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El motor de la humanidad es la propaganda.

viernes, 15 de febrero de 2013

La sociedad del odio. (A la memoria de Enrique)







La sociedad del odio se circunscribe en el juego por la supervivencia del Yo, la imagen que proyecta el individuo al público es la máscara más formal, educada y civilizada que puede dar en cada momento de su existencia en las relaciones que va a tener con sus semejantes. La característica principal del hombre moderno para salvaguardar su imagen en el contexto en el que vive es la dialéctica en forma de verborrea más o menos sustancial o insustancial según las circunstancias en las que se encuentre en cada momento. La imagen que proyecta el hombre al público es la consecuencia de su visión del mundo más cercano cercenada por sus experiencias y su personalidad o carácter, es decir, una visión en la gran mayoría de las ocasiones reducida y fragmentada derivada de sus experiencias y su entorno más cercano. Las consecuencias que llevan al odio entre  las personas pueden ser variadas y de diversa índole: el racismo, la envidia, la lucha de Egos, la lucha de clases, la fama, etc. El odio también puede generar violencia. La función del odio en la sociedad es crear a individuos principalmente sin Moral ni Ética, seres que se desprecian mutuamente sin afecto ni consideración, manipulados por las falsas apariencias que genera la sociedad del consumo y del espectáculo, es decir, lo que llamamos propaganda. La sociedad del odio es una sociedad sin escrúpulos, mediatizada y dogmatizada, desestructurada y destruida, reducida a una simple función de producción y consumo. En la sociedad del odio tienen poca cabida los hombres de Fe, los verdaderos religiosos, los revolucionarios del espíritu, los que piensan objetivamente, los que realmente creen en el hombre y la humanidad, los que van a contracorriente, los que no se dejan manipular. La sociedad del odio implicará, engaños. autoengaños, violencia, competitividad, guerras, conflictos, etc. Sólo queda la esperanza de que el hombre no acabe por perder las pocas facultades para crear que le quedan en la podríamos llamar la era de la destrucción.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo tambien lo percibo. Es como un gas que se contagia. El odio contra el mundo, la frustracion,es comun hoy en dia. Dificil escapar de la expresion del proximo transeunte que te cruzas. Te contagia su animo gris.

Albert A.H. dijo...

Es una especie de deseperanza y sufrimiento derivado de los conflictos (internos y externos), y también de la inseguridad el que lleva nos lleva a vivir una angustiosa exsistencia desencantada.

Anónimo dijo...

Una vez leí sobre un experimento en el que los científicos colocaron algunas pequeñas colonias de bacterias dentro de una placa de Petri gigante, mucha comida para mantener todas las colonias en su tamaño actual durante mucho tiempo. Se expandieron para hacerse cargo de todo el plato, emitieron toxinas para matar a la competencia, y la especie ganadora final de microbio terminó consumiendo rápidamente toda la comida en el plato y murió de hambre. Todas las especies intentan propagarse tanto como puedan, se reproducen tanto como pueden, desplazan a la competencia tanto como pueden, no porque esto les haga bien, sino porque están obligadas por sus propios códigos genéticos a hacerlo.
A veces pienso que somos un primitivo eslabón de la cadena evolutiva que estamos a la altura de las bacterias sólo que hemos sofisticado nuestro modo de destruir y engañarnos. Salut!

Patri en tu mente dijo...

"La humanidad desaparecerá. Otras especies aparecerán y desaparecerán una tras otra. El cielo se volverá gélido y vacío, penetrado por la enfermiza luz de las estrellas moribundas. Que también desaparecerán. Todo desaparecerá. Y lo que hacen los seres humanos es tan falto de sentido como el libre movimiento de las partículas elementales. ¿Bien, mal, moralidad, sentimientos? Pura ficción victoriana. Solo existe el egoismo." Lovecraft. Salut 2!

Albert Libereco dijo...

Si no superemos el estadio de nuestros antepasados, la especie humana se extinguirá. Las leyes de la Naturaleza, es decir, las del reino animal y vegetal en las que por ejemplo el grande se come al pequeño no deben interferir en las propias leyes de conivencia del ser humano.La adaptación del más fuerte concebida como ley natural por Spencer acabará por destruir el ecosistema y por lo tanto la especie humana.