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domingo, 17 de noviembre de 2013

Una parábola sobre el capitalismo.



La muerte de Roger Williamson en el circuito de Holanda pone de manifiesto la encarnizada lucha en la que nos hallamos constantemente.

El trágico accidente mortal de Roger Williamson refleja la absurda competitividad del sistema, de la que sólo sale un único vencedor.

La impotencia de David Purley que intenta ayudar en vano a su compañero atrapado en el coche en llamas definde la futilidad y el sinsentido de la vida, el salvajismo y la brutalidad  en la que nos vemos envueltos y la incapacidad para reaccionar ante las adversidades que se nos presentan,

Representa el egocentrismo del hombre en su fase más primitiva por la conquista de la fama y el dinero que otorga la competición.

La muerte de Roger Williamson supone el fracaso del sistema que ha creado el hombre y también su búsqueda por el sentido de la misma vida al verse sometido a su implacable y fatal destino.

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Durante la carrera, uno de los neumáticos de Williamson sufrió un reventón, perdiendo así el control del vehículo. El coche impactó contra las barreras a alta velocidad, siendo catapultado a una distancia de 275 metros por la pista para acabar finalmente boca abajo contra las barreras del otro lado del circuito, después de que el depósito de combustible se incendiase debido al roce contra el suelo. David Purley, amigo de Williamson, salió de su propio coche en un intento desesperado de salvar al piloto accidentado. Williamson no había sido herido de gravedad, y se lo llegó a oir gritando a Purley que lo sacara del coche, mientras Purley intentaba en vano voltear el coche volcado.
En principio, los comentaristas de la televisión holandesa, el control de carrera y algunos otros pilotos asumieron que fue el coche de Roger el que sufrió el accidente, y que el piloto había escapado indemne, lo cual resultó en que la carrera prosiguió con total normalidad.
Los comisarios de la esquina donde había ocurrido el accidente estaban mal entrenados y equipados, de modo que fue el propio Purley quien debió usar el extintor para tratar de apagar el fuego. La vestimenta de los comisarios no era ignífuga, de modo que éstos se limitaron a esperar a que llegase el camión de bomberos mientras la carrera seguía en progreso. El fuego fue relativamente débil durante tres minutos, tiempo suficiente para voltear el coche y sacar a Williamson, pero Purley no podía hacerlo solo. En lo que ha sido considerado como el aspecto más impactante del incidente, uno de los comisarios intentó alejar a Purley de allí mientras Williamson permanecía atrapado e indefenso. Algunos espectadores, ante la indiferencia de los comisarios, intentaron saltar las vallas de seguridad y entrar al circuito, pero les fue impedido por el personal de seguridad, que empleó perros.
Para cuando el camión de bomberos llegó, Williamson había muerto. Los comisarios se limitaron a colocar un manto blanco sobre los restos del coche y dejar que continuara la carrera.
Probablemente, éste fue uno de los días más tristes de la Fórmula 1. La pérdida de Williamson fue representativa de las muertes o lesiones de muchos pilotos de la época, y fue la primera vez que un evento tan trágico era retransmitido por televisión para un público tan amplio. El accidente puso de manifiesto las deficiencias de la seguridad de los Grandes Premios. Niki Lauda declaró tras la carrera que se sentía "extremadamente triste y culpable" de que nadie hubiese podido o querido ayudar a Purley.
Varias fotografías de las tomadas por Cor Mooji de los intentos de David Purley por salvar a Williamson obtuvieron el premio World Press Photo de deportes en 1974. En 2003, el trigésimo aniversario de su accidente mortal, una estatua en bronce de Williamson fue erigida en el circuito de Donington Park, en la localidad natal del piloto. Tom Wheatcroft, quien había apoyado económicamente a Williamson durante buena parte de su carrera, describió el día de la muerte de Williamson como "el día más triste de toda mi vida".



1 comentario:

Piedra dijo...

Un millonario menos, y como no podía ser de otro modo, se le sacó todo el rendimiento económico posible al accidente, y se sigue haciendo.