un oficial estadounidense cuenta a los niños de una escuela sus impresiones sobre Indochina: "Los vietnamitas son muy atrasados, muy primitivos; ensucian todo. Sin ellos Vietnam sería un lindo país".

En ese discurso se percibe claramente la nostalgia de una solución radical ("no people, no problem") del tipo "solución indígena" que debe haber tentado -sin graves remordimientos- al general William Westmoreland, jefe del cuerpo expedicionario, pues sostenía que "para los orientales la vida no tiene tanto valor como para los occidentales".

Peter Davis atribuye al conflicto vietnamita un valor de "síntoma". El de una grave enfermedad, es decir: la violencia estadounidense, cuyas características militares analiza, un poco a la manera sociológica empleada por Cinda Firestone en Attica para desnudar el funcionamiento de la represión policial.

Hollywood, que no había apoyado esta guerra, no dudó en recompensar Hearts and Minds con un Oscar al mejor documental de 1974.

(RebeldeMule)

Enlace descarga:  http://www.socet.org/php_BB3/viewtopic.php?f=77&t=260902
(DOCUSELROND)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mire usted, Matapuces, esa bandera libia es la monarquica. Lejos de mi intencion defender a Gadafi como el dictador que es, pero sus oponentes no son el pueblo libio, son radicales islamistas armados por USA, el pueblo libio es el que va a sufrir bajo las bombas de la OTAN.

Matapuces dijo...

Es cierto, puedo elegir entre tres más, que curioso esto de las banderas.....
¿Cual pondría usted?
Saludos!!

Matapuces dijo...

Dejo la actual, para que no haya mal entendidos.