miércoles, 20 de julio de 2016

Poder, tecnología, democracia representativa y totalitarismos.



El Poder puede aparecer en cualquier lugar porque la naturaleza y esencia del mismo corrompe toda forma de relación, la cualidad del Poder es intrínseca al sometimiento, es decir, a la autoridad como forma de dominación y a la perversión del autor por medio de la persuasión, bajo esta coyuntura el acuerdo entre iguales no puede existir, ya que la decisión de la acción está determinada por la fuerza de convicción y de sugestión del más perspicaz en el arte de la oratoria o de la escritura a través del pensamiento. En estas circunstancias el autor se convierte en autoridad por consentimiento de un tercero, a toda forma de autoridad le pertenece algún conocimiento o información de más o menos valor para la sociedad que puede llevar a la dominación.
Por lo tanto la principal estrategia del Poder para la dominación de las masas es la fragmentación o división a partir de cualquier autoridad que pueda utilizar (aun estando en su contra) o esté o acabe estando a su servicio por medio de su venta, enfrentándolas ya sea en el mismo grupo, organización o partido que pertenezcan o en el terreno político, religioso, social o filosófico en el que se desarrollen sus actividades sociales, mediante la estrategia del caos controlado, en esta coyuntura la corrupción de las sociedades puede ser gestionada por la élite de poder a través de los Estados.
Los movimientos disidentes que intenten acabar con toda forma de dominación o el Poder no podrán ser dirigidos por ninguna autoridad que se reclame poseedora de ningún conocimiento o inteligencia superior porque les llevaría otra vez a acatar las ordenes de un sujeto que se proclama líder del movimiento, por lo tanto el Poder debería quedar disuelto entre los miembros del grupo al tomar las decisiones que crean adecuadas y convenientes para la disolución de la autoridad que los dirige.

El progreso tecnológico representa en buena medida la rentabilización de la producción de las mercancías en el menor tiempo posible y la maximización de los beneficios a partir de la división del trabajo y la planificación en el proceso de producción dirigida por la burocratización mercantilista (Estado y Capital), es decir, de la utilización del pensamiento para influir en los factores que operan en todo el proceso del trabajo, sea esté productivo o no para la sociedad.
Por lo tanto el aparato tecnológico creado por el hombre o la sociedad se escinde de éste o ésta y se convierte en autónomo, provocando un nuevo modo de vida en el que la tecnología cobra "vida" y acaba dirigiendo al hombre, en esta coyuntura la técnica no está al servicio de la sociedad, al contrario, es la sociedad la que está al servicio de la técnica o en última instancia de la tecnología.
Cuando el aparato tecnológico es autónomo (es un fin, no un medio) puede ser utilizado por una minoría en beneficio propio, es decir, el interés de la élite no es tanto controlar el aparato sino más bien desarrollarlo y perfeccionarlo hasta donde se pueda para de este modo maximizar su función dentro de todo el campo social en el que opera la vida misma del sujeto.

Las democracias representativas o el Estado tienen en el los totalitarismos el "chivo expiatorio" y la amenaza perfecta para poder justificar ante sus respectivas sociedades el imperialismo terrorista y genocida que practican por ejemplo con los países más débiles en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, y que son la causa de millones de víctimas en todo el mundo a raíz de su política basada en el Estado, en las que se desarrollan y reproducen las sociedades capitalistas que pertenecen y aprueban de forma mayoritaria este sistema político de dominación que también las incluye a éstas, privilegiadas en algunos aspectos si las comparamos con las de los países subdesarrollados pero a la vez y de otro modo igual de sometidas y esclavizadas .

Las democracias representativas (cara amable) y los totalitarismos (cara abominable) son las dos caras de una misma moneda que representa el Estado y que podrá cambiar cuando más le convenga, es decir, cuando vea peligrar su status quo.

Mientras que en las dictaduras los engaños de una élite situada en el poder son más evidentes para el pueblo que en las democracias, en éstas se perciben con más claridad los auto-engaños de toda la sociedad, al estar integrado el pueblo de una manera simbólica en el aparato del Estado a través de los partidos que representan las distintas opciones y en los cuales participará la sociedad decretando por medio del voto que partido gobernará una institución que de por sí no tiene una ideología definida, al estar el Estado al servicio del Capital y perseguir los mismos fines que éste, es decir, la sociedad se auto-engañará por partida doble al elegir un partido que gobierna ficticiamente una institución que se auto-gobierna sin necesidad de partidos políticos.

La hipocresía es hija de la cobardía.

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