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domingo, 16 de julio de 2017

William Blake- "Jerusalén"



"Entonces los hijos de Urizén abandonaron la carreta y el rastrillo,
Y el telar,
El martillo y el buril, la regla y el compás.
Forjaron la espada en los montes Cheviot,
Y el carro de guerra y el hacha,
La trompeta que resuena en mortiferas batallas
Y la flauta de verano de Annendale.
Y todas las artes de la vida las transformaron en artes de la muerte.
Se despreció el reloj de arena, pues su sencilla tarea
Se asemajeba a la tarea del labrador, y la rueda hidraúlica,
Que alimentaba de agua las cisternas, fue hecha pedazos y arrojada al fuego,

Pues su labor se asemejaba a la de los pastores.
Y para reemplazarlos se inventaron complicados engranajes,
Rueda contra rueda,
A fin de atolondrar a la juventud con su cadencia y encadenar al trabajo,

Noche y día a las miríadas de la eternidad, para que, penosa tarea,
Lijen y pulan el latón y el hierro hora tras hora,
Mantenidas en la ignorancia de su uso, y para que pasen
Sus días de cordura
Penando duramente por un magro pedazo de pan,
Y que, en su ignorancia, no perciban  sino una pequeña porción
Y crean verlo todo,
Teniendo tal cosa por evidente por estar ciegos a las reglas más simples de la vida."

(Urizén): En la cosmogonía imaginada por Blake, Urizén es una divinidad enemiga de la belleza, del genio poético y de la imaginación, y simboliza la razón abstracta y el despotismo de la leyes.


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