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domingo, 7 de junio de 2015

Partidos políticos, un fenómeno burgués. Heleno Saña

                        ¡Recuperemos la dignidad de la clase obrera!





8 comentarios:

Piedra dijo...

no estoy de acuerdo en absoluto con este señor, que por otra parte señalar mantiene el discurso de falange española.
Si se abandonó el capitalismo amable, fue por el triunfo sobre la URSS, el rival en el tipo de capitalismo. Y cuando dice que los partidos surgieron para quitar poder a los reyes todopoderosos... no por diosssssss todo lo contrario, un rey, un emperador, por mucho poder que pudiera tener no representaba en absoluto el poder que tiene ahora cualquier estado y por eso fue creado el estado moderno, para dominar más, todo.

Salud!

Piedra dijo...

Y sigo, la teoría bien, pero en la práctica no funciona el anarquismo en grandes grupos, ni siquiera para defenderse.
Ni los gurús del anarquismo, tal como denuncia con Marx, fueron jamás obreros, como por ejemplo Kropotkin y Bakunin.
la realidad cada vez me vuelve más escéptico y me convence más de que la única lucha que sirve es la individual, la que todos quieren que rechacemos, hasta los sindicatos horizontales, eso que de momento no han lucido demasiado.

Albert A.H. dijo...

Estoy de acuerdo en parte de lo que dices pero más allá del análisis que hace del Capitalismo y la crítica del mismo en sus dos versiones- aunque sea de manera superficial y secundaria, lo que de todas maneras tampoco aclara mucho-, lo que hay que señalar y lo más importante de lo que dice en el vídeo es el resurgimiento del movimiento obrero como clase,-en la actualidad prácticamente muerto- para de esta forma crear una conciencia obrera clara, es decir, darse cuenta de la explotación y de la humillación y degradación en la que vive (trabajo asalariado por ejemplo), y de este modo poder iniciar una lucha de clases con la clase explotadora o dominante para su posterior liberación de lo contrario, pensar que la clase o éĺite dominante dejara el poder por un acto de revelación y altruismo al prójimo es ser un iluso, por ese motivo el trabajador como dominado, tiene que cambiar tanto psicológicamente en la visión interior de si mismo, como la visión del mundo exterior, desarrollar una personalidad definida como individuo para de este modo poder iniciar una lucha de clases.




Saludos

Loam dijo...

Que su discurso sea, a mi parecer, un tanto opaco y a veces confuso (nadie es perfecto) no resta un ápice de verdad a lo que viene a ser el meollo del mismo. A saber, que los partidos no representan los intereses de los explotad@s y que ést@s han de crear sus propias herramientas emancipatorias.

Por otra parte, la lucha en solitario, inevitable desde el punto de vista filosófico (el ser enfrentado en soledad a su existencia y su muerte), es inútil desde el punto de vista político. Precisamente, es el individualismo lo que propicia una sociedad en la que los individuos, aislados, son fácilmente manipulables y sometidos.

Un cordial y solidario saludo a ambos.

Albert A.H. dijo...

Una cosa es innegable, más allá de las personalidades de cualquier ideología o ámbito y del análisis de la historiografía, el único movimiento que ha plantado cara al poder bajo todas sus manifestaciones de forma más o menos efectiva y que de alguna forma ha intentado también liberar al hombre de su dominio y explotación, ha sido el anarquista, creo que este hecho también lo tendríamos que tener en cuenta.

Saludos

Loam dijo...

Ese es un hecho innegable.

Albert A.H. dijo...

Vamos a simplificar como decía Thoreau, Piedra, nosotros no somos intelectuales (por lo menos yo no me considero), la élite de poder como clase dominante, es libre, el resto de la sociedad (en la cual también estamos nosotros) no lo es, entonces, ¿cual es nuestra misión?:

Luchar de alguna forma u otra contra la élite de poder para recuperar nuestra libertad y dignidad como seres humanos.

Saludos

Albert A.H. dijo...

Qué mayor ejemplo de dignidad, que el del movimiento obrero de los ludditas oponiéndose a la revolución industrial -trabajo asalariado- implantado por el Capital con la connivencia del Estado.