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miércoles, 20 de mayo de 2015

Sobre el trabajo asalariado.


El trabajo asalariado es una forma de prostitución sublimada y como tal, aceptada y tolerada por una inmensa mayoría de la sociedad.

11 comentarios:

Loam dijo...

Las noticias sobre secuestros, trata de blancas y malos tratos cumplen en gran medida la función de hacernos creer, por contraste, que somos libres.
Las personas que trabajan 12 horas diarias, incluidos sábados y domingos, a cambio de un salario de mierda, que viven en cuchitriles inmundos, que son desechadas cuando al patrón le viene en gana ¿qué son sino personas secuestradas y prostituidas? De nuevo el poder hipnótico de la imagen: se nos muestra una realidad extrema para que aceptemos la nuestra como la menos mala. "Confórmate, podría ser peor", vienen a decirlos subliminalmente.

Salut

Albert A.H. dijo...

Estas son las trampas de una sociedad jerarquizada,-unos pueden mirar por encima del hombro a otros- unas condiciones y una forma de vida impuesta por parte de una élite de poder, pero ¿cuál es nuestra cuota de responsabilidad al consentir y permitir que se den estos hechos y que de paso aceptemos las reglas de juego para que se sostenga el sistema de degradación, explotación y humillación que se dan?

Albert A.H. dijo...

Sólo observo auto-engaño en el hombre medio, entre otras cosas, al creerse el ombligo del mundo, y mil maneras para justificarlo y consolidar y perpetuar este sistema de dominación y explotación voluntaria en la mayoría de las ocasiones.

Piedra dijo...

El efecto rebaño, si alguien pretende (o consigue) salir del rebaño, deja al resto en evidencia, por eso, los propios borregos tienen que impedir que nadie se emancipe, para poder mantener la ilusión de libertad.

Salud!

Albert A.H. dijo...

Lo que está claro es que la imagen ha creado un falsa conciencia en el individuo y con ello una percepción de la realidad distorsionada del mundo en el que vivimos.

Piedra dijo...

Pero que la peña tampoco está dispuesta a abrir los ojos, que es más cómodo así.

Albert A.H. dijo...

De todos modos veo el trabajo asalariado en la mayoría de los casos no tanto como una coerción sino más bien como algo consentido, y sí, es verdad que habría tener en cuenta esta pequeña gran diferencia, no todos somos iguales en este sentido.

Albert A.H. dijo...

Otra cuestión más compleja sería analizar las causas del por qué el hombre acepto estas condiciones del trabajo impuesto, pienso que una de ellas está en el libro que recomendó Loam "La sociedad sin amo - Leo Scheer", a mi modo de ver lo interpreté como que el hombre medio antepone el instinto de supervivencia al de libertad, por eso obedece siempre las órdenes de un superior y entramos en el mismo circulo vicioso de siempre, en el cual el sistema se retroalimenta para consolidarse y perpetuarse.

Albert A.H. dijo...

Hay más causas como, la voluntad de poder, el complejo sado-masoquista que señaló Erich Fromm, el miedo, la irresponsabilidad, la seguridad, estas serían en mayor o menor medida las que conformarían la estructura psicológica del hombre medio. Seguro que hay alguna más, pero no las recuerdo o no las sé.

Albert A.H. dijo...

Creo que la imagen como tal es una ilusión del pensamiento que nada tiene que ver con la conciencia real, es decir, la imagen tal como la conocemos no tiene nada que ver con la conciencia, aquella es una creación del pensamiento en lo que se refiere por ejemplo a símbolos, mitos, supersticiones, ideologías, religiones, creencias, etc, que es lo que ha determinado en buena medida el modo de vida del hombre durante la historia de la humanidad.

La cualidad de la imagen no es otra que el engaño y posterior manipulación del hombre y sirve para este fin en buena medida.

La conciencia o espíritu no precisa de pensamiento, está arraigada en lo más profundo de nuestro ser y está en conexión permanente con el entorno más cercano y lejano a la vez.

Loam dijo...

Una vez se adapta a un medio determinado, al ser humano le cuesta abandonarlo. Se familiariza con él y con la rutina, se torna conservador y sedentario. Establece límites no sólo físicos, sino mentales, y adquiere hábitos que acaban por traducirse en símbolos (patria, costumbres, tradición... etc.)
Hay un libro muy interesante de George Kubler, "La configuración del tiempo", que trata de todo esto desde un singular y riguroso punto de vista.

Salud!